La Mafia del Bondage (el caso de Angiekitana) Parte I

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EL CASO DE ANGIEKITANA

por Horacio Velmont

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ESTA PÁGINA CONTIENE RELATOS E IMÁGENES
QUE PUEDEN AFECTAR TU SENSIBILIDAD Imagen relacionada

PRÓLOGO NECESARIO 

Existe una llamativa desidia de las autoridades en tomar medidas contra la exhibición de torturas de modelos en la Red, ya que aquellas no pueden ignorar que ninguna mujer se prestará, ni por todo el oro del mundo, a sufrir tales vejaciones, que no están muy lejos de las que se aplican a los prisioneros de guerra para obtener confesiones.

Estos empresarios del terror utilizan dos ardides para hacer creer a los usuarios y a las autoridades que las modelos se prestaron voluntariamente a ser vejadas: una de ellas es filmar la entrevista antes de que sepan lo que les espera, momento en el cual se encuentran distendidas y pensando en el dinero que obtendrán por su trabajo de modelaje, segmento que luego agregan al final del video, y la otra simplemente las amenazan con las peores torturas si no cooperan. Cualquiera de estos ardides funciona perfectamente.

El público en general puede pensar que se trata de mujeres masoquistas que se prestan a ser torturadas y violadas por dinero o por placer o por ambas cosas, pero no las autoridades. No obstante, no podemos ignorar que se trata de un negocio muy lucrativo en el cual casi seguramente estén involucradas las mismas autoridades que debieran tomar medidas contra este tipo de actividades.

Sabemos de la dificultad que existe para combatirlas eficazmente, porque estas empresas, que nosotros llamamos “La Mafia del Bondage”, alquilan un lugar más o menos apto para estos menesteres por tres o cuatro días y luego desaparecen.

Como la única forma de llevarlos a la Justicia es cuando se los atrapa “in fraganti”, esta circunstancia ya señala la dificultad en que se encuentran las autoridades para tomar medidas… si tuvieran la intención de intervenir, por supuesto, algo que sinceramente no creemos.

Pero si bien resulta casi imposible erradicar este perverso sistema de exhibición de videos de torturas (los cuales se alquilan o se venden a muy buen precio) pretendemos que por lo menos no estén accesibles con tanta facilidad a cualquiera, incluso a menores, pues basta un clic para acceder a ellos (un gran porcentaje son gratuitos, obviamente para impulsar la comercialización).

Para ilustrar en toda su crudeza el relato de lo que le ocurrió a Angiekitana -siempre con la idea de despertar la conciencia de las autoridades y también concientizar al público en general y a las mujeres que quieren trabajar en el modelaje, que estas cosas suceden y que mejor es prevenir que curar-, hemos utilizado algunas imágenes de BDSM que hemos encontrado en la Red a través del buscador del Google, y que por lo tanto están a disposición de cualquiera.


Las imágenes con las que ilustramos la página pertenecen a Tara Lynn Foxx y las torturas que sufrió son reales. Por razones obvias, protegemos la identidad de Angiekitana.

https://horaciovelmont.wordpress.com/2014/11/18/el-rostro-oculto-de-sasha-grey/

Con respecto a Tara Lynn Foxx, no se necesitan muchas luces para deducir que se trata de un caso similar al de Sasha Grey, que primero caen en la trampa de la Mafia del Bondage y luego, por razones obvias, terminan dedicándose a este oficio y soportando todas las vejaciones que les quieran hacer porque, seamos francos, el dinero con el que le pagan sus “servicios” es cuantioso, ya que estos empresarios ganan fortunas con estos videos.

 1. Antecedentes

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Mientras buscaba en la Red material sobre el Bondage, especialmente de aquellos que lo practicaban, me encontré sorpresivamente con un relato estremecedor de una joven, en ese momento de 19 años, a quien llamaré “Angie”, que había sido drogada y que cuando despertó se encontró que había caído en poder de una mafia que traficaba con el sufrimiento de sus víctimas, filmando las escenas de torturas y luego exhibiendo los videos por un precio.

Generalmente este tipo de víctimas son elegidas por las vías “normales”, es decir, mediante una agencia de modelos que publica un aviso en el que solicita jóvenes de buena presencia para modelaje, y por supuesto aclarando que se ofrece una excelente remuneración.

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Pero en el caso de Angie utilizaron un método más directo, pues simplemente la drogaron y la condujeron al lugar donde más tarde la torturarían cruelmente de las más diversas formas que la perversidad humana puede imaginar.

Para que Angie se prestara dócilmente a adoptar posiciones de por sí dolorosas y a ser torturada sin miramientos, la doblegaron con un método muy expeditivo: le introdujeron en el ano, previamente untado con un gel especial para facilitar la conducción de la electricidad, un consolador metálico de diez niveles haciéndole probar primero descargas en el nivel uno, solo un segundo, y luego en el nivel 2, tres segundos.

Las descargas, que le provocaron inenarrable dolor y terribles convulsiones, la convencieron definitivamente de que no tenía otra salida más que la de obedecer.

Por si quedara alguna duda, sus torturadores le advirtieron que cualquier rebeldía, por mínima que fuera, sería castigada con descargas peores que las sufridas, que solamente habían sido de muestra, y por supuesto en el máximo nivel previsto en el aparato, el 10.

Con las mismas amenazas le hicieron firmar un contrato en el que aceptaba todas esas torturas a cambio de una remuneración, que realmente era muy buena.

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Filmaron, además, sus respuestas a una serie de preguntas previstas de antemano, lo que le quitaban toda espontaneidad, y en donde tenía que poner cara de estar muy contenta por haber sido elegida y agradecía a quienes le habían brindado esa oportunidad.

