El Jardín del Edén existe y está ubicado

Lista completa de temas      

EL PARAÍSO QUE DEBEMOS RECUPERAR 

por Horacio Velmont

Contacto

Uno de los misterios más insondables y que ha provocado mayor debate y lo sigue aun provocando es el lugar donde se encuentra o se encontraría el famoso Jardín del Edén, el Paraíso perdido que según Jesús debíamos recuperar.

El error de quienes lo buscan está en que tratan de ubicarlo en un lugar de la superficie, sin darse cuenta de que no es sitio donde lo encontrarán, porque no está ubicado en la superficie.

Si el Jardín del Edén no es un sitio espiritual sino físico y no está en la superficie, ¿dónde puede estar entonces sino en el interior del planeta? Y ésta es la respuesta.

Jesús hablaba de su reino, de donde él provenía, y lo caracterizaba como un mundo donde el sol no se ponía. ¿Y cuál es el único lugar donde el sol nunca se pone? Pues en la famosa Tierra hueca, cuyo sol siempre alumbra pues no existe el día y la noche.

No voy a perder tiempo en exponer las diversas teorías que se han dado sobre el famoso lugar ni a criticar los errores o deformaciones sobre el caso de los textos bíblicos, sino que iré directamente al punto. Quien quiera profundizar sobre el tema le basta utilizar el Google, pues en la Red hay infinidad de artículos para los ávidos de conocimientos.

Cabe recordar, como primer paso, que no solo la Tierra es hueca, sino todos los planetas, algo que la NASA oculta utilizando un parche, con tanto cuidado que a veces olvida hacerlo, vaya la paradoja. 

¿Así que vosotros venís de la superficie?

En segundo lugar, hay muchos viajeros que han visitado el Jardín del Edén y han relatado la experiencia.  El más conocido es el que dio origen a un libro titulado “El dios humeante”, del periodista Willis George Emerson, quien recogió los datos de la aventura de Olaf Jansen, que junto con su padre viajó al interior de la Tierra y que, cuando lo divulgó (el padre murió en la travesía de regreso), fue recluido en un manicomio por muchos años, hasta que fue liberado cuando dijo -mintiendo- que todo lo había inventado.

Una de las características de la Tierra hueca -Jardín del Edén o Paraíso-,  es que sus habitantes tienen alturas que a nosotros nos parecerían gigantescas: 3 a 5 metros. Cuando el Maestro Jesús estuvo encarnado en el interior del planeta, por lo tanto, debió ser alguien de esta altura.

¿Cómo era el mundo del Maestro Jesús, entonces, de acuerdo al relato de Olaf Jansen? 

