Confesiones falsas de crímenes no cometidos

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LA MANIPULACIÓN DE LA MENTE 

por Horacio Velmont

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Muchas veces he comentado la sorpresa que me causa observar el atraso en que se encuentra la humanidad con respecto al conocimiento de la mente humana, máxime después de que el libro de L. Ronald Hubbard titulado “La ciencia moderna de la salud mental” viera la luz en 1950, donde el autor daba cuenta del sorprendente descubrimiento de la mente reactiva, un mecanismo de supervivencia que todos los seres vivos poseen.

Este preámbulo viene a cuento por los resultados de una investigación que sugeriría que algunas personas pueden haber sido convencidas para confesar crímenes que no recuerdan haber cometido y que sus mentes pueden haber sido alteradas para que no puedan recordar que son inocentes.

Antes de continuar, transcribiré el artículo extraído de la Biblioteca Pléyades y titulado “Un estudio demuestra cómo se implantan recuerdos de falsos crímenes en personas inocentes”.

http://www.bibliotecapleyades.net/sociopolitica/esp_sociopol_mindcon80.htm

Este argumento tan extraño, propio de una película de espías, parece ser algo real y sus implicaciones pueden llegar a ser profundas.
Un comunicado de prensa de la Association for Psychological Science (APS – Asociación para la Ciencia Psicológica), sostiene que una nueva investigación (Constructing Rich False Memories of Committing Crime) publicada en la revista de la organización, la revista Psychological Science, ha descubierto evidencias de algunos casos de condena injusta en las que los sospechosos fueron interrogados por las autoridades de tal manera, que llegaron a creer falsamente que habían cometido crímenes de los que en realidad eran inocentes y que acabaron confesándolos ante las autoridades.
La organización dijo que la nueva investigación está proporcionando, “evidencias basadas en estudios de laboratorio sobre este fenómeno, que muestran que participantes adultos inocentes pueden llegar a ser convencidos, en el transcurso de unas pocas horas de interrogatorio, de que han cometido delitos tan graves como realizar asaltos armados durante su adolescencia”, a pesar de que ello sea mentira.

Los investigadores sostienen que los participantes en estos casos, habían llegado a interiorizar las historias que les habían contado, y entonces habían acabado proporcionando detalles ilustrativos acerca de esos actos irreales que nunca se habían producido.
“Nuestros hallazgos muestran que los falsos recuerdos de presuntos delitos cometidos, pueden ser sorprendentemente fáciles de generar por parte de la policía o los agentes de la autoridad y pueden llegar a albergar los mismos tipos de datos complejos que los recuerdos reales”, afirma Julia Shaw, psicóloga e investigadora principal del estudio de la Universidad de Bedfordshire, en el Reino Unido. 

Dra. Julia Shaw 

“Todos los participantes tienen que generar un falso recuerdo ricamente detallado en 3 horas, inmersos en un ambiente cordial, donde el entrevistador introduce algunos detalles erróneos y utiliza técnicas de recuperación de la memoria”. 

CÓMO SE REALIZÓ EL EXPERIMENTO 

Shaw, junto con el co-autor del estudio, Stephen Porter, de la Universidad British Columbia en Canadá, obtuvieron permiso para entrar en contacto con los tutores de varios estudiantes universitarios durante su infancia y adolescencia, que participaron en el estudio.

  

Dr. Stephen Porter 

A su vez, los tutores se encargaron de llenar un cuestionario acerca de acontecimientos específicos que los participantes del estudio pudieron haber experimentado entre las edades de 11 y 14, dando el mayor de detalles posibles al respecto.
En total, los investigadores identificaron a 60 estudiantes que nunca se habían visto inmersos en ninguno de los tipos de delito que serían utilizados para implantar falsos recuerdos durante el estudio. Los participantes fueron llevados a un laboratorio en las que fueron sometidos a tres entrevistas de 40 minutos que se realizaron con alrededor de una semana de diferencia entre sí.
Como señala el comunicado de prensa:
“En la primera entrevista, el investigador le hablaba al estudiante acerca de dos acontecimientos que él o ella habían experimentado en su adolescencia, de los cuales, sólo uno de ellos había ocurrido en realidad.
En algunos casos, se trataba de un evento falso relacionado con un crimen, que implicaba un contacto con la policía (un asalto con arma, un robo…).
Para otros, el evento falso era de naturaleza emocional, como por ejemplo, lesiones personales, el ataque de un perro, o la pérdida de una gran suma de dinero.
Es importante destacar que esos eventos falsos incluían algunos detalles reales relacionados con el momento vital del estudiante en aquella época, sacados del cuestionario rellenado por sus tutores”. 