¿Es necesario aclarar que Angie, mientras era entrevistada, tenía introducido en el ano, como advertencia, un consolador metálico conectado a la electricidad y listo para ser usado en cuanto quisiera desviarse de las respuestas programadas?

La terrible experiencia comenzó cuando un cliente contrató sus servicios como edecánhosstes, que se desarrollarían en una quinta donde habría una cena de ejecutivos.

Su trabajo, que formaba parte del acuerdo, consistiría en recibirlos, regalarles un puro, preguntarles qué querían tomar y pedir a los meseros la bebida que ellos solicitaran. Además, tendría que sonreír ante los piropos y tolerar que la tocaran levemente en piernas, nalgas y busto.

Para que Angie hiciera las delicias de los invitados, todos hombres de alrededor de 50 años, se le proporcionó un uniforme muy provocativo y unas sandalias con un tacón de 17 cm que la hacían ver con una figura sumamente estilizada.

Angie, como mujer que era, obviamente se sintió complacida de que ellos se sintieran a gusto con su presencia y se consideraran bien atendidos. Además, se le había pagado muy bien y por adelantado.

La cena transcurrió en orden y ya cuando llegaron todos no era mucha su participación, pues tan solo tenía que recibir y tolerar las invitaciones, propuestas y tarjetas de presentación que le fueron dando casi todos.

Una vez terminada la velada y cuando ya quedaban pocos invitados, pues la mayoría se habían ido, Angie aprovechó para quitarse los zapatos y masajearse un poco los pies. Se sentía cansada y obviamente ignorando lo que le esperaba.

Fue en ese momento que se le acercó quien la había contratado y le ofreció una bebida, que ella aceptó y entonces él fue a traérsela.

Cuando regresó con la bebida empezó a preguntarle cómo se había sentido y a referirse a sus amistades, que según dijo eran, al igual que él, de mucho dinero, algo que Angie ya había comprobado por las propuestas que le hicieran durante toda la noche.

Ya casi terminaba la bebida, una piña colada, cuando de pronto él le preguntó por cuánto dinero accedía a una relación múltiple, a lo cual Angie riendo dijo que eso no estaba en sus planes, que tenía novio, y que además no se prostituía.

Pero él, que estaba bastante ebrio, insistió abrazándola como amigo, y ella, para terminar de una vez por todas con ese asunto le preguntó en broma sobre cuánto costaba un Mercedes azul, cuyo chofer la había recogido en su casa, respondiéndole que nuevo costaba arriba de los 300 mil y usado como estaba aproximadamente 250.000.

Seguidamente, y riéndose por la insinuación de Angie, le dijo que si lo complacía ella podía tener uno nuevo o comprarse uno con lo que le cobrara a sus amigos.

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Esto es lo último que recuerda Angie de su conversación porque empezó a sentirse mareada, con la pulsación débil, desubicada. Cuando despertó no sabía cuánto tiempo había pasado ni tampoco dónde estaba porque no podía ver nada a causa de una venda en los ojos.

Además, tenía algo en su boca que le impedía cerrarla y hablar, solo balbucear, una cuellera metálica, forrada en piel y acojinada para que no lastimara, que la forzaba a mirar hacia arriba y los oídos tapados de modo que no pudiera escuchar nada, solo el silencio. Tampoco sentía brazos ni piernas y le dolían tremendamente los dedos de los pies.

 En su desesperación por liberarse se dio cuenta de que algo le jalaba el pelo hacia atrás impidiéndole, junto con la cuellera, bajar la cabeza. De inmediato se dio cuenta de que quienes la habían colocado en esa posición sabían muy bien lo que hacían.

Estaba de pie estirada, superestirada de piernas y brazos en forma de equis y sentía unas zapatillas que la forzaban a estar casi de puntitas. Es por esta razón que le dolían los pies, aunque no todo el peso descansaba en ellos, pues estaba distribuido en sus muñecas y tobillos.

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Aún no terminaba de despertar, cuando sintió un chorro de agua fría a presión en todo su cuerpo desnudo, que se le erizó por lo frío del agua y que la hizo temblar de pies a cabeza sin control. Además, la posición forzada hacia arriba de la cabeza permitía que el agua le entrara por las fosas nasales, lo que agudizaba su angustia y sufrimiento.

Fue en ese instante, al recibir el chorro de agua fría, que Angie comprendió que estaba completamente desnuda, y más aún al sentir unos fuertes golpes en sus nalgas con una especie de fusta que la hicieron estremecer y brincar de dolor, mientras trataba de adivinar y evitar el siguiente golpe, a pesar de estar superestirada, en un intento vano de soltarse.

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Angie estaba bien dotada de glúteos, circunstancia que enardecía enormemente a sus torturadores, quienes se afanaban por producirle el mayor dolor posible. Así, detenían los golpes cuando ella los endurecía por instinto para amortiguar el sufrimiento y proseguían cuando se relajaba. Sus nalgas le quemaban y el dolor era insoportable.

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Después de cansarse de castigar sus nalgas pasaron a sus muslos y piernas con la misma táctica de hacer los golpes discontinuos, pero ahora con mayor violencia y con un instrumento similar a un látigo que le producía aún mayor padecimiento.

Estaba Angie respirando con dificultad por el tremendo castigo cuando de pronto sintió que le vino un intenso orgasmo por la mezcla de dolor y placer que ya empezaba a sentir casi sin darse cuenta.

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Cuando el orgasmo tocó a su fin se le acercó una persona que la tomó por el pelo estirando su cabeza hacia atrás, y quitándole los tapones de los oídos y el aro que mantenía su boca abierta le advirtió, en voz baja y con acento pastoso, que si gritaba pidiendo auxilio la mataba.

