Mentiras que nos vendieron como verdades incuestionables (parte II)

VIENE DE LA PARTE I
Mentiras que nos vendieron como verdades incuestionables (parte I)

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CON EL TIEMPO TODO SALE A LA LUZ

Horacio Velmont

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El Holocausto, ¿existió o no existió?

Sin duda alguna, una mentira descomunal de la misma magnitud que la crucifixión de Jesús es la del Holocausto Judío, que solo fue una invención perversa de los vencedores.

Este hermoso frasco fue presentado como prueba en el juicio de Nuremberg como jabón judío. Aaron Breitbart, un investigador del centro Simón Wiesenthal, dijo: “Los mayores estudiosos del holocausto creemos que no hubo tal cosa como jabón hecho de judíos. Fue un rumor cruel de los campos…” Científicos luego analizaron el jabón para ver si encontraban rastros de ADN. No se encontró nada, ¿qué raro no? ¿Vamos a creer realmente que los nazis se lavarían las manos con grasa judía? increíblemente todavía hay gente tan tonta en el mundo que sigue creyendo en el mito del jabón judío.

Este velador para lámparas fue también presentado en el juicio de Nürenberg como fabricado de piel de una víctima judía. Hoy en día algunos rabinos más disparatados todavía intentan vender esta versión como prueba de los crímenes alemanes mientras que el mundo entero ya descubrió que es un fraude.

Además, hay ninguna prueba de que los nazis mataran deliberadamente a 6 millones de judíos. La única evidencia la constituye el testimonio de “sobrevivientes” individuales. Este testimonio es contradictorio y ningún “sobreviviente” alega haber presenciado de hecho ningún “gaseo”. No hay pruebas concretas de ningún tipo: no hay jabón hecho a partir de seres humanos; no hay pantallas de lamparas hechas con piel humana (tal como ha dicho Yehuda Bauer, director del museo del Holocausto, Israel).

En Auschwitz no hubo ninguna cámara de gas. Los estudios realizados en el lugar demostraron que las instalaciones nunca habían sido utilizadas, ni podían ser utilizadas, como cámaras de gas. En rigor, Auschwitz fue un complejo industrial a gran escala. Tuvo fábricas de caucho sintético y los reclusos fueron utilizados como mano de obra.

Desde ya que no estamos negando las duras condiciones en que el régimen Nazi sometía a los judíos en los lugares de confinamiento. Pero hablar de un Holocausto, es decir, del exterminio deliberado de judíos, y para colmo de 6 millones, es otra cosa. 

Los alemanes internaron a los judíos en campos de concentración porque consideraron que constituían una amenaza directa a la soberanía y a la supervivencia de la Nación alemana y porque los judíos aparecían con desproporcionada frecuencia en las organizaciones subversivas comunistas. Sin embargo, no solo los judíos sino todos los sospechosos de socavar la seguridad nacional estuvieron expuestos a ser internados.

El comandante Rudolf Hoss (no confundir con Rudolf Hess) confesó que en Auschwitz había campos de exterminio, pero más tarde se descubrió que lo hizo porque fue torturado para que haga esa falsa declaración (hecho confirmado en “Legions of Death” de R. Butler, ver art. nº 1 ).

Existen muchas pruebas de que americanos, británicos y soviéticos utilizaron la tortura para forzar “confesiones” de parte de oficiales alemanes después de la guerra, tanto antes como durante el juicio de Nürenberg y aun después, en otros juicios por crímenes de guerra. 

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https://radiocristiandad.wordpress.com/2010/08/24/el-judio-que-derribo-el-mito-del-holocausto/

Impresionante revelación de un judío que derribó el mito del Holocausto en la Segunda Guerra mundial, testimonio que le costó, entre otras cosas, que no fuese admitido en el cementerio judío, y que nadie de la ‘tribu’ pronunciase un elogio en sus exequias.

El mito del “Holocausto” beneficia actualmente a los judíos  en que los sustrae de toda critica como grupo social. Les proporciona un nexo común que permite el ontrol por parte de sus lideres. Además, es un instrumento útil en campañas de recolección de fondos y permite justificar ayudas económicas a Israel, las que desde 1970 suman 54.000 millones de dólares por parte de los EE.UU.

Por su partebeneficia al Estado de Israel porque justifica los millones de dólares en concepto de “reparaciones” que el Estado de Israel ha recibido de Alemania Federal (Alemania Oriental se negó a pagar). Alemania Federal lleva pagados unos 50.000 millones de dólares. Es usado por el grupo sionista israelí para controlar la política exterior norteamericana en sus relaciones con Israel y para forzar al contribuyente norteamericano a aportar todo el dinero que Israel desea. Y estos aportes son cada vez más voluminosos.

Con respecto a los soviéticos, se  ven beneficiados porque les permitió ocultar sus propias instigaciones bélicas y sus propias atrocidades, tanto las de ntes como las de durante y después de la segunda guerra mundial. En la misma medida beneficia a los británicos. 

Un punto a aclarar es la razón por la que los judíos, si sabían que estaban destinados a ser ejecutados, no lucharon por su vida. Y la respuesta obvia es porque no existía intención de matarlos.  Sencillamente se los internaba y se los obligaba a trabajar.

