La mente reactiva, tu archienemigo

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EL VILLANO DE LA PELÍCULA 

por Horacio Velmont

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Ronald Hubbard comenzó sus investigaciones a través del hipnotismo. Así, comprobó, como ya lo habían hecho muchos antes que él,  que a una persona hipnotizada se le pueden dar órdenes para que las cumpla posteriormente: “Ahora despertarás y cuando me toque la nariz harás tal cosa y cuando me toque la corbata harás esta otra cosa”.

Pero, a diferencia del resto de los hipnotizadores, no se detuvo allí sino que especuló sobre la posibilidad de que las órdenes hipnóticas penetraran también en la mente pero en forma subrepticia, es decir, sin que la persona se prestara voluntariamente a ser hipnotizada.

Fue así que descubrió que cada vez que la mente de alguien, por alguna razón, disminuía su poder, es decir, caía en la inconsciencia -total o parcial-, se producía la misma grabación que cuando utilizaba el hipnotismo. En otras palabras, las personas vivían de la misma manera que si fueran constantemente hipnotizadas y despertadas, hipnotizadas y despertadas, y así sucesivamente.

A reglón seguido especuló sobre la posibilidad de que esas órdenes hipnóticas fueran las que producían los trastornos mentales, y comprobó que realmente era así. ¡Había descubierto el origen  de las aberraciones en el hombre!

Este descubrimiento fue el que lo llevó, a su vez, a descubrir que la mente analítica (o “consciente”) era totalmente inocente de los desaguisados provocados por los hombres a través de la historia, sino otra completamente distinta, que era precisamente la que archivaba las órdenes hipnóticas.

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A esta segunda mente la denominó “reactiva” porque no piensa antes de actuar -como la mente analítica-, sino que reacciona automáticamente ante un estímulo determinado. Y llamó “engramas” a las órdenes hipnóticas en ella archivadas.

Los engramas incluyen como parte de su contenido no solamente las palabras sino todo lo que ocurre a su alrededor y más aún: ruidos, olores, sensaciones táctiles, colores, etc. Todos estos son restimuladores similares a “cuando me toque la nariz harás tal cosa, y cuando me toque la corbata harás esta otra cosa”.

Obviamente se dio cuenta de que la mente reactiva era un mecanismo de supervivencia que todos los hombres poseían, inclusive animales y plantas.

El descubrimiento de la mente reactiva dejó al descubierto la paradoja de que la mente consciente era la única que podía quedar inconsciente, porque la mente reactiva, siendo un mecanismo de supervivencia, siempre estaba alerta, activándose para dirigir al organismo cuando la mente analítica se desconectaba por alguna razón.

El ejemplo clásico es el del boxeador que totalmente inconsciente sigue lanzando puñetazos al aire, algo que después, al recuperar la conciencia, no recuerda haber hecho.

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Hubbard dedujo que era lógico que existiera la mente reactiva, porque cualquier máquina estaría protegida con un fusible. Y la mente reactiva funcionaba como un fusible desconectando a la mente analítica y tomando el mando ante una emergencia. ¿De qué otra forma podría protegerse a una mente tan delicada como la analítica sino desconectándola? ¿Y de que otra forma podría protegerse al organismo cuando la mente analítica estaba desconectada sino asumiendo el mando? ¡Esto era supervivencia pura!

En sus investigaciones, como era de suponer, también descubrió que muchas de las personas sobre las cuales ponía a prueba sus descubrimientos habían sido hipnotizadas por agentes gubernamentales. Desde ya que las órdenes hipnóticas que les habían implantado eran horrorosas, especialmente porque habían sido implantadas a través del dolor. Este método fue denunciado por Stanley Kubrick en “La Naranja mecánica”.

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Es importante aclarar que una cosa es el hipnotismo que podríamos llamar “de salón”, donde la persona se somete voluntariamente a él, y otra cosa muy distinta es el hipnotismo cuyas órdenes se implantan mediante la tortura.

Las órdenes implantadas mediante la tortura tienen un tremendo poder compulsivo, al punto que cuando el operador brinda la clave, es decir, el restimulador, incluso telefónicamente, el sujeto cae en trance y quien actúa cumpliendo el mandato es realmente otra persona. Más tarde, esa persona ignorará completamente lo que hizo durante el tiempo en que era otra persona.

Quizás alguien se pregunte por qué razón es necesario el implante hipnótico mediante el dolor, y la respuesta es que el hombre es inherentemente bueno y solidario y para hacerlo un asesino se necesitan medidas extremas. El dolor, precisamente, es el que profundiza la orden hipnótica y hace que se cumpla inexorablemente.

Una vez descubierto el origen de las aberraciones, Hubbard se dedicó a investigar la forma en que podrían eliminarse de la mente reactiva los engramas-órdenes hipnóticas. Y así nació Dianética y más tarde Cienciología, cuya tecnología es más sofisticada y va más allá de la eliminación de los engramas.

Muchas veces oímos decir que “el tiempo cura todos los males”. Otro de los descubrimientos de Hubbard es que precisamente ocurre todo lo contrario, porque los engramas-órdenes hipnóticas no se eliminan con el tiempo sino que se acumulan, y al acumularse se agravan.

Una de las metas de Dianética y Cienciología es liberar a la mente reactiva de los engramas-órdenes hipnóticas, que equivale, primordialmente, a la restauración de la mente tornándola sana, es decir, sin aberraciones. La persona que ha logrado este estado se la denomina “clear” (aclarado).

LECTURA RECOMENDADA
La Ciencia de la Mente Ilustrada (Parte I)
(libro completo: al pie se incluye el link para acceder a la parte siguiente)

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
La verdad sobre Cienciología
Consecuencias de nuestros actos hostiles
Tiroteo en Washington
Asesinos programados
Mente reactiva y programación MK Ultra
Atentado de Boston
Las esclavas sexuales MK Ultra
Stanley Kubrick revela secretos Illuminati
Control mental basado en el trauma
El rostro oculto de Sasha Grey
¿Por qué mierda tengo ataques de pánico?
Los monstruos humanos que gobiernan el mundo (Parte I)
Los monstruos humanos que gobiernan el mundo (Parte II)
Los monstruos humanos que gobiernan el mundo (Parte III)
Los monstruos humanos que gobiernan el mundo (Parte IV)
Los monstruos humanos que gobiernan el mundo (Parte V)
Los monstruos humanos que gobiernan el mundo (Parte VI)
Los monstruos humanos que gobiernan el mundo (Parte VII)
El castigo, ¿sirve para educar?
Los asesinos no nacen, los hacen
La verdad sobre la adicción a la comida

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