Asfixiofilia

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EL JUEGO SEXUAL MÁS PELIGROSO

por Horacio Velmont

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La Asfixiofilia o Hipoxifilia es un juego sexual dirigido a incrementar la excitación y el orgasmo mediante la privación de oxígeno, sea con solo las  manos o con nudos, ligaduras, bolsas de plástico, máscaras o incluso productos químicos capaces de provocar el descenso de la oxigenación cerebral.

El peligro del juego es el eventual desmayo o el mal cálculo del tiempo de reacción, posterior al orgasmo, para el desamarre, ya que si esto no se logra el resultado inevitable es la muerte.

La muerte de David Carradini es casi un ejemplo clásico de un accidente sufrido cuando practicaba un juego sexual que se le fue de la mano. Así lo indica el informe forense. La versión del asesinato solo se ha sugerido para proteger la imagen, indudablemente carismática, del conocido actor.
La Asfixiofilia es un sistema erotizante que consiste en controlar la respiración de la pareja mediante su estrangulación durante la realización del acto sexual.
Los juegos sexuales, que como es de todos sabido se utilizan para aumentar el goce del coito, no tienen ninguna connotación negativa, ni social ni espiritual, e incluso son beneficiosos para la salud porque conducen a un orgasmo más placentero y reparador.
Como siempre se ha dicho, todos los extremos son malos, y en el caso de la Asfixiofilia el juego sexual va incluso más allá del límite porque en muchísimos casos conlleva la muerte de la víctima.
El juego de la asfixia, en sí mismo, como juego erótico, no es malo, pero se transforma en algo dañino por sus consecuencias nefastas.