Con respecto a los soviéticos, se  ven beneficiados porque les permitió ocultar sus propias instigaciones bélicas y sus propias atrocidades, tanto las de ntes como las de durante y después de la segunda guerra mundial. En la misma medida beneficia a los británicos. 

Un punto a aclarar es la razón por la que los judíos, si sabían que estaban destinados a ser ejecutados, no lucharon por su vida. Y la respuesta obvia es porque no existía intención de matarlos.  Sencillamente se los internaba y se los obligaba a trabajar.

Resultado de imagen para imagenes holocausto tifusCerca de 300.000 judíos murieron en los lugares de confinamiento, principalmente por reiteradas epidemias de tifus -una enfermedad que siempre aparece cuando muchas personas de hallan encerradas juntas por largos periodos sin higienizarse y que es portada por los piojos- que causaron estragos en Europa sumida en la guerra de aquella época. También murieron de inanición y falta de atención médica hacia el final de la guerra, debido a que todas las comunicaciones del ferrocarril y por rutas terrestres habían sido destruidas por bombardeo aliado.

Muchos de los sobrevivientes judíos de los “campos de exterminio” afirman haber visto pilas de cadáveres amontonados en fosas y quemados ¿Cuanto combustible hubiera hecho falta para llevar a cabo esta operación? Bastante, más de lo que disponían los alemanes, con la crónica falta de combustible que sufrían por aquella época.

¿Pueden cuerpos humanos consumirse totalmente al ser quemados en fosas? No. Es imposible de este modo ya que en fosas abiertas no puede ser generado el calor necesario.

Los autores que afirman la existencia del “Holocausto” dicen que los nazis eran capaces de cremar un cuerpo humano en cerca de 10 minutos. ¿Cuanto tiempo se tarda en consumir un cuerpo humano, de acuerdo al testimonio profesional de los operarios de crematorios actuales? Aproximadamente 2 horas.

¿Por que había hornos crematorios en los campos de concentración? Para disponer eficientemente e higiénicamente de los cadáveres causados por las epidemias del tifus.

Suponiendo un funcionamiento al 100% de TODOS los crematorios, en TODOS los campos controlados por los alemanes, ¿Cual es la cantidad máxima de cadáveres que hubiera sido posible cremar durante la totalidad del periodo en que dichas instalaciones crematorias estuvieron operando? Unos 436.600.

¿Puede un horno crematorio operar al 100% de su capacidad en forma continua? No. Un 50% resulta ya una estimación generosa (12 horas por día). Los hornos crematorios deben ser limpiados regularmente y a consecuencia cuando están a uso continuo.

¿Cuanta ceniza queda de un cuerpo cremado? Después de haber pulverizado completamente los huesos aproximadamente la cantidad equivale al de una caja de zapatos. Si 6 millones de personas fueron cremadas por los nazis, ¿que pasó con las cenizas? Es algo que todavía tiene que ser “explicado”. Seis millones de cadáveres producirían literalmente toneladas de cenizas. Sin embargo, no hay prueba de la existencia de ningún enorme depósito de cenizas de estas dimensiones.

Las fotos áreas de Auschwitz (tomada por los aliados durante el período en que las “cámaras de gas” supuestamente se hallaban operando a pleno), ¿muestran la existencia de cámaras de gas? No. En realidad estas fotografías ni siquiera muestran indicio alguno de las enormes cantidades de humo que habrían existido en forma constante sobre el campo. Tampoco muestran las “fosas abiertas” en las que se alega que se quemaban cadáveres.

¿Que disponían esencialmente las “Leyes de Nuremberg” alemanas de 1935? Prohibían el matrimonio y las relaciones sexuales entre alemanes y judíos de un modo similar al de las leyes que existen hoy en Israel. ¿Hay precedentes norteamericanos a esas leyes alemanas? Varios estados de los EE.UU. tuvieron leyes que prohibían el matrimonio las relaciones sexuales entre personas de distintas razas, mucho antes de que surgieran los nazis.

¿Qué fue lo que afirmó la Cruz Roja Internacional en relación con la cuestión del “Holocausto”? El informe de un delegado de la Cruz Roja Internacional que visitó Auschwitz en septiembre de 1944 señalaba que a los internados se le permitía recibir correspondencia y encomiendas y que los rumores referentes a cámaras de gas no habían podido ser confirmados.

¿Cual fue el papel desempeñado por el Vaticano durante el período en que se dice que fueron exterminados los 6 millones? Si hubiera un plan de exterminio, el Vaticano ciertamente se hallaba en posición de conocerlo. Pero puesto que no existió plan alguno de este tipo, el Vaticano careció de razones para adoptar públicamente una posición contraria al mismo.

¿Hubo colaboración entre los nazis y los sionistas? Sí. Ambos estaban interesados en sacar a los judíos de Europa y mantuvieron relaciones amistosas durante la guerra (ver la amigable carta de Itzhak – ex- primer ministro de Israel – a Hitler en 1941, transcripta por el escritor judío L. Brenner en ” The Iron Wall”).

