Jorge Lanata contra la Psiquiatría

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UNA NOTA PERIODÍSTICA REVELADORA

por Horacio Velmont

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Así es, querido Watson, si la Psiquiatría supiera el origen de los
trastornos mentales, Jorge Lanata no hubiera podido escribir su artículo preguntándose por qué alguien toma drogas sin ponerse en ridículo…

No me había dado cuenta de que en el fondo mi artículo era contra la Psiquiatría…

http://www.ccdh.es/es_prensa-fraude-psiquiatrico.htm

Como todos saben, Cienciología, entre otras cosas, es una ciencia que nació para desterrar del planeta a la infame Psiquiatría, con sus drogas de muerte, electroshocks e ignorancia mortal de la mente humana y el origen de sus aberraciones.

Según la definición de Wikipedia, la Psiquiatría o Siquiatría (del riego psiqué, alma, e iatréia, curación) es la rama de la medicina dedicada al estudio de los trastornos mentales con el objetivo de prevenir, evaluar, diagnosticar, tratar y rehabilitar a las personas con trastornos mentales y asegurar la autonomía y la adaptación del individuo a las condiciones de su existencia.

¿Cual es el resultado de ese estudio? ¡Pues que la Psiquiatría aún  no tiene la menor idea del mecanismo mental, del origen de las aberraciones y, por supuesto -y menos aún-, de cómo curarlas.

La prueba de esta afirmación es que a pesar del tiempo transcurrido la Psiquiatría no puede presentar ni siquiera un solo enfermo mental que haya sido curado por ella. Lo reitero para que no quede ninguna duda: no existe nadie en este planeta que haya sido curado por la Psiquiatría.

¿Qué tiene que ver Jorge Lanata en todo esto? Pues que escribió un sugestivo artículo en el diario Clarín titulado: “Las drogas, y la única pregunta clave, ¿por qué las tomamos?”. Y el resultado fue un ataque indirecto a la Psiquiatría porque en su texto no menciona en ningún momento las razones por las cuales alguien se droga.

Pero ¿acaso no es la Psiquiatría la “ciencia” que debería decírnoslo y que esto ya tendría que ser de conocimiento de todos? Si en todo este tiempo de estudio los psiquiatras no  han logrado saberlo, ¿esto no estaría indicando que ya debería haber sido erradicada de las sociedades civilizadas? ¿Por qué los gobiernos subsidian algo que es obsoleto a ojos vistas?

El artículo de Jorge Lanata es realmente de antología, especialmente porque demuestra la obsolencia de la Psiquiatría y su fracaso para curar los trastornos mentales, lo cual es obvio porque si desconoce su origen, menos aún puede curarlos. Sería lo mismo que un plomero quisiera solucionar la humedad de las paredes desconociendo que siempre provienen de un caño roto. ¿Se entiende esto?

El 20 de mayo de 1616, el gobernador de Buenos Aires, Hernando Arias de Saavedra, publicó un bando prohibiendo la yerba mate. “Sugestión clara del demonio”, “vicio abominable y sucio que hace a los hombres holgazanes”. Los indios “jalaban” el mate como hoy se jala la cocaína; llevaban las hojas de yerba triturada y tostada. Durante la prohibición los españoles comenzaron a hacer lo propio y el combate contra el yerbatráfico concluyó cuando los jesuitas ingresaron al negocio instalando cultivos en las reducciones. En el Perú de los incas las hojas de coca eran un premio reservado sólo a los miembros de la Corte. En la Roma anterior al Imperio sólo podían tomar vino los mayores de treinta años; en Rusia beber café fue, durante más de medio siglo, un crimen castigado con tortura y mutilación de las orejas, y fumar tabaco se consideró excomunión entre los católicos, y se condenaba con desmembramiento en Turquía y Persia. En Buenos Aires, el Museo de la Ciudad aún conserva, en su botica, frascos de cocaína –era utilizada por los dentistas como anestesia– con la etiqueta de los Laboratorios Merck, lo que terminó bautizando “merca” al producto en el lenguaje coloquial.