Luego le preguntó si le estaba gustando todo lo que le sucedía, a lo que ella respondió que no. Evidentemente no era ésa la respuesta que esperaba porque de inmediato, con voz amenazante, le preguntó si le parecía bien que empezara de nuevo, a lo que Angie, asustada, se apresuró a responder que no. Luego le preguntó si lo iba a complacer en todo, a lo que ella –¿qué alternativa tenía?– contestó afirmativamente.

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A la pregunta sobre si ella era puta y consiguiente respuesta de que no, sobrevino un par de latigazos en sus nalgas que la hicieron gritar, llorar y suplicar. Seguidamente regresó y le dijo que no llorara, tratándola de perra, al mismo tiempo que le pellizcaba con tanta violencia sus pezones que la hizo retorcer del dolor.

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Quien le había pellizcado los pezones la amenazó con marcarla con un hierro al rojo vivo como a los caballos si seguía  llorando y gritando. Angie ya no se atrevía a sollozar ni gritar ni quejarse.

De inmediato todo comenzó de nuevo. Le preguntaron si era una puta y Angie, ya resignada y con el temor de volver a ser golpeada, respondió que sí, que lo era y que por esa razón vestía así tan provocativamente y que le gustaba excitar a los hombres y a las mujeres con su forma de maquillarse, vestir, hablar y caminar.

Además de reiterar varias veces que era una puta, Angie no tuvo otra alternativa que también “confesar” que se vendía al mejor postor, que le gustaba el dolor, sin saber realmente a lo que se estaba exponiendo.

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A continuación, mientras su captor riendo socarronamente le decía que cuando terminara el tratamiento amaría el dolor y le volvía a colocar el aro de nuevo en su boca, le empezaron a llenar el cuerpo de pinzas metálicas tipo Baco, sujetapapeles de todos los tamaños, en sus pezones, busto, labios vaginales, nalgas, muslos y entrepiernas.

Cada pinza solo agarraba la más mínima cantidad de piel, suficiente para no soltarse, lo que le proporcionaba un dolor indescriptible. Y a cada quejido que profería le seguía el goce de placer de quienes la torturaban, especialmente al ver como se contorsionaba de dolor tratando de soltar las pinzas en un inútil esfuerzo. De allí a quedar totalmente doblegada había solo un corto paso.

Angie, presa de un dolor intenso, inenarrable, respiraba agitadamente mientras trataba de gritar pero la mordaza se lo impedía. Al gritar solo hacía ruidos con el interior de su estómago, pero sus torturadores sí se daban cuenta de que realmente la estaban lastimando y que su estrategia de doblegarla había funcionado. Angie se sentía ya al borde del desmayo.

La tuvieron así durante aproximadamente 20 minutos cuando alguien supuestamente se compadeció de ella y le quitó la mordaza, circunstancia que Angie aprovechó para gritar y llorando pidió que suspendieran la tortura porque iba a acceder a todo lo que le pidieran.

El dolor era tan intenso que le impedía concentrarse en lo que quería decir, y así, a la vez que temblaba sin control, balbuceaba palabras inconexas pidiendo perdón para que le quitaran las pinzas porque no las soportaba más.

Mientras les quitaban las pinzas del cuerpo le recordaron que de aquí en adelante debía cumplir su promesa de obedecer y que no había marcha atrás y que el hierro para marcarla se estaba calentando.

Angie, casi a grito pelado le respondió que sí, que lo iba a recordar y al mismo tiempo suplicando por favor que ya no la castigaran más porque a esas alturas era insoportable el dolor que sentía en todo el cuerpo.

Pero como respuesta recibió una bofetada al mismo tiempo que le espetaban que las putas como ella no suplicaban, sino que se vendían y toleraban todo. Además, le advirtieron que la habían comprado y por eso podían hacer con ella lo que quisieran.

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Para confirmar que ella había comprendido, el interrogatorio comenzó de nuevo, si le gustaba mucho el dolor y el castigo, si estaba aquí por su gusto y voluntad, si deseaba ser castigada, penetrada y torturada, si le gustaba el sexo anal, vaginal y oral, las descargas eléctricas, la electroestimulación en pezones, ano y vagina, en los dedos de los pies y en las nalgas, si quería consoladores donde sea, juegos de asfixia, siendo la respuesta de Angie un fervoroso “sí, sí, sí, lo que usted ordene”.

También le preguntaron si todo esto lo hacía por dinero y por placer, a lo que Angie respondió que sí y que no tenía ningún motivo para demandarlo, y que le gustaría todo lo que le hicieran.

Luego de inquirirle por su nombre, edad, domicilio y otras generalidades, le preguntaron: “¿Sabes y estás consciente de que vas a estar en una sesión masoquista, sometida por cuatro hombres, más los que se agreguen por espacio de cuatro días, que en este tiempo se te va a tratar de una manera especial, castigar, torturar y penetrar a nuestro gusto y que si opones resistencia a alguna de las prácticas vas a ser convencida a llevarla a cabo como lo hemos venido platicando, que todo el evento va a ser filmado bajo tu aprobación, y si es comercializado esa parte depende de nosotros y no tienes derecho de regalías o cualquier otra compensación o reclamo? ¿Según el contrato que firmaste y que con el cheque que se te entrega por la suma estipulada por ambas partes estamos de acuerdo en respetar al pie de la letra el mismo?”.

Angie no puso ninguna objeción –¿cómo hubiera podido?– y asintió reiterando varias veces que estaba completamente de acuerdo con todo lo mencionado, agregando que le gustaba porque era masoquista.

