El extraño caso de las “Ponygirls”

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LAS MUJERES QUE QUIEREN SER TRATADAS COMO YEGUAS

Horacio Velmont

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En la generalidad de los casos resulta ofensivo para las mujeres que se las trate como “yeguas”, pero en el caso de las “Ponygirls” curiosamente es un orgullo e incluso motivo de gran disfrute.

Concretamente, las ponygirls son mujeres a las cuales les gusta ser tratadas como caballos. Hasta se visten y se comportan como estos animales.

Se trata de una práctica bastante difundida en varios países del mundo que se enmarca dentro de las llamdas BDSM en que las ponygirls adoptan un rol de sumisión hacia su amo, quien es el que les va marcando las órdenes.

En esta nota nos adentraremos en el “fascinante” mundo de las ponygirls para conocer más acerca de esta curiosa práctica sexual.

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Siempre que trato el tema de la mente reactiva -que es precisamente el origen de esta peculiar orientación-, no puedo dejar de pensar en las jugarretas que hace, transformando a las personas, no importa lo serias que puedan ser, en ridículas marionetas.

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Lo primero que quiero hacer notar es que no estoy en contra de esta práctica sexual, y si hay mujeres que les gusta ser tratadas como una yegua, cabe lo que dijera Platón: “Las fantasías son también placeres”, ¿y quien soy yo para discutirle a tan sabio filósofo?

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Lo segundo que también quiero hacer notar es que tal práctica no depende de la voluntad porque en este caso el albedrío está cercenado por una orden hipnótica que impulsa a disfrazarse como un equino.

Seguidamente, y antes de explicar la razón de este impulso, transcribiré una nota que extraje de Internet y que habla sobre esta práctica.

http://centromujer.republica.com/diario-intimo/quiza-te-interesen-las-ponygirls.html

Se trata de mujeres que se visten y adoptan las posturas y conductas de un caballo, y acatan las órdenes de un amo. Estas mujeres encuentran placer sexual en ser tratadas como a un caballo, o mejor dicho, como a una yegua.
La vestimenta que adoptan es bien específica, y la más común son los corpiños, arneses y catsuit de cuero o de látex, botas, guantes, plumas en el cabello, fustas, correas, frenos y hasta plugs anales de cola de caballo, los cuales se suelen adquirir en las más especializadas tiendas eróticas.
En algunos lugares del mundo esta práctica está tan extendida que existen academias especializadas para entrenar a las ponygirls.
Se encuentra encuadrada dentro de las prácticas BDSM con características de sumisión/dominación.
Por lo tanto, las ponygirls son mujeres que adoptan un rol pasivo y de sumisión total hacia su “amo”.
Aunque también existen casos de “pony boys”, es más frecuente que la mujer se preste a esta práctica.
Como todo juego sexual, es inocuo, siempre y cuando las dos partes involucradas estén de acuerdo, es decir, siempre que exista consentimiento de ambas partes, de lo contrario puede llegar a ocasionar profundos conflictos emocionales. Además el respeto y la seguridad de este juego, es fundamental.
Ver a una ponygirl en acción puede resultar divertido, placentero, bizarro o morboso, según quien lo mire.
Alrededor del mundo se realizan encuentros, exhibiciones y competencias de ponygirls. Estas pueden dedicarse solo a la exhibición, es decir que solo se pasean y muestran a ser un pony de carro; en este caso se prestan para tirar de carros en los cuales va el amo, o las pony de montar, a mi modo de ver, un tanto más abusivo aún.
En fin, como decimos siempre, en este mundo hay de todo y para todos los gustos.
Una práctica que me resulta la verdad muy insólita; ¿y a ti, que te parece?

Aquí va otra nota muy ilustrativa que expone la preparación para actuar como “yegua”.
http://lasgatasmad.blogspot.com.ar/2009/07/algo-mas-sobre-las-ponygirls.html

Algo más sobre las ponygirls
Las ponygirls practican una exclusiva y sofisticada técnica BDSM que consiste básicamente en ser tratadas como una yegua, bajo las órdenes de un amo que las conduce con la firmeza y el respeto debidos a tan noble animal.
Convertirse en una ponygirl no es fácil. En primer lugar, hay que obtener los complementos adecuados. Los más comunes son: corpiño, arneses de cuero o catsuites de látex, botas o bailarinas simulando la forma de la herradura, plugs anales de cola de caballo, bocados, plumas en el pelo y correas similares a las que usan los caballos.
Además, es imprescindible aprender a moverse como una yegua, levantado ligeramente las rodillas hasta la entrepierna y colocando los brazos encogidos ―muchas veces atados―, al mismo tiempo que se mece la cola (esto último es muy importante). De hecho, existen academias especializadas en el entrenamiento de las ponygirls.
Según los puristas existen 3 tipos de ponygirls: de exhibición, de tiro (arrastran un carro donde va montada su dueña) y para montar. El lugar más adecuado para practicar esta variación sexual es al aire libre. La exhibición es tan importante que a tal efecto se organizan encuentros por todo el mundo, una especie de ferias donde las ponygirls muestran su entrenamiento y sus arreos.

Quien ha leído lo que hasta aquí exponemos -y salvo que tenga alguna inclinación a ser tratado como un equino, claro está- no podrá menos que esbozar una sonrisa (quizás también lanzar una carcajada), pero en rigor estas son las cosas que provoca la mente reactiva cuando se restimulan sus engramas.

Los engramas, como muchas veces lo hemos dicho en otras notas, son órdenes hipnóticas que se adquieren cada vez que uno cae en la inconsciencia. La inconsciencia provoca grabaciones similares en su mecanismo a esas órdenes. Y sucede siempre así. Recalcamos “siempre”.

Para dar un ejemplo concreto, imaginemos una mujer que está siendo operada con anestesia total y uno de los cirujanos, al ver la chapucería de su colega al extirpar una parte maligna del organismo, le espeta: “Eres un caballo, siempre te portas como un caballo”.

O también puede haberle dicho a una enfermera muy sexi, obviamente para alabarla: “Eres una hermosa yegua, solo te falta que te pongas bridas, cascos y montura”.

Debe entenderse que estos ejemplos tan literales son meramente ilustrativos, porque de hecho cualquier palabra o frase puede provocar el trastorno, y no importa si fue dicha en broma o carece de sentido. 

Pues bien, esa paciente tiene implantadas esas palabras por uno de los cirujanos, que ignora que las células de su paciente están grabando todo lo que sucede en ese momento como una orden hipnótica, y especialmente las conversaciones.

Si más tarde ese engrama se restimula como lo haría cualquier orden hipnótica, ya que un engrama lo es, esa mujer puede verse impulsada a la práctica denominada “ponygirls”.

Naturalmente que todo esto lo estamos explicando muy sencillamente para que se entienda, porque el asunto es más complejo. Pero en términos generales es así.

Las prácticas hipnóticas generalmente se realizan sin dolor de por medio, pero cuando el dolor está presente, como en el quirófano, los implantes tienen mayor profundidad y el cumplimiento de las órdenes se hace más compulsivo.

También hay que tener en cuenta que a lo largo de la existencia los engramas se van enlazando como los eslabones de una cadena y cuando se restimula uno se restimulan todos. De ahí su tremendo poder en algunos casos.

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Este poder de las hipnosis con dolor ha sido aprovechado por algunas agencias de inteligencia gubernamentales para programar asesinos. Pero esto es otra historia.

Para concluir, este es el conocimiento que le falta a la ciencias de la salud: cada vez que una persona cae en la inconsciencia hay un mecanismo mental que graba todo a nivel celular como órdenes hipnóticas, las que pueden provocar, si más tarde se restimulan,  cualquier trastorno enlistado o a enlistar por la Psiquiatría.

Técnicamente, estas órdenes hipnóticas se denominan “engramas”. Orden hipnótica y engrama son términos equivalentes, porque una orden hipnótica provoca un engrama y todo engrama es, en sí, una orden hipnótica.

En todo caso, la diferencia radicaría en su implante, porque mientras lo que conocemos como hipnotismo se practica generalmente con el consentimiento de la persona, es decir, hay un acuerdo previo, el engrama penetra en el organismo subrepticiamente cada vez que hay de por medio inconsciencia (total o parcial, aclaramos). Pero, reiteramos, se llame de una u otra forma el mecanismo del implante hipnótico es siempre el mismo.

NOTA ADICIONAL DE HORACIO VELMONT

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No se crea, por lo que hemos relatado hasta aquí, que la relación “amo-yegua” es siempre así de “benigna”, porque una cosa son las exhibiciones de ponygirls y otras cosas muy distinta lo que sucede en la intimidad, especialmente cuando entre los engramas hay impulsos sádicos o masoquistas. Esto lo dejo a la imaginación de cada uno.

LECTURA ESPECIAL
La Ciencia de la Mente Ilustrada (Parte I)
(libro completo: al pie se incluye el link para acceder a la parte siguiente)

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