Mensajes subliminales, ¿existen o no existen?

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ACLARANDO LAS COSAS

por Horacio Velmont

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PRIMERA PARTE
Se podría decir que no existe ninguna divergencia en quienes han estudiado el asunto de los llamados mensajes subliminales en cuanto a que no tienen eficacia alguna, o en todo caso a que su incidencia en la voluntad es irrelevante. Algunos no vacilan en declararlos lisa y llanamente un fraude. Todos los experimentos que se hicieron para comprobar su efectividad resultaron en fracasos rotundos.

¿Pero es tan así? Veamos primero lo que se entiende comúnmente por “mensajes subliminales”. Según Wikipedia, un mensaje subliminal ”es un mensaje o señal diseñada para pasar por debajo (sub) de los límites normales de percepción. Puede ser por ejemplo, inaudible para la mente consciente pero audible para la mente inconsciente o profunda; puede ser también una imagen transmitida de un modo tan breve que pase desapercibida por la mente consciente, pero, aun así, percibida inconscientemente”. Y seguidamente agrega: “Cabe destacar que un consenso casi total entre psicólogos e investigadores llegó a la conclusión de que los mensajes subliminales no producen un efecto poderoso ni duradero en el comportamiento”.

En realidad, la idea de que las imágenes pasadas durante fracciones de segundo podrían incitarnos a comprar se basa en un experimento fraudulento.
Un mito habitual es que podría haber mensajes ocultos en los filmes que vemos  o la música que escuchamos. Nuestra conciencia no alcanzaría a percibirlos por lo rápido que pasarían y entrarían directamente a nuestro inconsciente, empujándonos a actuar de cierta manera sin saber porqué. Seríamos sujetos  manejados por fuerzas ocultas que vencerían nuestra voluntad. Una idea  preocupante, salvo que la evidencia muestra que no es así.

La creencia de una posible manipulación se hizo famosa gracias a los experimentos de un publicista americano: James Vicary. En 1957, el especialista en estudios de mercado realizó durante seis semanas un experimento en un cine de New Jersey, donde pasaba durante fracciones de segundos (1/3000 de segundo) mensajes que incitaban a la compra de Coca Cola y de pochoclo.
Las imágenes en la pantalla mostraban: “¡Tome Coca Cola!” y “¿Hambre? Coma pochoclo”. Los mensajes se les mostraron a 46 mil personas.
Los resultados, según Vicary, arrojaban un resultado contundente: un aumento del 18% en la compra de Coca Cola y del 58% en la de pochoclo a la salida del cine. Se generó entonces todo un debate sobre los peligros de un mecanismo que podía generar deseos sin pasar por la conciencia de la persona y de las consecuencias que podría traer si se utilizara con fines propagandísticos.
Pero la técnica quedó rápidamente desacreditada. Otros investigadores le pidieron a Vicary que repitiera el experimento, pero no tuvo los resultados esperados, y nunca quiso dar precisiones sobre el cine donde lo había llevado a cabo. Quienes quisieron replicar la experiencia tuvieron resultados decepcionantes.
Él mismo dijo en una entrevista años después, en 1962, que su experimento había sido un truco: “Ellos [los inversores] pensaron que era un buen momento para sacar lo subliminal del cajón. Quizás ayudara al negocio. Así que lo filtraron a un diario y nos vimos obligados a salir con lo subliminal antes de que estuviéramos realmente listos. No habíamos hecho investigaciones, más que las necesarias para solicitar la patente (…) teníamos pocos datos, muy pocos como para que fueran significativos (…) fue un truco”.
Desde entonces se han realizados muchos experimentos para evaluar la eficacia del método. La Canadian Brodcasting Corporation, mostró en uno de ellos de manera subliminal 352 veces un mensaje que decía “Llame ahora”, durante un programa de 30 minutos. Pero no hubo un aumento en los llamados.

“Los mensajes subliminales, como imágenes mostradas por fracciones de segundo, no tienen efecto realmente”, explicó Tristán Bekinschtein, investigador de neurociencia en la Universidad de Cambridge. Lo que sí existe “son imágenes presentes en la publicidad que están fuera del foco de atención, por ejemplo dibujos que se forman en la transpiración del papel de la cerveza. Son cosas que se olvidan muy rápido, pero que si se ven muchas veces pueden ir quedando en la memoria”. Son métodos que se están probando para determinar su impacto. De todas maneras, asegura Bekinschtein, otras técnicas publicitarias han sido más exitosas, “la asociación de ciertas ideas o formas con la marca, como la forma de la botella de Coca Cola, han tenido más efecto”.
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SEGUNDA PARTE

Hasta aquí nos hemos referido a las investigaciones basadas en el conocimiento común sobre la mente humana, es decir, al conocimiento “oficial”, que desconoce los descubrimientos de L. Ronald Hubbard sobre la segunda mente del hombre, la mente reactiva, que funciona cuando la mente analítica o consciente está desconectada total o parcialmente.

Las personas pueden estar en dos estados, uno analítico o consciente en el que todo lo que percibe con los sentidos forma parte de los recuerdos, y el otro reactivo, en el que la mente graba todo, no como recuerdos sino como engramas, que son similares a órdenes hipnóticas. La diferencia primaria entre un recuerdo y un engrama es que mientras los recuerdos son experiencia, los engramas son ”acción impuesta”.

La persona que ve una película o escucha música, si está plenamente consciente, todo lo que percibe lo archiva en los bancos de la mente analítica (recuerdos) y no en los bancos reactivos (engramas), pero si tiene la mente analítica o consciente disminuida por alguna razón –quizás un fuerte dolor de cabeza–, entonces todo lo que percibe se archiva en la mente reactiva como engrama, es decir, como una orden hipnótica susceptible de restimularse más tarde e impulsar al organismo a acciones no analizadas previamente, o sea irracionales.

En otras palabras, una persona que ve una película o escucha música con plena consciencia, todo lo que percibe será analítico porque lo que archiva son recuerdos y en el futuro no provocará ninguna conducta que no sea previamente analizada. Pero si está muy abrumada o con cualquier molestia que provoque la disminución de su conciencia, entonces todo lo que perciba será reactivo y más tarde, si se dan las circunstancias adecuadas, provocará conductas compulsivas, es decir, irracionales, porque lo que archivó son engramas (órdenes hipnóticas)..
Un “mensaje subliminal”, por lo tanto, será efectivo si la persona está con el poder mental disminuido, en cuyo caso en lugar de grabarse en la mente como un recuerdo lo grabará como engrama, es decir, como una orden hipnótica.
Lo que ocurre es que  para que un engrama se restimule es necesario que aparezca un restimulador, tal como sucede en las órdenes hipnóticas. Si ese restimulador no aparece el engrama no se activará.

La persona que ve una película con un mensaje subliminal que lo incite a tomar una Coca Cola, si estaba analítica durante la función puede querer tomar esta bebida a la salida, pero siempre será una decisión consciente y no compulsiva. Por eso las pruebas que se han hecho no han dado resultado ostensible.
En cuanto a la persona reactiva que ve una película con un mensaje subliminal que lo incite a tomar una Coca Cola, para que después se sienta compulsivamente incitada a beberla tiene que haberse restimulado el engrama que recibió con la sugerencia de beberla, lo cual puede suceder como que no. Lo más probable será que el engrama no se restimule a la salida del sino mucho más tarde o quizás nunca. Y como por definición los engramas son irracionales, es decir impredecibles, nunca se puede estar seguro hacía qué lado impulsarán la conducta del que lo recibió.
Incluso es posible que la mente reactiva “interprete” la palabra” tomar” una Coca Cola no como beberla sino como “agarrarla” y termine robándose una botella.
La razón de que fallaran los experimentos es porque no se tuvo en cuenta la existencia de la mente reactiva y la prueba se basó solo en la mente analítica o consciente.
Con este conocimiento, un publicista podría hacer que un mensaje en una película sobre tomar una Coca Cola diera resultado, es decir que la gente a la salida del cine consumiera ese producto.

¿Cómo lo haría? Pues simplemente logrando poner primero reactivo al público que está asistiendo a la función y luego enviarle el mensaje. Por ejemplo, en una escena de terror extremo. En esta circunstancia el susto haría que la mente analítica o consciente disminuyera su poder y que a consecuencia de ello todo lo que el público percibiera lo archivara en la mente reactiva, es decir como engrama (orden hipnótica).
Desde ya que este proceder sería criminal porque configuraría un intento de menoscabar la cordura del público para llevarlo a la demencia. 

Los servicios de inteligencia hacen algo parecido para obtener asesinos que obedezcan órdenes ciegamente. Recuerden en este sentido la película “The Manchurian candidate”, con Frank Sinatra en el papel principal. Más tarde se hizo una remake con Denzel Washington.