Asesinos programados

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EL AFFAIRE DE CANDY JONES *

por Horacio Velmont

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 “LONG” JOHN NEVEL
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Candy Jones, famosa chica de portada de los años cuarenta, y en aquellos momentos propietaria de una escuela de modelos, contrajo matrimonio, a fines de 1972, con “Longo” John Nevel, presentador de un conocido espacio radiofónico de variedades.
Nadie podía pensar que este matrimonio, en sí rutinario, daría lugar a la revelación de un insospechado affaire en el que estaría involucrado el propio gobierno de los Estados Unidos.
Su verdadero nombre era Jessica Wilcox y había nacido el 31 de diciembre de 1925 en Atlantic City, Nueva Jersey. A los dieciséis años (1941) ganó el concurso de Miss Atlántic City, gracias al cual, consiguió un buen contrato como modelo publicitario y acabó participando, entre 1944 y 1945, en los espectáculos de teatro para los ejércitos norteamericanos destinados en el Pacífico Sur.
Fue durante uno de estos viajes cuando contrajo la malaria y una grave enfermedad tropical. Al parecer, fue en un hospital militar de Manila, donde fue trasladada de urgencia para seguir el tratamiento de dichas enfermedades, donde conoció a un joven oficial médico del servicio de salud, al que ella designa bajo el seudónimo de Dr. Gilbert Jensen.
Años después, en 1959, Candy funda en la ciudad de Nueva York una escuela de modelos. Al poco tiempo, a raíz de un atraco cometido en uno de los despachos cercanos a su escuela, entra en contacto con los agentes del F.B.I. encargados de la investigación del suceso.
Días después, dichos agentes le proponen trabajar para ellos en misiones secretas menores; servir de correo para entregar documentos confidenciales a corresponsales desconocidos en el transcurso de sus desplazamientos profesionales a distintas poblaciones de los Estados Unidos.
A partir de entonces las piezas se fueron encajando. Así nos lo relata Jean Brun: “Con ocasión de una estancia en San Francisco, recibió en su hotel al corresponsal que debía ponerse en contacto con ella y, con gran sorpresa, reconoció en él al Dr. Jensen, a quien había conocido en Manila durante la guerra. Salieron juntos y, durante una cena, Jensen le propuso trabajar para la C.I.A. de forma continua y remunerada, mientras seguía dirigiendo su escuela de modelos. Candy aceptó, tanto por patriotismo como por interés”. Durante doce años permaneció en contacto con el Dr. Jensen.
Fue justo después de la boda de Candy con “Long” John Nevel, cuando se abrió la Caja de Pandora.
Según el propio Nevel: “La noche de bodas, Candy se levantó bruscamente de la cama y se fue al cuarto de baño. Cuando regresó a la habitación parecía transfigurada. Visualicé a alguien que se parecía a la mujer con la que me había casado, pero no era ella. Su voz era fría y distante, su expresión cruel. Instantes más tarde todo volvió a la normalidad y Candy recuperó su aspecto habitual de mujer cariñosa. Esta escena se reprodujo a menudo, siempre de noche, siempre en las mismas circunstancias”.
Aconsejada por su marido, Candy se puso en manos de profesionales y accedió a que le practicaran una regresión bajo hipnosis.
WILLIAM JENNINGS BRYAN (Dr. Jensen)
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Así consta en la investigación de los hechos: “Candy tuvo una infancia lastimosa, su madre la martirizaba, su padre abusaba de ella, hasta el punto de que se perturbó su equilibrio psíquico. Cuando le llegaron los trastornos de la pubertad, realizó una especie de disociación de personalidad, imaginando un doble psíquico, a quién denominó Arlène. Poco a poco salió a relucir que el Dr. Jensen, (en realidad se trataba del Dr. William Jennings Bryan) también había practicado la hipnosis con Candy Jones, y que había descubierto también los secretos de su infancia. Entonces había decidido condicionarla psíquicamente para misiones clandestinas, desarrollando en ella la personalidad oculta de Arlène Grant”.
Transformada físicamente; con una peluca oscura, un maquillaje diferente y un pasaporte falso a nombre de Arlène Grant, nuestra protagonista viajó, a lo largo y ancho de medio mundo, al parecer, bajo los peligrosos efectos del control mental.
En 1975, a raíz de la misteriosa muerte de un agente de la C.I.A., cinco periodistas del rotativo New York Times se ven envueltos en una investigación que les conduce al descubrimiento de espantosos secretos, provocando un escándalo de tal magnitud que lleva, en agosto de 1977, al almirante Stansfield Turner, máximo responsable de la C.I.A, a comparecer ante el congreso norteamericano para prestar declaración sobre las maniobras ilegales de su tentacular servicio de información. De esta forma salie a la luz pública la existencia, durante trece años, de una oscura operación que apuntaba al control del cerebro humano, designada bajo el código de MK-ULTRA.
 WALTER H. BOWART
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El periodista Walter H. Bowart, fundador de la East Village Other, primer órgano de la prensa libre norteamericana, en su obra “Operation Mind Control” (1978) aporta numerosas pruebas sobre la existencia de una criptocracia o gobierno clandestino, revelándonos el manejo oculto de la parapsicología por parte de los servicios secretos. Bowart está plenamente convencido de que el doctor William Jennings Bryan, hipnotizador californiano fallecido en 1977, es el personaje que Candy Jones señala como Marshall Burger. “El doctor Bryan – señala el propio Bowart – trabajó como hipnotizador para los servicios secretos de la Air Force y para la C.I.A. Fue él quién trató a Gary Powers, el piloto del avión espía U-2, tras su liberación, para intentar descubrir si había sido condicionado o no por los soviéticos”.
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Asesinos programados

