La Psiquiatría y el cuento del asesinato a sangre fría

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 TODOS LOS ASESINOS SON
BUENOS MUCHACHOS

Horacio Velmont

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Así es, querido Watson, los asesinatos a sangre fría
no existen porque nadie podría asesinar a sangre fría…

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Cuando hablamos de asesinato a sangre fría nos referimos a una persona que resuelve matar a otra por las razones que sea y que finalmente lo hace sin que su conciencia se halle disminuida, es decir, que lo hace reflexivamente, con premeditación y plena lucidez.

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Si una persona matara a otra bajo los efectos de una emoción violenta es obvio que no podría hablarse de asesinato a sangre fría.

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La aplicación que los jueces hacen de las penas se basa, precisamente, en estos dos parámentros. En el primer caso podrán condenar al procesado a cadena perpetua o incluso a ser ejecutado, si en ese país se aplica la pena de muerte, o absolverlo por considerarlo inimputable.

Todo esto parecería muy simple si no fuera por dos inconvenientes: primero, que la Justicia no tiene forma de poder comprobar fehacientemente, con toda certeza, el grado de conciencia que tenía una persona al cometer un crimen, y segundo, que no existe el asesinato a sangre fría, que solo es un invento de la Psiquiatría para cubrir su ignorancia del mecanismo mental.

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La prueba de esto último la brindó L. Ronald Hubbard al descubrir, experimentando con el hipnotismo, que el hombre era esencialmente bueno y solidario y que la maldad no formaba parte de él porque alguien se la había implantado.

En uno de sus experimentos pudo quitarle a un hombre realmente malvado aquello que lo impulsaba a serlo y de pronto este hombre volvió a su esencia de bondad.

Naturalmente, todo esto lo estoy explicando someramente porque en realidad la cuestión es bastante más compleja.

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El descubrimiento fundamental de Hubbard fue que el hombre tiene dos mentes, una analítica y otra reactiva, siendo la segunda la que provoca su maldad. Resultado de imagen para imagenes caidas

Cada vez que una persona cae en la inconsciencia, incluso aunque esta sea parcial, la mente reactiva grava en sus células, como órdenes hipnóticas, todo lo que sucede a su alrededor hasta que la conciencia se recupera.

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La razón de que lo haga es por supervivencia. Si alguien es atacado por un perro, al ser esta una situación de no supervivencia, la mente reactiva graba todo para que en el futuro, cuando aparezca un perro o cualquier cosa que se parezca a un perro, impulse al organismo a huir. ¿Se entiende esto?

Pero supongamos que en el mismo momento en que la víctima está en el suelo, desmayada o semidesmayada, alguien, enojado por el ataque del perro, grita: ¡”Hay que matarlos a todos”, en cuyo caso estas palabras también quedan grabadas en la mencionada víctima a nivel celular como una orden hipnótica.

Como la mente reactiva es un mecanismo de supervivencia de categoría subidiota, no razona que esas palabras se referían a los perros y en el futuro puede “considerar” que hay que matarlos “a todos” ¡y vaya uno a saber hacia qué dirección se encaminará en el futuro su acción de matar si esa orden hipnótica se restimulara!

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La prueba de esto es que si a cualquier asesino se lo examina con la tecnología desarrollada por Ronald Hubbard se podrá encontrar esa orden hipnótica, técnicamente denominada “engrama”, y si se la elimina, esos impulsos de asesinar desaparecerán definitivamente.

El error de la Psiquiatría es creer que por el hecho de que el asesino preparó “con tranquilidad”, para decirlo de alguna manera, el homicidio, esta conducta revelaría que en ese momento estaba lúcido y no bajo ningún impulso extraño.

El hecho es que una persona puede aparentar frialdad en su conducta antes del crimen pero en realidad estar movilizada por un engrama. En otras palabras, esta conducta de tranquilidad no significa nada como para extraer de ella una supuesta lucidez o reflexibidad en su conducta.

A lo que me refiero es que una persona puede estar crónicamente impulsada por sus engramas y en las apariencias ser una persona totalmente cuerda, pero en el fondo estar totalmente demente. 