No había ningún hombre que midiera menos de 3,70 metros. Todos tenían barbas enteras, no particularmente largas, sino aparentemente de pelo corto. Tenían caras suaves y hermosas, excesivamente bellos, con el cutis rubicundo. El pelo y la barba de algunos eran de color negro, otros rojiso y aun otros amarillean.
Las mujeres tenían por término medio alrededor de 3,30 a 3,40 metros de altura. Sus características eran especialmente regulares y refinadas, mientras que su tez era de un delicado matiz realzados por un salujdable brillo.
Los hombres vestían con elegantes túnicas bordadas de seda y satén cenidas en la cintura. Usaban bermudas y medias de una textura fina, mientras que sus pies estaban revestidos en sandalias adornadas con hebillas de oro.
Descubrimos enseguida que el oro era uno de los metales conocidos más comunes, y que era utilizado exclusivamente en la decoración.
La condición de sobrecarga eléctrica del aire era un vitalizador constante. Nunca me sentí mejor en mi vida que durante los dos años que mi padre y yo residimos en el interior de la Tierra.
Las casas eran enormes y construidas maravillosamente, y absolutamente unifoermes en aspecto, pero con todo sin parecido.
La ocupación principal de la gente parecía ser la agribultura; las laderas estaban cubiertas con viñedos, mientras que los valles eran dedicados al crecimiento del grano.
La vegetación crecía en exuberancia pródiga, y la fruta, de todas las clases poseía el más delicado sabor. Los racimos de uvas eran de entre 1 y 1,5 metros de longitud, cada uva era tan grande como una naranja, y las manzanas más grandes que la cabeza de un hombre caracterizaban el crecimiento maravilloso de todas las cosas en el “interior” de la Tierra.
Los grandes árboles de la secoya de California serían considerados meros arbustos comparado con los bosques de árboles gigantes que se extienden por kilómetros y kilómetros en todas las direcciones. En muchas direcciones a lo largo de las colinas de las montañas, vimos, vastos rebaños de ganado vacuno, durante el último día de viaje por el río.
Oímos hablar mucho de una ciudad llamada “Edén,” pero nos quedamos en “Jehu” por un año entero. Después de ese tiempo habíamos aprendido hablar bastante bien la lengua de esta raza de gente extraña. Nuestros instructores, Julio Galdea y su esposa, exhibieron una paciencia que era en verdad encomiable.
Un día un enviado del soberano de “Edén” vino a vernos, y durante dos jornadas completas nos hicieron a mi padre y a mí una serie de preguntas que sorprendían. Deseaban saber de dónde vinimos, que clase de gente vivía “fuera,” qué dios adorábamos, nuestras creencias religiosas, el modo de vivir en nuestra tierra extraña, y mil y una otras cosas.
La brújula que habíamos traído con nosotros atrajo su atención especialmente. Mi padre y yo comentamos entre nosotros mismos respecto al hecho de que la brújula todavía señalaba al norte, aunque ahora sabíamos que habíamos navegado sobre la curva o el borde de la abertura de la tierra, y nos habíamos alejado lo largo de la dirección sur en la superficie del “interior” de la corteza de tierra, que, según la estimación de mi padre y la mía, tiene cerca de quinientos kilómetros de grueso del “interior” a la superficie del “exterior”. Relativamente hablando, no es más gruesa que una cáscara de huevo, de modo que hay casi tanta superficie en el “interior” como en el “exterior” de la Tierra.
La gran nube o bola luminosa del fuego rojo apagado, rojo ardiente por las mañanas y las tardes y, durante el día emite una luz blanca hermosa, “el Dios Humeante,” – parece suspendida en el centro del gran vacío “dentro” de la tierra, y es sostenido en su lugar por la ley inmutable de la gravitación, o de una fuerza atmosférica repelente, de acuerdo con las circunstancias. Me refiero a la energía conocida que atrae o repele con igual fuerza en todas las direcciones.
La base de esta nube eléctrica o lumbrera central, el asiento de los dioses, es oscura y opaca, excepto por pequeñas aberturas innumerables, aparentemente en el corazón del Gran Soporte o altar de la Divinidad, sobre el cual “El Dios Humeante” descansa; y, las luces que brillan por esta gran cantidad de aberturas centellean en la noche en todo su esplendor, y se parecen ser estrellas, tan naturales como las estrellas que nosotros vemos brillando cuando estamos en nuestro hogar en Estocolmo, excepto que ellas parecen mayores.
“El Dios Humeante,” por lo tanto, con cada revolución diaria de la tierra, parece elevarse en el este y descender en el oeste igual que lo hace nuestro sol en la superficie externa. En realidad, la gente de “dentro” cree que “el Dios Humeante” es el trono de su Jehová, y es inmóvil. El efecto de la noche y del día, por lo tanto, es producido por la rotación diaria de la Tierra.
He descubierto que la lengua de la gente del mundo interno es como el Sánscrito.