 

El asesino o francotirador que mata a decenas de personas empieza a ser algo demasiado habitual en Estados Unidos. El coreano que asesinó para el 2007 a 32 personas en la Universidad de Virginia se ha convertido en uno más de los misterios sin resolver de la larga historia de criminales “sin motivo”…
 
El profesor de criminología de la Universidad de Florida, Charles Mesloh, se mostró sorprendido de que Cho Seung-Hui “con sólo dos revólveres, fuera capaz de matar a toda esa gente. La única explicación que se me ocurre es que se acercó a ellos y los ejecutó a boca de jarro. Tuvo un nivel de acierto del 60%, algo Inusual con ese tipo de revólver”.
Los expertos coinciden en que Cho se comportó como un experto tirador cuando no era más que un estudiante, aunque eso sí, se vistió con ropas de comando y ejecutó su acción imitando al protagonista de una conocida película coreana de acción.
La extraña actuación de la policía y de los responsables de la propia universidad, que no cerraron las instalaciones durante las dos horas que pasaron entre el primer y segundo tiroteo, y la inexpresividad del rostro del asesino, junto a otros factores, han provocado que muchos investigadores repasen otros casos parecidos.
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Asesinos históricos

 

 
Más allá de que hayan conseguido o no sus propósitos, los que atentaron contra Robert Kennedy –Sirhan Sirhan–, John Fitzgerald Kennedy –Lee Harvey Oswald– y de John Lennon –Mark David Chapman–, responden a un mismo perfil: personas que oyen voces y están obsesionados con la figura de un hombre, respetado por el mundo entero pero incómodo para el poder. De todos ellos, el que más veces ha sido entrevistado, Sirhan Sirhan, afirmó que no recordaba el asesinato de Robert Kennedy, solo su llegada al hotel Ambassador donde se produjeron los disparos. Después, su memoria desaparece misteriosamente.

 

 
¿Podrían haber sido “teledirigidos” estos asesinos? La sombra del proyecto MK Ultra ha reemergido con fuerza al tiempo que las víctimas de este programa están saliendo a la luz para denunciar cómo lavaron sus cerebros y fueron utilizados como esclavos sexuales, espías e incluso asesinos.
A día de hoy, el proyecto MK-Ultra forma parte de la historia de Estados Unidos. Oficialmente, la Comisión Church de 1974 acabó con estas prácticas, pero todavía en los años noventa, Bill Clinton pidió perdón por su existencia: “miles de experimentos se llevaron a cabo en hospitales, universidades y bases militares en toda nuestra nación, inmorales, no sólo para nuestros días sino para los estándares de cuando fueron realizados”.
Una de las instituciones donde se realizan dichos experimentos es la Universidad de Virginia –donde ocurrió la masacre–, que lleva a cabo la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa –DARPA, de sus siglas en inglés–. Pero es que, además, a sólo 200 km del campus se encuentran las instalaciones de Blacksburg, especializadas en “operaciones psicológicas”.

