Síndrome del impostor

Lista completa de temas

 EL QUID DE LAS ENFERMEDADES INVENTADAS

por Horacio Velmont

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Así es, querido Watson, el síndrome del impostor es una enfermedad
mental tan inexistente como un cuchillo sin hoja al que le falta el mango…
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“Lo estás haciendo mal, no mereces el crédito
que te dan, eres un fraude”…
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“Lo estás haciendo mal, Michelle, así nunca llegarás a nada,
y si por casualidad tienes éxito, un día descubrirán
que no vales nada, que eres un total fraude”…
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Michelle Pfeiffer
“Todos las mañanas me despierto pensando que éste será el día
en que se den cuenta de que soy un fraude, de que no merezco esta fama,
y de que más temprano que tarde tendré que volver a atender
la caja de un supermercado”.
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Algún día alguien me acusará de reiterativo, pero en mi defensa diré que lo que sucede es que cuando la madera es muy dura, los clavos solo entran cuando se los martilla muchas veces.
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¿Cuántas veces tendré que repetir que los trastornos mentales listados por la Psiquiatría o la Psicología no existen, de la misma manera que no existen distintos tipo de humedad de las paredes -como si fueran algo importante para destacar-, ya que todos tienen un  solo origen?
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No creo que en Plomería alguien se haya tomado el trabajo de hacer una lista de los tipos de humedad que hay en las paredes, ya que cualquier plomero sabe que si hay humedad hay un caño roto.
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Sin embargo, la Psiquiatría lo ha hecho con los trastornos mentales, cuando solo bastaba decir: “es la dramatización de un engrama”. Darle un nombre a cada uno de ellos es rimbombante y abasolutamente superfluo.
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Una de dos, o los psiquiatras son muy vivos o son muy estúpidos. Me reservo la opinión…
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No hay nada más inútil o absurdo, si se quiere, que hablar de “aracnofobia”, “aerofobia”, “claustrofobia”, “ludopatía”, o de cualquier otra terminología usada por la Psiquiatría o la Psicología para catalogar síntomas, cuando todos los trastornos tienen, igual que la humedad de la pared, y valga la reiteración, una sola procedencia.
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Veamos lo que dice Clarín sobre el llamado “Síndrome del impostor”:
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Ya era una figura consagrada en el difícil universo de Hollywood, al punto de que hasta había perdido el apellido: la tapa de una revista considerada la “biblia” en la materia había publicado una nota sobre ella llamándola, simplemente, Michelle. Sin embargo ella, Michelle Pfeiffer, protagonista de resonantes éxitos de taquilla, nominada varias veces al Oscar, decía, en otra entrevista: “Todos las mañanas me despierto pensando que ése será el día en que se den cuenta de que soy un fraude, de que no merezco esta fama, y de que más temprano que tarde tendré que volver a atender la caja de un supermercado”. Pues bien, ni Michelle estaba loca, ni se encontraba sola en su inquietud: se calcula que siete de cada diez personas han sentido lo que los estudiosos dieron en llamar “síndrome del impostor”, así bautizado en 1978 por la psicóloga Pauline Clance. Otra especialista, la bióloga y consultora Aída Baida Gil, explica que quienes lo sufren tienen la sensación de no estar nunca a la altura, de no ser lo suficientemente buenos o competentes; es decir, “de ser impostores, un fraude”. No hay rubro, profesión, actividad o género que se le resista. Las víctimas de este síndrome -desde exitosos empresarios hasta brillantes científicos, excelentes artistas y siguen las firmas – dudan acerca de sus verdaderos méritos, valores y capacidades; temen al fracaso y a no ser tan capaces como los demás creen, y tienen tendencia a subestimarse, más allá de todos los logros o éxitos que alcancen: piensan que se deben más a la suerte que al talento. Para todos ellos, Baida Gil recomienda: “La próxima vez que alguien te haga un elogio, ni te excuses ni te justifiques: simplemente da las gracias”.
“A veces me despierto en la mañana antes de ir a filmar,
y pienso, no puedo hacer esto. Soy un fraude”.
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La lista de personas que padecen este síntoma es bastante larga, significando ello que las aberraciones son contagiosas, tema que puede profundizarse acudiendo al respectivo link indicado al pie.
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También puede profundizarse sobre este síntoma acudiendo al link denominado “No creas todo lo que piensas”.
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El nacimiento es uno de hechos más aberrantes, porque todo lo que hablan los médicos y las enfermeras se graba en la mente reactiva del bebé y de la madre como órdenes hipnóticas, técnicamente llamados “engramas”, y más tarde  ambos operarán como restimuladores mutuos de dichas órdenes hipnóticas.
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Si uno de los médicos le dice a una enfermera que no vale nada, que será siempre un fraude, tanto la madre como la criatura recibirán estas palabras, a nivel celular, como órdenes hipnóticas.
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Si por ejemplo en el momento del parto una ventana se cerró con estrépito, un ruido similar que se produzca más tarde será un restimulador de los engramas en ambas, la madre y la criatura, y ambas se sentirán como que no valen nada y que siempre serán un fraude, sin saber la verdadera razón.
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Más tarde, si se produce alguna situación similar, el engrama presente se unirá al anterior y reforzará la dramatización haciéndola más compulsiva. Esto es así porque los engramas similares se enlazan como los eslabones de una cadena y si se restimula uno se restimula también toda la cadena aumentando el trastorno.
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¡Ahora recuerdo! Yo estaba escribiendo algo
en el pizarrón y la maestra me dijo:
“Lo estás haciendo mal, Michelle, así nunca llegarás a nada, y si por casualidad
tienes éxito, un día descubrirán que no vales nada, que eres un total fraude…”.
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La prueba definitiva de que el origen de todos los trastornos mentales es únicamente la mente reactiva, lo prueba el hecho de que cuando se encuentra el engrama-orden hipnótica que los provoca y se elimina, los trastornos mentales desaparecen como por arte de magia.
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COMENTARIO ADICIONAL DE HORACIO VELMONT
En la Red hay innumerables páginas que hablan del Síndrome del impostor, denominado también del fraude, pero lamentablemente divagan porque desconocen el verdadero origen del problema. Y lo peor es que pretenden dar soluciones para superarlo.   
LECTURAS COMPLEMENTARIAS

DIANÉTICA Y CIENCIOLOGÍA
La verdad sobre Cienciología
Consecuencias de nuestros actos hostiles
Mente reactiva y programación MK Ultra
¿Por qué mierda tengo ataques de pánico?
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¿Qué nos sucede cuando cometemos un acto hostil …
El que las hace ¿las paga o no las paga?
¿Juicio por jurados o juicio por aberrados?
Internet profunda (Deep Web)
El castigo, ¿sirve para educar?
Padres contra hijos (la educación traumática)
La verdad sobre la adicción a la comida
La mente reactiva, tu archienemigo
Adopción homosexual, ¿sí o no?
La verdad sobre el Bondage
La verdad sobre la felicidad
La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte I)
La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte II)
Criminología, ¿ciencia o seudociencia?
La verdad sobre el dolor
Muerte de un hijo, ¿se puede superar?
No creas en todo lo que piensas
Psiquiatría Forense, ¿ciencia o seudociencia?
La terapia de choque
El mito del libre albedrío
Psiquiatría, una siniestra seudociencia
Terapias de aversión, añadiendo leña al fuego
El Electropsicómetro, el aparato que le falta a la Justicia Penal
Facundo Manes, el cavernícola
¿Son recuperables los Amish?
¿Robledo Puch puede salir libre?
El contagio de la aberración en la sociedad
El verdadero origen de la violencia de género
La verdad sobre el duelo amoroso
¿Puede repararse la mente?
Pedofilia, ¿amor a los niños o enfermedad mental?
Cómo transformar a un niño vivaz en autista
Los aplaudidores de Cristina, ¿por la plata baila el mono?
La violación de Rocío Girat
Jorge Lanata contra la Psiquiatría
El misterio de los “Niños Solares” de Paquistán
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La mujer golpeada y el botón de contacto
Muhammad Ali, víctima del boxeo
Cristina y el mito de la impunidad
¿El perro es el mejor amigo del hombre?
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La verdad sobre el “baypass gástrico”
Por qué defiendo a Cienciología
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Los heterosexuales “flexibles” (crossdressers)
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