La muerte de Hitler

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UN SUICIDIO INVENTADO 

por Horacio Velmont
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ADOLF HITLER

SUPUESTOS RESTOS DE HITLER

Según lo que dijeron algunos testigos, Adolf Hitler mató a tiros a Eva Braun antes de matarse él mismo de un tiro. Más tarde, seguidores del dictador derramaron gasolina a los cadáveres y los quemaron para evitar su profanación. A fines del Siglo XX, las autoridades soviéticas abrieron los archivos históricos al público. En uno de los documentos aparece una fotografía de los “posibles restos de Adolf Hitler”.

Soldado soviético junto a la lata de gasolina con la que supuestamente fueron quemados los cadáveres de Adolf Hitler y su amante. 

ADOLF HITLER Y EVA BRAUN

A ninguna de las mentes más brillantes del planeta se les ocurrrió la simple verdad de que su misteriosa desaparición se produjo porque simplemente viajaron a otro país…

ADOLF HITLER,
LA VERDAD SOBRE SU MUERTE 

CAPÍTULO I

LA HISTORIA CONOCIDA

El jefe del tercer Reich alemán nació a las 18.30 horas (seis y media de la tarde), del día 20 de abril de 1889, en una modesta posada llamada Gasthof Zum Pommer de la ciudad de Braunau al norte de Austria, al otro lado de la frontera de Baviera.
Adolfo Hitler era el tercer hijo del tercer matrimonio de un funcionario secundario de Aduanas, que había sido hijo ilegítimo, el apellido que llevó durante 39 años era el de su madre, Schicklgruber. Cuenta la historia que tanto la abuela materna de Hitler como su abuelo paterno se llamaban Hitler. La madre de Adolf era prima segunda de su padre y tuvo que obtenerse de la iglesia una dispensa para el matrimonio.
Esta unión entre parientes es común, como el caso de los padres de Hitler y la ilegitimidad se manifiesta a diario.
Uno de los misterios históricos de la Segunda Guerra Mundial es la que se refiere a la muerte de Adolf Hitler.
La resolución del acta de defunción de Hitler (resolución 2/48/52 del 25 de Octubre de 1956, dictada en Berchtesgaden) confirmó oficialmente la muerte de Adolf Hitler el día 30 de Abril de 1945 a las 15.30 horas, mientras que a Eva Braun la declararon muerta el mismo 30 de Abril de 1945, 2 minutos antes de su marido (a las 15.28 horas).
El gobierno alemán, en particular las autoridades de Berchtesgaden, extendió los actas de defunción del dictador de Alemania y de su esposa hasta el año 1956, debido a que nunca se habían encontrado los cadáveres.
Conforme al procedimiento que establece el derecho alemán, como el de muchos países del mundo, primeramente se dicta la declaración de ausencia, cuando no se encuentra el cadáver de una persona a la cual se le da por desaparecida.
Diez años después, cuando no exista ninguna prueba física del desaparecido y no se le haya encontrado, se dicta la declaración de muerte para los efectos legales pertinentes, principalmente los testamentarios.
Según lo que dijeron algunos testigos, Adolf Hitler mató a tiros a Eva Braun antes de matarse él mismo de un tiero. Más tarde, seguidores del dictador derramaron gasolina a los cadáveres y los quemaron para evitar su profanación.
A finales del siglo veinte, las autoridades soviéticas abrieron los archivos históricos al público. En uno de los documentos aparece una fotografía de los “posibles restos de Adolf Hitler” (véase imagen).
Hay que reconocer que mucha gente no acepta la versión más probable de la muerte de Hitler. Algunos personajes contemporáneos del dictador expresaron sus opiniones, al haber terminado la guerra:
En 1952, Dwight D. Eisenhower dijo: “Nosotros no hemos podido sacar ni siquiera una pizca de evidencia tangible sobre la muerte de Hitler. Mucha gente cree que Hitler se escapó de Berlín”.
Cuando el Presidente de EE.UU. Truman le preguntó a José Stalin en la Conferencia de Potsdam en 1945, si Hitler estaba o no muerto, Stalin replicó: “No”.
