El crimen de la Dalia Negra

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¿QUIÉN ASESINÓ A ELISABETH SHORT?

por Horacio Velmont

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Sobre el misterioso asesinato de Elisabet Short –la Dalia Negra– se han escrito ríos de tinta motivados por lo extraño de su muerte: fue torturada salvajemente, mutilada groseramente y seccionada por la mitad.

Desde el punto de vista oficial se trata de un crimen impune, por más que el hijo del asesino (Steve Hodel) haya denunciado a su propio padre (George Hodel) como el que la torturó y mató después de una exhaustiva investigación.

No obstante, en cuanto a mí, hago esta página con la convicción íntima de que el asesino es verdaderamente el que su propio hijo denunció: George Hodel. Además, así me lo confirmaron los profesores del Grupo Ruanel, pues lo han percibido como el verdadero autor.

Quisiera aprovechar esta ocasión para referirme un poco a las razones por las cuales confío en las percepciones de los profesores del Grupo Ruanel. En mis casi 80 años, por lo menos más de 60 los he dedicado a investigar la mediumnidad, habiendo leído cuanto libro sobre el tema cayó en mis manos.

En la práctica, he pasado por una enorme cantidad de psíquicos y tarotistas, la mayoría charlatanes, aunque también encontré muchos que actuaban de  buena fe pero que en definitiva no eran confiables. Realmente, durante mucho tiempo, creí que bastaba tener determinadas facultades mediúmnicas para poder canalizar a la entidad espiritual que se deseara.

Sin embargo, nada más difícil que captar con precisión los mensajes de esas entidades espirituales, porque ellas deben pasar por el filtro del médium, que siempre, aunque no lo haga conscientemente, pone mucho de lo suyo. La labor mediúmnica debe pasar, por lo tanto, por un análisis posterior de las comunicaciones espirituales recibidas.

Y voy a dar un ejemplo para que se entienda lo que acabo de mencionar. En cierta ocasión un médium canalizó como un hecho real la crucifixión de Jesús, evento que después, el mismo médium, con nuevos datos, canalizó como que nunca había sucedido. Preguntado respecto a qué pudo haber pasado para tal confusión, me respondió que en realidad Jesús sí fue crucificado, pero no en la superficie sino en la Tierra hueca.
En ese momento no entendí a qué se estaba refiriendo y no indagué más. Mucho tiempo después supe a qué se refería, porque leí en la Biblia III, escrito por el iniciado Ramiro de Granada, que el Hombre Primordial para poder encarnar en la superficie (en misión, obviamente) tiene que pasar obligadamente por ese proceso. Seguidamente transcribiré algunos de los párrafos más muy ilustrativos:


 25 – “Wotan: ¿Estáis preparado para convertiros en hombre mortal, naciendo en la naturaleza alterada por Loki?” -Dijo Odin intuyendo la respuesta.
26 – “Sí, estoy dispuesto y deseo poner en práctica vuestro plan.-respondió Wotan- pero necesito que me digáis cómo hacer para morir aquí.”
27 – “Seréis el primer dios -dijo Odín- en morir por amor a los mortales. Así como Lucifer ha sido el primero en desafiar a Loki, vos seréis el primero en nacer a propósito en medio de su malévola naturaleza. Deberéis permanecer con el cuerpo extendido, atado a unos maderos, con la cabeza hacia abajo, haciendo el mantram YR, hasta que vuestro ser abandone el cuerpo, y sea arrastrado por la corriente magnética de Mama, hacia su lado externo. Allí buscaréis a la mujer llamada Mitra, que ha sido elegida por Lucifer para recibiros en nacimiento, en virtud de su genética, la cual no está muy alterada y será fácilmente mejorada con las Runas. Tendréis conciencia de vuestro propio Ser al morir, mientras estáis con vuestro cuerpo astral, pero una vez que os introduzcáis y liguéis a vuestro nuevo cuerpo, que será mortal, deberéis aprender con otro cerebro y otra mente nueva todas las cosas de la vida.
28 -Entonces vuestro guía será Lucifer, quien os encontrará en el tiempo oportuno y os dará las claves de conocimiento, las Runas y las indicaciones para hallar a vuestra compañera en la Yoga Sexual, que os permitirá, revertir la mortalidad; y no sólo volver a ser inmortal, sino que si lo deseáis, podréis ascender al Reino Krístico. Si cumplís correctamente la misión, no os faltarán méritos para recuperar la Vida Eterna, porque la habréis logrado para muchos”.