FOTOS TRUCADAS DEL HOLOCAUSTO

https://todoestarelacionado.wordpress.com/2011/11/09/fotos-trucadas-del-holocuento/

 Que pasó con las numerosas fotografías tomadas en los campos de concentración alemanes y que muestran pilas de cuerpos famélicos? ¿Son fotos trucadas? Las fotografías pueden ser trucadas, sin duda. Pero es mucho mas simple agregarle una acotación o un comentario falaz a una foto o a un recorte fotográfico auténticos. Por ejemplo, una pila de cadáveres famélicos ¿es prueba de que se trata de gente “gaseada” o deliberadamente hambreada hasta morir? ¿O es que la fotografía muestra a víctimas de una tremenda epidemia de tifus? ¿O a personas que murieron de hambre por la carencia de alimentos en los campos a finales de la guerra?. Fotografías de pilas de cadáveres de niños y mujeres alemanas, masacradas por los bombardeos aliados se han hecho circular como fotografías de víctimas judías.

¿Son documentales películas como “El Holocausto”? No. Estas películas no pretenden ser históricas sino ficciones basadas en la historia. Desafortunadamente, es demasiada la gente que las ha tomado como representación fidedigna de lo que realmente sucedió. 

¿Cuantos libros se han publicado en los que se refutan afirmaciones de la versión oficial del “Holocausto”? Por lo menos 100. Y hay más en proceso de elaboración.

¿Que sucedió cuando el I.H.R. ofreció 50.000 dólares a cualquiera que pudiese probar que hubo judíos gaseados en Auschwitz? No se aportó ninguna prueba que mereciese la recompensa ofrecida, pero el instituto fue demandado en 17 millones de dólares por un sobreviviente del “Holocausto”, quien alega que la oferta le ha hecho perder el sueño, lo ha perjudicado comercialmente y representa una “negación injuriante de los hechos establecidos.”

¿ Que hay de cierto en la afirmación de quienes cuestionan el “Holocausto” son antisemitas o neonazis? Se trata de una infamia a desviar la atención de hechos concretos y argumentos contundentes. Investigadores que han refutado los alegatos del “Holocausto” los hay de todas las ideologías (uno de los ejemplos mas conocidos es el de Paul Rassinier, antiguo miembro de la resistencia francesa, miembro del Partido Socialista y ex internado de los mas conocidos campos de concentración nazis, que fue uno de los primeros en revisar y cuestionar el “Holocausto”): demócratas, republicanos, liberarios, socialistas, cristianos, judíos, etc. No hay correlación entre la refutación del “Holocausto” y el antisemitismo o el neonazismo. De hecho, cada vez son mas los investigadores judíos que reconocen abiertamente que las pruebas referentes al “Holocausto” resultan altamente insuficientes.

¿Que sucedió con los historiadores que cuestionaron la documentación del “Holocausto”? Han sido objeto de campañas difamatorias, expulsiones de puestos académicos, pérdida de pensiones, destrucción de sus propiedades y violencia física, incluye amenazas de muertes y atentados, como el ocurrido contra el I.H.R. el 4 de julio de 1984, cuando las oficinas y depósito del Instituto fueron totalmente destruidos en un atentado incendiario.

¿Por que hay tan poca publicidad sobre el punto de vista del IHR y del revisionismo en general? Por razones de política, el “establishment” no desea ninguna discusión en profundidad sobre los hechos que rodean el mito del “Holocausto” judío.

Quien desee conocer en profundidad la farsa del Holocausot puede acudir a la Red, especialmente en Youtube, donde hay infinidad de testimonios que demuestran que fue un verdadero invento de los vencedores. Aquí solo indicamos algunos.

* Bibliografía: La farsa del Holocausto,
http://www.bibliotecapleyades.net/sociopolitica/esp_sociopol_zion24.htm

LECTURA ESPECIAL (VIDEO)
Anciana desmonta la mentira del Holocausto
https://www.youtube.com/watch?v=DYGTbPQN_0Y

¿Por qué está prohibido en 30 países negar el Holocausto?
https://cazadebunkers.wordpress.com/2012/01/17/por-que-esta-prohibido-negar-el-holocausto-en-30-paises-con-duras-penas-de-carcel/

TÍTULOS DE ALGUNOS DE LOS CUANTIOSOS VIDEOS QUE PUEDEN BUSCARSE EN YOUTUBE SOBRE LA FARSA DEL HOLOCAUSTO:
La falsedad del Holocausto en 10 puntos.
LA FARSA DEL HOLOCAUSTO JUDIO (parte 1) – HISTORIA PROHIBIDA
A continuación les presentamos 55 preguntas desarrolladas por el instituto para la revisión histórica sobre la falsedad del Holocausto
Denuncian mentira del “holocausto” en televisión alemana por primera vez
Entrevista a Ursula Haverbeck, de 86 años, personaje público del país germano, realizada por la televisión pública alemana
La Mentira del Holocausto
Bibliografia: http://www.vho.org/aaargh/espa/prue.html en este video presento la gran mentira del holocausto con pruebas que …
Mahmud Ahmadineyad denuncia en la ONU la farsa del Holocausto.
JUDÍO del HOLOCAUSTO admite que su historia fue FALSA
LA MENTIRA DEL HOLOCAUSTO – David Irving desmiente el Holocausto (voz español)
David Irving en Argentina. Conferencia brindada en la confitería “Del Molino”, en Buenos Aires, el 19 de Octubre de 1991.
LA FARSA DEL HOLOCAUSTO, PERDON HOLOCUENTO
LOS JUDÍOS RACISTAS UTILIZAN EL HOLOCUENTO PARA SUS PLANES DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL. AQUÍ LES DEJO …
Ahmadinejad y el mito del Holocausto judío
El mayor fraude de la humanidad “El Holocausto judío” la prueba
Etc.

