Las muertes de Jesús

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EL GUERRERO DE LA LUZ 

por Horacio Velmont

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Cuando hablamos de “las muertes de Jesús” nos estamos refiriendo a tres aspectos de la vida del Maestro Esenio: 1) a la inventada en la Biblia; 2) a su Ascensión al Reino Crístico; 3) a las que provocó para salvar su vida o la de sus discípulos.

Con respecto a la primera muerte, es decir a la inventada en la Biblia, ya hemos dicho lo suficiente en otras páginas, bastando reiterar aquí que a Jesús se lo hace morir en una cruz, luego de ser salvajemente azotado, para presentarnos la imagen de un héroe inocente que solo predicó el Bien y que es escarnecido con el peor de los suplicios, la crucifixión, como si fuera un vulgar ladrón.

Esta imagen, que pegó fuerte, como era lógico, en el público ingenuo que se “tragó el sapo”, fue para presentar como elemento de Salvación el “bulo” de que para ir al Paraíso debíamos agachar la cabeza, es decir, no rebelarnos contra la autoridad y que la Gloria la alcanzaríamos solo siendo sumisos y dejándonos humillar. Imposible idear algo tan maquiavélico para sojuzgarnos.

Incluso las palabras de Jesús de que cuando a uno le pegan en una mejilla hay que poner la otra, fueron inventadas con el mismo propósito. Por supuesto que Jesús había dicho todo lo contrario.

En eso Petrus, que era lerdo de entendederas le preguntó: -“Así que si viene un hombre y me abofetea una mejilla, y me provoca a duelo, ¿Qué debo hacer?”.
Entonces el Alto Maestro, que halló inocencia en la pregunta, alzóse de la piedra en que hallábase sentado, y mirando en lo profundo de sus ojos, con lo que Petrus se estremeció, le dijo:
-“¿Acaso os dejaríais abofetear la otra, teniendo una espada tan grande como  la mía?”.

 También fue un invento el episodio de Poncio Pilatos lavándose las manos, al que se le dio la artera interpretación de que dejaba de responsabilizarse por la vida de Jesús.

Esto no amedrentó a los revoltosos, pero los contuvo sin que pudieran entrar al Palacio. Entonces Poncio Pilatos les dijo en la plaza: “Habéis venido en busca de mi decisión, mas no puedo dárosla de modo alguno, porque el Hombre que buscáis ya no está entre nosotros, pues se ha ido al otro lado del mundo a predicar lo que vosotros habéis rechazado. Como aquí veis, me lavo las manos como juramento de que el Maestro Esenio no está en Jerusalén, y me ha dicho que no volverá a predicar entre vosotros, así que idos en paz y celebrad vuestras Santas Pascuas.”

Y como se viesen burlados los sanhedritas, que habían preparado enormes argumentos para prender al Maestro, mandaron mediante señales preparadas, a que todos insulten al Gobernador, y éste debió reprimir el avance de los revoltosos, quedando muchos de ellos heridos. Ese mismo día, como represalia, mandó a ejecutar sumariamente a los prisioneros zelotes, y les hizo crucificar en el monte de la cal, para que ninguno más intentara sedición contra Roma.
Así que el Maestro estuvo un mes después en la Galia, donde muchos ya le conocían porque algunos soldados que estaban allí en servicio, y los mineros que viajaban entre la Galia y el Mar Muerto, habían sabido de la Doctrina. Así que tuvo mucha alegría de que le recibieran y quisieran escucharle
y preguntarle cosas, y muchos se hicieron Kristianos en aquellos días.

Como se ve, muy alejado de la realidad fue la forma en que se relató en la Biblia este episodio del “lavado de manos” de Poncio Pilatos. Todo para hacer más creíble la muerte de Jesús en la cruz.

Resta agregar que en realidad Jesús era amigo de Roma porque como formaba parte del Grupo de los Esenios, éstos tenían la misma alta moral que la del Imperio. Por otra parte, Poncio Pilatos era su amigo y discípulo, y lo mismo el emperador Tiberio. Por supuesto que la historia de los emperadores romanos dementes o crueles o déspotas también fue un invento. El mismo Nerón era cristiano, y por este motivo fue uno de los más calumniados. La posterior decadencia de Roma es otra historia.

Una de las cosas que sorprende sobremanera es la naturalidad con la que Nerón habla en su “Iesus Cristi” (conocido como el Evangelio de Nerón), de la Ascensión de Jesús al Reino Crístico, que aun en nuestra época todavía ignoramos la esencia de este procedimiento de Elevación.

Incluso habla de que el manto en el que dejó su huella al Ascender llegó a sus manos. Este manto, cuyo paradero actual se desconoce, no es por supuesto el que se conoce como “el sudario de Turín”, que pertenece a otra persona que también ascendió (según pruebas incuestionables que se cuestionan, valga la paradoja,  data del 1200). La Iglesia lo sabe y lo oculta, como también oculta que existen muchísimos de estos sudarios, porque la Ascensión es un procedimiento automático de elevación al que acceden las personas cuando el grado de su pureza llega al punto más alto.

La tan mentada “Combustión humana espontánea” es precisamente un procedimiento de Ascensión, pero que por alguna razón no pudo ser completado, y éste es el motivo de que queden partes del cuerpo sin incinerar.

La tercera de las muertes de Jesús está referida a las que pudo haber causado para defender su vida o las de sus discípulos y a las enseñanzas que dejó sobre el matar cuando no hay otra alternativa.

 

Naturalmente que es difícil pensar en un Jesús guerrero empuñando una espada y cortándoles una oreja o quitándoles la vida a sus enemigos, pero esto es porque se lo ha presentado siempre como un ser manso, completamente distinto de lo que en realidad era: un guerrero de la Luz.

Hay que comprender que Herodes había puesto precio a su cabeza y eran muchos los que querían ganarse la suculenta recompensa. Pero como el Maestro tenía ciertos conocimientos como para no necesitar quitarle la vida a nadie para defenderse, ello no quita que en ocasiones sus enemigos se hayan ido con una oreja menos… ¿y por qué no también sin su vida?

Veamos, entonces, las enseñanzas de Jesús respecto a esta cuestión del matar en el Evangelio de Nerón.

Y con ellos volvió y les contó lo acontecido entre él y Ieová. Desde entonces, más ahínco puso el Gran Esenio en su misión divina, pues alertó a todos los hebreos con más conocimiento de los métodos de engaño que usaba Ieová. Entonces también fue más grande la persecución que los sanhedritas hacían contra él, y quisieron matarle muchas veces. Pero su espada era muy buena y su brazo muy diestro, así que quien se le acercaba para matarle resultaba con una oreja menos, y siempre evitaba matar a sus enemigos. Por ello Santiago que era pescador de peces y se hizo pescador de  almas y buen discípulo, le preguntó porqué no mataba a quienes le querían matar.
-“Si os atacan unos críos usando escarbadientes ¿los mataríais con vuestra espada?” -dijo el Maestro, y ante la negativa de Santiago, el Maestro agregó -“Si os atacan a hierro, pues que a hierro mueran, mas no podéis matar cuando tenéis demasiada ventaja, porque sabéis que no necesitáis matar a quien no puede superaros ni heriros. Mas no dudéis que yo mataría si me viera en real peligro, porque la propia vida es prioridad de defensa. Y tened por seguro que si matáis a un hombre que os ataca para mataros o someteros, no haréis pecado alguno, pues verdadero pecado es hacer hijos de la carne cuando sabéis que debéis hacer de vosotros mismo un Hijo de Hombre, que es un Kristos.”
En eso Petrus, que era lerdo de entendederas le preguntó: -“Así que si viene un hombre y me abofetea una mejilla, y me provoca a duelo, ¿Qué debo hacer?”.
Entonces el Alto Maestro, que halló inocencia en la pregunta, alzóse de la piedra en que hallábase sentado, y mirando en lo profundo de sus ojos, con lo que Petrus se estremeció, le dijo:
-“¿Acaso os dejaríais abofetear la otra, teniendo una espada tan grande como  la mía?”.
Así que Petrus entendió que la Ley de Dios, que es amar a todas las criaturas, no está reñida con la Ley de los Guerreros de la Luz, pues quien mata por odio, por odio muere, pero quien arriesga la vida, muere o mata por Amor de Dios, amando aún a su enemigo, consigue la Vida Eterna, aunque para ello deba volver al mundo usando otro cuerpo.
Pues es Ley del Mundo que para alcanzar el Reino de los Kristos, habiendo nacido mortal, debe hacerse por asalto, a fuerza de amor y de espada, y quien no entienda esta aparente contradicción es porque en su corazón aún anidan el odio y el temor, que son la raíz de todos los males del mundo. Y como Iesus enseñara estas cosas con autoridad, y sacara los demonios de dentro de quienes le provocaban, las gentes le tenían respeto.

Veamos otros pasaje del Evangelio de Nerón donde Jesús vuelve a hablar de blandir la espada contra los enemigos.

De cierto os digo que podéis escandalizar a las gentes, y muchos pecados podéis cometer, que podrán ser perdonados hasta cierto tiempo, pero no podrá ser perdonado quien blasfeme contra el Espíritu Santo. Y vosotros, si no estáis conmigo, estáis contra mí, así que el que está conmigo, que tome su boroca y su espada y me siga.
Y el que está contra mí, que se prepare a combatir porque no le será fácil el conato, pero si estuviere contra el Espíritu Santo, que es Dios mismo en él, ya está por sí mismo condenado. Y si abusara del tiempo y al morir no se hubiere arrepentido de su blasfemia, el Espíritu Santo le abandonará para siempre, y sabrá lo que es llorar y crujir los dientes en el Avitchi”.
Y dicho esto se marchó hacia cerca del mar, porque allí estaban Juan y su hermano Santiago, quienes eran pescadores y guerreros impetuosos que hablaban con grandes voces. Y como sólo le siguieran unos doscientos desde Jerusalén, advertidos los soldados de Herodes, le siguieron también, con la intención de apartarle en algún momento y matarle entre todos.
Entonces el Maestro sintió en su corazón la conspiración, y dijo a sus discípulos que les daría el gusto a aquellos cobardes. Así que cuando llegaron a las colinas cercanas al mar, mandó a que todos continuaran hasta donde estaban las barcas de Juan y Santiago, y él se quedó a esperar a los soldados de Herodes. Mas los discípulos Andrés, Bartolomé, Felipe, Mateo y Tadeo, temieron por la vida del Maestro y le siguieron, permaneciendo con sus espadas listas, con el cuerpo en tierra, apenas asomados en la colina más cercana.
Los soldados que eran más de cincuenta, llegaron hasta Iesus, pero seguían marchando como si no le viesen, hasta que estuvieron cerca de los Discípulos. Así que Andrés dijo a los otros:
-“¿Cómo es posible que no le vieran, si han pasado a diez pasos de Él?”. Pero los otros estaban preocupados porque los soldados estaban a pocos pasos de ellos y seguirían hasta descubrirles allí, y les tomarían como centinelas. Entonces Iesus, que permanecía en el mismo lugar, llamó a los soldados y les dijo:
-“Si no podéis verme ¿cómo pensáis hacer para matarme?. Ni siquiera he desenvainado mi espada, y aquí me tenéis, tan solo como pretendíais:”
Así que en tropel fueron hasta él, mas al llegar daban vueltas y más vueltas en el lugar, habiendo dejado de verle otra vez. Así que se asustaron y estallaron en el odio que tenían, y comenzaron a dar espadazos por doquier, al aire. Y tanto se enceguecieron que se mataron entre ellos quedando treinta de los cincuenta que iban. Cuando reaccionaron los que estaban, porque el adjutor les gritó con autoridad, uno de ellos tiró su espada y su escudo al suelo. Y a ese le siguió otro, y finalmente los lanceros también dejaron sus lanzas y el adjutor dijo mirando para todas partes: -“¿Cómo hemos de vencerte si no podemos verte?, ¿realmente sois un dios o un demonio?, porque no es posible que un hombre haga estas cosas. Entonces Iesus habló, pero no dejó que le vieran:
-“De cierto os digo que no soy demonio, y soy un dios como todo aquel que recibe en sí mismo el Espíritu Santo. No podéis verme porque así es mi voluntad ahora, pero lo peor es que estáis ciegos de alma y de entendederas, y seguiréis así mientras obréis por mandato de vuestro dios Ieová, y obedezcáis al sanhedrín y al cruel Tetrarca.
Y también os digo que si alguno de los míos fuese por mi causa perseguido o muerto, conoceréis mi espada más de cerca. Así que enterrad allí mismo vuestros muertos, no sea que la podredumbre haga impuras vuestras heridas. Y decidle a Herodes que no toleraré por mucho tiempo esta persecución.”

