Pedofilia, ¿amor a los niños o enfermedad mental?

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EL ORIGEN DE LA ABERRANTE
ATRACCIÓN POR PREADOLESCENTES

por Horacio Velmont

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No hay duda alguna de que la pedofilia es una de las aberraciones más execrables en la que pueden incurrir los seres humanos, dejando de lado, obviamente, los sacrificios de niños, a los que son afectos ciertas sectas, incluso con prácticas de canibalismo, que son harina de otro costal.

Como muchas veces lo he señalado, la Red es el mejor lugar para enterarse de cuál es el estado de conocimiento en cualquier cuestión. En esa búsqueda encontré este artículo de Margo Kaplán, profesora de la Facultad de Derecho de Rutgerse, EEUU, que comienza bien y luego, por ignorancia supina, comienza a decir tonterías.

Pedofilia, enfermedad que precisa tratamiento

http://www.clarin.com/opinion/Pedofilos-tratamientos-enfermedad-prevencion_0_1253874882.html

Margo Kaplan ( profesora de la Facultad de Derecho de Rutgers, EE.UU.)          

Rememoremos nuestro primer enamoramiento infantil. Tal vez fue un compañero de clase o un vecino. Lo más probable es que, desde la escuela hasta la vida adulta, nuestros afectos hayan continuado centrándose en personas de nuestro grupo aproximado de edad. Pero imaginemos que no fuera así. Según algunas estimaciones, el 1 % de la población masculina sigue sintiéndose atraído, mucho después de la pubertad, por niños prepúberes. Esas personas viven con pedofilia, una atracción sexual por preadolescentes que suele constituir una enfermedad mental. Por desgracia, las leyes las ignoran y, en consecuencia, también ignoran las oportunidades de prevenir el abuso infantil.

El Manual de Estadísticas y Diagnósticos de los Trastornos Mentales define la pedofilia como un deseo sexual intenso y recurrente por niños prepúberes y como un trastorno si le causa a una persona una “fuerte angustia o dificultades interpersonales” o si esa persona actúa según sus intereses. Nuestras leyes, sin embargo, ignoran la pedofilia hasta que se ha consumado un delito sexual, lo que hace hincapié en el castigo, no en la prevención.

Parte de eso deriva del error de considerar que pedofilia es lo mismo que abuso infantil. Se puede vivir con pedofilia sin actuar en consecuencia. No es que esas personas sean pedófilos “inactivas” o “no practicantes”, sino que la pedofilia es una condición y no un acto. De hecho, la investigación indica que alrededor de la mitad de los abusadores de niños no se siente atraída sexualmente por sus víctimas.

Un segundo error de concepto es que la pedofilia es una elección. Investigaciones recientes, si bien con frecuencia se limitan a los delincuentes sexuales –debido al estigma de la pedofilia-, sugieren que el trastorno podría tener orígenes neurológicos. La pedofilia podría derivar de una deficiencia del cerebro en lo relativo a detectar qué estímulos sexuales deberían provocar una respuesta sexual. Las resonancias magnéticas por imágenes de delincuentes sexuales con pedofilia dan cuenta de una menor cantidad en el cerebro de las vías nerviosas conocidas como materia blanca. Los hombres con pedofilia tienen tres veces más probabilidades de ser zurdos o ambidiestros, un descubrimiento que sugiere una causa neurológica. Otros indicios apuntan también a que trastornos del desarrollo neurológico en el útero o en la temprana infancia incrementan el riesgo de pedofilia. Los estudios también han demostrado que los hombres con pedofilia también tienen, en promedio, puntajes más bajos en las pruebas de habilidad visual-espacial y memoria verbal.

Hasta aquí el artículo iba bien. Lo que sigue, si se quiere perder el tiempo en leerlo, hay que tomarlo como pura necedad.

Si bien el tratamiento no puede eliminar los intereses sexuales de un pedófilo, una combinación de terapia cognitiva-conductista y medicación pueden ayudarlo a manejar los impulsos y a evitar cometer delitos. Pero la razón por la que no sabemos lo suficiente sobre un tratamiento efectivo es que la investigación por lo general se ha limitado a quienes han cometido crímenes. Sin duda la extensión de la protección de los derechos civiles a las personas con pedofilia debe evaluarse en relación con las necesidades de seguridad y salud de otros, en especial de los niños. Es evidente que no debería contratarse a un pedófilo como maestro de grado. El análisis de la amenaza directa rechaza la idea de que los empleadores puedan basarse en generalizaciones. Deben evaluar el caso específico y basarse en pruebas, no en presunciones. Debe hacerse a un pedófilo responsable de sus actos, pero no de la atracción que siente. Argumentar a favor de los derechos de grupos vituperados y mal entendidos nunca es popular, sobre todo cuando se los relaciona con daños concretos.

Pero el hecho de que la pedofilia sea tan rechazada es precisamente el motivo de que la respuesta, tanto en la justicia penal como en salud mental, haya sido tan incoherente y contraproducente. Reconocer que los pedófilos tienen un trastorno mental y eliminar los obstáculos que les impiden mostrarse y buscar ayuda, no sólo es lo correcto, sino que también sería un gran paso para proteger a los niños.

Copyright The New York Times, 2014.

Lo más importante del artículo -en la parte que acierta, me refiero- es que efectivamente la pedofilia no es una elección sino una compulsión, la mayoría de las veces irresistible.

Esto es así porque la atracción por niños ya no es normal cuando uno es adulto, debiéndose a algún incidente ocurrido en la vida del pedófilo que le impuso dicha atracción. Por eso la pedofilia no es una elección.

Desde este punto de vista el pedófilo también es una víctima. Lo que ocurre es que no siempre los incidentes son tan compulsivos como para que uno no pueda manejarlos. Se trata de una delgada franca entre la libre elección y la compulsión incontenible.