LA FARSA DEL JUICIO DE NUREMBERG

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“HOMO HOMINI LUPUS”
El hombre es el lobo del hombre

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La farsa de “El Juicio de Nüremberg”

Holocausto: Lo único que todos “saben” sobre Hitler es que mató a 6 millones de Judíos que nunca existieron, en cámaras de gas que nunca nadie ha visto. Roger-Guy Dommergue, Judío miembro de la Resistencia.

–Se ofreció una recompensa de 50.000 dólares a quien aportara tal prueba y el dinero fue depositado en un banco, pero no apareció nadie con prueba creíble alguna. Auschwitz, capturada por los soviéticos fue ampliamente remodelada después de la guerra y se construyeron distintos edificios para que pareciesen enormes “cámaras de gas”. Actualmente Auschwitz es un gran centro turístico para los polacos.

Pregunta: ¿Existe alguna prueba científica que confirme la inexistencia de cámaras de gas en Auschwitz?
Respuesta: Sí, efectivamente, en febrero de 1988, el ing. Fred Lauchter, especialista en el diseño y fabricación de equipos para ejecución, utilizados en las cárceles de los EE.UU, realizó en Auschwitz la primera investigación  forense en las “cámaras de gas”.

Los estudios realizados en el lugar y el análisis de materiales llevados al laboratorio demostraron que las instalaciones en cuestión nunca habían sido utilizadas -ni hubiesen podido serlo- como cámaras de gas. El peritaje del Ing. Lauchter fue aceptado como prueba de la defensa durante el juicio contra Ernst ZÜNDEL en Canadá, en 1988.

Crecemos con el convencimiento de que la historia que nos enseñan es verdadera, sin cuestionarnos en lo más mínimo de que todo lo relatado puede ser, desde el principio al fin, falso, incluso diametralmente opuesto a la verdad.

Lo aceptamos porque en nuestro fuero íntimo sabemos que estar en lo cierto es sobrevivir y que estar en el error es sucumbir. Y nadie quiere sucumbir. Esto significa que cuando viene alguien y nos dice que estamos siendo engañados, nos rebelamos ante tal afirmación y llamamos loco al que quiere desvirtuar lo que nosotros damos por sentado. 

Ésta es nuestra respuesta “racional” a quien nos quiere supuestamente desengañar. No averiguamos para ver si estamos realmente siendo engañados, simplemente lo rechazamos automáticamente por un mecanismo de defensa.

Cuando somos pequeños y nos dicen que los Reyes Magos les dan regalos a los niños que se portan bien, lo creemos a pie juntillas y así dejamos, el 6 de enero por la noche, en los zapatitos comida para los camellos. Y “comprobamos” con felicidad como a la mañana siguiente los zapatitos están llenos de juguetes y ha desaparecido la comida. ¿Cómo no vamos a creer en los Reyes Magos?

Más tarde, ya crecidos, cuando nos enteramos de que hemos sido engañados, no nos hacemos ningún problema porque justificamos el engaño en la ignorancia de nuestra niñez.

Engaño borrar

Pero cuando somos adultos, ya no nos es tan fácil resignarnos a reconocer que hemos sido engañados miserablemente. Y como ya señalé, por un mecanismo de defensa negamos la verdad, no importa lo obvia que fuere. Estar en lo cierto es sobrevivir y estar en el error es sucumbir. Cuando uno se equivoca constantemente termina muerto. Así es este mundo.

Por supuesto que negar la verdad es hacer como el avestruz, creyendo que poniendo la cabeza en un hoyo para negar la realidad uno sobrevivirá. Imaginemos que sea un tractor el que viene hacia el avestruz y éste para “salvarse” pone su cabeza en un hoyo…

¿Acaso no tomamos como un hecho incuesti0nable que los nazis asesinaron a 6 millones de Judíos en las cámaras de gas, que con los cadáveres hicieron jabón y fertilizantes? Incluso recuerdo una película donde a los comensales, a los postres, se les revelaba que el alimento que con tanto gusto comieron  había sido preparada con la carne de jóvenes judías.

Con estas ideas yo crecí sin cuestionármelas en lo más mínimo. Y por supuesto también vi la famosa película “Juicio en Nüremberg” en la que Spencer Tracy hacía el papel de juez y Burt Lancaster el de uno de los jueces nazis acusados. Y también creí a pie juntillas todo lo que en la película se mostraba. Hoy, ya despertado, considero un deber ético ratificar el engaño. Digo “ratificar” porque otros, más preparados que yo, ya lo han dado a conocer.