Fundamentalmente, su práctica provoca, por un lado, que la mente analítica disminuya su capacidad poniendo automáticamente en funcionamiento a la mente reactiva, que graba todo lo que sucede como engramas, es decir, como órdenes hipnóticas de alto poder y de impredecibles consecuencias.
Cuando hablamos de “impredecibles consecuencias” nos estamos refiriendo, lisa y llanamente, a trastornos mentales, que después ni la víctima ni el médico van a atribuir a ese juego sexual.
Por el otro lado, la Asfixiofilia reduce el oxígeno que debe llegar al cerebro para su óptimo funcionamiento, lo que equivale, en mayor o menor medida, a un daño neuronal irreversible.
¿Cómo se implantaría un engrama a través de la Asfixiofilia? Bueno, hemos encontrado en la Red un cuento cuyo autor lo explica sin darse cuenta que lo está haciendo (http://www.predicado.com/articulo/Asfixiofilia-208180.html ):
Iba a ser una más de las conquistas de Ricardo, quien a pesar de no ser tan guapo, podía presumir de tener una nueva amante cada semana, eso gracias a una muy buena labia y un gran derroche de simpatía. Su nombre era Mariana, y era una chica bajita, muy delgada, poseedora de un hermoso y delicado cuerpo de bailarina, senos pequeños y glúteos compactos, con caderas delicadamente torneadas, y carita angelical, no era sexy o exuberante, mas bien era linda y de aspecto tierno, con una piel brillante color del trigo, cosa que la hacian ver mucho menor a sus 19 años. Seguramente ese aspecto de Lolita fue lo que despertó el morbo de Ricardo, quien entre besos, caricias y risitas cómplices la llevo a la cama.
Al irla despojando de la ropa, se iba confirmando la ternura en cada centímetro de su piel, desnuda, su cintura parecía se podía rodear con una sola mano, y sus senos pequeños develaron su gran firmeza contra el pecho de él, cuando la penetro, se encontraban en la clásica postura del misionero, su vagina se sentía como si lamieran el pene y su respiración se hacían cada instante mas fuerte y rápida, lentamente la velocidad de los impeles con que era penetrada iban en aumento, casi al ritmo de los gemidos de los dos. Entre bocanadas de aire Mariana se las arreglo para darse a entender que quería ¨ estar arriba ¨, él la complació y de un giro quedó tendido boca arriba mientras ella se movía como si cabalgara con las manos sobre su pecho, sus movimientos eran a veces de arriba abajo y otras adelante y atrás, otras de lado a lado., restregándose las nalgas de ella y los muslos de él.
No tardó mucho para que Ricardo llegara al punto de no retorno, ese donde todos los hombres estiramos los pies y cerramos los ojos justo antes de eyacular, cuando de pronto sintió la pequeña pero firme mano de Mariana apretando fuertemente su garganta, del susto peló los ojos, cosa que no sirvió de mucho , ya que por la falta de oxigeno en menos de un segundo se nublo su mirada, quiso gritar pero en lugar de auxilio salio solo un fluido, que el pensó eran sus pensamientos, y que lo confundieron con la sensación de eyacular, que ya no era un placer solo genital, él todo era un fluido, y estaba dentro de ella, dentro de su vagina, que lo envolvía por todas partes con su calor y su humedad y que lo protegía como en un vientre materno estando al mismo tiempo afuera, fuera de la escena contemplado la silueta de su amante, que con sus curvas lo hacia sentir ser una onda que se esparcía por todas partes sin moverse un centímetro, como si explotara en mil pedazos hacia adentro, su color trigueño se volvió más brillante y hermoso, y en él estaban todos los colores que existen, no podía ver, y no sabia si sus parpados estaban abiertos o cerrados, pero su mirada se fundía en las pupilas dilatadas de ella y lo jalaban a su interior pero desde afuera haciéndolo sentir derretirse en su piel morena y en sus contornos, el recuerdo, o la sensación de sus gemidos aparecieron de pronto, pero en esta oportunidad como palabras seductoras, palabras como los cantos de una sirena que embelezan y atraen, eran en español y en otros idiomas, pero eso no importaba, porque se entendía todo, y todo ya era claro, todos los propósitos tenían causa , eran como multiplicar un orgasmo por un millón, y aun más.
Nunca supo si la experiencia duró un segundo o una eternidad, porque el tiempo en ese estado de placer y agonía simplemente no existe, pero lo cierto del caso, es que al recuperar la conciencia, descubrió que su amante ya no estaba. Como es de esperarse entro en pánico, y se busco minuciosamente cicatrices en el cuerpo o algún objeto robado en la casa, hasta se jalo un par de veces el pene para ver si no se lo habían arrancado , cosa que no fue cierta, todo estaba en perfecto orden y nada faltaba de su lugar.
Ricardo continuo buscando y conquistando nuevas amantes, pero ahora con la obsesión de repetir la experiencia de perdida de conciencia por falta de oxigeno al eyacular. Solo que no lo consiguió con ninguna, ni la mas experimentada conocía el fino arte de la Asfixia Erótica. Busco entre las mas sexys, entre las mas “cara de diabla ”, entre las mas desinhibidas y las mas recatadas, entre las mas tontas y las de aspecto intelectual, a cada una se ellas le pedía justo antes de eyacular una sola cosa; que le apretaran con todas sus ganas el pescuezo! , algunas se asustaban y huían a toda carrera con la ropa interior aun en las manos, otras simplemente se echaban a reír, pero todas sin excepción pensaban una sola cosa – Ricardo estaba bien loco!–
También trató de encontrar nuevamente a Mariana, pero como en un principio su única intención era seducirla y tirársela, nunca se molesto por averiguar más que su solo nombre, no sabía ni su apellido ni donde vivía, regresó una y otra vez a donde la conoció, pero nunca más se la topó ni aun por error, preguntó mil veces por ella, describiéndola o mencionando su nombre, pero nadie sabía ni darle una sola pista.
Una noche ya cansado y cegado por el deseo desenfrenado de reencontrase en la nada y en todo al mismo tiempo, colgó una corbata que traía atada a su cuello en el closet, empezó a masturbarse recordando la noche de pasión vivida con “La Lolita estranguladora” , su piel morena y de todos colores, sus gemidos seductores, las curvas que perfilaban su silueta y que lo hacían vibrar, las pupilas dilatadas que lo atraían. Todos esos recuerdos aceleraron su pulso y dieron un golpe de adrenalina y testosterona que inundaron su ser, al sentir la inminencia de la eyaculación, simplemente se dejó caer, inmediatamente entró en aquel estado tan añorado y se fundió de nuevo en sus recuerdos y en su presente, en su espacio y en todos lados, en lo acogedor y en la libertad total. Lamentablemente no salió de ese estado, tan solo los bomberos recogieron el cadáver putrefacto de “algún suicida idiota” al cual los vecinos habían tenido la desdicha de sentir su peste durante varios días.
Según dicen algunos, hay amores que matan, pero el sexo, si es muy bueno, te puede llevar a hacer estupideces también.