Varias veces le preguntaron lo mismo, de modo que no quedara ninguna duda de que prestaba “libremente” el consentimiento para todo lo que le harían: “¿Estás de acuerdo en realizar la práctica conocida y llamada Bondage, en la cual estarás sometida casi todo el tiempo, en que se te castigue, torture y penetre de todas formas que deseen tus clientes?”.

– Sí, sí, sí, estoy de acuerdo.

– “Escucha y lee con atención. Todo lo anteriormente mencionado a cambio de la suma económica que fue pactada antes del inicio de la sesión, la cual será cubierta en su totalidad al finalizar la práctica que durará cuatro días que abarcan de jueves 19 de agosto del 2001 a domingo 22 de agosto del 2001. En este tiempo serás sometida a toda clase de castigos los cuales se pactaron con anterioridad, mismos que tú avalas y que se plasman y describen uno a uno a detalle en el contrato escrito avalándolos con tu firma, credencial de elector y huellas. Además, eres libre de parar esto cuando tú así lo decidas. ¿Estás  totalmente de acuerdo?”.

– Sí, sí, estoy totalmente de acuerdo.

– “¿Estás siendo obligada por alguien o algo a firmar el siguiente contrato? Contesta explícitamente?”.

– No, no soy obligada por nadie ni nada a realizar el evento anteriormente mencionado.

Así continuaron preguntándole por más de una hora todo tipo de cuestiones, dirección, teléfonos de familiares, etc., etc. La tenían totalmente investigada. Al final, Angie se dio cuenta de que todo lo estaban grabando en audio: Le hicieron firmar una serie de documentos el día domingo –¡y de qué manera!–, y le pagaron muy bien para que no los denunciara. Además, la amenazaron con su familia, le enseñaron fotos de su casa, familiares, con hacerle daño a sus hermanas y madre si los denunciaba.

Cuando todo hubo terminado le volvieron a poner en la boca el aro de acero que le impedía gritar, los tapones en los oídos y ya estaba como en un principio, sin ver, oír, hablar o moverse, y menos oponer resistencia alguna.

Luego dos personas le empezaron a morder los pezones, a la vez que con sus dedos empezaron a penetrarla por su ano y vagina, cada vez más salvajemente, hasta que uno de ellos logró alcanzar su punto G y la obligó a excitarse como loca.

Angie, sin quererlo, estaba viviendo una situación de orgasmos inducidos, forzados. Cuando estaba a punto de venirle un orgasmo, en el colmo de la perversidad dejaron de tocarla y ella empezó a tratar de soltarse, a bailar de placer y ansias, a tal punto que le dolieron enormemente los ovarios por falta de estímulo.

Mientras tanto alcanzaba a oír que se reían al ver su desesperación de querer seguir siendo tocada, acariciada, penetrada, de forma involuntaria.

Así la dejaron por espacio de aproximadamente media hora, con sus ovarios que la doblaban de dolor. Angie deseaba desesperadamente soltarse para penetrarse ella sola con lo que fuera o acariciarse para logar el orgasmo y salir de esas tremendas ansias y deseos.

Cabe señalar que Angie le había dicho a su familia que iba a salir a Can Cun antes del evento, ya que tenía pensado irse de viaje el jueves al finalizar el evento en la quinta, sin saber lo que le esperaba. Sus padres y hermanas, por el tipo de vida que ella llevaba, no la echaron de menos. Ella siempre tuvo muchas libertades.

Para el evento, quien la contrató le envió su chofer. El día que la liberaron, ya pasadas las 11:00 de la noche, la arreglaron con la ropa que usó en dicho evento y no la dejaron bañarse. Ellos se quedaron con todo el contenido de su bolso e incluso su agenda y sus documentos, en garantía de que no los iba a denunciar.

Angie solo conservó el cheque y una copia del contrato. La dejaron en un lugar sobre la carretera nacional, y se encontraba tan débil que ni siquiera pudo recordar cómo tuvo fuerzas para llegar a tomar en taxi. Se fue a la casa de una amiga, quien al verla cómo iba vestida se rio, pero al comprobar las deplorables condiciones en que se encontraba pensó que había sufrido una simple violación.

Para reponerse le refirió lo sucedido aunque sin lujo de detalles. De inicio su amiga le sugirió que los demandara, pero luego que Angie le diera algunos pormenores concluyó en que no debía hacer nada porque se iba a quemar socialmente, pues ellos tenían su testimonio de autorización grabado en audio y firmado en papel. En cuanto a los padres de Angie, a la fecha solo creen que fue violada.

En esta experiencia Angie aprendió de todo. Se hizo multiorgásmica, si es que ya no lo era, y muy fanática del sexo, siendo una de sus fantasías más recurrentes la de volver a revivir la experiencia, pero esta vez en forma consensuada y con hombres a su gusto.

A consecuencia de lo vivido, Angie le perdió el miedo a lo más malo que le pudiera ocurrir.

En esa experiencia aprendió y conoció innumerables aparatos para someter, castigar y  torturar sin dejar rastros, todo tipo de castigos, humillaciones y posiciones incómodas o vergonzosas que dejan totalmente expuesto el sexo. Le dejaron marcas que duraron casi tres semanas y una semana permaneció rosada.

Durante las sesiones Angie se desmayó varias veces, y pudo resistir todo lo que le hicieron gracias a su buena condición física y a un cuerpo sin grasa por la buena alimentación.

En el tiempo que duraron las torturas solo tomó sueros y líquidos, alcohol o suero vía intravenosa, con el cual la mantenían permanentemente drogada, además de comportarse en forma muy accesible a la par que excitada.