Para que se entienda mi postura, no entro a juzgar si los acusados, juzgados y posteriormente condenados -la mayoría a muerte por ahorcamiento- eran merecedores de algún castigo (desde ya que yo estoy en contra de la pena de muerte), sino a que el juicio en el cual fueron sentenciados fue toda una farsa, habiendo sido solo un acto, no para hacer justicia, sino de pura venganza. A esto se le suma el fraude de “la solución final”, es decir, a la supuesta orden dada por Hitler de exterminar a los judíos. 

La Infamia de Nüremberg *

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El mal llamado Proceso o Juicio de Nüremberg fue un auténtico baldón a la Justicia y un agravio impenitente al Derecho de gentes. Resultó una farsa, una patraña descomunal, urdida alevosa­mente por las farisaicas “democracias” -de signo capitalista o de corte socialista, en definitiva la misma ponzoña- que, patrocinadores del capitalis­mo y del comunismo, al alimón y de forma conjunta, escenificaron un simulacro y un macabro ceremonial, una pantomima jurídica, carente de toda legalidad y de cualquier legitimidad, para perpetrar impunemente, con alarde y prevaricación, uno de los mayores crímenes consumados, de forma paliatoria.

En la conferencia de Moscú, en el epicentro del comunismo, celebrada el 30 de octubre de 1943 entre Roosevelt, Churchill y Stalin, se decidió, siguiendo la doctrina y los métodos de Josué en el Antiguo Testamento, el aniquilamiento de los adversarios “hasta los últimos confines de la Tierra”, incluso el sanguinario rojo Stalin en aquella ocasión apuntó la sugerencia de eliminar sobre el terreno, sin formación de causa, a toda la oficialidad del ejército germano a partir del grado de capitán y Churchill era de la opinión que a los principales dirigentes nacionalsocialistas, una vez identificados, deberían ser fusilados de inmediato tras su apresamiento, evitándose así las complejidades de un proceso legal. Sus compinches estadounidenses les persuadieron que era preferible mantener las apariencias, aunque fuese en fraude de ley, y tratar de decapitar o neutralizar para siempre a los 22 principales dirigentes del III Reich, habilitando para ello un Estatuto especial, carente de legalidad penal, que fue acordado en la Conferencia de Londres, vergon­zosamente celebrada a puerta cerrada, el 8 de agosto de 1945, para que funcionase el futuro Tribunal Militar Internacional de Nüremberg, basado en un mero acuerdo ejecutivo y que no fue sometido a la ratificación de ningún parlamento de los países asistentes a la Conferencia de Londres.

El juicio de Nüremberg, que abrió sus sesiones el 20 de octubre de 1945, fue una cruel represalia y una oprobiosa venganza sin precedentes, cometida por los vencedores de la II contienda mundial, en un marco jurídico diseñado “ad hoc” pero desprovisto, como ya hemos hecho alusión, de cobertura legal alguna para la celebración de un circo semejante, que culminó con el veredicto del Iº de octubre de 1946 y con la ejecución de las once penas capitales llevadas a cabo mediante el estrangulamiento de forma paulatina en la horca, el día 16 de ese mismo mes, coincidiendo con la celebración de la fiesta judía del Purim.

Todos los dirigentes del Estado alemán elimi­nados por un horrendo crimen encubierto de legalidad, mártires del odio incondicional, murieron con serena valentía y dignidad, con la invocación a Dios para que protegiese a Alemania en sus últimas y estentóreas palabras pronunciadas ante el cadalso.

Al haberse celebrado el Juicio sin positivación de derechos ni garantías legales, ni siquiera las más elementales, los resultados perniciosos de su veredicto, por otra parte predeterminado, quedarían funestamente para irremisible deshonra de los vencedores-verdugos, sin el menor atisbo de lega­lidad.
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La tipificación de los supuestos delitos imputados a los líderes nacionalsocialistas se ma­quinó a posteriori. No existía previsión normativa para los mismos. Se juzgaron actitudes y compor­tamientos que, en el momento de realizarse, no estaban sancionados por existencia de norma jurídica previa. Se crearon ex profeso para la ocasión. El mundo asistía atónito contemplando como quedaba vulnerado el principio angular del derecho penal, el “nullum crimen, nulla poena sine lege previa”. Los actos que se iban a juzgar no estaban sancionados con anterioridad por ninguna Ley. Comenzaba, con el esperpento de Nüremberg, una nueva era en la que la seguridad jurídica quedaba en entredicho y brillaba por su ausencia.

La norma tipificadora de los delitos y las correspondientes penas que lleven aparejadas es un supuesto siempre antecedente, jamás, nunca jamás, deben ser el resultado posterior a la acción conductual. El derecho sancionador, por naturaleza, no debe ser arbitrario y mucho menos atrabiliario. No se pueden juzgar comportamientos realizados de una forma plenamente ajustada a derecho, con inexistencia de normas que prohíban su comisión y una vez ejecutada la acción impune, se dicte una norma castigando un hecho que, en el momento de su ejecución, era plenamente lícito. Crear la tipifi­cación del delito después de haberse cometido el hecho, como se hizo en el proceso de Nüremberg, es no solo un despropósito, sino una aberración.