A esta altura es una obviedad decir que la historia de las drogas se mezcla con la de la economía y la cultura: cada sociedad elegirá demonizar cada cosa. El trabajo más serio escrito en el mundo sobre el tema es Historia General de las Drogas, publicado en 1998 por el profesor español Antonio Escohotado. Allí describe lo bueno y lo malo de cada una, su historia, y ayuda a disipar los mitos. La muerte reciente de cinco chicos en Costa Salguero volvió a poner a full el motor de la hipocresía social; manos golpeándose el pecho, o dedos señalando responsables en medio de una enfermedad con la que convivimos a diario. El sentido común –como en tantos otros casos– parece no servir para esta discusión: la mejor manera de combatir las drogas es preguntándonos qué lleva a las personas a consumirlas. El problema de encontrar esta respuesta es que abarca al gerente que se toma tres whiskies de más, a la señora que duerme con su Lexotanil, al chico que vive frente a la pantalla, al fumador, a todos los que a diario intentamos, en vano, escapar del vacío. Una escena posible: el papá que juega en el casino y la mamá que toma ansiolíticos instan al nene a no fumarse un porro. Se dirá, entonces, que todo es cuestión de medida; puede ser, pero el estereotipo de “medida” excluye, en ese caso, a las drogas demonizadas por el sistema. Escohotado, como buen científico, consumió todas las drogas que describe (como lo hizo Freud en sus “Escritos sobre la cocaína”, o los poetas beatniks de los 60). 

Por qué algunas personas se drogan con marihuana y otras con la televisión, es una pregunta de una generalización imposible. Deberemos reducirnos a la experiencia personal: yo tomé cocaína entre los treinta y los cuarenta años, luego quise dejarla, hice un tratamiento y nunca más volví a drogarme. Tengo mi pequeña teoría: algunas personas somos más débiles para soportar el mundo, nos cuesta más, nos duele más y lo acolchamos con sustancias que nos permiten salirnos de él. Sé que las drogas hacen mal y no le recomendaría a nadie que se drogue, pero también sé que no puedo hacer, en lo personal, nada para evitarlo, incluso con mis hijas. Me pondría inmensamente triste que lo hicieran, pero espero haberlas educado para que sepan cómo salir de ahí. En estos días mi generación asistió a una discusión pública entre Pergolini y Petinatto. Mario sostuvo que “no es la música, no es la fiesta electrónica”, y Roberto dijo “¿El cine viene con pochoclos? Bueno, la música electrónica viene con pastillas”. Los dos están hablando de buena fe, pero creo que le asiste razón a Petinatto, aunque ahí caigo en un precipicio generacional: me dicen que, de algún modo, las pastillas “completan” la experiencia de la música electrónica. Si esto es así, estamos en un problema. 

Hasta aquí el artículo de Lanatta, y que nosotros aprovecharemos para explicarle las razones por las cuales alguien recurre a las drogas.

La persona sana mentalmente no se droga. Ni siquiera se le ocurre. ¿Quién es una persona sana mentalmente? Pues la que en su mente no tiene órdenes hipnóticas que lo impulsen a una conducta desviada de la razón, como drogarse, por ejemplo. Así de simple.

Aquí ya estamos dando indicios sobre el origen de los trastornos mentales: una o varias órdenes hipnóticas que aberran a la persona.

¡No digas una palabra más, te prefiero muda!


Para que una persona tenga órdenes hipnóticas incorporadas a su mente alguien tiene que habérselas implantado. Obviamente. Y en esto todos somos responsables porque todos somos o hemos sido hipnotizadores. El quid es que cada vez que hemos hablado frente a una persona cuya mente haya estado disminuida, total o parcialmente, a esa persona le hemos implantado una orden hipnótica. No seremos culpables por ello, a causa de nuestra ignorancia, pero sí responsables si más tarde esa orden hipnótica se restimula.

¡Estás sordo, nunca escuchas lo que te digo!