Francisco Sira Álvarez

El quid del engrama que impulsa a la práctica de la Asfixiofilia es que relaciona el intenso placer sexual con la asfixia.
Si más tarde el engrama se hace crónico, la víctima solamente puede excitarse y llegar al orgasmo asfixiándose, siendo ésta la razón de que recurra a este juego.
Los engramas que pueden llevar a los juegos eróticos son innumerables, pero ninguno tan nefastos como aquellos que involucran el riesgo de muerte de quien los practica.
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LECTURAS COMPLEMENTARIAS
Artículos sobre Asfixiofilia
http://www.sitiosargentina.com.ar/notas/2006/diciembre/asficiofilia.htm
http://www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1994/02/11/opinion/553918.html
http://www.kinsey.com.ar/noticia.php?id=335
http://d-s.webcindario.com/breathcontrol.htm  
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Nota: Encontré en la Red, en uno de los foros sobre el tema, este ilustrativo comentario(http://www.clubsumision.com/printthread.php?t=5644):
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Wan, posiblemente sea bueno enviar un mensaje casi trágico de todo lo que se hace en BDSM, y desde luego yo no voy a discrepar de lo que diga Jay Wiseman, aunque realmente no le conozco de nada. Pero, a mí me parece que pueden ser peligrosos juegos de asfixia en que intervengan mecanismos, como bolsas de vacío, ataduras, ahorcamientos o sumergir en agua con inmovilizaciones.
Yo he visto practicar la asfixia con la mano, presionando el cuello o tapando boca y nariz en el sexo vainilla, durante el coito, cuando se aproxima el orgasmo, durante un tiempo no muy largo, y me parece que resulta eficaz.
Yo mismo lo practico, no diré habitualmente sino con alguna frecuencia, sobre todo cuando me parece que el estado de ánimo de mi sumisa la dificulta llegar al orgasmo.
Lógicamente nunca ejerzo sobre el cuello una presión excesiva, ni impido la respiración durante mas de un minuto. De todas maneras es cierto que ella confía plenamente en mí y me permite “hacer” con tranquilidad y me trasmite continuamente su estado. Posiblemente no lo haría con una persona que no se fiara totalmente.
Alguna vez me explicaron el mecanismo por el que esa asfixia parcial relaja y mejora la percepción del orgasmo, pero no podría repetirlo. Sí doy fe de su eficacia.
Supongo que haciéndolo cuidadosamente no es mas peligroso que una inmersión de buceo, naturalmente insisto en no presionar excesivamente si se hace en el cuello (quizás mejor tapar nariz y boca), y no prolongarla demasiado.
Respeto absolutamente la opinión de quien crea que no debe de realizarse. Un saludo, Ildefonso
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En este foro hay otros comentarios sobre la Asfixiofilia que vale la pena leer. 
HIPOXIA ERÓTICA
Febrero 17 de 2007
El juego mortal de la asfixia erótica es más frecuente de lo que se cree 
http://eltiempo.com/vidadehoy/18defebrerode2007/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3443443.html
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Está considerada dentro de las conductas parafílicas, es decir aquellas que se entienden como transtornos que, eventualmente, pueden representar riegos para la vida. El ahogamiento durante el acto sexual no es una rareza en Bogotá, indica un estudio de Medicina Legal con base en casos de fallecimiento. En tiendas de sexo del centro se ofrecen lazos y cadenas para autoestrangulación. Historia en tono de advertencia.
Lea esto: hay personas que solo logran sentir placer durante el acto sexual si las ahorcan hasta casi privarlas de sentido. Se trata de una rutina que la medicina bautizó como hipoxia erótica y, al parecer, hace parte de un rito milenario en las culturas hindú y japonesa. No es cuento chino.
El lío es que dejar de respirar por medios mecánicos para lograr el orgasmo puede resultar mortal. Ahora tome aire: en Bogotá la Policía ya hizo levantamientos de gente ahogada cuando tenía relaciones sexuales o se masturbaba practicando la hipoxia erótica.
En un barrio del norte de la ciudad, el Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía (CTI) halló el cadáver de un hombre colgado del baño de su casa. Fue hace unos años y alertó a los investigadores sobre algo que, hasta entonces, era apenas un rumor. La víctima, profesor de una reconocida universidad, tenía 40 años, pesaba 82 kilos, media un metro ochenta, estaba casado, tenía dos hijos y se estranguló accidentalmente con su propia correa mientras se masturbaba.
Al parecer, cortarse la respiración encierra un grave riesgo porque nadie parece saber el límite exacto donde se para el corazón. La trampa es esta: seguir vivo o morir mientras se practica la autoestrangulación es cuestión de una fracción de segundo, nada más.
 