El oficial mayor del ejército de Stalin, Mariscal Gregory Zhukov, cuyas tropas fueron las que ocuparon Berlín, afirmó después de una larga investigación en 1945: “Nosotros no hemos encontrado el cuerpo que pueda ser de Hitler”.
El jefe del consejo de EE.UU. de los juicios de Nuremberg, Thomas J. Dodd, dijo: “Nadie puede decir que él está muerto”.
El mayor general Floyd Parks, quien comandaba las fuerzas de EE.UU. en el sector de Berlín, expuso en una publicación que él estaba presente cuando el Mariscal Zhukov describió su entrada a Berlín. Según Parks, Zhukov dijo que creía que Hitler pudo haber escapado.
El teniente general Bedell Smith, jefe de personal del general Eisenhower en la invasión europea y después director de la CIA, dijo públicamente el 12 de Octubre de 1945: “Ningun ser humano puede decir conclusivamente que Hitler esté muerto”.
Coronel W.J. Heimlich, ex jefe de la inteligencia de EE.UU. en Berlín, que estuvo encargado en la investigación para determinar que había pasado con Hitler, dijo en el reporte final: “No hay más evidencia que las habladurías para sostener la teoría del suicidio de Hitler”. -También afirmó que: “En base a la presente evidencia, ninguna empresa de seguros de Vida en Estados Unidos, pagaría la prima por Adlof Hilter”.
El juez del tribunal de Nuremberg, Michael Mussmann, dijo en su libro Diez Días Para Morir: “Rusia debe de aceptar toda la culpa, hasta el entendido que todavía existe, de que Hitler no murió en Abril de 1945″.
El ex secretario de gobierno Jimmy Byrnes explica en su libro Hablando Francamente: “Durante la conferencia de los Cuatro Grandes en Potsdam, Stalin dejó su silla, se me acercó con su vaso de licor, la golpeteó con mi vaso, y muy amigablemente le dije: ‘Mariscal Stalin, ¿cuál es su teoría sobre la muerte de Hitler?’, y Stalin replicó: ‘El no está muerto. El escapó hacia España o Argentina’ “.
Por lo visto, las pruebas de la muerte del ex dictador no son muy contundentes. Al otro lado, tampoco hay pruebas de que Adolf Hitler haya sobrevivido la guerra. La única prueba absoluta y existente consiste en el hecho, de que los supuestamente muertos siempre encienden las fantasías tanto de sus seguidores como de sus adversarios. – Haya o no muerto en Berlín, hoy en día da igual. A estas alturas, Adolf Hitler debe haber fallecido de todas formas.
¿COMO MURIÓ HITLER REALMENTE?
LAS OPINIONES DE LOS INVOLUCRADOS
“La otra noche, en mi casa, le ofrecimos a nuestro bienamado Führer, un asadito con motivo de su viaje a Venezuela, donde piensa establecerse para rehacer su situación económica” (carta de Martin Bormann a un amigo, extractada en “Adiós al Führer”, de Enrique Lafourcade)
“-Oficial SS pregunta: Mein Führer, ¿por quién lucharemos ahora? – Hitler le responde: Por el hombre que vendrá …” (último diálogo de Adolf Hitler antes de desaparecer desde el Bunker de Berlín en el día de la ocupación final de Alemania).
LA MUERTE DE LA QUE AÚN SE ESPECULA
En abril del 2000, los rusos han tratado de impresionar al mundo mostrando en una exposición una minúscula pieza craneana con un agujero “de bala”, perteneciente según ellos a Adolf Hitler.
Es lo más parecido a los restos de Hitler que alguna vez se han mostrado al mundo, luego de años de hablar de las “comprobadas” pruebas dentarias, fotografías del cuerpo completo y semicalcinado del Führer, entre otras cosas.
Se han presentado al público varias fotografías del “cadáver de Hitler” a lo largo de la historia; en algunas aparece quemado, en otras sin lesiones aparentes y en la que mostramos aquí, con rastros de un presunto proyectil (los historiadores que aseguran su muerte no están de acuerdo en si se suicidó de un tiro, tragando una pastilla de cianuro o hasta ambas cosas).
De cualquier modo resulta bastante raro que algunas de las imágenes hayan sido fotografiadas, según la versión oficial, por los mismos alemanes que, según el plan, intentaban hacer desaparecer el cuerpo del Führer para esconder su muerte.