Esto es una verdad científica irrefutable porque las órdenes hipnóticas se implantan siempre que se hable en torno a una persona inconsciente, incluso aunque la inconsciencia no sea total, por ejemplo si está abrumada por alguna razón. No es necesario, por lo tanto, para hipnotizar a una persona, que ésta se someta voluntariamente a un hipnotizador para que le implante órdenes.

Esta verdad es la que ignora la Psiquiatría. ¿Cómo entonces va a poder curar a alguien si no sabe este hecho elemental?

Mi opinión es que en la vida hay que probar de todo…

El mejor ejemplo de lo que estamos explicando es el quirófano, donde no solo hay inconsciencia profunda por la anestesia, sino también sufrimiento de por medio, ya que el dolor hace más compulsiva la orden hipnótica. Si uno de los cirujanos mientras opera al paciente dice algo así como “en la vida hay que probar de todo”, ese paciente tiene una orden hipnótica de lujo que dice que “en la vida hay que probar de todo”.

Y si más tarde esa orden hipnótica se restimula porque su esposa tiene el mismo color de pelo que el de la enfermera, ese paciente puede verse impulsado a probar las drogas, porque “en la vida hay que probar de todo”, sin saber, por supuesto, que no es una decisión suya sino provocada por un implante hipnótico.

Naturalmente que estamos simplificando todo esto para que se entienda lo que tratamos de señalar, porque las órdenes hipnóticas no necesitan ser explícitas para impulsar a determinada conducta. Basta incluso una sola palabra que impulse a actuar: “Hazlo”.

Lo que antecede no puede comprenderse sin los descubrimientos de L. Ronald Hubbard sobre la mente humana, especialmente en lo que se refiere a la segunda mente de hombre, la mente reactiva, llamada así porque no evalúa la situación antes de actuar, como sí lo hace la mente analítica o consciente, sino que reacciona automáticamente ante un estímulo determinado.

Esta segunda mente es un mecanismo de supervivencia que poseen todos los seres vivos, y que se activa, grabando todo lo que sucede en un momento de desconexión analítica, como protección del organismo.

Si alguien es mordido por un perro, este hecho queda grabado en su mente reactiva y más tarde, cuando vea un perro o algo parecido a un perro, sentirá miedo y un impulso de huir. Que no lo haga y que se sobreponga a ese miedo es harina de otro costal.

La resistencia a cumplir las órdenes engrámicas puede ocasionar innumerables trastornos, dolores de cabeza o cualquier otro malestar: la mente reactiva tratando de que se la obedezca mediante el dolor. El dolor es el artilugio que utiliza inherentemente la mente reactiva para hacerse obedecer. Si el organismo no obedece, pues aplica más dolor.

Si alguien sube a un ascensor y empieza a temblar sin saber la razón (claustrofobia), es simplemente porque en algún momento de su vida algo similar le sucedió -por ejemplo un nacimiento difícil- y ahora su mente reactiva está tratando de advertirle del peligro. La mente reactiva no evalúa si hay o no realmente peligro. Si lo hiciera y perdiera tiempo en la evaluación, en el interín el organismo podría perecer.

La mente reactiva es la que nos hace pegar un salto si detrás nuestro suena una bocina, aunque después nos demos cuenta que era la de un triciclo. ¿Y si hubiera sido la de un vehículo? La mente reactiva no se pone colorada si se equivoca, ya que siempre actúa por las dudas. ¿Se entiende esto?

La Psiquiatría culpa de todo a la mente analítica o consciente de todos los trastornos mentales, desconociendo supinamente los descubribmientos de Hubbard, específicamente de la segunda mente, la mente reactiva. ¿Acaso esto es razonable cuando su libro “Dianética, la ciencia moderna de la salud metal” data de 1950, es decir más de 60 años? ¿Cuánto tiempo tiene que transcurrir hasta que los psiquiatras se den por enterados?

Ahora bien, cuando el periodista se pregunta por qué algunas personas se drogan con marihuana y otros con la televisión, la respuesta está en la mente reactiva, que siendo impredecible a causa de su interpretación literal de las órdenes hipnóticas que contiene -técnicamente denominados “engramas”- puede ordenar al organismo cualquier conducta de cualquier naturaleza. La mente reactiva, como mecanismo de supervivencia, no piensa, solo actúa. Y su actuación es literal: A=A=A=A. Cualquier cosa es igual a cualquier cosa.