 
En 1953, alarmada por los avances de Rusia y Corea en el campo del control mental, la CÍA decidió implementar un programa secreto de control mental, “fichando” a decenas de científicos de la Alemania nazi, los más desarrollados en ese campo. Su nombre en clave era “Proyecto Paperclip”. MK-Ultra se configuró como un “paraguas”, que comprendía 149 subproyectos, algunos de los cuales hoy son por fin conocidos.
Oficialmente, el proyecto se desarrolló entre los años 1952 y 1965, con un presupuesto de mil quinientos millones de pesetas, e involucró a 185 sabios que en estricto secreto llevaron a cabo 149 investigaciones diferentes en 44 universidades e institutos, 15 fundaciones y laboratorios, 12 hospitales y 3 penitenciarias. Su meta, como apareció en un documento del programa MK-Ultra de 1952, suena todavía hoy a ciencia ficción: “¿Podemos tomar control de un individuo, al punto donde éste hará nuestra voluntad, contra la suya propia, y aún contra las propias leyes fundamentales de la naturaleza y la auto-conservación?”.
Sacados a la luz en los años setenta en el curso de una investigación del Congreso de Estados Unidos, la mayor parte de los documentos que prueban la existencia de este programa fueron destruidos por Richard Helms, ex jefe de la CÍA, cuando abandonó el cargo en 1973. Aún así, algunos pudieron ser rescatados por la comisión presidida por Richard Church; en ellos se demuestra que la CÍA realizó, entre otros desmanes, experimentos en humanos con radiación. Una investigación posterior de la Comisión Church constató que los “voluntarios” no habían dado su pleno consentimiento para participar en esos ensayos, aunque exculpó a la CÍA de haberlos llevado a cabo. A consecuencia de ello, el presidente Gerald Ford llegó a prohibir expresamente la experimentación con drogas sin el consentimiento expreso del paciente.
En la Universidad de Virginia Tech, donde ocurrió la masacre, se realizan experimentos de control mental.
 
  
 
Los archivos desclasificados en 1975 sobre el programa Mind Kontrol-Ultra indican que en los años cincuenta comenzaron los ensayos con drogas como el LSD o la mescalina para averiguar cómo tomar el control de la mente de un ser humano y poder crear así al “supersoldado”. La CÍA no fue el único organismo norteamericano que utilizó este arma; el ejército hizo lo propio y sometió -en principio, con su consentimiento- a varios espías a pruebas de la verdad tras haber ingerido LSD. El experimento trataba de comprobar si determinadas drogas podían hacer que los detenidos “confesaran”. Algunos oficiales y militares norteamericanos llegaron a denunciar a la CÍA y al ejército por estas prácticas, pero las instituciones solventaron judicialmente dichas alegaciones. Sin embargo, en secreto, pagaron dinero a las familias de algunas personas muertas por estos experimentos. Concretamente, la CÍA pagó a la familia del químico al servicio del ejército, Frank Olson, después de su muerte, tras arrojarse o ser tirado por una ventana, la mitad de una suma de 18.000 dólares. La otra mitad fue pagada por el estado de Nueva York por los fallos de seguridad en el hospital psiquiátrico. Olson trabajaba en el desarrollo de armas biológicas como el ántrax y era un personaje incómodo por sus críticas a ese programa. El extendido rumor sostenido por sus amigos y su propia familia indica que Sydney Gotlieb, jefe de MK-Ultra, colocó LSD en su bebida, lo que originó la paranoia que le llevó al psiquiátrico y, más tarde, a su posible suicidio.
Estos datos nunca salieron a la luz debido a las presiones para que los experimentos continuaran. El documento que cierra el “caso Olson” fue firmado por unos jóvenes asesores de la Casa Blanca en el gabinete Ford, llamados Dick Cheney y Donald Rumsfeld.
James Stanley, sargento del ejército y una de las personas que sufrieron estos daños, llegó a entablar un juicio contra el Estado, pero la doctrina Feres impedía que un militar pudiera hacer esto. Este fue el argumento que utilizó el Supremo en otro caso que llegó ante tan alta instancia. Sólo el juez William Brenan disintió del resto al afirmar que “los juicios de Nuremberg en 1947 por delitos de experimentación con humanos que tanto impresionaron a los hombres, son moral y legalmente inaceptables. El Tribunal Militar de Estados Unidos estableció el ‘código Nuremberg’ como un estándar para los científicos alemanes que experimentaron con humanos. En contra de estos principios, oficiales de inteligencia comenzaron experimentos biológicos y químicos sin aviso previo a los participantes”.
George Annas, investigador sobre el uso de seres humanos en la experimentación y en bioética, publicó un libro titulado El código Nuremberg en los tribunales: ética frente a utilidad. En sus investigaciones, constataba que “los casos en los que losjueces han aludido al ‘Código Nuremberg’tienen que ver con aplicaciones no terapéuticas. Muchos de esos experimentos fueron justificados por consideraciones de seguridad nacional durante la Guerra Fría”.
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Víctimas del “control mental”

 


A finales de los años noventa, las víctimas de los programas MK-Ultra comenzaron a salir a la luz. A la cabeza de todas ellas estaba Cathy O’Brien, fundadora de la asociación de víctimas y autora del exitoso libro Trance-formation of America.
Ayudada por su pareja, Mark Philips, ex agente de la CÍA, Cathy revivió su pasado como víctima de abusos sexuales por su padre y supuesta víctima del control mental. Su testimonio aclara no una, sino muchas de las cuestiones actuales: “Cuando sufres abusos sexuales se crea un trauma en tu mente. Para sobrellevarlo, la mente crea otra personalidad, de tal manera que se genera un ‘desorden de identidad disociativo’ comúnmente llamado ‘mútiple personalidad’. Es en esa personalidad donde MK-Ultra trabajó. A mi padre le sobornaron para que hiciera de mí una estrella del porno infantil y, más tarde, una esclava sexual de las altas esferas del poder durante la presidencia de Gerald Ford”.
Una vez liberada de su programa y gracias a su inusual acceso a instancias del poder oculto, O’Brien se ha convertido en una informadora de primer orden: “En una orgía en la Casa Blanca escuché al por aquel entonces presidente de Canadá, Brian Mulroney, decir que sólo podrí haber paz si controlaban las mentes de toda la población. También se lo oí decir a George Bush y a Henry Kisinger”.
O’Brien afirma también haber participado en ceremonias satánicas de la élite del poder en el Soto de Bohemia (California). No menos impresionante es el testimonio de Brice Taylor. Como O’Brien fue, según sus palabras, víctima de abusos sexuales desde pequeña en ceremonias satánicas y esclava sexual al parecer de varios presidentes de Estados Unidos. Taylor fue secretaria personal de Henry Kisinger durante varias décadas, y usada como correo y espía por este oscuro personaje del poder americano.
El perfil de niño secuestrado, violado en su infancia e inducido a través de las drogas se repite en todos los casos de MK-Ultra. El de Duncan O’Finionan tiene todos los ingredientes para el guión de una película. Seleccionado por la CIA por su sangre cherokee-irlandesa –siguiendo la creencia de que estos pueblos tienen habilidades parapsíquicas–, O’Finionan es el prototipo de “supersoldado”. Secuestrado cuando era un niño y víctima de abusos sexuales, formó parte de un escuadrón de niños asesinos en la guerra de Vietnam y confesó haber matado –como francoti-radory bajo la personalidad que le habían creado–, a varios altos cargos, entre ellos, a un importante miembro de la CIA. En varias ocasiones, aparecía en algún lugar, sin recordar cómo había llegado hasta allí. Con unas constantes vitales de superatleta, la rapidez de un velocista olímpico y la fuerza de un luchador profesional, O’Finionan afirmaba poseer también facultades paranormales.
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* BIBLIOGRAFÍA
El increíble caso de Candy Jones
http://balearoculta.blogspot.com.ar/2011/04/la-increible-historia-de-candy-jones.html
Cho Seung-hui, la masacre de Virginia Tech
http://escritoconsangre1.blogspot.com.ar/2010/09/cho-seung-hui-la-masacre-de-virginia.html
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LECTURAS COMPLEMENTARIAS
LOS ILLUMINATI (SVALI HABLA…)
http://www.bibliotecapleyades.net/sociopolitica/sociopol_illuminatirevelations02.htm
PROYECTO MONARCA
http://www.bibliotecapleyades.net/biggestsecret/bigsec/biggestsecretsp16.htm
EL CONTROL MENTAL BASADO EN EL TRAUMA (ADONAY NUNES)
http://www.bibliotecapleyades.net/sociopolitica/esp_sociopol_mindcon07.htm
MK-ULTRA: HACIA LA MUERTE MENTAL
http://www.bibliotecapleyades.net/vida_alien/alien_faber10.htm
VIDEOS
Cathy O’Brien, víctima del control mental
http://www.youtube.com/watch?v=czbZ_jqguOY
Arizona Wilder expone a la élite Illuminati
http://www.youtube.com/watch?v=Vjdy6GVjLyI
El Proyecto Monarca – Cisco Wheeler
Parte 1: http://www.youtube.com/watch?v=H0wVGLdPVew
Parte 2: http://www.youtube.com/watch?v=oZAtjPUKW1g
La CIA y el control: MK ULTRA/Programación Monarca
http://www.youtube.com/watch?v=PnXX4v6RDKY
Operación MK ULTRA (documental)
Parte 1: http://www.youtube.com/watch?v=gsANsStJHWc
Parte 2: http://www.youtube.com/watch?v=aRpJTfdUw1Y
Parte 3: http://www.youtube.com/watch?v=qXgHHPk2zRc
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