Entre 1999 y el 2000 se filtró una noticia extraña: un área del famoso bunker de Berlín en donde Hitler se habría quitado la vida, y que fuera descubierta desde hacía décadas, había sido mantenida en secreto por las autoridades aliadas durante todos estos años. Alegaron un temor de que el lugar se convirtiera en sitio de peregrinaje para neonazis. Sin embargo, la sensación que queda claramente es que, a 55 años de la supuesta muerte del Führer en Berlín, aún quedan cosas desconocidas a los ojos de las muchedumbres.
Los rusos alegaron haber descubierto, en su momento, varios cuerpos medio enterrados con las características de Hitler, los llamados “doppelganger” del Führer.
Algunos creen que tenía varios de estos “dobles” y que uno de ellos fue el que murió en el famoso atentado explosivo en su contra en 1944, del que “sobrevivió milagrosamente” según se dijo.
El oficial soviético Anatoli Klimenko, por ejemplo, uno de los principales encargados de la toma del Reichstag el 9 de Mayo de 1945, declaró que el cadáver supuestamente perteneciente a Hitler calzaba medias tejidas de lana que el Führer siempre se negó a utilizar en vida, pues las detestaba.
Por su parte, el mariscal Zhukov negó públicamente la versión oficial rusa de haber encontrado con seguridad el cuerpo de Hitler. Sobre el verdadero paradero de Hitler, declaró:
“Mi opinión personal es que se encuentra en algún punto de Europa, tal vez en España.”
Documentos rusos publicados más de cuarenta años después de la guerra, aseguraban que los cuerpos de Hitler, Eva Braun y la familia Goebbels fueron totalmente calcinados luego de ser encontrados, y sus cenizas esparcidas por el aire el 5 de abril de 1970, lo que no coincide con la actual versión de Moscú al exponer los “restos de Hitler” que hemos señalado.
¿UN ESCAPE A LA ANTÁRTIDA?
El famoso Almirante norteamericano Richard Evelyn Byrd, hombre valiente y aventurero, uno de los pioneros en llegar a la Antártica (léase su gran obra “Alone”), declaró en una oportunidad -a propósito de la desaparición de Hitler y algunos otros personajes del Tercer Reich- que “el enemigo está entre nosotros y la Antártida”.
Byrd equivalía en Estados Unidos a lo que el Capitán Richter en Alemania, al atravesar zonas inexploradas del Continente Helado, y hasta asegurar la presencia de los polémicos “oasis” con vegetación y aguas termales en medio de los hielos milenarios, de los que nadie ha vuelto a hablar. Miguel Serrano, uno de los primeros civiles en visitar la Antártica (en 1948), ha escrito intensamente sobre estas historias.
El famoso Almirante Doenitz, por su parte, había declarado en 1943 que los submarinos alemanes habían descubierto un “paraíso inexpugnable” en algún lugar austral del planeta.
La idea de que los alemanes se habrían escondido en bases secretas de la Antártica no es nueva. Fue sumamente difundida al final de la Segunda Guerra, y los aliados enviaron hasta sus propias expediciones intentando confirmar cualquier rumor de esta idea, que suena tan descabellada.
Entre las misiones, la principal fue dirigida por el Almirante Byrd en persona. Se sabe incluso que llegaban con frecuencia a uno de los fiordos australes de Chile, en la zona de Palena y junto a las islas Guaitecas, creyéndose incluso que existiría una compleja base abandonada y perdida en la geografía patagónica pacífica.
Existía abundante material fotográfico evidenciando este hecho, pero ha desaparecido paulatinamente de los medios impresos, aunque algunas referencias se han dado en los archivos del FBI desclasificados por Estados Unidos entre 1998 y 1999.
Esta misma agencia yanki había realizado amplios operativos en los países sudamericanos recibiendo de Chile una extraña información que, hacia los años ’60, corría como rumor: algunos jerarcas nazis, como Martin Bormann, se encontrarían en la Antártida, en el caso de Bormann con el nuevo nombre de Juan Keller.
Con el tiempo, la leyenda se olvidó y pasó a formar parte de los tantos mitos de la Segunda Guerra. Imaginar a Hitler escondido en la Antártica era, simplemente, algo demasiado fantástico como para darle crédito histórico, y tienen razón.
Sin embargo, en fechas recientes y gracias a la iniciativa de los grupos aficionados al realismo fantástico, el tema a vuelto a ponerse en boga y se han presentado como pruebas algunos hechos que por casi 60 años permanecieron en la penumbra permanente.
La pregunta resurgió: ¿Es posible, es racionalmente aceptable que Hitler, efectivamente, esté oculto en algún la Antártida?
Las pruebas que los creyentes de esta idea esgrimían contra sus detractores eran débiles: que los alemanes realizaron extraños experimentos de resistencia y hasta animación suspendida en condiciones de frío similares a las del polo (experimentos que sí se realizaron, y no con pobrecitos judíos sometidos a congelación, como ya estarán imaginando algunos) y que la Antártida sigue siendo, hasta ahora, el lugar ideal para esconder una base ultrasecreta sin ser descubierto jamás.
Otros agregan a esto la teoría de que la Tierra es hueca y con “entradas” en los polos, enormes boquetes dentro de los cuales habrían entrado los miembros de la más selecta aristocracia esotérico-criptopolítica alemana, con Hitler a la cabeza.
Como se ve, los argumentos, si bien son válidos, no sólo no comprueban nada, sino que alejan la teoría de cualquier intento por acercarla a un hecho histórico y verificable.
Sin embargo, las cosas cambiaron. Recientes trabajos de muchos autores de historia y literatura han vuelto a reflotar un hecho que había sido prácticamente olvidado por los anales cronológicos de América.
Esto es un hecho real y comprobado, de modo que su falta de difusión no puede ser obra de otra cosa que un intento por llevarlo al olvido…
En 1945, varios meses después de terminada la Guerra, llegaron hasta las costas argentinas de Mar del Plata un par de valiosos y modernísimos submarinos alemanes, capaces de permanecer hasta seis meses sumergidos, y cargados de más hombres de los que necesitaría cualquier misión usual.
Traían una curiosa carga de cigarrillos, a pesar de que ninguno de ellos fumaba (como es tradicional entre los austeros oficiales de este tipo de naves).
Los submarinos llevaban mucho tiempo en el mar, lo que es más extraño aún. La tripulación no tuvo una razón satisfactoria para explicar su presencia en estas aguas australes ni por qué las naves estaban falsamente clasificadas con las series U-530 y U-977, correspondientes en realidad a dos viejos submarinos que en los archivos navales de la Marina Alemana aparecían incluso en reparaciones, de modo que la adulteración era una clara muestra de que se trató de ocultar la desaparición de estas naves.
Los norteamericanos enviaron en tiempo récord una enorme dotación de oficiales que apresaron a los alemanes y se los llevaron a Estados Unidos haciéndolos desaparecer.
Actuaron con tal intriga y rapidez que prácticamente, nadie supo de lo que sucedió. Fue instantáneo. Sin embargo, inmediatamente después comenzaron sus expediciones a la Antártida, siendo la mayor de ellas la del Almirante Byrd, quien volvió convencido de que los jerarcas alemanes que no estaban en Nüremberg, yacían en un secreto refugio antártico.
Sus expediciones principales tuvieron lugar entre 1946 y 1947, y en ellas los americanos utilizaron sus más modernos aparatos de sondeo y rastreo, aviones y buques.
Tal despliegue jamás habría tenido lugar en base a un mero rumor fantasioso.
La noticia que circuló entonces, incluso entre algunos medios de prensa de la época, era que los dos submarinos habrían sido parte de un enorme convoy que salió de Alemania con Hitler y sus principales asesores hasta algún lugar secreto de las tierras australes, el “paraíso inexpugnable” del Almirante Doenitz.
Las naves, producto de las tormentas en altamar de ese año, se extraviaron y, como es común en las misiones ultrasecretas, por ser parte de la comitiva de compañía, desconocían el lugar al que se dirigían, limitándose a seguir a los guías.
Fue así como, extraviados y rendidos a su mala fortuna, llegaron perdidos hasta Mar del Plata.