1Entonces Wotan se preparó para iniciar su sacrificio: Fue atado de pies y brazos a un madero, con los pies hacia el Sol Pacha, que en la tierra interna está siempre allí, alumbrando con su Luz en cantidad perfecta en la cabeza.

2 Wotan estuvo nueve días en el madero con forma de cruz, repitiendo el mantram YR, y cuando se hubo completado el noveno, su cuerpo todo se desintegró, siendo absorbido por el Logos del mundo.
3 Su Ser, en cambio fue arrastrado por la corriente de Akasha (magnetismo telúrico), y su alma fue a parar a los dominios de Geohvá, en la parte de afuera del planeta, más precisamente en el Quinto Infierno, donde las almas alteradas esperan su nueva encarnación. Allí Wotan no se quedó dormido como las demás almas, en ese estado llamado “devachán”, sino que se mantuvo consciente y buscó a la mujer que debía hacerlo nacer, tal como le indicara Odín. Sólo perdió conciencia en el momento de nacer en la carne mortal, recuperándola años más tarde.

Lo expuesto da la pauta sobre las razones por las que la comunicaciones mediúmnicas hay que pasarlas después por el tamiz del conocimiento y de la razón.

Luego de esta necesaria digresión continúo con el crimen de la Dalia Negra, yo también apresado por la fascinación de su extraña muerte y por los azares del destino  que hizo que el propio hijo del asesino descubriera al autor.

EL SUEÑO AMERICANO DE SER ESTRELLA DE CINE

http://www.sjarre.com.ar/2012/07/el-misterioso-crimen-de-la-dalia-negra.HTML 

Elizabeth “Beth” Short nació en Massachussets el 29 de julio de 1924. Tuvo una infancia complicada al desaparecer su madre siendo niña. La relación con su padre no era la mejor así que, ni bien tuvo 19 años se marchó de la casa rumbo a Santa Bárbara (California). 

La idea era hacer autostop. Pero su travesía no duró mucho tiempo. De inmediato, la policía la encontró alcoholizada en un bar rodeada de varios marineros y la mandaron de regreso a su casa. 

Sin embargo, “Beth” Short estaba decidida. Iba a irse a Hollywood costará lo que costara con tal de convertirse en una estrella. Se veía a si misma como lo que era: una mujer muy hermosa, de cuerpo escultural, enormes ojos claros y el cabello azabache que remarcaban aún más aquellos ojos azules. 

Y sería por la forma en que se vestía, siempre de negro, e incluso usando ropa interior negra, lo que le valieron el sobrenombre con el que pasaría a la historia: La DaliaNegra. 

Al llegar a Hollywood las cosas no le resultaron como esperaba. Era incapaz de conseguir un papel para actuar, y terminaba en relaciones sentimentales con personajes sórdidos. Pronto se dio cuenta que la mejor forma de evadir sus frustraciones era a través del alcohol. 

Frustraciones que se le acrecentaban cada vez que se prostituía para conseguir favores. No le importaba que fueran hombres o mujeres, pues era bisexual. Lo que le importaba era obtener el éxito como actriz. 

Así la conoció Robert “Red” Manley, un joven pelirrojo recién casado que se convirtió en su confidente, amigo y amante. Y fue a través de Manley que aquella noche del 8 de enero de 1947 la Dalia Negra se dirigió a Pacific Beach. 

El 9 de enero fue vista con vida por última vez en el Hotel Biltmore, donde se hospedaba. Supuestamente, dijo que “iba a conocer a un caballero” , quizá un nuevo cliente del cual jamás se supo nada. Nunca más regresó. 

SUS ULTIMAS HORAS DE VIDA 

Sus últimas horas viva, tras aquel 9 de enero, constituyen un insondable misterio. Pero se sospecha que el asesino la capturó, la llevó a algún lado apartado y la comenzó a torturar despiadadamente. 

Primero la amordazó y desnudó completamente; luego la amarró de las muñecas y los tobillos con una cuerda, y la colgó de cabeza, suspendida del techo. Así colgada, la golpeó a puñetazos en repetidas ocasiones en todo el cuerpo. 

Después le quitó la mordaza y procedió a cortarle con un cuchillo los músculos risorios del rostro, para mantenerla sonriendo grotescamente mientras duraba el brutal martirio. 

El asesino se dedicó entonces a aplicarle cigarrillos encendidos en los pechos, tras lo cual seccionó un pezón. Le hizo además incisiones con una navaja en varias partes del cuerpo. Con el mismo instrumento, grabó en uno de sus muslos las letras mayúsculas “BD”, iniciales de “Black Dahlia”. 

Le arrancó pedazos del muslo y se los introdujo en el ano y la vagina. El examen de su estómago indicaba que la obligó a comer excremento.  

Finalmente, la partió en dos a nivel de la cintura. Su tormento duró varios días y todo el tiempo estuvo consciente. 

Su cadáver fue hallado el 15 de enero en el distrito de Crenshaw, al lado de la carretera, por un niño y su madre (click aquí para ver la foto). Y pese a que mucha gente había visto el cuerpo no se imaginaron que fuera un ser humano real, sino un simple maniquí.  

Probablemente lo que más impactaba era aquella macabra sonrisa petrificada en sus carnes laceradas de oreja a oreja. 

Apenas tenía 22 años y sus sueños terminaban violentamente. Y es perturbador. No sólo por la saña con que la mataron, despedazándola, sino el sufrimiento generado en la tortura. Por ahí dicen que tal masacre fue el reflejo de la sociedad estadounidense de posguerra. Los periódicos se hicieron eco. Y durante semanas llenaron sus planas con detalles del caso. 

Como era de esperar, el primero en ser arrestado fue Robert “Red” Manley. Pero el 21 de enero, tras ser analizado con un detector de mentiras, fue puesto en libertad.  

Y mientras esto sucedía, una voz de sexo indeterminado, llamaba a la redacción del periódico Los Ángeles Examiner dando detalles del crimen como sólo el asesino podía conocer. Prometió enviar algunas pruebas para comprobar de que hablaba en serio. 

Así, el 23 de enero los policías tuvieron un bolso y unos zapatos negros. El 24, el acta de nacimiento de Elizabeth Short, su Social Security, varias fotos personales y algunos enseres más. 

Entre las cosas había una agenda de direcciones con una hoja arrancada. De inmediato la policía pensó que en esa hoja debería estar el nombre del asesino a quien seguramente ella había conocido bien. 

Llegaron dos cartas más: una donde daba más detalles del crimen y firmaba como “El Vengador de la Dalia Negra”, y otra donde decía: “el asesinato de la Dalia Negra está justificado”. Fue la última comunicación. 

A partir de ese momento, la policía empezó a recibir llamadas de toda clase de locos. Gente que decía haber asesinado a la Dalia Negra o personas que acusaban a otras como posibles autores. 

Incluso hubo quien señaló a Orson Welles, el célebre cineasta, como autor del crimen. Según se rumoreaba había violado a varias chicas que trabajaban para él y eran legendarios sus arrebatos de violencia. Además los decorados de su película La dama de Shanghai, anterior al crimen, presentan similitudes espeluznantes con el cadáver de la Dalia Negra: figuras femeninas mutiladas del mismo modo, ligaduras, un maniquí al que habían desgarrado la boca de oreja a oreja… 

Con el tiempo, y como era del esperar, el mito creció. Los rumores decían muchas cosas: que era amiga de Marilyn Monroe; que tuvo un romance con George Knowlton, el padre de la escritora Janice Knowlton, quien escribiría, décadas después, el libro Mi papá fue el asesino de la Dalia Negra.  