Aun hoy Angie ignora que fue lo que le inyectaron. Le hicieron a diario enemas anal y vaginal para evitar el embarazo, ya que en ningún momento quienes la penetraron utilizaron condones.

Lo que Angie pasó mientras estuvo en manos de sus captores fue indescriptible. Nunca había vivido algo similar ni imaginó que algo así pudiera existir. De lo que sí está completamente segura es de que el video obtenido debe ser muy estimulante y que con solo verlo provocará una intensa excitación.

Angie buscó el video incluso en el mercado negro, pero no ha tenido éxito, y lo que se exhibe actualmente en la Red no se asemeja en lo más mínimo a su experiencia, máxime que todo fue real y para nada actuado.

Para concluir, quiero dejar aclarado que cuando decidí contactarme con Angie para pedirle que relatara su experiencia ampliando los detalles ya brindados por ella en la Red, tenía mis dudas de que aceptara por los riesgos que ello presuponía.

Sin embargo, para mi sorpresa, accedió a hacerlo aun sabiendo que ello la expondría a las iras de sus captores.

Sea, entonces, esta nota, por una lado un homenaje a su valentía, y por el otro una prudente advertencia a aquellas mujeres que tienen vocación de modelos, porque no es siempre oro lo que les ofrecerán.

  1. El relato de Angie

Mi mala experiencia con el Bondage

Estremecedor relato extraído de la Red de una joven que fue drogada  y al despertar se encontró en una sesión forzada de Bondage extremo. Su lectura es importante porque demuestra cómo fue doblegada para que firmara el contrato y aceptara “voluntariamente” todo lo que después le hicieron.

23 de Julio de 2006.

Es algo largo de platicar… Cuando tenía 19 años, estando trabajando como edecán hosstes, un cliente contrató mis servicios. Sucedió hace cuatro años. Actualmente tengo 24 años. Un canadiense de 47 años, Terry Mc Gregor, me contactó por medio de un anuncio donde ofrecía servicios de edecán hosstes, al igual que otras chicas, para ir a una quinta donde habría una cena de ejecutivos.

Mi labor sería la de recibirlos, regalarles un puro, preguntarles qué querían tomar y pedir a los meseros la bebida que ellos solicitaran. Además, tendría que sonreír ante los piropos y soportar que me tocaran levemente en piernas, nalgas y busto. Esto fue parte del trato y arreglo económico.

 El uniforme que él me proporcionó se prestaba para eso. Es más, cuando lo vi por primera vez y cerramos el trato me pareció demasiado provocativo.  Era un mini vestido que de poco me servía. Si lo vieras te infartas y unas sandalias preciosas de tacón de 17 cm que me hacían ver una figura súper estilizada.

Ahora, viendo en Internet sé dónde me compraron todas esas cosas que no eran tan comunes hace cuatro años. Desde ahí desperté la lujuria de los invitados, que eran todos hombres aproximadamente de 50 años.

Estaba complacida de que ellos se sintieran a gusto conmigo y bien atendidos. Se me pagó muy bien y por adelantado. La cena transcurrió en orden y ya cuando llegaron todos no era mucha mi participación, pues tan solo tenía que recibir y soportar las invitaciones, propuestas y tarjetas de presentación que me fueron dando casi todos,  uno a uno, los que me hacían recibir.

Pasadas las 12.00 am ya era viernes. Me senté en una silla a descansar. Los invitados ya se empezaban a ir. Quedarían unos 12. Me quité los zapatos y me estaba masajeando los pies. Me sentía cansada sin saber lo que me esperaba. Fue en ese momento cuando Terry me preguntó que si había cenado y contesté afirmativamente, a la vez que me ofreció una bebida y le pedí una piña colada y fue por ella.

Cuando regresó me empezó a preguntar que como me había sentido y a platicar de sus amistades, que eran al igual que él de mucho dinero, cosa que era obvio, pues toda la noche recibí propuestas.

Estando por terminar mi bebida me preguntó por cuánto accedía a una relación múltiple. Riendo le dije que no, que eso no estaba en mis planes, que tenía novio y que no me prostituía.

Después que dije esto, bastante tomado, me abrazó como amigo y me insistió de nuevo con lo mismo.

De tanto insistir le pregunté que cuánto valía un Mercedes azul que traía su chofer en el que me recogió en mi casa y me contestó que nuevo arriba de los 300 mil y que así usado 250 mil aproximadamente.

Se rio de lo que le dije y me dijo que si lo complacía yo podía tener uno nuevo o comprarme el mío con lo que les cobrara a sus amigos.

De ahí recuerdo que eran como las 1:00 pm… Todo lo que recuerdo es que me mareé y me empecé a sentir mal con la pulsación débil, desubicada… Es todo lo que recuerdo.

Cuando desperté, no sé cuánto tiempo pasó, no podía ver nada. Algo me lo impedía y me dolía la quijada. Tenía algo en mi boca que me impedía cerrarla. La tenía exageradamente forzada a estar súper abierta al máximo. No podía hablar o ni siquiera hacer algún ruido. Lo único que salían eran los ruidos que producía con el aire de mi estómago y gemidos, ni gritar, no podía articular ni ruido alguno, ya no palabras, sentía unos tapones o algo en mis oídos que me impedían oír nada, solo silencio.

No sentía ni brazos ni piernas y me dolían los dedos de los pies. Tenía la boca seca. De repente empecé buscar con la mirada y tratando de soltarme quise mover mi cabeza y algo me tenía con la barbilla casi apuntando al techo.

Después supe que era una cuellera metálica forrada en piel y acojinada para no lastimarme.