En los pasajes recién transcriptos se observa que el Maestro solamente enseña sobre las circunstancias en las que es lícito matar, pero hay otros pasajes donde se habla directamente  de su conducta al respecto.

En la Galia, los Kristianos se reunieron con Iesus nuevamente, y le expusieron su preocupación porque les hostigaban los hebreos que vivían allí; les perseguían y mataban en cuanto tenían oportunidad, porque sabían que si bien Roma era un freno a los planes de Ieová, la Doctrina de Iesus era la destrucción de la esclavitud espiritual y material que Ieová quiere imponer a todas las Naciones mediante su adoración exclusiva.
Así fue como en el mes de Martius del año Romano DCCLXXXVII, los setecientos Kristianos armados de la Galia, con Iesus al frente, tuvieron su primer batalla contra mil doscientos hebreos que habíanse reunido en el norte de la Iberia, y avanzaban decididos a terminar definitivamente con quien mencionara siquiera el nombre de Iesus, de los Kristos o de la Doctrina.
Mas los designios de los dioses no eran de abandonar a quienes tuvieran fuerza de espíritu, así que en cuatro horas de batalla, cuarenta y cinco Kristianos murieron y de los mil doscientos hebreos, ninguno quedó para sembrar cizaña en el mundo.
Cuando llegó la centuria de Emilio Prasius, enterada del asunto por un niño galo llamado Fredex, los Kristianos estaban enterrando todos los cadáveres, para que no hubiese peste.
Y luego hicieron oración y meditación, porque la furia del combate siempre es grande y el espíritu se revuelve alimentando el odio. Así que el Maestro, que había combatido como por cincuenta dijo:
-“Inmenso ha sido vuestro coraje y loable vuestro ánimo, pues no les veo tristes ni apesadumbrados, pero así debe ser siempre, aun si hubiésemos sido derrotados.
Es la primera vez que debo usar mi Graal con total severidad, y no me ha sido posible perdonar las vidas de nuestros enemigos, pues ellos también han tenido gran valor, aunque hayan combatido sin saber realmente quien les manda.
Por ello, mi espíritu se ha turbado y es necesario orar mucho, para que la furia no aleje al Espíritu Santo, no sea que el odio anide en nuestros corazones.
Para ello repetiremos, más con el entendimiento que con la lengua esta oración:
[Padre Absoluto, que estáis en Nosotros, Purificado sea en Vuestro Nombre nuestro sentimiento, y que nuestro Amor sea tan inmenso que llegue a todas las tierras y a todos los cielos. Que se haga nuestra Vuestra Divina Voluntad, en la Espada que empuñamos, en el pan que amasamos y en el surco que abrimos. Redime nuestros pecados con la Luz de Vuestra Eterna Conciencia, y dadnos comprensión para con nuestros enemigos. Estad en Nosotros y en los Otros para que todos alcancemos la Luz, el Poder y la Gloria.]
Y todos repetían en murmullo, porque no eran palabras de oración como los que vociferan en los Templos, sino pensamientos de oración para hallarse consigo mismos.

Si hemos de tener por cierto que el Evangelio de Nerón refleja con certeza aspectos desconocidos de la vida de Jesús, y especialmente de sus enseñanzas con respecto a cuándo es lícito matar, algo que él mismo habría llevado a cabo con gran pesar en una batalla, también hemos de aceptar que también tuvo  que quitarle la vida a muchos de sus enemigos, no solo para salvar su vida sino la de sus propios compañeros.

Esta parte del Evangelio de Nerón da pie a muchas especulaciones, como por ejemplo si en la batalla Jesús usó de sus poderes para defenderse y quitarles la vida a sus enemigos o simplemente luchó como un simple mortal porque no le está permitido usarlos. O solo los puede usar para defenderse pero no para quitarle la vida a nadie.

Lo menciono porque es difícil imaginarse a Jesús haciéndose invisible para sus enemigos y aprovecharse de este poder para quitarles la vida.

LECTURA RECOMENDADA
El Evangelio de Nerón

NOTA DE HORACIO VELMONT
El Evangelio de Nerón puede ser comprendido mejor acudiendo a los temas afines que se encuentra en este link:
https://horaciovelmont.wordpress.com/2014/11/12/lista-completa-de-temas/

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