EL POTENCIAL DE ABUSO ES ASOMBROSO

Entonces, a los participantes se les hizo explicar lo que había ocurrido en cada uno de aquellos dos eventos.
Cuando empezaban a mostrar algún tipo de dificultades para explicar el evento falso, el entrevistador les animaba a seguir intentando recordar los hechos, diciéndoles que si no lo conseguían, podían usar estrategias específicas que les permitirían recordar más detalles.
En las siguientes entrevistas, los investigadores volvieron a pedir de nuevo a los estudiantes que recordaran los hechos con el mayor detalle posible, tanto los eventos verdaderos como los falsos. Los estudiantes podían describir ciertos aspectos de cada recuerdo, como lo vívidos que les resultaban y lo seguros que estaban de si los habían vivido o no.
Al final, los resultados fueron sorprendentes:
De los 30 participantes a los que se les dijo que habían cometido un delito cuando eran adolescentes, un total de 21 (71%) acabaron desarrollando un falso recuerdo del crimen; de los 20 a los que se les dijo que habían realizado un asalto violento de algún tipo (con o sin arma), 11 acabaron reportando elaborados detalles acerca de sus tratos exactos con la policía.
Una proporción similar de estudiantes, un 76,67%, acabó formando falsos recuerdos del evento emocional que se les dijo que habían experimentado.
Como podemos ver, este estudio genera muchas dudas acerca de la gente a la que nos pueden mostrar como culpable de muchos delitos.
Si resulta posible manipular la mente de universitarios normales para que acaben admitiendo delitos falsos, ¿alguien es capaz de imaginar lo que se puede conseguir con personas adictas a las drogas, sometidas a algun tipo de medicación psiquiátrica o directamente dotadas de una débil personalidad?
Y si un simple estudio psicológico es capaz de arrojar estos resultados, esto nos lleva a hacernos algunas preguntas incómodas:
¿Cuántas mentiras nos están contando acerca de presuntos asesinos o terroristas solitarios que cometen atentados o se ven envueltos en tiroteos callejeros?
Como podemos constatar, el potencial de manipulación es enorme…

Desde ya que no estamos criticando la investigación, que es muy válida, sino la falta de explicación sobre por qué es posible manipular la mente de esa manera, es decir, hacerle creer a una persona que cometió un crimen que nunca existió.

Por supuesto que la mente puede ser manipulada para algo más siniestro que hacer creerle a alguien inocente que cometió un crimen: puede transformarse a una persona en un verdadero criminal, e incluso hacer que después no recuerde haberlo cometido o que directamente se suicide. Esto está a la orden del día en nuestro planeta, y no desde ahora sino desde siempre.

El punto es que cualquier persona es susceptible de manipulación con el expediente de reducirle su mente analítica, es decir, su conciencia. Cuando se logra que alguien reduzca su poder analítico se le puede implantar órdenes hipnóticas de cualquier tipo. Y si a esas órdenes hipnóticas se le  añade dolor, más imperativa será su cumplimiento. 

En el experimento realizado por los doctores Shaw y Porter eso es lo que han hecho: reducir la conciencia e implantarle sugestiones imperativas. Pero si bien anotaron los resultados positivos del experimento, no supieron explicar por qué razón alguien inocente puede llegar a ser convencido de haber cometido un crimen.

La respuesta está en la mente reactiva, la segunda mente del hombre, que es, como ya señalamos, un mecanismo de supervivencia que todos los seres vivos poseen, y que comienza a activarse cuando la conciencia reduce su poder.

Cuando la conciencia se reduce, la mente reactiva graba automáticamente todo lo que sucede en ese momento como órdenes hipnóticas. Y como cualquiera sabe, las órdenes hipnóticas pueden hacerle creer al sujeto en experimentación cualquier cosa.

No entraremos a explayarnos sobre la mente reactiva porque ya lo hemos hecho en diversas oportunidades, considerando suficiente, para quienes deseen profundizar en el tema, la indicación de algunos links.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
La Ciencia de la Mente Ilustrada (Parte I)
(libro completo: al pie se incluye el link para acceder a la parte siguiente)
Tiroteo en Washington
Asesinos programados
Mente reactiva y programación MK Ultra
Atentado de Boston
Control mental basado en el trauma
Vendo o alquilo trastornos mentales
Psicotrónica y Visitantes de Dormitorio
El misterio de los suicidios en Foxconn
El Ultimo Guerrero – Robert Duncan O’Finioan

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