El Electropsicómetro, el aparato que le falta a la Justicia Penal

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¿QUIÉNES OCULTAN SU EXISTENCIA?

por Horacio Velmont
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HORACIO VELMONT

¿Te imaginas que existiera un aparato que pudiera medir con exactitud el estado emocional de una persona al cometer un delito y señalara con precision del 100 %
si es imputable o inimputable? ¡Pues ese aparato existe pero se lo oculta!


El Electropsicómetro -abreviado “E-Metro”- es un aparato diseñado por L. Ronald Hubbard para ser aplicado en Cienciología, siendo básicamente un artilugio de una precisión 100 % que indica la carga (negativa) que una persona tiene alojada a nivel celular (mente reactiva). 

Esa carga, ténicamente denominada “engrama” (similar a una orden hipnótica)  provoca todos los trastornos mentales en los seres humanos que todos conocemos y que la Psiquiatría se ha esforzado por enlistar: fobias, psicosis, paranoia, esquizofrenia, manías, ataques de pánico, ansiedades, etc.

Afortunadamente, Hubbard también diseñó la tecnología para eliminar esas cargas negativas (en rigor, todo lo que se archiva en la mente reactiva es negativo), con lo cual, una vez hecho, la mente se recupera.

No obstante que Hubbard lo diseñó primariamente como artilugio terapéutico y para ser aplicado exclusivamente en las organizaciones de Cienciología, el aparato tiene otros usos colaterales, entre ellos operar como un infalible detector de mentiras, por un lado, y por el otro como un modo exacto de saber, por ejemplo, el grado de conciencia que tenía el acusado de un delito en el instante de cometerlo.  

Tomando un caso emblemático como lo es el del dentista Ricardo Barreda, que tomó una escopeta y mató a toda su familia, si se lo examinara con este aparato se vería que la aguja del cuadrante marca cero grado de capacidad analítica, es decir que cuando cometió el crimen prácticamente estaba inconsciente, o sea, completamente reactivo y no analítico (es obvio que una persona que toma una escopeta y mata a toda a su familia no puede estar en sus cabales).

Sin embargo, los psiquiatras que lo examinaron declararon que estaba lúcido y sabía perfectamente lo que hacía. ¿Por qué tanta diferencia?

En principio, el E-Metro permite que la persona, al “revivir” el delito, pueda reencontrarse en el mismo estado emocional en el que estaba cuando cometió el hecho criminoso, y en segundo lugar que el aparato lo indique.

Mencioné “revivir” y no “recordar” porque cuando uno recuerda lo hace desde tiempo presente, pero cuando revive el hecho retorna al suceso y lo vuelve a vivir tal cual sucedió. En el primer caso la carga no se elimina, pero en el segundo sí por una ley física: dos cargas iguales en el mismo espacio se anulan. Al desaparecer la carga desaparece también el trastorno mental que causaba.

En cambio, cuando lo examinan los psiquiatras forenses, el acusado se encuentra en un estado de ánimo distinto al del momento del hecho y resulta imposible saber con exactitud el grado de conciencia que tenía. ¿Qué hace entonces el psiquiatra forense? ¡Pues lo evalúa a “ojo de buen cubero!”.

El resultado es que a Barreda lo declaran imputable y apto para ser juzgado por el crimen cometido (sugestivamente el propio Barreda siempre declaró que no tenía conciencia alguna de lo que había hecho). La mayor sorpresa fue la de sus allegados, que lo conocían como un hombre sereno y tranquilo.

Desde ya que este crimen no fue más que la dramatización de uno o varios engramas, para lo cual inevitablemente tuvo que estar con la conciencia muy disminuida, que es precisamente lo que registra el E-Metro.

Salvando las distancias, es algo muy similar al boxeador que completamente “groggy” sigue tirando puñetazos al aire y luego no recuerda que lo hizo.

Jeffrey Dahmer, “El Carnicero de Milwakee”

¿Cuánto vamos a tener que esperar para que los expertos electrónicos de la Policía investiguen este aparato y lo pongan a disposición de los psiquiatras forenses para que ya no tengan que hacer evaluaciones “a ojo de buen cubero” y, por supuesto, dejen de cometer disparates, no solo en la Argentina sino en todo el mundo, declarando “sanos de mente y apto para ser juzgados” incluso a asesinos seriales que no solo matan sino que después se comen a sus víctimas.

NOTA ADICIONAL DE HORACIO VELMONT
La primera vez que entré en una organización de Cienciología, que a la sazón estaba en Lavalle al 700 (Buenos Aires), me hicieron una demostración con el E-Metro. El “auditor” me pidió que hiciera un recorrido mental desde mi casa hasta la sede mencionada. Lo hice, y cuando con mi pensamiento llegué a la intercesión de las calles Lavalle y Carlos Pellegrini, la aguja del cuadrante del aparato se movió indicando “carga”. Así me lo hizo saber el auditor.
Asombrado le dije que en ese lugar era imposible que hubiera sucedido algo porque no recordaba ningún incidente. Pedí hacer nuevo la prueba y el resultado fue el mismo No obstante, no estaba convencido y pedí hacer una tercera y última prueba. Entonces quise “trampear” al aparato y en lugar de pasar por ese lugar mi mente divagó por otros lugares. La aguja del aparato seguía inmóvil. Finalmente decidí pasar por esa intercesión pero lo hice a toda velocidad mental y la aguja se movió nuevamente indicando carga.
Naturalmente que el auditor me aclaró que el incidente de ese lugar había que auditarlo en la sesión correspondiente a fin de eliminar su carga. Efectivamente, más tarde recordé algo me hacía sucedido en ese lugar y que había sido muy doloroso para mí, que no es del caso mencionar aquí porque es personal. La máquina no se equivocó.
Otra prueba que me hicieron fue cuando el “auditor” me preguntó si alguna vez me había copiado en el colegio y de inmediato la aguja se movió marcando carga. Lo curioso es que la aguja siempre se mueve antes de que la persona recuerde el hecho. Y por supuesto que a los pocos segundos recordé que me había copiado alguna vez.
Otra prueba que recuerdo es que el “auditor” me pidió que me pellizcara el brazo suavemente. Una vez que lo hice esperamos unos diez minutos y dijo: “Ahora revive el pellizco” Lo hice y la aguja, tozudamente, marcó carga. Carga pequeña pero carga al fin.
Todo esto me demostró que el E-Metro es un aparato muy sofisticado que realmente funciona.
Tampoco puedo dejar de mencionar que el aparato es infinitamente superior al detector de mentiras conocido. Cierta vez me llevé un libro prestado de la organización, pero sin haberlo pedido previamente. En un chequeo de rutina el “auditor” me preguntó, luego de que tomé con las manos las latitas, si en alguna oportunidad me había llevado algo de la organización sin permiso y la aguja marcó carga. No hay que responder a la pregunta porque el aparato responde por nosotros. Cuando sucede algo así automáticamente uno queda separado de la organización y tiene que hacer un “manejo de ética” para poder volver. Por supuesto que lo hice y a partir de allí siempre pedí permiso antes de llevarme un libro.
La utilidad para la Policía y para la Justicia Penal de un aparato así es invaluable. Uno ya puede imaginarse al acusado de un delito donde, mientras él guarda absoluto silencio, la máquina, infalible 100 %, responde por él al interrogatorio del juez penal. El acusado puede mentir o equivocarse, pero la máquina no.

MAIL RECIBIDO
El E-Metro (abreviatura de Electropsicómetro) es un aparato que registra la carga engrámica acumulada en las células del paciente y sirve de ayuda al terapeuta para saber cuándo dicha carga fue eliminada (la aguja del cuadrante flota). Al psiquiatra forense también le sería útil para determinar el grado de imputabilidad del acusado, pues la aguja mencionada, según su posición en el cuadrante, indica con toda precisión el quantum de reducción analítica que tenía aquél al cometer el delito. Esto es posible porque el organismo humano está inherentemente estructurado para que todos los actos hostiles que cometa en contra de sus semejantes también se graben a nivel celular (mente reactiva) como carga dañina. Esto hace caer definitivamente, por superflua, cualquier idea de un “Dios castigador”. Los actos hostiles pueden ser borrados de la mente reactiva y la persona liberarse de las angustias que lo agobian. La confesión que practican algunas iglesias de sus fieles no es más que una versión mixtificada por ignorancia de la verdadera técnica.
Roberto T.

LECTURA RECOMENDADA
Dianética y Cienciología

La Ciencia de la Mente Ilustrada (Parte I)
(libro completo: al pie se incluye el link para acceder a la parte siguiente)

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
Criminología, ¿ciencia o seudociencia?
La verdad sobre Cienciología
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¿Qué nos sucede cuando cometemos un acto hostil?
¿Por qué mierda tengo ataques de pánico?
Vendo o alquilo trastornos mentales
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