Aclaremos estas explicaciones con un ejemplo. Supongamos que alguien está siendo operado, digamos de la vesícula, con anestesia total. En este estado el paciente, o mejor dicho su mente reactiva (la segunda mente después de la analítica o consciente) graba todo lo que allí ocurre como órdenes hipnóticas, técnicamente denominados “engramas”.


Un engrama contiene todos los percépticos adquiridos por el paciente desde el momento de la desconexión analítica por la anestesia hasta el momento en que despierta y recupera la conciencia (conversaciones, ruidos, sensaciones de dolor, olor, tacto, etc.). Desde ya que las operaciones quirúrgicas no son los únicos momentos en los que una persona puede perder la conciencia, pues, por ejemplo, puede caerse de una escalera o ser atropellada por un vehículo.

Como todo lo que se conversa alrededor de una persona inconsciente se graba en la mente reactiva como engrama (orden hipnótica), si los cirujanos conversan y uno le dice al otro cualquier cosa que dicha mente -que es un mecanismo de supervivencia que no piensa sino que reacciona ante un estímulo determinado- pueda interpretarlo irracionalmente como tener sexo con niños (v. gr., “el sexo es mejor cuanto más joven es la carne”),  es probable que en el futuro el otrora paciente sienta atracción por ellos sin saber la verdadera razón.

Pero si bien el pedofilo es una víctima, eso no significa que siempre sea excusable, porque seguirá siendo responsable, aunque su culpa variará dependiendo del grado de compulsión del engrama, es decir, de la profundidad de la inconsciencia y del grado de dolor padecido.

Si esto no queda bien entendido, todos estaríamos justificados en nuestro accionar erróneo. La clave es que nadie tiene por qué someterse a los dictados de sus engramas.

Hay otro aspecto importante a destacar, y es que los pedófilos han querido justificar su atracción sexual, así como también su práctica, sosteniendo que esa atracción es amor por los niños y no algo deleznable.

Sin embargo, eso no es más que lo que se denomina “pensamiento justificado”, es decir, el intento de la mente analítica o consciente para justificar la aberración. No hay que olvidar que la mente analítica o consciente no tiene la menor idea de por qué está impulsado a algo que en sí es tan aberrante, y entonces busca justificarlo. Ningún pedófilo va a reconocer abiertamente que su atracción sexual por los niños es una aberración.

Para comprender por qué esto es así hay que acudir al hipnotismo, ya que engrama y orden hipnótica son términos equivalentes.


Supongamos que una persona se somete a la hipnosis y el operador le dice, una vez en trance, que al despertar, y luego que dicho operador se toque la nariz, se sacará las medias y las colgará de la araña, se verá que así lo hace.

Si el operador le pregunta por qué hizo tal cosa, la persona vacilará, pero luego dirá algo así como “las medias estaban húmedas y por eso las colgué de la araña para que se sequen”. Nunca dirá, porque lo ignora, que el operador le dio esa orden absurda y para complacerlo la cumplió.

Y lo mismo sucederá si el operador le dice que cuando despierte y se toque la nariz sentirá que para el sexo no hay nada mejor que los niños. Y que cuando se toque la corbata sentirá que eso es una aberración y al que lo hace habría que sentenciarlo a prisión de por vida.

Se podrá observar el cambio de actitud cada vez que el operador se toque la nariz o  la corbata, sin darse cuenta de por qué lo hace, y en cada caso dará las explicaciones del cambio de parecer. Esto es “pensamiento justificado”.

Como lo dicho hasta aquí solo es un esbozo del tema, ya que en sí es mucho más complejo, al pie indicamos algunos links para aquellos que deseen profundizarlo.

Afortunadamente no todo está perdido para los pedófilos, porque Ronald Hubbard no solo descubrió la existencia de la mente reactiva y los engramas, sino también la tecnología para eliminarlos. De modo que si a una persona se le elimina el engrama que lo impulsaba a tener sexo con niños, automáticamente también pierde su atracción sexual por ellos. Es como si esa atracción nunca hubiera existido. La mente queda así reparada.

LECTURA ESPECIAL
La Ciencia de la Mente Ilustrada (Parte I)
(libro completo: al pie se incluye el link para acceder a la parte siguiente)

LECTURA RECOMENDADA
Abuso sexual y muerte de una reina de belleza infantil
https://horaciovelmont.wordpress.com/2015/08/16/el-asesinato-de-jonbenet-ramsey/

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
La verdad sobre Cienciología
Consecuencias de nuestros actos hostiles
Mente reactiva y programación MK Ultra
¿Por qué mierda tengo ataques de pánico?
Vendo o alquilo trastornos mentales
¿Qué nos sucede cuando cometemos un acto hostil …
El que las hace ¿las paga o no las paga?
¿Juicio por jurados o juicio por aberrados?
Internet profunda (Deep Web)
El castigo, ¿sirve para educar?
Padres contra hijos (la educación traumática)
La verdad sobre la adicción a la comida
La mente reactiva, tu archienemigo
Adopción homosexual, ¿sí o no?
La verdad sobre el Bondage
La verdad sobre la felicidad
La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte I)
La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte II)
Criminología, ¿ciencia o seudociencia?
La verdad sobre el dolor
Muerte de un hijo, ¿se puede superar?
No creas en todo lo que piensas
Psiquiatría Forense, ¿ciencia o seudociencia?
La terapia de choque
El mito del libre albedrío
Psiquiatría, una siniestra seudociencia
Terapias de aversión, añadiendo leña al fuego
El Electropsicómetro, el aparato que le falta a la Justicia Penal
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¿Son recuperables los Amish?
¿Robledo Puch puede salir libre?
El contagio de la aberración en la sociedad

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