La policía siguió varias líneas de investigación, de las cuáles ninguna tuvo buen final. Una de las tesis más difundidas señalaba que el asesino era una mujer, quizás alguna ex amante o una esposa celosa. Sin embargo, el caso nunca fue resuelto. Y la policía se decantó en airear su vida privada sin ningún tipo de ética: se habló de cómo se prostituía, de su sed de alcohol, su tendencia a fabular, etc. 

CONCLUSION DEL CASO 

La muerte de Beth Short fue un misterio. Pero a finales del siglo XX algo se empezó a esclarecer. Un policía de Los Ángeles acusó a su padre, el médico George Hodel, de ser el asesino de Beth Short (el fulano de la foto al costado). 

Su sospecha comenzó cuando encontró un álbum de fotos de su padre donde había muchas de Short desnuda. Como su padre era un médico consumado no le habría resultado difícil dividir un cuerpo a la mitad. Además, había cierta fascinación de Hodel por el surrealismo y la fotografía. 

Ahora bien, quizá el detalle que más puso en evidencia la posible implicación de Hodel haya sido que era amigo del artista Man Ray quien en su obra El Minotauro se observaban caprichosas similitudes con el cadáver de la Dalia Negra. 

Para el hijo de Hodel, su padre había convertido el asesinato en una retorcida expresión artística. Expresión artística que haría inolvidable su crimen y por el cual, finalmente, Beth Short terminaría en el celuloide, con toda seguridad nunca lo imaginó ni lo quiso de esta forma.

APÉNDICE

http://www.grupoobnosis.com/wp-admin/post.php?post=7198&action=edit&message=1

León Krauze

Ciudad de Ángeles

Mi padre, el asesino

Desde que el cuerpo mutilado de Short fuera descubierto por una mujer el 15 de enero de aquel año, el crimen ha capturado no sólo la imaginación de escritores como el gran James Ellroy, sino también la de varios historiadores que han ilustrado la vida de la ciudad en aquella época marcada por la corrupción. Parte fundamental de la fascinación que aún despierta el asesinato radica en que el crimen jamás ha sido formalmente resuelto. Han pasado 66 años de aquello y la policía de Los Angeles todavía no cuenta, dice, con suficiente evidencia como para cerrar el expediente.

Dado que hace años elegí la muerte de Elizabeth Short como una de las historias perdidas que narré en W radio, siempre supe que una vez aquí le dedicaría algunos días a hacer un reportaje/documental sobre el caso. Hace unos días terminé  platicando con Steve Hodel, un hombre fornido y de respiración complicada por años de excesos, que vive en un pequeño departamento en el valle de San Fernando. Resulta que Hodel asegura haber resuelto el caso de la Dalia Negra.

Tras dedicarle tres o más décadas  al trabajo policial – fue detective en la zona de Hollywood – Hodel desarrolló un interés en el famoso caso de la manera más improbable. Steve es hijo de George Hodel, un célebre cirujano angelino de la década de los 30 y 40. Por aquellos años, la familia vivía en una mansión diseñada por Lloyd Wright en lo alto del norte de la ciudad. Steve recuerda muchas noches de fiesta con gente como John Huston o el célebre artista Man Ray. En 1950, si embargo, el padre de Steve dejó abruptamente aquella vida de lujos y escapó rumbo a Filipinas, donde estableció un consultorio y ejerció por años. Fue en oriente donde conoció a su última esposa, con la que regresó a Estados Unidos décadas más tarde. George Hodel murió en San Francisco.