Después de que les hubiéramos explicado sobre nosotros a los emisarios de la sede central del gobierno del continente interno, y de que mi padre facilitara, a su inexperta manera, mapas dibujados, conforme a su petición, de la superficie del “exterior” de la tierra, demostrando las divisiones de la tierra y del agua, y dando el nombre de cada uno de los continentes, de las islas grandes y de los océanos, por tierra nos llevaron a la ciudad de “Edén,” en un transporte diferente de cualquier cosa que tengamos en Europa o América.
Este vehículo era sin duda alguna una cierta invención eléctrica. Era silencioso, y funcionaba sobre un solo carril de hierro en equilibrio perfecto. El viaje fue hecho en una velocidad muy alta. Nos llevaron por encima de las colinas y debajo de los valles, a través de los valles y otra vez a lo largo de las laderas de montañas escarpadas, sin ninguna necesidad evidente de nivelar la tierra como hacemos para las pistas del ferrocarril. Los asientos de coche eran enormes, pero a pesar de ello, cómodos y muy altos sobre el suelo del coche.
En lo alto de cada coche estaban los engranajes de los volantes situados a sus lados, y que se ajustaban tan automáticamente que, cuando se incrementa la velocidad del coche, la velocidad de estos volantes geométricos también crece. Julio Galdea nos explicó que estas ruedas en forma de abanico que giraban encima de los coches anulan la presión atmosférica, o lo qué se entiende generalmente por el término de gravitación, y con esta fuerza anulada o con una presencia nimia el coche está tan seguro que es imposible caer a un lado o a otro de monorraíl como si estuviera en un vacío; él volante con sus rápidas revoluciones destruyen eficazmente la, así llamada, fuerza de gravitación, o la fuerza de la presión atmosférica o cualquier influencia potente puede ser la causa de que todas las cosas sin apoyo caigan hacia abajo a la superficie de la tierra o al punto más cercano de la resistencia.
La sorpresa de mi padre y mía fue indescriptible cuando, en medio de majestuosa magnificencia de una cámara espaciosa, finalmente nos trajeron ante el Gran Sumo Sacerdote, soberano de toda la tierra. Vestía ricamente y era mucho más alto que todos los que estaban cerca de él, y no podía ser menor de de cuatro o cuatro metros y medio de altura. La inmensa habitación donde fuimos recibidos parecía acabada en sólidas losas gruesas de oro, decoradas con joyas de asombroso fulgor.
La ciudad de “Edén” está situada en lo que se parece ser un valle hermoso, con todo, de hecho, está en la meseta más alta de la montaña del continente interno, varios miles de metros más alta que cualquier porción del país circundante. Es el lugar más hermoso que he contemplado nunca en todos mis viajes. En este jardín elevado toda clase de frutas, vides, arbustos, árboles, y flores crecen en bulliciosa profusión.
En este jardín cuatro ríos tienen su nacimiento en una fuente artesiana poderosa. Se dividen y fluyen en cuatro direcciones. Este lugar es llamado por los habitantes el “ombligo de la tierra,” o del principio, “la cuna de la raza humana.” Los nombres de los ríos son Éufrates, Pisón, Gihón, y el Hiddekel.
La imprevista espera en este palacio de la belleza, y el hallazgo de nuestro pequeño balandro que había sido traído ante el Sumo Sacerdote en forma perfecta, igual que había sido tomado de las aguas ese día en que fue cargado a bordo de la nave por la gente que nos descubrió en el río hace más de un año.
Se nos concedió audiencia de unas dos horas con este gran dignatario, que parecía dispuesto amablemente y considerado. Demostró un ávido interés, haciéndonos preguntas numerosas, e invariable con respecto a las cosas sobre las cuales sus emisarios no habían podido investigar.
Al final de la entrevista preguntó acerca de nuestra satisfacción, preguntándonos si deseábamos permanecer en su país o si preferimos volver al mundo “externo”; abasteciéndonos era posible hacer un viaje de vuelta con éxito, a través de las barreras congeladas de la cadena que cercan las aberturas norteñas y meridionales de la Tierra.
Mi padre contestó: “Nos satisfaría a mí y a mi hijo visitar tu país y ver a tu gente, tus universidades, palacios de la música y del arte, tus grandes campos, tus maravillosos bosques de árboles; y después de que hayamos tenido este privilegio agradable, debemos tener el gusto de intentar volver a nuestro hogar en la superficie del “exterior” de la tierra. Mi hijo es solo un niño, y mi buena esposa estará cansada de aguardar nuestra vuelta.
“Me temo que nunca puedas volver”, contestó el Principal Sumo Sacerdote, “porque el camino es sumamente peligroso. Sin embargo, visitarás los diversos países con Julio Galdea como vuestro acompañante, y acuérdate de cada cortesía y amabilidad. Cuando quiera que estéis preparados para intentar el viaje de vuelta, te aseguro que tu barco, el cual está aquí exhibiéndose, será puesto en las aguas del rio Hidekel en su desembocadura y tu pedirás a tu Dios que seas veloz”.
Así terminó nuestra única entrevista con el Sumo Sacerdote o soberano del continente. 