En mi desesperación por liberarme, se veía que tenían todo preparado y sabían cómo hacerlo, sentía que algo me jalaba el pelo hacia atrás impidiéndome bajar la cabeza. Estaba de pie estirada, superestirada de piernas y brazos en forma de equis y sentía una zapatillas que me obligaban a estar casi de puntitas. Es por eso me dolían los pies, pero no todo el peso descansaba en ellos, pues estaba distribuido en mis muñecas y tobillos.

De repente no terminaba de despertar cuando sentí un chorro de agua fría a presión en todo mi cuerpo desnudo, el cual se erizó por lo frío del agua, además de que comencé a temblar de pies a cabeza sin control. Era como con una manguera por la presión y además por la posición de mi cabeza me entraba agua por las fosas nasales.

Fue cuando comprendí que estaba desnuda al sentir frío en todo mi cuerpo y la piel erizada. No terminaba de reponerme cuando sentí unos fuertes golpes en mis nalgas como con un fuste que me hacían brincar, estremecerme y bailar de dolor tratando de adivinar y evitar el siguiente golpe, a pesar de estar súper estirada en un intento en vano de soltarme.

Así estuve un buen rato. No sé cuántos fueron. Fue uno tras otro. Hubo pausas… Estoy bien dotada de mis glúteos y trataba de encogerlos, ponerlos duros por instinto, para que no me dolieran tanto los golpes del fuste, pero apenas me relajaba sentía un nuevo golpe. Sentía que mis nalgas me quemaban…

Cuando cesaron los golpes fue solo para pasar con mis muslos y repetir la táctica de hacerlos discontinuos cuando no los esperaba, pero aumentó la cantidad y la violencia y ya no era un fuste, era como un mini látigo. El dolor en cada golpe aumentó y éstos me rodeaban las piernas.

Así continuaron hasta seguir con mis muslos y me repitieron la dosis. Fue lo más doloroso y lo que más me hacía llorar y temblar de dolor fueron los golpes con varias varillas pequeñas como tallos de alguna planta, varas delgadas secas, eran de madera…

Estaba respirando con dificultad por el castigo cuando de pronto sentí que me vine en un orgasmo intenso por la mezcla de dolor y placer que empezaba a sentir sin darme cuenta.

Cuando éste cesó se me acercó una persona que me tomó por el pelo y estiró mi cabeza aún más para atrás y me quito un tapón de mi oído y el aro que mantenía mi boca abierta, a la vez que en voz baja y acento pastoso me advirtió que si gritaba pidiendo auxilio me mataba.

Me preguntó que si me estaba gustando todo lo que me sucedía, a lo que contesté que no.  Me preguntó que si empezaba de nuevo, a lo que volví a contestar asustada que no. Me dijo que si lo iba a complacer en todo, a lo que contesté que sí.

Me preguntó que si era puta a lo que dije que no. Como respuesta tuve un par de latigazos en mis nalgas que me hicieron gritar, llorar y suplicar… Regresó y me dijo “no llores perra”, a la vez que me pellizcaba con violencia mis pezones.

Me hizo retorcer del dolor. No me atreví a sollozar ni gritar ni quejarme. Me dijo “tengo un hierro para marcarte como a los caballos, puta, ¿eso es lo que quieres?”. Contesté que no… “¿Vas a seguir llorando y gritando?”, me preguntó, a lo que conteste que no y él insistió:

– Vamos a comenzar de nuevo, dijo. Volvió a preguntarme tomándome del cabello con más fuerza: ¿Eres una puta?

– Sí.

– ¿Por eso te vistes así y me trajiste con la verga parada todo el tiempo?

– Sí.

– ¿Te gusta provocar a los hombres y a las mujeres con tu forma de maquillarte, vestirte, hablar y caminar?

– Sí.

– ¿Por qué te vistes así?

– Porque soy una puta, una puta que se vende al mejor postor, sí, sí, sí, al mejor postor…

– ¿Te gusta el dolor?

– No… Me dio una bofetada que me hizo recordar que era capaz de todo…

– ¿Te gusta el dolor?

– No…

Me contestó en tono sarcástico, a la vez que se reía, y me decía cuando termine con tu tratamiento vas a amar el dolor, perra. Me dijo “voy a empezar y cuando te guste tú solita me dices, si puedes, porque te voy a colocar tu mordaza y sabes que si no me hablan claro no entiendo”, a la vez que me colocaba el aro de nuevo en mi boca.

Me empezaron a llenar de pinzas metálicas tipo Baco, sujetapapeles de todos tamaños, en mis pezones, mi busto, mis labios vaginales, en todas mis nalgas, muslos, entrepierna y tobillos.

Cada pinza sólo agarraba la más mínima cantidad de piel suficiente para no soltarse y me proporcionaba cada pinza un dolor indescriptible… No sé la cantidad de pinzas que me pusieron, lo que sí sé es que gozaban de ver cómo me contorsionaba de dolor tratando de soltar las pinzas en un esfuerzo inútil hasta que me doblegaron.

Respiraba agitadamente, traté de gritar pero la mordaza me lo impedía. Al gritar solo hacía ruidos con el interior de mi estómago, pero Terry sí se daba cuenta que me estaba lastimando y que su estrategia había funcionado… Me sentía a punto del desmayo…

Acto seguido Terry se me acercó y me dijo:  ¿Qué quieres decir? ¿No te entiendo? Recuerdas que hubo un tiempo para negociar, perra, te voy a dejar así para que escarmientes de una vez por todas…

No sé cuánto tiempo continuó mi silenciosa tortura, quizás 15 o 20 minutos… Alguien se compadeció de mí y me quito la mordaza… ¡¡Ya!!, grité impotente llorando, ya basta voy a acceder a todo lo que me pidan, quítenme eso de mi cuerpo…

No sé qué sea, el dolor no me dejaba concentrarme en lo que quería decir… ¡¡Me duele, perdón, les pido perdón!! Yo no podía ver nada ni mover la cabeza por la cuellera que llevaba puesta. Se me acercó de nuevo y me dijo: ¿Me hablas?