Al saber de la muerte de su padre, Steve se reunió con la viuda, quien le entregó varios efectos personales. Entre ellos, un pequeño álbum de fotografías familiares que George Hodel llevaba consigo a todas partes. Entre las imágenes estaba el propio Steve, su madre y sus hermanos. Pero casi al final había una fotografía que le resultó desconocida. Se trataba de una joven mujer de piel muy blanca y cabello oscuro que parecía profundamente dormida, casi colapsada. Por razones diversas, muchas de ellas casi inexplicables, Steve pensó de inmediato en la Dalia Negra. El parecido no era definitivo: a decir verdad, era insuficiente para concluir que se trataba de Elizabeth Short. Pero la curiosidad del ex detective no lo dejó en paz. Así, comenzó una búsqueda que lo llevó a concluir, algunos años después, que su propio padre había sido el asesino de la célebre Dalia Negra.

La evidencia que ha recolectado es asombrosa y, desde su perspectiva, enormemente triste. El tipo de letra que el asesino usó en los 40 para provocar a la policía a través de varias notas enviadas por correo se parece mucho a la de George Hodel. Y no sólo eso: se parece también a la usada en otros casos de jóvenes mujeres asesinadas en la zona alrededor de la misma época. Steve también advierte parecidos muy singulares entre la manera como fue exhibido el cuerpo de la Dalia en la escena del crimen y un par de obras de Man Ray, el gran amigo y mentor artístico de su padre. Un último dato de cientos que incluye la investigación es que está comprobado que el asesino usó sacos de cemento para transportar el cuerpo de la Dalia Negra hasta el terreno baldío donde fue descubierto. Steve ha logrado conseguir una factura de la época que demuestra que su padre había comprado sacos de cemento para una obra en su casa, exactamente el mismo tamaño de saco usado por el asesino. Escucharlo contar la historia es aterrador.

A pesar de la evidencia, la policía angelina se ha negado a dar por buena la teoría de Steve Hodel. Él insiste, claro, en que todo tiene que ver con una conspiración. “La policía se está protegiendo”, me dijo durante una larguísima platica en su estudio, que está tapizado de imágenes del viejo Los Ángeles y ejemplares de sus libros. Cuando le pregunté a la detective encargada de todos los casos sin resolver que aún guardan los archivos policiales, su respuesta fue que el caso de la Dalia Negra probablemente nunca será resuelto. Bien puede ser. Por lo pronto, yo termino esta divertida investigación convencido de que la joven Elizabeth Short fue asesinada por un auténtico genio loco, un médico macabro que haría palidecer al mismísimo Hannibal Lecter. Un criminal de época, que marcó para siempre la vida de su ciudad, y sólo fue descubierto por alguien de su propia sangre. Una historia que merece la pantalla grande.

El caso del asesino del lápiz labial

CONDENA DE UN INOCENTE
por Horacio Velmont

En 1946, época en que la sociedad de Chicago rezaba para que la Segunda Guerra Mundial terminara, Williams Heirens, un estudiante universitario de 17 años confesó tres asesinatos brutales. De acuerdo con su confesión, Heirens había asesinado a dos mujeres y desmembrado a un niño de seis años.
El nombre de “el asesino del lápiz labial” (“Lipstick Killer”) surgió porque el autor había escrito en una pared, precisamente con lápiz labial, un mensaje a la Policía: “Por Dios, atrápenme antes que vuelva a matar. No puedo controlarme”.
Heirens era el sospechoso principal de los tres asesinatos desde que había sido arrestado dos meses antes de su confesión; Ladrón en pequeño autoconfeso, fue aprehendido en el interior de una casa a la que había ingresado tras romper los vidrios de las ventanas. Mientras estuvo en custodia fue señalado por las autoridades como el asesino de las tres víctimas. 
Brutalmente interrogado, Heirens finalmente admitió haber cometido los homicidios en respuesta a que la policía le prometió inmunidad ante la pena de muerte. (Confesé para vivir”, más adelante diría). Fue sentenciado a tres cadenas perpetuas. Hasta el momento de su muerte, a los 83 años, después de estar encarcelado 65 –se convirtió en uno de los reclusos más antiguo en la historia de Illinois– Heirens aseguró que era inocente. 
Cualquiera en las mismas condiciones hubiera confesado los crímenes, porque ¿quién querría ser achicharrado como un pollo en la silla eléctrica?

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