Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal

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 UN NOMBRE RIMBOMBANTE PARA UN
TRASTORNO MENTAL INEXISTENTE

por Horacio Velmont

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Cuando George Boyer era niño no quería ser atleta o una estrella de rock, sino, como su mayor deseo, un hombre con una sola pierna. Tuvo que esperar hasta los 68 años para conseguir su sueño. Boyer se pegó un tiro en la pierna. Los médicos del hospital dijeron que podían salvarla, pero Boyer los convenció para que la amputaran. Vivió feliz con una pierna durante el resto de su vida.

Antes de exponer el origen de este aparente extraño padecimiento veamos este texto que encontré en Internet sobre el tema.

HOLA, SOY TU CEREBRO Y QUIERO QUE TE AMPUTES LA PIERNA
https://es.noticias.yahoo.com/blogs/neurolab/hola-soy-tu-cerebro-y-quiero-que-te-062541213.html

Chloe Jennings-White tiene 58 años y quiere perder las piernas. Desde hace años trata de encontrar una manera de lesionarse y ahora busca un cirujano que le ayude a realizar su sueño, quedarse sin movilidad en las extremidades inferiores. Su deseo de ser paralítica llega al extremo de que se desplaza en una silla de ruedas y vive como si estuviera impedida. De pequeña, explica esta ciudadana de Utah (EEUU), sentía celos de los niños minusválidos y de una tía que necesitó una prótesis tras sufrir un accidente de bicicleta.

El problema de Chloe está en su cerebro. Sufre lo que se conoce como un “Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal”, conocido a veces como apotemnofilia y otras por sus siglas en inglés BIID (Body Integrity Identity Disorder). Su caso, que saltó hace unos días a la fama, es una de las expresiones de este trastorno, aunque la mayoría de los afectados no quieren perder la movilidad, sino que buscan directamente que se les amputen ese miembro que su cerebro rechaza como extraño.

En 2009, por ejemplo, el australiano Dave Openshaw metió su pierna izquierda en un cubo lleno de hielo durante seis horas y cuando llegó al hospital los cirujanos no tuvieron más remedio que amputarle el miembro por debajo de la rodilla. Era exactamente lo que buscaba, puesto que su pierna resultaba un objeto extraño e insoportable para él. “He pasado años fantaseando con ello y por fin ya no está allí”, relataba. “Me he quitado un peso de encima”. Una mañana soleada de 2001, en Florida, George Boyer cogió su arma, se dirigió al patio trasero de su casa y se disparó en la pierna. Cuando llegó al hospital, los cirujanos se quedaron de una pieza cuando el chico les pedía a gritos que le amputaran la pierna a pesar de que parte era salvable. “Nadie puede imaginar el deseo irracional que he tenido desde que tengo recuerdo”, explica. “Por primera vez en mi vida, soy feliz”.

En el documental de 2003 “Whole”, dirigido por Melody Gilbert, varios de estos pacientes relatan su lucha para conseguir ser amputados, ante la incomprensión de los médicos y la sociedad. “Obviamente es extraño”, dice Kevin, un profesor universitario al que amputaron la pierna. “Pero saber que es extraño y decir que es anormal no acaba con el problema”.

Por si los pacientes con Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal tuvieran pocos problemas, resulta que apenas se sabe nada del origen de su enfermedad. En principio todo apunta a que se trata de una anomalía en la representación que el cerebro tiene del esquema corporal. En 2008, el famoso neurocientífico V.S. Ramachandran de la Universidad de California, San Diego, investigó la actividad cerebral de estos pacientes y descubrió una diferencia con los sujetos sanos. Cuando a una persona sin el BIID se le toca cualquier parte del cuerpo, una región del cerebro relacionada con la percepción corporal, el lóbulo frontal superior, se activa. En los pacientes con BIID, en cambio, “si se tocaba la parte del miembro que cada uno quería que extirpasen, no se detectaba ninguna actividad”. El miembro ‘extraño’ no se detectaba en el escáner cerebral pero el miembro no afectado, sí.

El otro estigma que lleva asociada la enfermedad es el sexual. Este tipo de pacientes se suelen excitar sexualmente y se sienten atraídos por personas a las que les falta exactamente el mismo miembro que ellos fantasean perder. El hecho de haber bautizado la enfermedad en un principio como “apotemnofilia” ayudó a confundirlo con una parafilia en la que el sujeto se siente atraído por personas amputadas.

Como muchas veces lo he dicho y lo voy a reiterar una vez más, no es necesario el diagnóstico para categorizar las enfermedades mentales porque todas tienen el mismo origen: la mente reactiva, la segunda mente del hombre, que es un mecanismo de supervivencia que todos los seres vivos tienen, no importa el reino al que pertenezcan.

Cuando despiertes y me toque la punta de la nariz sentirás un deseo
irrefrenable de deshacerte de una parte de tu cuerpo porque te afea,
y cuando me toque la corbata sentirás, por el contrario,
que nunca te desharías de alguna parte de tu cuerpo
porque todas son hermosas…
.

Para que se entienda bien sobre cuál es el origen de ese aparente extraño deseo de “deshacerse de algo”, digamos que este trastorno se puede reproducir fácilmente a través de la hipnosis.

Esto significa que en la vida real también este deseo o impulso de deshacerse de algo proviene de una orden hipnótica, pero que se produce sin necesidad de un operador que la implante. La misma vida, con sus circunstancias, es la que lo hace.

En cualquier situación en que una persona disminuya su poder mental se activa su mente reactiva grabando todo lo que sucede alrededor como orden hipnótica (técnicamente denominado “engrama”).
.

¿Por qué lo hace? Porque al ser un mecanismo de supervivencia, cuando en el futuro se produzca una situasión similar, incluso lejanamente similar, impulsará al organismo a huir hacia la salvación, real o aparente.

Pero así como la mente reactiva funciona, por una parte, como mecanismo de supervivencia, al mismo tiempo también funciona, por la otra, como mecanismo de aberración, ya que todos los trastornos mentales tienen este origen, o por lo menos la inmensa mayoría.

Veamos un ejemplo de cómo puede producirse este famoso “Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal”, por el cual quien lo padece quiere desesperadamente deshacerse de una porción de su cuerpo. Supongamos que un pequeño se cae de su bicicleta y su padre, fuera de sí quizás porque su hijo ya se cayó varias veces, le grita: “¡Tienes que deshacerte de ella porque de lo contrario terminarás muerto!”.

Por supuesto que él se está refiriendo a la bicicleta y no a una pierna, pero resulta que la mente reactiva funciona con la ecuación: A=A=A=A, es decir todo es igual a todo y cualquier cosa es igual a cualquier cosa. Y  puede haber “interpretado” que la orden es para que se deshaga de una pierna. La mente reactiva es irracional e impredecible.

La mente reactiva no razona, porque siendo un mecanismo de supervivencia, si se detendría a evaluar la situación, en el ínterin el organismo podría perecer. Caso, por ejemplo, del que escucha una bocina detrás suyo y la mente reactiva le hace pegar un salto. El hecho de que dicha bocina haya provenido de un triciclo no importa, porque podría haber sido la de un camión de 50 toneladas.
.

¿Se entiende ahora por qué la mente reactiva funciona con la ecuación A=A=A=A? ¡La bocina del triciclo es igual a la bocina del camión es igual a la sirena de una fábrica anunciando a los obreros la finalización de la jornada de trabajo es igual a cualquier ruido que se parezca a una bocina! Quizás en el pasado fue realmente atropellado por un vehículo a pesar de que el conductor le avisó con la bocina que lo iba a impactar. Este hecho lo tenía grabado como engrama en su mente reactiva, y ahora le estaba avisando sobre una situación similar.

Se podría decir, expresándolo con humor, que la mente reactiva es un mecanismo que primero dispara y luego pregunta quién vive. ¿Se entiende el punto?

La mente reactiva es en realidad un mecanismo de categoría subidiota, y tiene que serlo porque su función no es analizar la situación -labor destinada a la mente analítica o consciente-, sino reaccionar automáticamente ante una situación de peligro o supuesto peligro.

Como todo lo que entra en sus archivos es supervivencia -precisamente porque entró cuando la conciencia estaba disminuida o directamente desconectada- en el ejemplo brindado del niño que se cae de la bicicleta, lo que le dice el padre tiene ese carácter, y todos los percépticos de ese momento -ruidos, olores, sensaciones táctiles, conversaciones- son restimuladores que si vuelven a aparecer en el medio ambiente, aunque sea en apariencia, activarán el contenido del engrama y la mente reactiva exigirá que se “deshagan de ella”.

¿Qué es un disparate? ¡Por supuesto que lo es! Pero es así como “piensa” la mente reactiva.

Probablemente se pueda justificar la existencia de esta mente tan elemental diciendo que este mecanismo es la única forma de lograr que un organismo sobreviva, y que la delicada mente analítica o consciente solo puede ser defendida por una máquina que sea así de subidiota. Pero sea como fuere, el asunto es que funciona así.

En mi opinión, la mente reactiva le sirvió muiy bien al hombre primitivo para sobrevivir, pero los hombres civilizados ya no deberíamos necesitarla. Si la necesitamos para sobrevivir es que aún seguimos siendo primitivos. En Cienciología, precisamente, el “clear” (aclarado) no tiene engramas que lo aberren y su mente analítica funciona siempre a pleno.
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COMENTARIO ADICIONAL DE HORACIO VELMONT
En un caso real relatado por el propio Ronald Hubbard, una madre se quejaba constantemente en el lecho de su hijo enfermo: “!No lo soporto más, no lo soporto más!”. Cuando su hijo mejoró no podía caminar porque sus piernas no eran capaces de sostener el cuerpo. La auditación dianética demostró que la mente reactiva del niño había “interpretado” que las piernas no podían sostener el cuerpo. Obviamente, una vez eliminado el engrama, el niño volvió a caminar. Esto demuestra a cabalidad la categoría subidiota de la mente reactiva, que curiosamente tanto te salva como te hunde.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
DIANÉTICA Y CIENCIOLOGÍA
La verdad sobre Cienciología
Consecuencias de nuestros actos hostiles
Mente reactiva y programación MK Ultra
¿Por qué mierda tengo ataques de pánico?
Vendo o alquilo trastornos mentales
¿Qué nos sucede cuando cometemos un acto hostil …
El que las hace ¿las paga o no las paga?
¿Juicio por jurados o juicio por aberrados?
Internet profunda (Deep Web)
El castigo, ¿sirve para educar?
Padres contra hijos (la educación traumática)
La verdad sobre la adicción a la comida
La mente reactiva, tu archienemigo
Adopción homosexual, ¿sí o no?
La verdad sobre el Bondage
La verdad sobre la felicidad
La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte I)
La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte II)
Criminología, ¿ciencia o seudociencia?
La verdad sobre el dolor
Muerte de un hijo, ¿se puede superar?
No creas en todo lo que piensas
Psiquiatría Forense, ¿ciencia o seudociencia?
La terapia de choque
El mito del libre albedrío
Psiquiatría, una siniestra seudociencia
Terapias de aversión, añadiendo leña al fuego
El Electropsicómetro, el aparato que le falta a la Justicia Penal
Facundo Manes, el cavernícola
¿Son recuperables los Amish?
¿Robledo Puch puede salir libre?
El contagio de la aberración en la sociedad
El verdadero origen de la violencia de género
La verdad sobre el duelo amoroso
¿Puede repararse la mente?
Pedofilia, ¿amor a los niños o enfermedad mental?
Cómo transformar a un niño vivaz en autista
Los aplaudidores de Cristina, ¿por la plata baila el mono?
La violación de Rocío Girat
Jorge Lanata contra la Psiquiatría
El misterio de los “Niños Solares” de Paquistán
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La mujer golpeada y el botón de contacto
Muhammad Ali, víctima del boxeo
Cristina y el mito de la impunidad
¿El perro es el mejor amigo del hombre?
Cristina y la violación de los códigos morales
Los humanos robots
La verdad sobre el “baypass gástrico”
Por qué defiendo a Cienciología
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Los heterosexuales “flexibles” (crossdressers)
Falacias de la Neurología

 

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