La depresión, sus verdaderas causas

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 ¿UN GEN LA PROVOCA?

Horacio Velmont
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Así es, querido Watson, la depresión es un asunto demasiado serio
como para encargarle la investigación de sus causas a los psiquiatras …

http://www.clarin.com/sociedad/identificaron-gen-causaria-depresion_0_BkmiveSPx.html

Según apareció la noticia en Clarín -¿cuándo no?- científicos rusos habrían identificado el gen de la depresión, una enfermedad que es la principal causa de discapacidad en el mundo y que afecta a unos 350 millones de personas.

Este descubrimiento es algo tan absurdo como sostener que lo que causa la destrucción de la pared es la humedad, cuando en realidad la causa verdadera es el caño roto, siendo la humedad solo un efecto de él.

Y la prueba de este aserto es que si eliminamos la humedad de la pared reparándola, sin ocuparnos del caño roto, la humedad retornará y la pared volverá a destruirse.

Concretamente, y para ser breve, haciendo una comparación, la depresión no está causada como afirman los psiquiatras por las vicisitudes de la vida -muerte de seres queridos, pérdidas de trabajos, abandonos de parejas, etc.- sino por órdenes hipnóticas que provocan ese estado al restimularse. 

Rebovinando, entonces: la muerte de un ser querido no es la causa primaria de la depresión, de la misma forma que la causa primaria del deterioro de la pared no es la humedad. La causa primaria de la depresión provocada por la muerte de un ser querido es el implante de un engrama de dolor emocional, ya que si tal implante no existiera no habría depresión sino una trizteza normal por la pérdida, en cuanto formaría parte de las experiencias normales la vida.

Hasta ahora todos los intentos de la Psiquiatría para solucionar el problema de la depresión han fracasado, debiéndose fundamentalmente este fracaso al desconocimiento de sus causas.

La Psiquiatría es muy hábil para denominar los trastornos: Melancolía, desámino, tristeza, desilución, desmotivación, cambios en el estado de ánimo.

O para diagnosticar síntomas:  Dificultad para conciliar el sueño o exceso de sueño, cambio dramático en el apetito, a menudo con aumento o pérdida de peso, fatiga y falta de energía, sentimientos de inutilidad, odio a sí mismo y culpa inapropiada, dificultad extrema para concentrarse, agitación, inquietud e irritabilidad, inactividad y retraimiento de las actividades usuales, sentimientos de desesperanza y abandono, pensamientos recurrentes de muerte o suicidio.

¿Pero de qué sirve todo eso o decir que “el trastorno depresivo es una enfermedad que afecta al organismo (al cerebro), el ánimo y la manera de pensar, en especial a cómo uno se valora a sí mismo (autoestima), y de comportarse (abandono de obligaciones, aislamiento de los demás, etc.), y que además altera funciones corporales, como la forma en que una persona come y duerme?”.

O generalizar: “No todas las personas depresivas padecen de todos los síntomas. Algunas presentan unos pocos, y otras, muchos. La gravedad de los síntomas varía según la persona y también puede variar con el tiempo”.

O preguntarse: “¿Por qué nos deprimimos?” y de inmediato responder: “No existe una sola causa de la depresión. Hoy se piensa que las causas de los trastornos depresivos generalmente incluyen una combinación de factores genéticos, psicológicos y ambientales”.

Nada de esto le sirve a nadie y hay que dejarlo en el terreno de las declamaciones pomposas, banales o superfluas.

Con “conocimientos” así, ¡pobre del que acude a un psiquiatra para solucionar su trastorno depresivo o de cualquier otra índole!

Pero ya hemos perdido demasiado tiempo en la crítica y es hora de pasar a la verdadera causa de la depresión y por supuesto a su solución.

El primer error de la Psiquiatría, cabe señalar, es ponerles nombres a los distintos trastornos con la idea de que así uno sabe de qué se trata. Pero la verdad es que no existe Depresión Mayor, ni Depresión Menor, ni ningún trastorno catalogado o a catalogar por la Medicina, la Psicología o la Psiquiatría: todos los trastornos son provocados por la mente reactiva y la consecuente dramatización de sus engramas, particularmente en razón del contenido verbal.