CHILE TAMBIÉN INVOLUCRADO
Ese mismo año de 1945 en que llegaban a Mar del Plata los submarinos alemanes, una situación muy extraña tuvo lugar en Talcahuano, puerto situado junto a la ciudad de Concepción, en la VIII Región del Sur de nuestro país. La historia no es demasiado popular entre sus actuales habitantes, pero aun así ya ha tomado ribetes de leyenda.
En Chile se había dado una situación curiosa. El Presidente radical, Juan Antonio Ríos, había declarado muchas veces su desprecio hacia los países aliados y esto valió más alguna mención honrosa de parte de la Alemania Nazi hacia nuestro pueblo chileno.
Incluso había sido expulsado del Partido Radical en 1931 por su apoyo a la dictadura del General Carlos Ibáñez del Campo.
Ríos, casado con una mujer de ascendencia alemana y él mismo muy admirador de los alemanes (a quienes conocía principalmente por la colonización germana en el Sur de Chile), llegó al punto de amenazar a los norteamericanos, a través de su embajador Bowers, con bombardear naves aliadas atracadas en la isla de Chiloé, si Chile era presionado indebidamente a romper relaciones con el Eje.
Sin embargo, mantener la sola neutralidad se convirtió en todo un desafío. Desde el mismo Gobierno hubo una y otra vez funcionarios que intentaron arrastrar a Chile a declararle la guerra a Alemania, imitando a las otras 80 naciones que lo habían hecho ya, la mayoría de ellas simbólicamente.
Tanto el Canciller chileno, don Ernesto Barros Jarpa, como el Embajador en Alemania, Tobías Barros Ortiz, lograron aplacar una y otra vez estas intentonas antigermanas; pero, finalmente, las fuerzas imperialistas triunfaron y Chile terminó en la lista de países que, de malas ganas en este caso, firmaron la “declaración de guerra” contra la Alemania de Hitler, contra Japón y contra Italia, el día 20 de enero de 1943.
Es curioso que las presiones hayan provenido, por un lado, de un boicot económico de parte de los Estados Unidos, y por otro, de sus “archienemigos” marxistas internos que amenazaban con producir una agitación social si el presidente no cedía a tales presiones.
Sin embargo, ni Ríos ni su sucesor en el palacio de Gobierno, otro radical, el ilustre Gabriel González Videla, dejaron de lado su adhesión personal al Eje y su admiración por la epopeya nazista.
Chile era, así, uno de los países donde el Estado Mayor alemán consideraba la presencia de suficientes amigos que garantizaran la seguridad de sus hombres en caso de una emergencia.
La Argentina de Juan Domingo Perón también lo hubiese sido en otras condiciones, pero los norteamericanos se habían asegurado un control en dicha nación al final de la guerra, a sabiendas de que podía transformarse en una vía de escape por el Atlántico para los nazis alemanes.
Pues bien, se acercaba el fin del año de 1945 cuando una pequeña flotilla de poderosos submarinos alemanes de escolta, medio extraviados en aguas del Pacífico, llegaron de emergencia al puerto de Talcahuano.
Habían perdido el curso del mismo modo que las naves que llegaron a Mar del Plata, y remontaron rumbo más hacia el Norte, por aguas chilenas, intentando una acción de autosalvamento.
¿Qué era lo que podrían haber “escoltado” en este lado del mundo?.
A diferencia de lo sucedido en Argentina, las autoridades se arriesgaron a no dar información a los norteamericanos sobre lo sucedido (los radicales de entonces nunca se llevaron bien con Estados Unidos) y todas las evidencias fueron hechas desaparecer.
Los hombres, sus naves y la historia quedaron en el anonimato de un rumor que hoy es leyenda.
¿De dónde venían? ¿Qué hacían en estas aguas? ¿Qué misión de oficiales expertos podría haber tomado la tarea de viajar en forma suicida hacia las aguas antárticas, si no fuera, en efecto, hacia un refugio o campamento inexpugnable?
Han pasado los años. Los episodios de los submarinos alemanes en Mar del Plata y Talcahuano ya son leyendas. La historia de Hitler en la Antártida también lo es… De hecho, el Führer es en sí mismo leyenda.

CAPÍTULO II

LA HISTORIA VERDADERA

El enigma de la muerte de Adolf Hitler y de Eva Braun.

SESIÓN DEL 12/9/12

Médium: Daniel Asamuya
Interlocutor: Denyse Gómez
Entidad convocada: Ruanel, espíritu de quien fue Ronald Hubbard

INTERLOCUTOR: ¿Ya está presente, Maestro?
RUANEL: Así es.
INTERLOCUTOR: El tema para el que lo convocamos es por la muerte de Hitler, ya que hay muchos dudas sobre lo que realmente aconteció, lo mismo con Eva Braun, que según la historia oficial ambos se suicidaron.
RUANEL: Todo sucedió por un acuerdo de la élite de las potencias involucradas con el propio Hitler. Hitler era más peligroso muerto que vivo porque tenía muchas pruebas que sus acólitos podrían dar a conocer en caso de su muerte y perjudicar a muchos de esa élite. Entonces armaron toda una farsa de suicidio junto con Eva Braun y a ambos los enviaron a Argentina, obviamente con nombre falsos, donde murieron.
INTERLOCUTOR: Hay versiones de algunos periodistas o escritores que investigando este asunto lanzaron la teoría de que Hitler verdaderamente murió en Argentina, lo que concordaría con lo que usted dice.
RUANEL: Así es. Con la supuesta muerte de Hitler los aliados mataron dos pájaros de un tiro, pues quedaron bien con Dios y con el Diablo, como vulgarmente se dice, porque por un lado “hicieron justicia” frente al mundo con ese hombre y por el otro quedaron bien con el Fürher y se libraron de que diera a conocer pruebas comprometedoras.
INTERLOCUTOR: ¿Qué sucedió después de importancia?
RUANEL: Estados Unidos continuó la guerra contra Alemania con el resultado conocido, por un lado, y por el otro, muchos científicos nazis, especialistas en guerra biológica y demás, pasaron a EEUU, donde experimentaron con el gas gangrena, agua helada, virus del tif, drogas, etc.
INTERLOCUTOR:Interesante.
RUANEL: Así es.
INTERLOCUTOR: ¿Hay algo más que habría que decir sobre esto?
RUANEL: No, por ahora no.

LECTURA COMPLEMENTARIA:

Hitler murió en Argentina: http://www.perfil.com/contenidos/2011/10/20/noticia_0021.html

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