Casos y casos y más casos.
De acuerdo con las estadísticas de las autoridades médicas de los Estados Unidos, unos 1.000 jóvenes mueren accidentalmente en ese país cada año por culpa de la hipoxia erótica. La frecuencia de casos es tan alta que varios centros universitarios debieron crear un grupo de estudio: El proyecto de Investigación Nacional para el Análisis de las Asfixias Autoeróticas. (The Nacional AEA Research Project).
¿Acaso el fenómeno comienza a ser alarmante en Colombia y se requiere una investigación a gran escala?
En la Fiscalía cuentan de cuerpos encontrados en barrios de la capital con marcas de ahogamiento, todos de hombres desnudos, algunos vestidos con prendas de mujer y ataduras en el cuello, las manos y los pies.
Los agentes que han hecho los levantamientos recuerdan que los cadáveres estaban encerrados en cuartos con revistas y fotografías pornográficas.
Una mujer de la Policía Metropolitana que ayudó a romper la puerta de una casa donde hallaron a un ahorcado cree que todo es señal de la perdición del ser humano y de que el mundo se acabará pronto. Parecería una broma de la mujer, que se persigna cuando recuerda que la esposa y los dos hijos del hombre ahorcado debieron verlo suspendido del suelo, pero la verdad es que debido al hallazgo de víctimas de hipoxia en diferentes barrios de la capital, Medicina Legal decidió abrir una investigación. Los descubrimientos resultaron reveladores.
 
Mejor no jugar así.
Las autoridades revisaron las necropsias hechas en Bogotá entre enero de 1998 y diciembre de 2000 y encontraron que 126 casos correspondieron a asfixias mecánicas. Mirando la documentación de cada una, hallaron que al menos 21 de ellas correspondían a casos de hipoxia erótica. Las víctimas resultaron ser hombres encontrados en casas, hoteles, oficinas y calabozos de La Picota y La Modelo.
El análisis, aunque limitado al seguimiento de solo dos años, dejó en claro una preocupante conclusión: el ahogamiento durante el acto sexual o la masturbación, lejos de ser una rareza en nuestro medio, es una práctica cada vez más común.
En una tienda de aparatos sexuales en el centro de Bogotá, por ejemplo, venden lazos para colgarse del techo, cadenas para las piernas, esposas para las manos, bolsas plásticas para la cabeza, cada objeto diseñado para impedir la circulación y producir ahogo. Por cincuenta mil pesos cualquiera puede comprarse un estuche completo para inducir la hipoxia.
El dueño del negocio, un tipo flaco, de gafas recetadas y dedos envueltos en esparadrapo, dice que el único requisito es ser mayor de edad y pagar en efectivo.
La mayoría de sus clientes, revela, son jóvenes entre los 20 y los 30 años, justo el perfil de las víctimas de hipoxia erótica más frecuentes de acuerdo con la Asociación Americana de Psiquiatría.
M., estudiante de una universidad privada, admite que ella y su novio se asfixian cuando tiene relaciones. “Nos turnamos”, dice la chica con voz ingenua, sin advertir el peligro al que se expone. Una vez, cuenta, su novio perdió el conocimiento y ella creyó que había muerto. M. se ríe. Hasta ahora, la suerte ha jugado a su favor.
No hace mucho, la Policía halló el cadáver de un hombre en las afueras de Bogotá: 33 años, uno setenta de estatura, 75 kilos de peso, casado, padre de un niño. Estaba derrumbado en su cama con dos pañoletas en el cuello. Los peritos establecieron la causa de la muerte: “ahorcamiento accidental mientras se masturbaba”.
M., cuenta que ella y su novio frecuentan sitios de Internet donde se ofrece literatura, fotografías, videos y ejercicios para practicar la hipoxia erótica. Son más de quince portales donde también conocen personas y se establecen citas para encuentros casuales.
En la morgue de Bogotá recuerdan haber recibo cadáveres de gente con bolsas en la cabeza y anillos en los genitales.
Las autoridades hacen advertencias: La pareja de una persona que muere mientras ambos practican la hipoxia puede ser condenada por homicidio. Lo mejor, seguro, es no exponerse y, en vez de estrangularse, vale llenarse de aire los pulmones, la cabeza y el corazón. Los que saben, juran que así se practica el mejor sexo.
 