– Sí, sí, sí, voy a acceder a lo que me digas, pero quítame esto, no lo soporto, lo que tú mandes u órdenes a todo a todo obedeceré, pero quítame esto, yo decía, a la vez que temblaba sin control.

Me dejó sola como 10 minutos… Después que terminaron de retirarme todo volvió a preguntarme y me dijo: Recuerda de aquí en delante tu promesa de obedecer, recuerda que ya no hay nada para atrás y recuerda el hierro que se está calentando…

Sí, sí, la recordaré, pero ya no me castigues, por favor te lo suplico, me duele todo el cuerpo…

– No supliques, perra, me dijo a la vez que me bofeteaba de nuevo en mi cara: “las putas como tú no suplican, sí se venden y toleran todo… Además, eso no funciona conmigo, te compré y puedo hacer de ti lo que me plazca… ¿Te gusta el dolor y el castigo?”.

– Sí…

– ¿Poco?

– No…

– ¿Regular?

– No…

– ¿Mucho?

– Sí…

– ¿Mucho?

– Sí, mucho… No sabía qué contestar, pero temía que me fueran a pegar de nuevo. Quería hablar con Terry para negociar algo más amable, pero no podía expresar nada, ni el llanto que me llenaba por temor a que cumpliera la amenaza del hierro y empezó de nuevo el interrogatorio:

– ¿Estás aquí por tu gusto y voluntad?

– Sí…

– ¿Deseas que te castiguemos, penetremos y torturemos?

– Sí, sí, lo deseo…

– ¿Quieres sexo anal?

– Sí, como lo deseen…

– ¿Sexo vaginal?

– Sí, como usted ordene…

– ¿Sexo oral?

– Sí…

– ¿Descargas eléctricas?

– ¿Cómo?

– ¿Descargas eléctricas, toques, electroestimulación?

– Sííí…

– ¿En tu ano?

– Sííí…

– ¿En tu vagina?

– Sííí…

– ¿En tus pezones?

– Sssí…

– ¿En los dedos de tus pies y nalgas?

– Sí…

– ¿Quieres consoladores?

– Sí, como usted lo ordene…

– ¿Donde sea?

– Sí, donde sea…

– ¿Deseas juegos de asfixia?

– Sí…

– ¿Vas a llorar?

– Sí…

– ¿A suplicar?

– Sí…

– ¿Te gusta todo lo que te hacemos contigo?

– Sí, sí, me gusta…

– De nuevo te pregunto: ¿Estás aquí por tu propia voluntad?

– Sí, por mi voluntad…

– ¿Esto lo haces por dinero?

– Sí, lo hago por dinero…

– ¿Lo haces por placer?

– Sí, sí, por placer también y por el dinero…

– ¿Tienes algún motivo para demandarme?

– No, ninguno…

– Te pregunto de nuevo, repítelo eso…

– No tengo motivos para demandar a nadie ni hoy ni después…

– ¿Cómo te llamas?

– Angie K.

– ¿Qué edad tienes?

– 19 años…

– ¿Dónde vives?… Di mi dirección en Monterrey, ésa fue la dirección que di…

– ¿Sabes y estás consciente que vas a estar en una sesión masoquista, sometida por cuarto hombres, más los que se agreguen por espacio de cuatro días, que en este tiempo se te va a tratar de una manera especial, castigar y torturar y penetrar a nuestro gusto y que si opones resistencia a alguna de las prácticas vas a ser convencida a llevarla acabo como lo hemos venido platicando, que todo el evento va a ser filmado bajo tu aprobación, y si es comercializado esa parte depende de nosotros y no tienes derecho de regalías o cualquier otra compensación o reclamo? ¿Según el contrato que filmaste y que con el cheque que se te entrega con la suma estipulada por ambas partes estamos de acuerdo en respetar al pie de la letra el mismo?

– Sí, sí, estoy de acuerdo en todo lo que acaba de mencionar…

– ¿Eres masoquista?

– Sí, sí, soy masoquista…

– ¿Qué estudios tienes?

– Soy estudiante en Licenciatura en administración de empresas turísticas en el instituto regiomontano…

– ¿Estás de acuerdo en realizar la práctica conocida y llamada Bondage, en la cual estarás sometida casi todo el tiempo en que se te castigue torture y penetre de todas formas que deseen tus clientes?

– Sí, sí, estoy de acuerdo…

– Escucha y lee con atención…Todo lo anteriormente mencionado a cambio de la suma económica que fue pactada antes del inicio de la sesión, la cual será cubierta en su totalidad al finalizar la práctica que durará cuatro días que abarcan de jueves 19 de agosto del 2001 a domingo 22 de agosto del 2001. En este tiempo serás sometida a toda clase de castigos los cuales se pactaron con anterioridad, mismos que tú avalas y que se plasman y describen uno a uno a detalle en el contrato escrito avalándolos con tu firma credencial de elector y huellas. Además, eres libre de parar esto cuando tú así lo decidas. ¿Estás  totalmente de acuerdo?

– Sí, sí, estoy totalmente de acuerdo…

– ¿Estás siendo obligada por alguien o algo a firmar el siguiente contrato? Contesta explícitamente?