Continuar leyendo en
http://www.alazul.com/sites/default/files/el-dios-humeante-the-smoky-god-spanish-by-ones.pdf

La primera evidencia científica pública de la existencia de una civilización en el interior del Planeta ocurrió en 1947 cuando el contralmirante Richard E. Byrd, de la Marina de los Estados Unidos, voló al Polo Norte y en lugar de ir sobre el Polo realmente entró en la Tierra interna. En su diario habla, precisamente, de entrar en el interior hueco de la Tierra junto con otros y de viajar mil setecientas millas sobre montañas, lagos, ríos, vegetación verde, y vida animal. Dice haber visto monstruosos animales parecidos a los mamuts de la antigüedad moviéndose entre la maleza. Finalmente encontró ciudades y una próspera civilización.

Al final su avión fue saludado por máquinas voladoras de un tipo que nunca había visto antes. Le acompañaron a un lugar de aterrizaje seguro y fue saludado graciosamente por emisarios de Agartha. Después de descansar, él y su tripulación fueron llevados a conocer al Rey y la Reina de Agartha. Le dijeron que le habían permitido entrar en Agartha por su alta moral y carácter ético. Continuaron diciendo que desde que los Estados Unidos habían arrojado las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, habían estado muy preocupados por su propia seguridad y supervivencia. Habían decidido que era el momento de hacer un mayor contacto con el mundo exterior para asegurarse que la humanidad no destruiría ese planeta y su civilización con él. A Byrd se le había permitido entrar para poder hacer contacto con alguien en quien confiaran. Para hacer corta una larga historia, cuando su visita terminó, el Almirante Byrd y su tripulación fueron guiados en su avión de vuelta al mundo exterior, habiendo cambiado sus vidas para siempre.

En Enero de 1956, el Almirante Byrd dirigió una expedición al Polo Sur. En esa expedición él y su tripulación penetraron dos mil trescientas millas en el centro de la Tierra. El Almirante Byrd declaró que los Polos Norte y Sur son sólo dos de las muchas aberturas al centro de la Tierra. El Almirante también declaró también que la Tierra interna tiene su propio sol. La teoría de Byrd es que los polos de la Tierra son cóncavos, en vez de convexos, y los barcos y aviones pueden en efecto navegar o volar hacia dentro.

La prensa americana anunció el descubrimiento del Almirante Byrd, pero inmediatamente fue suprimida por nuestros buenos amigos, el Gobierno Secreto. Ray Palmer, el editor de la revista “Platillos Volantes” publicó una historia detallada   sobre los descubrimientos del Almirante Byrd. El gobierno de los Estados Unidos compró, robó o destruyó casi todas las copias y después destruyó las placas en la oficina impresora.

Exactamente lo mismo sucedió con un artículo sobre el descubrimiento del Almirante Byrd publicado por el “National Geographic”. Esta revista salió, y el gobierno de los EE.UU. se “engulló” casi todos los números de la revista.  

Es interesante señalar que el gobierno de los Estados Unidos no permite que los aviones vuelen sobre los polos. Todos los vuelos son dirigidos a ir alrededor de los polos, y cualquier piloto de aerolíneas que vuele en esas áreas confirmará esto. Otro punto interesante es que los icebergs están compuestos de agua fresca, no agua salada. También es curioso que hace más calor cerca de los polos que entre unas seiscientas y mil millas lejos de ellos. La apertura en los polos también puede explicar por qué haya tantos avistamientos de Ovnis en esas zonas.

Otro  aspecto del Jardín del Edén es el referente a la historia bíblica de Adán y Eva, que fueron el resultado de una clonación realizada por el maléfico Jehová o Yahvé, como gusten llamar, que era un experto genetista y ansiaba ser tomado por un dios.

Como sus creaciones no actuaban con la conducta que él había previsto, los echó del Jardín del Edén, es decir, los envió a la superficie, donde se multiplicaron, dando origen a la raza humana.

Más tarde, este falso dios también fue echado del Jardín del Edén porque en su delirio genetista había creado seres monstruosos.

La historia de Jehová, que está vinculada a la de Jesús ya que ambos eran Hombres Primordiales y oriundos del mencionado Jardín, es muy extensa y escapa a los propósitos de esta nota, que busca fundamentalmente dar a conocer la existencia del famoso Jardín del Edén y su ubicación.

Para quienes deseen profundizar en este fascinante tema, al pie indico algunos links.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
El horrendo destino de Jehová
Auroras boreales
El enigma de la Tierra hueca
El descenso de Jesús “a los infiernos”
Jehová es Satanás

Jehová, el dios chantajista
La farsa de las religiones judeo cristianas
Sudario de Turín, ¿verdadero o falso?
Origen de Jehová y los humanos mortales
¿Jesús es Dios?
El enigma de la combustión espontánea
El verdadero Santo Grial
La historia falsificada de Jesús

El Evangelio de Nerón
El dios humeante, viaje al interior de la Tierra
El origen oculto del hombre
¿Jesús era un Anunnaki?
Somos el alimento de los dioses
El cuento de la “Transfiguración” de Jesús
La tentación de Jesús por Satanás
Jehová y la clonación de Adán y Eva
La trampa de la reencarnación
Reivindicando a Jesús

El fraude del planeta Nibiru y los reptilianos
Las muertes de Jesús
La mítica ciudad de Shamballa
Circuncisión, ¿mutilación divina o satánica?
Ascensión, autocombustión y evolución
El enigma de la combustión humana espontánea

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s