Para muchos se trata de una moda, pero encierra una trampa.
Los llamados ‘juegos sexuales al límite’ abarcan una enorme cantidad de prácticas, la mayoría de ellas difundidas por Internet y, de acuerdo con las autoridades, muchas de ellas vistas en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, precisamente las ciudades con las mayores poblaciones y el mejor nivel de vida del país. Entre las rarezas descubiertas por la Policía de esas ciudades y que, ocasionalmente, han producido lesiones y hasta la muerte de personas están: uso de bisturíes, ‘piercing’, descargas eléctricas, suspensión por el cuello y ataduras a la cama con cepos, yugos, separadores de piernas y arneses. Entre los jóvenes se diferencian varios tipos de hipoxias eróticas:
El ‘breath control play’, que es un juego de control de la respiración, a veces practicado en piscinas, lagos y el mar durante paseos de fin de semana; el ‘terminal sex’, que se aplica sujetando el cuello de la pareja con ambas manos; y el ‘bagging’, en el que se emplean bolsas de plástico.
El refinamiento de los términos y su prácticas es reflejo de la preocupante masificación de una moda que, en cualquier caso, esconde una trampa mortal.
“El margen entre la vida y la muerte es tan sutil que los que deciden suspenderse del suelo usando correas o lazos corren el riesgo de perder la conciencia y terminar ahorcados sin si quiera darse cuenta”.
Luis Alberto Ramírez, investigador de Medicina Legal.
 
$50.000.
Por esa cantidad, una persona puede comprarse un kit erótico en el centro de Bogotá para practicar la hipoxia. El paquete incluye lazo, cadena y bolsa plástica. Un pasaje a la muerte.
‘Ni la prohibición ni las medidas punitivas son la solución’.
El médico psiquiatra Luis Alberto Ramírez es el jefe de la División de Investigación Científica de Medicina Legal. Es uno de los expertos que más sabe de la hipoxia erótica. Fue él quien, junto con otros profesionales forenses, dirigió la única investigación que se ha hecho en el país sobre el tema.
 
¿Cómo controlar ese fenómeno y evitar más muertes?
En todo caso no es con medidas punitivas ni con prohibiciones como vamos a evitar que la gente se siga exponiendo. Lo que hay qué hacer es brindar orientación. Permitir que la gente sepa a qué tipo de riesgos se expone cuando decide autoestrangularse o estrangular a su compañero sexual es un estrategia eficaz.
Hay que entender que la sexualidad no es buena ni mala y que cada quien tiene la libertad de vivirla a voluntad. Lo que debemos brindar es información. Eso es el mejor antídoto.
¿La práctica de la hipoxia erótica sí es tan creciente en Bogotá como temen las autoridades?
Sabemos que está creciendo mucho y que cada vez esa peligrosa práctica parece más común entre jóvenes y adultos.
¿Y a qué se debe ese aumento? El placer sexual es una válvula de escape, de liberación de las tensiones humanas. Ha sido así desde siempre. Y ante las cada vez más grandes y difíciles condiciones que nos impone la vida en nuestro país, la gente pareciera explorar caminos, entre los cuales está su propia sexualidad.

José Alejandro Castaño (redactor de El Tiempo)

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