¿Juicio por jurados o juicio por aberrados?

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UN RETROCESO JURÍDICO
por Horacio Velmont
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El denominado Juicio por jurados es un sistema mediante el cual el veredicto, es decir, la atribución de la culpa y la responsabilidad de los procesados por delitos, lo emite un organismo de carácter popular, cuyos integrantes deciden de acuerdo con su ciencia y conciencia, pronunciándose sobre los hechos y la imputabilidad resultante, pero sin aplicar el derecho que queda reservado al juez técnico.

 No voy a entrar en las polémicas que este sistema ha desatado a través del tiempo, sino a considerar un factor que nunca ha sido puesto sobre el tapete: la mente reactiva.

 Las personas, salvo raras excepciones, oscilan durante el día entre la cordura y la demencia, siendo la mayor parte del tiempo más dementes que cuerdos. Esto es así porque ya, desde el mismo momento en que hemos nacido, tenemos como mínimo un engrama, el engrama de nacimiento, que es el más aberrante de todos y el que sostiene todos los eslabones engrámicos de la cadena y los torna más aberrantes a medida que transcurre el tiempo. Es una falsedad, una de las tantas falsedades, que el tiempo lo cura todo: el tiempo no sólo no cura nada sino que agrava los problemas.

 Cualquier integrante de un jurado, desde el punto de vista de la mente reactiva y de los engramas, es una bomba de tiempo pronta a explotar en cualquier momento. ¡Y quizás entre en la sala de deliberaciones ya explotado crónicamente! No hay necesidad de entrar en detalles sobre esto porque cualquiera de nosotros hemos visto a esa persona tan tranquila, incapaz de matar una mosca, de pronto tomar una escopeta y matar a toda su familia. ¿Se acuerdan del dentista Ricardo Barreda…?

Salvo que una persona sea un robot, estar involucrado en un juicio por jurado ya la pone reactiva, lo que significa pronta a dramatizar todos los engramas que tenga archivados. Los engramas, que son similares a órdenes hipnóticas de alto poder porque contienen dolor (físico o emocional) como parte de su contenido (el dolor potencia la orden), estarán presentes indefectiblemente durante todo el tiempo en que el jurado delibera.

 Ya puede imaginarse uno cómo votará un jurado cuyos engramas contengan frases tan comunes, de esas que nadie se salva de tener, como “no tiene perdón de Dios”, “habría que matarlos a todos”, “merece la pena de muerte”, “la cárcel es lo mejor”, “los políticos son todos corruptos”, “si es policía es ladrón”, “una condena de diez años es poco”, “si está aquí por algo es”, etc., etc., etc. A estos ejemplos pueden añadirse todos los engramas contra los judíos, contra los negros, contra los pobres, contra los ricos, contra las amas de casa, contra los enchufes o contra cualquier cosa…

Un engrama es por definición irracional, no importa cuál sea la orden hipnótica que contenga, de modo que si una persona tiene como contenido verbal “ser derecho en la vida”, esto no significa que no asaltará bancos o que no matará a nadie, porque la mente reactiva puede “interpretar” que andar derecho en la vida significa caminar estirado hasta casi romperse el cuello. Y esto no es un ejemplo meramente teórico porque sucedió en la realidad, y el pobre paciente caminaba siempre estirado sin saber por qué hasta que el cuello se le había lesionado. Afortunadamente vino la caballería en forma de Dianética y lo salvó de una vida miserable.

 Existe otro factor importante a considerar, y es que un engrama, también por definición, es impredecible, significando esto que no razona sino que interpreta “literalmente” su contenido verbal. Si un engrama tiene la orden, por ejemplo, de hacer algo sin especificar que es ese “algo”, la persona estará compelida a “hacer algo”, y tanto puede ser lavarse las manos compulsivamente, como tener sexo a toda hora, o cualquier cosa que se le pueda ocurrir a la mente reactiva. Y todas estas cosas están dentro del banco de engramas de cualquier jurado prontas a salir disparadas o quizás ya activadas crónicamente. Y la probabilidad de que entre los doce integrantes de un jurado exista un clear (aclarado, libre de engramas) es tan remota que mejor ni siquiera considerarla.

 Probablemente alguien me haga notar que un juez no está exento de tener los mismos engramas que los integrantes de un jurado, lo cual es verdad, pero la pregunta clave es: ¿para qué armar un jurado, con todas las dificultades y los ingentes gastos que representa, si para lo mismo basta con un juez?

Hay muchas otras consideraciones para hacer respecto al sistema del Juicio por jurado, pero las obviamos brevitatis causa porque lo que pretendemos es hacer hincapié en su total ineficacia, por lo menos en la forma en que está estructurado. Y eso de darle participación al pueblo no pasa de ser una tontería, porque con el mismo criterio tendríamos que dejar que sean los propios ciudadanos los que dirijan la economía de un país. ¿Alguien puede imaginarse a doce personas comunes del pueblo –un carnicero, un cartero, un almacenero, un ama de casa, un plomero, un abogado, un médico–, tratando de ponerse de acuerdo en cómo frenar la inflación, por ejemplo?

 Naturalmente que estoy exagerando un poco la nota, pero es para que quede bien en claro lo absurdo que es este sistema que criticamos.

 Y algo más para terminar: a medida que pasa el tiempo sobreviene el agotamiento físico y mental de los integrantes del jurado, agravado porque el inevitable ego de cada uno de ellos tratará de imponer su parecer, y como consecuencia inevitable, mayor será el poder de la mente reactiva sobre la mente analítica o consciente. Si a un jurado se lo controlara con el E-Metro al concluir las deliberaciones se vería que estaba totalmente reactivo, casi a la par de un boxeador que tirara trompadas al aire completamente groggy.

 Viene aquí como anillo al dedo mencionar la famosa y excelente película “Doce hombres en pugna” (“12 angry men”, versión original de 1957 con Henry Fonda y remake en 1997 con Jack Lemmon) que recomendamos ver, puesto que plantea lo difícil que se hace para un grupo de hombres comunes que han sido elegidos como jurados ponerse de acuerdo sobre si un chico acusado de haber matado a su padre, ante las dudosas evidencias presentadas, es realmente culpable o no. Con el correr del tiempo, las miserias, bajezas, confusiones y prejuicios de cada uno de los jurados van saliendo a flote para condenar al acusado a la pena máxima. Solo uno de ellos tendrá la claridad mental suficiente para darle a las pruebas el valor correspondiente.

LECTURA RECOMENDADA
https://dianeticaycienciologia.wordpress.com/2015/01/05/la-ciencia-de-la-mente-ilustrada-parte-i/

MAIL RECIBIDO
Estimado profesor Velmont: Mi nombre es Luis Santos Diz de profesión criminólogo. Llevamos unos casos en España de inocentes que han sido condenados por “errores” judiciales.Me gusto el articulo que usted escribió  ¿Juicio por jurados o juicio por aberrados? creo que opino lo mismo que usted.
Voy a ir al centro del interés que me lleva a contactar con usted, y es un preso que esta condenado a 36 años de cárcel por una violación y asesinato. En estos momentos lleva cumpliendo condena mas de 13 años.
Le envió el resumen de su desgraciada historia. Si le interesa escribir algo sobre ello, estaríamos agradecidos, ya que la justicia española no tiene oídos para nosotros, a pesar de los años que llevamos denunciando las irregularidades cometidas.
Un saludo 

www.proyectoinocentes.es 

Dr. Luis Santos Diz  www.icfinvestigacion.es  Telf. 0034 622 900 303  Palma de Mallorca (España)

 

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