– No, no soy obligada por nadie ni nada a realizar el evento anteriormente mencionado…

Así continuaron preguntándome entre los cuatro por más de una hora todo tipo de preguntas, dirección, teléfonos familiares, etc., etc. Me tenían toda investigada… Al final me di cuenta de que todo lo estaban grabando en audio: Me hicieron firmar una serie de documentos el día domingo ¡y de qué manera! Me pagaron muy bien para que no los denunciara, me amenazaron con mi familia, me enseñaron fotos de mi casa, familiares, con hacerle daño a mis hermanas y mamá si los denunciaba…

Me olvidé de decir, ahora lo recuerdo, que después que me vine en un orgasmo intenso, como ya dije, por la mezcla de dolor y placer que empezaba a sentir sin darme cuenta, cuando éste cesó se me acercó una persona que me tomó por el pelo y estiró mi cabeza aún más para atrás y me quitó un tapón de mi oído y el aro que mantenía mi boca abierta para hacerme firmar el contrato y leérmelo, acción que duró alrededor de 45 minutos que para mí fueron interminables horas de miedo, aunque fue el momento que menos me castigaron posterior a firmar el contrato y amenazarme de que cooperara.

Luego me volvieron a poner en la boca el aro de acero que me impedía gritar, me pusieron los tapones en mis oídos y estaba como en un principio sin ver, oír, hablar o moverme, menos oponer resistencia alguna.

Me empezaron a morder los pezones dos personas, no sé quiénes, a la vez que con sus dedos empezaron a penetrarme por mi ano y vagina cada vez más salvajemente, a la vez que uno de ellos logró alcanzar mi punto G y me obligó a excitarme como loca.

Sin quererlo estaba viviendo una situación de orgasmos inducidos, forzados. Cuando estaba a punto de venirme un orgasmo me dejaron de tocar y empecé  a tratar de soltarme, a bailar de placer y ansias, me dolieron los ovarios por falta de estímulo. Alcanzaba a oír que se reían al ver mi desesperación de querer seguir siendo tocada, acariciada, penetrada de forma involuntaria.

Así me dejaron por espacio de aproximadamente de media hora. No sé que pasó en ese lapso. Lo que sí sé es que si mis ovarios en ese momento me doblaban de dolor, deseaba soltarme para penetrarme yo sola con lo que fuera o acariciarme para logar el orgasmo y salir de mi ansia y deseos…

En mi casa dije a mi familia que iba a salir a Can Cun antes del evento, ya que tenía pensado irme de viaje el jueves al finalizar el evento en la quinta, sin saber lo que me esperaba. Yo sola tejí la red y caí sola en ella. Mis papás y hermanas por el tipo de vida que llevaba no me echaron de menos. Siempre tuve muchas libertades. Para el evento Terry mandó a su chofer por mí. El día que me liberaron, ya pasadas las 11:00 de la noche, me arreglaron con mi ropa que usé en el evento, no me dejaron bañarme, mis documentos se quedaron con ellos, y también con todo mi bolso…

Me amenazaron de que tenían credenciales, agenda, y todo. De mí sólo conservé el cheque y una copia del contrato. Me dejaron en un lugar sobre la carretera nacional, no sé cómo pude llegar a tomar un taxi de lo débil que estaba. Me fui a la casa de una amiga, al verme como iba vestida se rio, pero al ver mis condiciones pensó que había sufrido una simple violación.

Para reponerme le platiqué lo sucedido sin lujo de detalles. De inicio me dijo que demandara, pero ya analizando lo que sucedió y lo que le platiqué me dijo que me iba a quemar socialmente, pues tenían mi testimonio de autorización grabado en audio y firmado en papel.

Mis papás a la fecha sospechan que solamente fui violada. En esta experiencia aprendí de todo. Me hice multiorgásmica, si es que ya no lo era, y me hice muy puta, obviamente por placer, y que cubran mis gustos masoquistas, que me hagan de nuevo revivir la experiencia, sólo que esta vez con hombres a mi gusto.

Después de lo que me pasó le perdí el miedo a todo lo más malo que me pueda ocurrir. En esta experiencia aprendí y conocí todo tipo de aparatos para someter, castigar y torturar sin dejar rastros, todos castigos y humillaciones y posiciones incómodas o humillantes que dejan totalmente expuesto el sexo. Me dejaron marcas que me duraron casi tres semanas y una semana rosada.

Me desmayé infinidad de veces, tal vez me ayudó el tener una buena condición física y un cuerpo sin grasa por la buena alimentación.

Estos cuatro días sólo tomé suero y líquidos, alcohol o suero vía intravenosa, con el cual me mantenían en un estado drogada permanente, en el cual me portaba accesible y muy excitada.

A la fecha no sé qué es lo que me inyectaban. Me hicieron a diario enemas anal y vaginal para lavar mi sexo, ya que no usaron condón en la sesión y uno de mis principales temores era el de estar embarazada, ya que perdí la cuenta de cuántos se vinieron dentro de mí y la probabilidad de quedar embarazada era muy alta…

Nunca había vivido algo similar ni sabía que existiera. Lo que pasó en esos cuatro días fue interminable. De lo que sí estoy segura es de que el video ha de ser muy caliente y sólo de verlo se han de excitar, ya que a la fecha aunque lo he buscado en el mercado negro no he tenido éxito y lo que he visto no se asemeja en lo mas mínimo a la experiencia vivida, ya que todo fue real, nada fue actuado y con lo que he visto a la fecha nada se asemeja…

CONTINÚA EN LA PARTE II
https://horaciovelmont.wordpress.com/2015/10/25/la-mafia-del-bondage-el-caso-de-angiekitana-parte-ii/

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