En Nüremberg se juzgaron conductas sin la requerida norma legal previa, cuya redacción fue improvisada con posterioridad, lo cual era una flagrante vulneración tanto del principio de lega­lidad, como de tipicidad, en relación con delitos y penas.

Además, con este proceder torticero y antijurí­dico, se conculcaba otro principio fundamental, expresado y reconocido unánimemente, el de la irretroactividad de las normas penales cuando son contrarias, agravantes y perniciosas para los reos, aunque el beneficio sí se pueda aplicar con posterioridad.

De los cuatro delitos artificiales que se imputaban, que revoloteaban sobre la sala de audiencias de Nüremberg como una bandada de cuervos, el cargo acusatorio sobre los que se sentaban en el banquillo de “complot” no tenía soporte legal ni normativo, era inexistente, carecía de refrendo jurídico, no estaba tipificado y además, en ninguna legislación, no se contemplaba tal figura anómala como delito. Se juzgaba impropiamente una nueva figura jurídica que no tenía, ni tan siquiera, una definición clara ni precisa, en medio de una inmensa y total inseguridad jurídica para los vencidos. Solo mentes perversas, como las que pululaban entre bastidores de aquella orgía de venganza, es decir la mentalidad de la perfidia judaica, era capaz de acusar sin norma previa y de aplicar un derecho imaginario.

La segunda de las acusaciones versaba sobre supuestos “crímenes contra la paz y la guerra de agresión”, pero se daba la curiosa y tozuda circunstancia que tal figura estaba exenta de sanción alguna en el Derecho Internacional, por tanto no pasaba de ser una apreciación moral, pues sin sanción no se considera dentro del ámbito del derecho, lo cual no fue óbice para imponer sanciones de muerte en un juicio que más que presidido por juristas parecía estar formado por terroristas revestidos de togas por su forma de proceder.

La tercera de las imputaciones, es decir, la “violación y costumbres de la guerra”, en el caso de haber existido, tenía que haber estado dirigida de forma clara, inequívoca, determinada y concreta contra las personas físicas, plenamente identi­ficadas, que se hubiesen extralimitado o cometido excesos en situaciones de conflicto bélico y no, de forma global e indiscriminada, “erga omnes”, sin necesidad de nexo causal probatorio, pero eso sí, absolviendo y exonerando de los crímenes de guerra perpetrados por las fuerzas aliadas, que llevaron a cabo los hechos más monstruosos de la historia de la humanidad.

Por último, en relación al cuarto de los delitos imputados, apuntar que el inventado delito de “crímenes contra la humanidad” era absolutamente desconocido hasta ese instante en el mundo del Derecho, se juzgaría sobre una nueva e inédita categoría jurídica, y, por tanto, inaplicable por desconocida e inédita, imponiéndose castigos, penas y sanciones a conductas sin tipificación legal previa, cuya figura delictiva fue incorporada a los textos legales una vez finalizado incluso el Juicio de Nüremberg que las aplicó, utilizando, de forma retroactiva, normas posteriores a los aconteci­mientos acaecidos con anterioridad a su existencia legal, profanando, con tal proceder ignominioso, la consagración del principio de la irretroactividad de la norma penal.

Las anomalías e irregularidades procesales sobre los derechos de los acusados fue una constan­te, que a cualquier mente no contaminada o enferma le provoca bochorno. Se juzgaba y conde­naba a personas responsables de las Instituciones del Estado Alemán, como ente de soberanía, con su propio ordenamiento jurídico legislado por los órganos competentes, con la sanción de la Jefatura del Estado elevada a la máxima responsabilidad de gobierno por el respaldo de la voluntad popular expresada libremente en las urnas, a sabiendas, por las fuerzas vencedoras, que ningún Estado soberano puede ser juzgado por otro Estado por el principio clásico de paridad del “acto de Estado”, pues “par in parem non habet juridictionem”.

Se imputaron sin sonrojo y sin apoyo ni respaldo del Derecho Internacional vigente en aquella época delitos a los líderes y jerarquías políticas desde instancias ajenas a la soberanía de su Estado soberano. Los gobernantes encausados, en todo caso, solo podían asumir responsabilidades ante los tribunales de su propia nación.

La justicia estriba en la imparcialidad, y solo
pueden ser imparciales los extraños.
George Bernard Shaw

Entre otros, con tal proceder en el proceso de Nüremberg, se vulneraban el principio de preconstitución del juez, el principio de imparcialidad e independencia del tribunal -dado que los jueces deben estar desprovistos de prejuicios o de toma de posiciones subjetivas- y el principio contradictorio, es decir, la disponibilidad de los medios de prueba y la defensa técnica, con una igualdad sustancial entre las partes procesales para que tuvieran idénticas posibilidades de influir equitativamente en el resul­tado de la sentencia.

A mayor abundamiento, el Derecho Interna­cional regulaba las relaciones entre Estados sobera­nos e independientes, y en el Tribunal de Nürem­berg se sentaron personas físicas. El Juicio, pues, vino a quebrantar los principios hasta entonces incólumes en los que se apoyaba el Derecho Interna­cional, como eran los de soberanía de los Estados y el de paridad de dichos entes.

