El Tablero Ouija

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¿QUIÉNES SE COMUNICAN A TRAVÉS DE LA OUIJA?

por Horacio Velmont
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La Ouija, o la Güija, según la grafía sugerida por la Real Academia Española, es un tablero provisto de letras y números con el cual, según la creencia popular, se  puede establecer contacto con los muertos, más precisamente con las “almas en pena”.

Es muy similar al juego de la copa, en el que también se colocan letras del alfabeto rodeándola, sea en un tablero especial o directamente sobre la mesa. La copa se pone boca abajo y los participantes posan el dedo índice sobre su base. La copa se mueve hacia las letras formando palabras, supuestamente respondiendo las preguntas que se le hacen. Quienes han hecho el experimento habrán podido comprobar que la copa se mueve sin la intervención de los participantes, y esto es así porque quienes le imprimen movimiento son los espíritus del bajo astral.

Los espíritus del llamado bajo astral producen muchos fenómenos en el plano físico haciendo “foco” –es decir, concentrando la energía–, en particular los denominados “fenómenos paranormales”, aprovechando que desde el plano físico no podemos verlos. En un experimento realizado por Larry Bayou, en el cual los participantes no veían las letras que señalaban, no se formó ni una sola palabra coherente en el tiempo que duró la prueba. Esto demostraría que son los participantes quienes realmente crean las palabras (ya sea de manera voluntaria o inconsciente), y que por lo tanto necesitan ver el tablero. Esto daría pie a la teoría de la acción ideomotriz, es decir, el movimiento del vaso o pieza que sirva de marcador sería movida por pequeñas presiones de los dedos. Esta teoría cae por su propio peso con solo pensar que los espíritus del bajo astral son entidades burlonas y perversas, que lo que buscan es confundir y no aclarar nada a los encarnados. El interés que despierta la Ouija es la intriga que existe respecto a quién o quiénes responden a través de ella, porque el día en que se sepa masivamente que son los espíritus del bajo astral, y que además las respuestas que se obtendrán serán entre banales, burlonas o engañosas, dejarán de hacerlo.

Desde el punto de vista religioso la crítica apunta no a la falta de efectividad del tablero Ouija, sino precisamente a su efecto. Según algunas corrientes religiosas, jugar al tablero Ouija equivale a dar paso a entidades sobrenaturales malignas del más allá, que pueden causar daño a los jugadores.

En definitiva, ¿qué es el Tablero Ouija? Pues simplemente un medio para que cierta clase de espíritus se comuniquen con el plano físico, dando mensajes las más de las veces falaces, porque lo que buscan es burlarse o engañar a quienes lo utilizan. Desde ya que las entidades de Luz no utilizan este artilugio para comunicarse, sino que lo hacen a través de la mediumnidad. El juego, para llamarlo de alguna manera, generalmente se inicia con una pregunta, por ejemplo: ¿hay alguien ahí? y si la respuesta es positiva se comienzan las preguntas y respuestas entre los participantes y la entidad contactada. La tablilla o la copa, según sea el caso, se moverá indicando letra a letra el contenido final del mensaje. A veces sucede que alguno de los participantes, sea de forma voluntaria o involuntaria, mueve la tablilla. En este caso, obviamente, el contacto no se ha logrado.

Más allá de las respuestas sin valor o decididamente engañosas de los espíritus del bajo astral, son impredecibles las consecuencias que puede acarrear este juego a los participantes, en particular a los que son excesivamente sugestionables, sin perjuicio, claro está, de que ocurra lo que comúnmente se denomina “posesión diabólica”. Quienes han perdido a un ser querido deben saber que no lo contactarán con la Ouija porque en el mundo espiritual solo existen espíritus, es decir que no existen ni padres, ni hijos, ni hermanos, ni niños ni adultos, ni sexos, ni terrestres ni extraterrestres, ni tampoco razas.

Los espíritus son como los actores que encarnan a un determinado personaje y que cuando termina la obra y baja el telón ese personaje desaparece porque era solo un papel, un  rol. Cuando en el plano físico alguien muere, lo que en realidad muere es precisamente el personaje que asumió durante toda la encarnación, y no existe como tal en el mundo espiritual.

Por eso, reiteramos que no hay forma de contactarse con un familiar una vez que éste fallece, ni con la Ouija ni tampoco a través de un médium, de la misma forma que es imposible contactarse con el personaje de una obra de teatro o de un film, sino solo con el actor que lo interpretó, que no tiene nada que ver con ese personaje, ya que solo fue una actuación. Y ésto es todo lo que hay que decir sobre este tema..

NOTA DE DENYSE GÓMEZ

Con respecto a la nota de esta página, Daniel Asamuya y yo tenemos una postura que difiere un poco sobre algunas de las cosas que mencionadas.

Para nosotros las entidades del bajo astral son seres que han desencarnado y, cómo lo hemos expresado, se mantienen en esta dimensión por apego al plano físico, es decir, una necesidad de perpetuar las vivencias que han tenido como encarnados o de permanecer en contacto con personas que han dejado al morir.

Esta sola intención ya revela que no todas las personas que desencarnan adquieren conciencia inmediata del rol que tuvieron en esa vida inmediatamente anterior. Si fuera como se describe al final del texto –que al morir dejamos de ser esos roles, lo que implica que el ego o personalidad deja de estar unido al Alma–, todos los seres directamente entraríamos a dimensiones superiores, totalmente desapegadas y con claridad sobre lo que sucedió en nuestra vida de encarnados, asimilando aprendizajes y recordando vidas pasadas de manera inmediata. Ojalá fuera tan fácil, pero al morir no todas las personas logran esta claridad y menos de manera inmediata.

Morir a la vida de encarnados es un proceso similar incluso a lo que sucede cuando nos preparamos para nacer a la encarnación. El alma de un futuro encarnado se acerca progresivamente a dimensiones o planos más densos y al llegar al astral es arrastrado por fuerzas kármicas que lo llevan o le hacen dirigirse hacia los seres que serán sus padres, y que ya han tenido un encuentro físico que posibilite su encarnación. Progresivamente, la energía espiritual de los padres que permite la formación de un cuerpo físico en el cuerpo de una mujer, y que vibra similar al espíritu que va a encarnar, toma un tiempo mientras está listo para albergar el Alma o identidad individual de ese Espíritu. Llega cuando se activa el primer chakra (el cardiaco), el sistema nervioso central y luego ahí los vehículos mental y emocional que proporciona el Alma ingresan al cuerpo, finalizando el proceso básico de encarnación. Y sin embargo el proceso continúa perfeccionándose en la infancia hasta que la persona cumple sus 28 años de edad, donde se reafirman las características de cada vehículo: físico, etéreo, emocional y mental, para que la conexión con el Yo Superior se dé de manera más eficaz. Obviamente los engramas y bloqueos comunes de las vivencias en este plano generan como un armazón que impide que la fluidez de la comunicación natural que debiera darse entre el Alma pura o Yo Superior y sus vehículos inferiores y el ego que se forma al encarnar se obstaculice.

Este extensa explicación la hago para que así mismo se pueda deducir que el proceso de desencarnar también toma su tiempo. Nosotros consideramos que al morir no todos fluyen de manera sencilla hacia un estado puro donde nos desvinculamos del ego que adquirimos, ni dejamos atrás las emociones y paradigmas o convicciones (programaciones mentales) alcanzados en la encarnación anterior. De hecho, lo que explica porque repetimos vivencias vida tras vida, es justamente que al encarnar nuevamente arrastramos aún huellas o marcas de esa energía egoica formada en pasadas vidas. Es más, creemos que muchos encarnan con verdadera “necesidad” de revivir situaciones, eventos, o encuentros con personas que han dejado en otras vidas.

Además, el alma es el timón con el cual dirige el espíritu su vida de encarnado, y entre más atorado está el timón, es más difícil mover el barco (ego y cuerpo físico). Nuestra Alma da la pauta para la formación del ego, de la misma manera que la genética expresa la herencia familiar reflejada en nuestro cuerpo y carácter; y lo hace de acuerdo a la carga de experiencias pasadas que lleva en sus “espaldas”. El apego a estas experiencias es proporcional a la fortaleza del ego que se forma. Por eso la evolución espiritual es un trabajo de liberación.

Si fuésemos capaces de desligarnos plenamente del rol anterior, no existirían estas “marcas egoicas”. Todos encarnaríamos con conciencia y claridad sobre nuestra misión y los engramas de otras vidas no influirían en la presente vida, porque la presencia del ego que aún arrastramos de vidas pasadas es lo que le da vida a la reestimulación engrámica. Esto explica por qué al morir existen seres que tienen tanta carga, tienen un ego tan fortalecido que su impulso y deseo prevalecen al punto de querer mantener la conexión con el plano físico. Las emociones densas y pensamientos más egoístas sobreviven a este nivel, en seres que están muy desconectados con su luz espiritual (su Yo Superior).

También hemos conocido casos de seres que “deciden” por ese apego mantenerse cerca de sus seres queridos, creyendo que sí pueden subsanar su dolor o sus necesidades, o tan solo vigilar que no les ocurra nada “malo”. No siempre se puede hablar de “espíritus burlones”, sino también de personas comunes y corrientes que simplemente mueren y creen que hacen lo correcto buscando comunicarse a través del astral con sus seres queridos (como en “sueños” por ejemplo). Algunos incluso tardan un buen tiempo en enterarse de que están muertos… Muchas cosas pueden pasar antes de desvincularse de un rol, pues para eso se requiere un grado de conocimiento espiritual que le permita al ser liberarse de ese pasado inmediato, y buscar planos superiores de conciencia.

Con esto espero que se pueda deducir que el Yo Superior no es un ascensor que sube y baja de “nivel” como se ha pretendido explicar. Bajo esta óptica nuestra no hay Yo Superiores que puedan ser malos y otros buenos. Nos parece que esto viene de la confusión que resulta de mezclar conceptos. El Alma es diferente del Espíritu, el cual es luz en esencia y no es corruptible en ningún sentido. Para nosotros el Yo Superior es ese aspecto superior del Alma que permanece unido al Espíritu o Ser Real y por eso no ha olvidado su origen, pero que al vivir la experiencia de encarnar parece “estirarse” al punto de diluirse en el mundo físico y que para enfrentar y aprender el plano físico usa un “cascarón” llamado ego.

Mientras escribo esto, lo que visualizo es un ser envuelto en un huevo al encarnar y dicho huevo (ego) puede ser tan duro como una roca o tan suave como la cáscara de una fruta. Al morir veo que algunos seres no logran romper totalmente la cáscara o les toma tiempo hacerlo y las veo andando fuera del plano físico con partes de ella pegada sin poder volar a otros planos (como si fueran un ave que no terminan de nacer), mientras que a otras no les genera esfuerzo, como si ya supieran el camino, esperan un tiempo a que se fortalezcan sus alas y luego sale volando a donde deben ir. Y esta dureza del “huevo” es lo que mide  también qué tan desconectados están del mundo “celeste” y qué tan apegados están a la “tierra”. Y digo algo más, la necesidad de conocimiento también es un deseo “terrenal”, y el rol de protagonismo, marcado por un rol mayor de Superioridad, también hace que el alma termine identificándose más con la cáscara y la mantenga y no con sus alas que le permitan volar a la luz.

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