Ahora bien, ¿cómo alguien se vuelve depresivo? Supongamos que un paciente está anestesiado en la mesa de operaciones y uno de los cirujanos le dice a la enfermera al verla algo caída: “Hoy no tienes buena cara, debes estar triste por alguna razón”

Estas palabras, dichas ante personas que están conscientes, es decir, analíticas, no producen ningún efecto negativo, pero en el caso del paciente anestesiado se graban como órdenes hipnóticas, técnicamente llamados “engramas”, que precisamente se implantan cuando la mente analítica está desconectada. Además, el dolor potencia el efecto compulsivo del engrama.

El resultado es que  dicho paciente tendrá implantado a nivel celular un engrama, similar a una orden hipnótica, con el contenido verbal “debo estar triste por alguna razón”. La mente reactiva interpreta todo literalmente porque es un mecanismo de supervivencia que no analiza la situación antes de actuar ya que no tiene tiempo, pues su misión es salvar al organismo de un peligro inminente haciéndolo huir.  

Más tarde, el paciente con ese engrama-orden hipnótica puede encontrar en su ambiente algo similar al entorno del quirófano, por ejemplo el color del cabello de la enfermera puede ser similar al de su esposa, y el engrama con la orden de estar siempre triste se reactivará y consecuentemente se sentirá triste sin saber la razón. 

Como este contenido verbal y las combinaciones de palabras pueden ser tan variados hasta el infinito, resulta que los trastornos también pueden ser tan variados hasta el infinito. Ésta es la razón de que una determinada enfermedad, catalogada por la Psiquiatría, presente otros síntomas que se alejan de esa enfermedad y sea tan incierto su encuadramiento psicológico. Diciendo que todos los trastornos mentales se deben a engramas, la complicación de diferenciar a cada trastorno se acaba.

Esto significa que no se puede catalogar a una persona como padeciendo determinada enfermedad, por ejemplo de “Depresión mayor” y tratarlo solamente de este problema. La persona que está depresiva tiene en restimulación uno o varios engramas que le producen ese estado.

Veamos el ejemplo de un globo aerostático. Si tiene dificultad para elevarse lo que hay que hacer es eliminar la carga, por ejemplo las bolsas de arena. Sería un error que se pagaría caro forzar la llama para obligarlo a subir con toda la carga. Tampoco sería lógico que en lugar de eliminar la carga se utilizara un combustible más potente porque terminaría incendiando todo el globo.

¿Qué hace la Psicología o la Psiquiatría cuando se trata de un ser humano? Pues en lugar de eliminarle la carga (los engramas) le pone más carga, sea con terapia o con drogas.

Las drogas para curar un trastorno mental no sirven porque al no eliminar el engrama lo que hacen es trasladarlo a otro lugar. 

Un estado depresivo también puede ser el resultado de una pérdida, por ejemplo la muerte de un familiar. La muerte de un familiar siempre provoca un engrama de emoción dolorosa, que en realidad es la verdadera causa de la depresión. Se cura eliminando ese engrama. Mientras no se lo elimine, el engrama estará en constante restimulación y provocando tristeza extrema a la persona que sufrió la pérdida. Todos los objetos del hogar que habitó, por ejemplo, son restimuladores potenciales respecto de quienes convivieron con él y sufrieron su muerte. 

Es importante reiterar que no es, por ejemplo, la muerte de un familiar lo que produce la depresión, sino el engrama cuya muerte provoca. Si muere un familiar y no implanta ningún engrama, esa muerte se archiva no en los bancos de la mente reactiva sino en los bancos de memoria de la mente analítica, y por lo tanto, siendo un recuerdo y no un engrama, no es aberrativo. ¿Se entiende el punto?

Lo que ocurre es que a lo largo de la vida las personas sufren muchas pérdidas, de trabajo, de amistades, de objetos, que a su vez implantan engramas. Y cuando esos engramas se acumulan y se restimulan todos a la vez, la persona sucumbe a la tristeza extrema.

Para colmo, esos engramas de emoción dolorosa están enganchados con traumas físicos, que también provocan implantes. Es algo similar a una larga cadena cuyos eslabones serían los engramas.

Una persona que sufre una profunda depresión, consecuentemente, puede ser debido a un solo incidente que le haya implantado un profundo engrama, por ejemplo la muerte de un hijo, o también a varios incidentes sufridos a lo largo de la vida.

Pero como en el transcurso de la existencia son muchos los engramas implantadas en una persona, no tiene sentido tratar a una persona de un determinado trastorno sino que lo que hay que hacer es eliminar todos los engramas que tiene implantados en su mente reactiva.

Esto significa que no hay necesidad de tratar al paciente de un determinado problema, pues al limpliar la mente reactiva de todos los engramas que contiene se solucionan todos los trastornos, sin necesidad de diagnosticarlos y tratarlos uno por uno. 

Un punto muy importante a destacar es que la mente reactiva protege a sus engramas porque inherentemente los considera supervivencia. Si entra en el organismo una droga para erradicar un determinado problema, la mente reactiva la combate tratando de anularla. Si lo logra, el trastorno vuelve. Si no lo logra, el organismo sucumbe o se enferma de otra cosa. Luego el médico nunca relacionará ambos problems, y cada nueva enfermedad –que en realidad no es nueva sino el resultado de una batalla– la tratará como nueva. El paciente, así, nunca se cura.

Las explicaciones precedentes, por lógica, están expresadas de la forma más sencilla posible de modo que puedan ser entendidas por cualquiera.

No obstante, sugerimos leer también los links que se indican al pie ya que el tema de la mente reactiva y los engramas es bastante complejo.

LECTURA RECOMENDADA
Dianética y Cienciología

La Ciencia de la Mente Ilustrada (Parte I)
(libro completo: al pie se incluye el link para acceder a la parte siguiente)

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
DIANÉTICA Y CIENCIOLOGÍA
La verdad sobre Cienciología
Consecuencias de nuestros actos hostiles
Mente reactiva y programación MK Ultra
¿Por qué mierda tengo ataques de pánico?
Vendo o alquilo trastornos mentales
¿Qué nos sucede cuando cometemos un acto hostil …
El que las hace ¿las paga o no las paga?
¿Juicio por jurados o juicio por aberrados?
Internet profunda (Deep Web)
El castigo, ¿sirve para educar?
Padres contra hijos (la educación traumática)
La verdad sobre la adicción a la comida
La mente reactiva, tu archienemigo
Adopción homosexual, ¿sí o no?
La verdad sobre el Bondage
La verdad sobre la felicidad
La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte I)
La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte II)
Criminología, ¿ciencia o seudociencia?
La verdad sobre el dolor
Muerte de un hijo, ¿se puede superar?
No creas en todo lo que piensas
Psiquiatría Forense, ¿ciencia o seudociencia?
La terapia de choque
El mito del libre albedrío
Psiquiatría, una siniestra seudociencia
Terapias de aversión, añadiendo leña al fuego
El Electropsicómetro, el aparato que le falta a la Justicia Penal
Facundo Manes, el cavernícola
¿Son recuperables los Amish?
¿Robledo Puch puede salir libre?
El contagio de la aberración en la sociedad
El verdadero origen de la violencia de género
La verdad sobre el duelo amoroso
¿Puede repararse la mente?
Pedofilia, ¿amor a los niños o enfermedad mental?
Cómo transformar a un niño vivaz en autista
Los aplaudidores de Cristina, ¿por la plata baila el mono?
La violación de Rocío Girat
Jorge Lanata contra la Psiquiatría
El misterio de los “Niños Solares” de Paquistán
Lo que los médicos, los psicólogos y los psiquiatras ignoran
La mujer golpeada y el botón de contacto
Muhammad Ali, víctima del boxeo
Cristina y el mito de la impunidad
¿El perro es el mejor amigo del hombre?
Cristina y la violación de los códigos morales
Los humanos robots
La verdad sobre el “baypass gástrico”
Por qué defiendo a Cienciología
La razón por la que se ataca a Cienciología
Los heterosexuales “flexibles” (crossdressers)
Falacias de la Neurología
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Corrupción, método infalible para exterminarla de golpe
Todos somos dementes hasta que se demuestre lo contrario
Nunca preguntes: “¿Por qué lo hiciste?”
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