Si el principio paritario quedaba hecho añicos, otro tanto se puede decir sobre la falta total de imparcialidad aplicada en el Juicio, pues los países vencedores se erigieron en jueces y parte al mismo tiempo, animados e imbuidos por el odio y el rencor, en un juicio contra los vencidos. La falta de imparcialidad fue la norma de aquella trágica simulación. Jueces y acusaciones, eran todos ellos, exclusivamente, de las cuatro potencias vencedoras. El Tribunal adolecía de lo más elemental que se puede exigir cuando se imparte Justicia, sin cuyo requisito no puede atribuirse tal nombre a una Corte: la monstruosa y acusada imparcialidad de los juzgadores, sin posibilidad, por otra parte, de recusación por las víctimas dada su notoria enemis­tad, a pesar de la constatación de que algunos de los jueces tenían un pasado venal y corrupto. La inmensa mayoría de las personas que formaban parte del Tribunal estaban manifiestamente predispuestas contra los imputados, bien por razo­nes políticas o por problemas raciales. Desde un principio no se propusieron, quienes se ofrecieron a esa mascarada a la que eufemísticamente calificaron de “juicio”, a juzgar, sino que se limitaron a acusar, a fustigar y a castigar, inventándose las normas inexistentes y ultrajando al derecho de los pueblos civilizados. El bilioso bando de los vencedores, movidos solo por el ansia de la humillación y el escarmiento al vencido, con saña inusitada, sin reparos en su perversa y criminal conducta y acción, monopolizando la prueba, la instrucción, la acusa­ción, el veredicto y la ejecución, escenificaron y consumaron la mayor burla y el supremo escarnio jurídico cometido, hasta entonces, contra la correc­ta Administración de Justicia y el Derecho Interna­cional.

Ni un solo juez, jurista, fiscal, magistrado o verdugo de los que intervinieron en Nüremberg lo fue de un país neutral durante la conflagración. No interesaba, desde una posición neutral, enjuiciar, sino la eliminación atropellada, rápida y sin garantías de los principales dirigentes del III Reich, a toda costa, aun a riesgo de embadurnar para siempre, con un tizón ya imborrable, la noción de justicia y de equidad.

Los interrogatorios de los acusados tuvieron lugar sin la preceptiva asistencia letrada, por la prohibición impuesta de que sus abogados defensores estuvieran presentes en los interro­gatorios donde se les incriminaba, ni se les reconoció el elemental derecho a no declararse culpables, a no efectuar declaraciones en su perjuicio o, incluso, a presentar durante la fase preliminar pruebas en su descargo. Ni siquiera se les permitió elegir a sus propios abogados defensores y, algunos acusados, llegaron a tener dos fiscales y ningún defensor.

TORTURA BORRAR

Se les sometió a torturas, como la de suministrarles una escasa e insuficiente dieta, o la de privarles del sueño durante varias noches para intentar arran­carles declaraciones en estado de somnolencia, durante las varias horas sometidos a los intermina­bles interrogatorios. A Julius Streicher le arranca­ron los dientes y, una vez inmovilizada la cabeza, le escupieron en la boca. Como abogado se le designó a un judío, el Dr. Marx.

Muchos de los testigos fueron torturados, golpeados y maltratados con métodos ignominiosos, como fue reconocido posteriormente por el senador norteamericano Mc Carthy quien, en declaraciones a la prensa el 20 de mayo de 1949, manifestó que “he escuchado a testigos y he leído testimonios que prueban que los acusados fueron golpeados, maltratados y torturados con métodos que no podían haberse origi­nado sino en cerebros de enfermos”.

Entre los encargados de los interrogatorios encontramos apellidos que delatan su etnia, su nariz, sus orejas y su religión, tales como William R. Perl, Morris Ellowitz, Harry Thon, Kirschbaum o A. Rosentfeld, etc. La sentencia estaba ya predeterminada y dictada antes de comenzar las sesiones. Como resumió el mariscal Göring acerta­damente “No era menester tanta comedia para matarnos”.

Otro senador norteamericano, Robert A Taft, comentaba: “La muerte en la horca de estos diez hombres, es para América una lacra que nos abrumará por mucho tiempo”.

Muchas pruebas fueron falsificadas e, incluso, las traducciones de innumerables documentos incorrectas, los documentos de exoneración elimina­dos o desaparecidos cuando no tergiversados. Como piezas acusatorias se utilizaron, en muchos casos, fotocopias de simples copias. Los documentos origi­nales no se aportaron al Tribunal,

Tampoco se pudo demostrar, porque no existía, una relación clara y directa de los acusados con las imputaciones.

Mientras la acusación disponía de todos los documentos confiscados para expurgarlos y manipularlos, la defensa tenía que limitarse, exclusi­vamente, a su memoria para contradecir y contra argumentar. En Nüremberg, en un juicio acelerado, nada serio y desquiciado, no existió ningún peritaje fiable, ni testigos expertos y mucho menos prueba contrastada. Fue un auténtico montaje.