Esta forma de operar de la mente reactiva es lógica, porque si de lo que se trata es  proteger al organismo, no puede detenerse a razonar si ese perro que se nos viene encima va a atacarnos o si se trata de un animal mansito que viene a lamernos. Para la mente reactiva ese perro es igual al perro que antes nos atacó y también a todos los perros que existen e incluso a todas las cosas que se parecen a un perro. Y hay que hacer huir al organismo a toda costa. La mente reactiva primero dispara y luego pregunta quien vive.

Pedro, tienes que apasionarte por todo…

Supongamos que el contenido verbal de un engrama que posee Pedrito es, por ejemplo, “tienes que apasionarte por todo”. Estas palabras le fueron dichas a Pedrito en un momento en que su mente analítica estaba disminuida por alguna razón -quizás un fuerte dolor de cabeza- y le quedó implantado como engrama.

Ante esta orden hipnótica la mente reactiva puede hacer disparar la conducta de Pedrito en cualquier dirección. Puede dedicarse al juego hasta perder la camisa. Puede fumar hasta morir con los pulmones alquitranados. Puede beber alcohol hasta ver elefantes rosas o enanitos verdes, o también dedicarse a asaltar bancos o ancianitas desprotegidas. ¿Se entiende esto?

La mejor prueba de lo señalado es que a todos los Pedritos a los que se eliminaron sus engramas con la tecnología descubierta por Ron Hubbard, esa orden compulsiva ya no operó en ellos simplemente porque ya no existía más.

¿Quieren un ejemplo más claro? Es lo mismo que uno ponga en corrección automática, si utiliza el Word, la palabra “haser”. Obviamente es un error porque va con “c”. Entonces uno procede a eliminar esa autocorrección errónea y el problema queda solucionado. Así también sucede cuando en la mente reactiva se eliminan los engramas que provocan las conductas aberradas: todo vuelve a la normalidad.

NOTA ADICIONAL DE HORACIO VELMONT

En Dianética, al individuo óptimo se le llama “clear” (claro, aclarado). Se puede someter a un clear a pruebas de todas y cada una de las psicosis, neurosis, compulsiones y represiones (todas ellas aberraciones), y se le puede examinar en busca de cualquiera de las enfermedades autogénicas (autogeneradas) denominadas enfermedades psicosomáticas. Estas pruebas confirman que el clear carece completamente de tales enfermedades o aberraciones. Pruebas adicionales de su inteligencia indican que ésta es muy superior al promedio actual. La observación de su actividad demuestra que se entrega a la vida con vigor y satisfacción.
Además, estos resultados pueden obtenerse comparativamente. A una persona neurótica, que posee además enfermedades psicosomáticas, se le puede someter a pruebas en busca de estas aberraciones y enfermedades, demostrándose que existen. Se le puede aplicar entonces la terapia dianética con el fin de eliminar estas neurosis y enfermedades. Finalmente, se la puede examinar obteniéndose los resultados antedichos. Esto, dicho sea de paso, es un experimento que se ha realizado muchas veces, siempre con los mismos resultados. Se puede probar en un laboratorio que todas las personas a las que no les falte ningún órgano del sistema nervioso responden de este modo al aclararse con Dianética.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
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La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte II)
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¿Robledo Puch puede salir libre?
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¿Puede repararse la mente?
Pedofilia, ¿amor a los niños o enfermedad mental?
Cómo transformar a un niño vivaz en autista
Los aplaudidores de Cristina, ¿por la plata baila el mono?
La violación de Rocío Girat

LISTA COMPLETA DE TEMAS ORDENADOS POR MATERIA (Conspiraciones, Misterios, Autoatentados, Religión, Ufología, Vaticano, etc.)
https://horaciovelmont.wordpress.com/2016/02/12/lista-completa-de-temas-por-materia/

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