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Los descubrimientos de Hubbard plantean un dilema. Supongamos que un feroz asesino lo es porque los cirujanos, mientras lo operaban, conversaban despreocupadamente, y mientras uno decía: “Si me vuelve a molestar no tendré más remedio que tomar un martillo y darle en la cabeza hasta matarla”, el otro, queriendo tranquilizarlo le dice: “Medítalo bien antes de hacerlo, tómalo con calma y después hazlo”.

Naturalmente que estaban hablando de un animal, de una perrita que tenía uno de los cirujanos y que era muy agresiva y no de un ser humano, pero la mente reactiva es una mente literal que no interpreta la situación sino que simplemente reacciona ante un estímulo determinado.

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Supongamos que a este asesino de mujeres se le limpia su mente reactiva de engramas y por lo tanto ya no tiene esos impulsos de asesinar mujeres puesto que se los extirpó de raíz. Si fue condenado a prisión perpetua, por ejemplo, ¿se lo libera o se lo mantiene encerrado?

Téngase en cuenta que ese asesino solo fue una víctima y que aunque es responsable por lo que hizo, en realidad no es imputable de los asesinatos porque les fueron impuestos. Salvando la distancia, sería algo similar a que un conductor matara a una persona con su vehículo pero porque fue atropellado por otro que venía detrás y no frenó a tiempo.

Desde ya que pueden existir muchísimas personas que tengan engramas que los  impulsen a matar, pero que no cedan a estos impulsos. No obstante, ello no siempre es posible, especialmente si los engramas involucrados son varios y fueron implantados con dolor de por medio, que es el que los potencia.

Esta peculiaridad de la mente ha sido -y lo sigue siendo- un instrumento de ciertos gobiernos para programar asesinos.

Téngase en cuenta que cuando un engrama se restimula, la conciencia disminuye y la persona lo cumple sin saber lo que está haciendo, y recién después del hecho sabe lo que hizo pero porque se lo dijeron, ya que en ese momento “él no estaba allí”.

Algunos dirán que el ejemplo de los asesinos a sangre fría son precisamente el de los asesinos profesionales, pero aun estos tienen engramas que los impulsan a asesinar. La mente de ellos “justifica” de alguna manera las muertes que provocan.

De todo lo expuesto surge  que la Justicia que condena a un asesino a la cárcel lo hace sin saber por qué razón cometió el asesinato, y para colmo sin tener en cuenta que cuando cumpla la condena, al salir será la misma persona que era antes de entrar en prisión. Dadas las mismas circunstancias, volverá a asesinar, porque el tiempo no elimina los engramas. Al contrario, los agrava porque se le acumulan otros que los potencian.

¿POR QUÉ SE OCULTA LA EXISTENCIA DE ESTE APARATO?

El Electropsicómetro (“E-Metro”) es un aparato inventado hace más de medio siglo que puede medir el grado de conciencia que tenía una persona al instante de cometer un delito. Por ejemplo, si al famoso dentista Ricardo Barreda, que mató a toda su familia con una escopeta, se lo examinara con él, se podría comprobar que estaba totalmente obnubilado en el momento del hecho. Sin embargo, el psiquiatra forense que lo examinó concluyó que sabía lo que hacía. ¿A quién puede ocurrírsele algo tan absurdo como que alguien que mata a toda su familia a escopetazos puede estar en sus cabales en el momento del hecho?

LECTURA RECOMENDADA
La Ciencia de la Mente Ilustrada (Parte I)
(libro completo: al pie se incluye el link para acceder a la parte siguiente)

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
Los asesinos no nacen, los hacen
El caso Fernando Farré, asesino de su esposa con 70 puñaladas …
¿Robledo Puch puede salir libre?
Consecuencias de nuestros actos hostiles
La mente reactiva, tu archienemigo
Criminología, ¿ciencia o seudociencia?
Facundo Manes, el cavernícola
Lo que los médicos, los psicólogos y los psiquiatras ignoran

 

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