Como acertadamente analiza Peter Kleist, en su obra “El crimen jurídico de Nüremberg”, no hubo principio de derecho que no fuese pisoteado y apunta, entre otros, que no debiera jamás haber existido castigo sin ley, que fueron sustraídos a su juez natural y que se hizo responsables a personas ajenas a cualquier hecho de los que allí se invocaban en tono político.

Además, en este caso, se introdujo, para mayor redundancia, el concepto antijurídico de culpabi­lidad colectiva frente a la culpa y la responsabilidad individual que hasta entonces había regido el derecho.

En el juicio no se escuchó ni un mínimo reproche al “humanitario” sistema comunista, ni una sola reprimenda por los excesos constantes cometidos por ingleses, franceses y americanos a lo largo del conflicto mundial, hasta la traca final del mismo.

En Nüremberg se sentó otro principio antijurídico al admitir que “el tribunal no habrá de verse trabado por reglas técnicas de la prueba, sino que podrá admitir toda prueba testimonial que estime pueda tener valor probatorio”, lo que se tradujo en la práctica en la admisión de escritos y anónimos de supuestos testigos que ni siquiera se ratificaron, porque no lo consideraron necesario, ni fueron oídos los mismos testimoniar bajo juramento, admitién­dose, además, como prueba por este sistema, manifestaciones de meros conocimientos de oídas o dichos de terceros no determinados.

El Tribunal, por mentira que parezca, no estaba sujeto a reglas de evidencia, ya que estaba autorizado a admitir cualquier tipo de elemento probatorio sin la necesaria verificación de fiabilidad ni de veracidad, o, por el contrario, de rechazar cualquier documento exculpatorio sin fundamentar su decisión. El mayor sarcasmo, en este ámbito, fue que quedaban exentos de prueba aquellos hechos que el Tribunal a su arbitrio considerase eufemísticamente “hechos reconocidos universalmente”, lo cual, en el caso de los vencedores, no dejaba de ser una torva paradoja.

Hay que tener en cuenta y ponderar que los documentos de convicción, probatorios de la inocencia de los acusados, estaban requisados como botín de guerra y en poder de los acusadores quienes, con su incautación y ocultación, no dejaron a las defensas tener acceso a los mismos, ni su utilización en el procedimiento, a quienes podrían haber puesto de manifiesto la enorme equivocación que se pretendía denodadamente cometer.

Existió en el Proceso una doble vara de medir. Mientras que los fiscales intervenían las pruebas que pretendían aportar, la defensa, los abogados, no tenían derecho a examinar ni a verificar los documentos que los acusadores pretendían esgrimir.

El carrusel esquizofrénico de los vencedores llegaba al paroxismo si tenemos en cuenta que, mientras se elaboraba en las Naciones Unidas el texto de la Declaración de los Derechos Humanos, aquellos mismos eran pisoteados y aplastados en el Juicio de Nüremberg, en los que se aplicaba la pena de muerte frente al tan cacareado derecho a la vida; se vulneraba el principio consagrado en lo relativo al derecho de los acusados a ser oídos públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial o por el derecho que se recoge en la declaración Universal de los Derechos Humanos que nadie podrá ser condenado por actos u omisiones que, en el momento de cometerse, no fueran delictivos según el derecho nacional e internacional, como ocurrió en aquel siniestro proceso.

El fallo de la sentencia, de aquellos implacables y sanguinarios sayones, fue inapelable. No se consideró, ni tan siquiera, la posibilidad de poder recurrir la severa sentencia inapelable, dictada en los efluvios de la venganza, a ninguna otra instancia superior para su posible casación por infracción de Ley y por quebrantamiento de forma. Se negó en rotundo la revisión de un juicio tan anómalo como aquel. La revancha debía ser infalible.

Lo que resulta más chocante del juicio de Nüremberg es que todos los cargos aducidos en la acusación solo podían repercutir y ser aplicables contra los alemanes, enrocándose los vencedores en la omisión de un examen semejante a todos y cualquiera de sus actos por idénticas conductas o inclusive mucho más peyorativas y perniciosas. Los vencedores, autores de las mayores atrocidades, pero proclamándose inimputables a pesar de sus crímenes manifiestos, se erigían, sin ninguna credencial, en juzgadores de los vencidos. Los hechos imputados a una sola de las partes contendientes y sancionados con la máxima dureza estaban justificados y amparados cuando los autores de los mismos eran del bando de los juzgadores. Su catadura moral, al ver la paja en el ojo ajeno y no percibir la viga en el propio, invalida de cualquier autoridad a los actores de la mascarada escenificada en el proceso de Nüremberg.

Ni una sola de las brutalidades y barbaridades perpetradas por los Aliados, que bombardearon y asolaron poblaciones civiles e indefensas, arrasando ciudades enteras sin valor estratégico, que quedaron calcinadas, con sus terribles incursiones aéreas donde los objetivos indiscriminados eran las mujeres, los niños y los ancianos, como fueron los casos, entre otros muchos, de Dusseldorf, Berlín, Hamburgo, Bremen, Nüremberg, Colonia, Francfort o Dresde -en esta última ciudad, por poner un ejemplo, en una sola jornada los bombardeos eliminaron a trescientas cincuenta mil personas indefensas-. Ninguna acción de los Aliados ha tenido, hasta la fecha, el merecido castigo. