El contagio de la aberración en la sociedad

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LOS ENGRAMAS SON COMO LOS VIRUS

por Horacio Velmont

(según las enseñanzas de L. Ronald Hubbard)

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Todos sabemos que las enfermedades son contagiosas. Los microbios, trasladándose de una persona a otra, transitan por todas las clases sociales sin respetar a ninguna, mientras no se los detenga con algún germicida, claro está.

Lo que no es tan sabido es que las aberraciones también son contagiosas y, de la misma forma que los gérmenes, no respetan a nadie, pasando de un individuo a otro, de padres a hijos, sin hacer excepciones, hasta que Dianética les pone fin.

Cuando hablamos de aberraciones nos estamos refiriendo a algo contrapuesto a la cordura, es decir, a toda desviación del pensamiento o comportamiento racional.

Las aberraciones, entre las que se incluye a todo comportamiento trastornado o irracional, están causadas por engramas, que son esencialmente estímulo-respuesta, prosupervivencia-contrasupervivencia.

Todas las enfermedades psicosomáticas están causadas por engramas. El engrama, se ha probado más allá de toda duda, es la única fuente de ellas. No hay otra.

Los momentos de “inconsciencia”, en los que la mente analítica está disminuida en mayor o menor medida, son los únicos momentos en los que pueden recibirse engramas.

El engrama es un momento de “inconsciencia” que contiene dolor físico o dolor emocional, con todas sus percepciones, y no está al alcance de la mente analítica como experiencia.

Encomillamos la palabra “inconsciencia” para indicar la disminución total o parcial de la capacidad analítica, porque en realidad la mente nunca está inconsciente, ya que cuando se “apaga” (desconecta) la mente analítica por alguna conmoción, de inmediato se “enciende” (se conecta) la mente reactiva, que opera como un mecanismo de supervivencia.

 

Esta mente reactiva es la que hace que un boxeador completamente “groggy” (aturdido) siga tirando trompadas al aire, o que un padre completamente anonadado saque a su hijo de un edificio incendiado sin que después tenga conciencia de su acto.

En el pasado a este contagio de la aberración se lo llamaba “demencia genética” (heredada) porque la experiencia parecía indicar que frecuentemente los hijos de padres aberrados también estaban aberrados. Pero se trataba de una mala observación, o en todo caso de una verdad a medias.

Sí, la demencia genética existe, pero está circunscripta a los casos en que realmente faltan partes, y sólo una ínfima proporción de la demencia cae en este grupo, manifestándose como estupidez o falta de coordinación (aparte de esto, per se no tiene ninguna cualidad aberrativa aunque, naturalmente, tales individuos siempre reciben engramas que complican sus casos y en este sentido sí pueden contagiar a otros).

¿Cómo se contagia la aberración? En realidad, el contagio de la aberración es muy sencillo. Ya hemos dicho que solamente en los momentos de “inconsciencia”, cortos o largos, y de mayor o menor profundidad, pueden los engramas ser implantados.

Cuando alguien queda “inconsciente”, es decir, valga la reiteración, analíticamente inconsciente, las personas que están alrededor reaccionan más o menos a las sugestiones imperativas de sus propios engramas; de hecho, la “inconsciencia” es causada con frecuencia por la dramatización de alguien (un claro o aclarado -“clear”, liberado de engramas- por consiguiente, podrá perder el conocimiento por culpa de un aberrado que está dramatizando, y esta dramatización del engrama del aberrado puede penetrar como engrama en el “clear”).

La mecánica es simple. Los individuos que están bajo tensión, si están aberrados, dramatizan engramas. Dicha dramatización puede incluir la lesión de otra persona y dejarla en un estado más o menos “inconsciente”. El individuo “inconsciente” recibe la dramatización como engrama.

Sin embargo, existe otra forma en que la aberración puede contagiarse. Por ejemplo, una persona anestesiada en una mesa de operaciones está sometida a la conversación más o menos aberrada de los médicos, enfermeras, anestesistas, etc.

Todo lo que se diga en ese momento en presencia del paciente anestesiado penetra en sus células como engrama.

Y lo mismo sucede si se trata de un accidente. El carácter cruento de éste puede provocar la dramatización de los presentes, incluso de los mismos paramédicos que lo asisten, y la víctima, si está “inconsciente”, recibe con absoluta certeza un engrama.

Los padres aberrados, por su parte, también contagian con toda seguridad engramas a sus hijos. El padre y la madre, al dramatizar sus propios engramas en presencia de sus hijos enfermos o lastimados, se los transmiten con la misma seguridad que si se tratara de bacterias.

Debe tenerse presente, sin embargo, que el banco reactivo completo de una criatura no está compuesto exclusivamente de los engramas de sus progenitores, ya que existen muchas circunstancias fuera del hogar en que el niño, en estado de disminución analítica, puede recibir engramas.

Además, los hijos no reaccionan a sus engramas del mismo modo que lo hacen sus padres, porque el niño, en última instancia, es un individuo con una personalidad inherente, un poder de elección y un modelo de experiencia diferente.

En lo que no existe ninguna duda es en la inevitabilidad de que los padres aberrados aberren de alguna forma a sus hijos.

Veamos lo que dice Hubbard en su libro “Dianética, la ciencia moderna de la salud mental”, ed. 1989, p. 187, respecto al contagio de la aberración en la sociedad:

Los conceptos equivocados y la falta de datos en la cultura de una sociedad también se convierten en engramas.

Así, si alguna sociedad creyera que comer pescado acarrea la lepra, es bastante seguro que este dato falso llegará a entrar en las personas de esa sociedad como engrama en sus mentes reactivas y, tarde o temprano alguien desarrollará una enfermedad semejante a la lepra después de haber comido pescado.

Las sociedades primitivas, al estar sujetas a un gran azote de los elementos, tienen muchas más ocasiones de ser lastimadas que las sociedades civilizadas.

Además, estas sociedades están rebosantes de datos falsos. Asimismo, su práctica de la medicina y de la curación mental está, por sí misma, en un nivel muy aberrativo.

El número de engramas en un zulú sería sorprendente. Si se le sacara de su área estimulante y se le enseñara inglés, escaparía al castigo de muchos de sus datos reactivos, pero en su hábitat nativo, el zulú está fuera de los barrotes de un manicomio sólo porque su tribu no tiene manicomio.

Que los pueblos primitivos están mucho más aberrados que los civilizados es una apreciación segura, que está basada en una experiencia mayor que aquella de la que generalmente disponen los que basan sus conclusiones sobre el “hombre moderno” en el estudio de las razas primitivas.

Su carácter salvaje y retrógrado, la frecuencia de sus enfermedades, todo ello proviene de sus modelos reactivos, no de sus personalidades inherentes.

Medir a un grupo de aberrados con otro grupo de aberrados no es probable que arroje muchos datos. Y el contagio de la aberración, al ser mucho mayor en una tribu primitiva, y la falsedad de los datos supersticiosos en los engramas de tal tribu, ambos llevan a sacar una conclusión que, cuando se observa la escena, es corroborada por la realidad. 

Es sumamente fácil observar el contagio de la aberración en el proceso de aclarar a cualquier aberrado cuyo padres reñían.

La madre, por ejemplo, al casarse podía no estar demasiada aberrada, pero si es golpeada por su esposo (quien en definitiva no está haciendo otra cosa que dramatizar sus propios engramas), comenzará a recibir las aberraciones de él como parte de su propio modelo aberrativo.

Esto se advierte con claridad cuando uno está auditando a alguien que fue concebido poco después del casamiento de sus padres.

El padre puede comenzar con determinada dramatización que tiene como contenido aberrante golpear a su esposa.

Pus bien, todo lo que él diga al dramatizar el engrama, tarde o temprano terminará por afectar a la esposa y ella (salvo que goce de un extraordinario equilibrio mental) puede comenzar a dramatizar estas cosas por su cuenta.

Así, después que el niño nazca, la madre empezará a su vez a dramatizar con su hijo, poniéndolo en un estado de restimulación constante..

Influencia del nacimiento en el contagio de la aberración.

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El nacimiento es uno de los engramas más notables en lo que concierne al contagio. Tanto la madre como el niño reciben en el parto el mismo engrama, difiriendo solamente en la localización del dolor y la profundidad de la “inconsciencia”.

Cualquier cosa que digan los presentes, médicos, enfermeras, etc., durante el acto de dar a luz, antes de retirar a la criatura, se registra en los bancos reactivos de la madre y del bebé creando un engrama idéntico en ambos.

Este engrama es enormemente destructivo en muchas formas. La voz de la madre puede restimular en el hijo el engrama del nacimiento, y a su vez la presencia del niño puede restimular en la madre el engrama del parto.

De esta manera ambos se restimulan mutuamente. Como también tienen en común todos los otros restimuladores (ruidos, por ejemplo), alguna circunstancia posterior en la vida puede contribuir a que los dos padezcan al mismo tiempo a causa del engrama.

Así, si durante el parto una puerta se cerró de golpe, más tarde el ruido de una puerta que se cierra de golpe disparará en ambos, simultáneamente, la dramatización del nacimiento con las hostilidades o apatías consiguientes.

Cuando el contenido del engrama del parto incluye, por ejemplo, enojo o desesperación del médico, el tono emocional del nacimiento puede ser grave.

Y si el médico llega a hablar, la conversación adquiere todo su significado literal, reactivo, tanto para la madre como para la criatura.

Respecto de lo aberrativo que puede ser el nacimiento, dice Hubbard en su libro “Dianética, la ciencia moderna de la salud mental”, ed. 1989, p. 189:

Se aclararon muchos casos en los que tanto la madre como el hijo estaban disponibles. En uno de estos se encontró a la madre (según escuchó el hijo durante el procesamiento dianético) gimiendo: “Me da tanta vergüenza, me da tanta vergüenza”, una y otra vez.

El hijo tenía una neurosis sobre la vergüenza. Cuando la madre se aclaró se encontró que su madre, al darla a luz, gemía: “Me da tanta vergüenza, me da tanta vergüenza”.

Puede suponerse que esto ha continuado, por contagio, desde que Keops construyera su tumba.

De acuerdo a lo expuesto precedentemente, vemos ahora la actitud que debe asumirse por los presentes durante el parto.

El principal recaudo que se debe tomar en presencia del nacimiento, para salvar la cordura de la madre y la del niño y para proteger el hogar al que irán, es mantener silencio. Y mantener silencio no significa un torrente de “shsss”, porque esto puede producir tartamudez.

Por otra parte, el acto de dar a luz es muy leve para una madre aclarada. Sólo los engramas de nacimiento lo hacían difícil.

Una madre que es “clear” no necesita anestesia. Y esto está bien, porque la anestesia produce un niño aturdido, y el engrama, cuando reacciona, lo hace aparecer como un niño lerdo.

En un aspecto más amplio, mantener silencio en torno a una persona “inconsciente” o lesionada es de tal importancia que sólo lo supera el evitar que se produzca una “inconsciencia”.

Hablar, no importa lo que se diga, en presencia de una persona “inconsciente” o lesionada, es amenazar su cordura. Lo único acertado que puede hacerse en torno a los enfermos y lesionados son acciones . Hablar puede llevarlos a la neurosis o a la demencia, o cuanto menos producirles una enfermedad futura.

Y por sobre todo, se debe mantener silencio ante una mujer que haya sido golpeada o sacudida de algún modo. Sólo se la debe ayudar, sin contestarle si habla. Quizás esté embarazada y quien la ayuda no lo sabe.

Es un hecho científico. y por demás notable, que los niños más sanos proceden de las madres más felices.

LECTURA RECOMENDADA
Dianética y Cienciología
La Ciencia de la Mente Ilustrada (Parte I)
(libro completo: al pie se incluye el link para acceder a la parte siguiente)

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
La verdad sobre Cienciología
Consecuencias de nuestros actos hostiles
Mente reactiva y programación MK Ultra
¿Por qué mierda tengo ataques de pánico?
Vendo o alquilo trastornos mentales
¿Qué nos sucede cuando cometemos un acto hostil …
El que las hace ¿las paga o no las paga?
¿Juicio por jurados o juicio por aberrados?
Internet profunda (Deep Web)
El castigo, ¿sirve para educar?
Padres contra hijos (la educación traumática)
La verdad sobre la adicción a la comida
La mente reactiva, tu archienemigo
Adopción homosexual, ¿sí o no?
La verdad sobre el Bondage
La verdad sobre la felicidad
La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte I)
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Criminología, ¿ciencia o seudociencia?
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Muerte de un hijo, ¿se puede superar?
No creas en todo lo que piensas
Psiquiatría Forense, ¿ciencia o seudociencia?
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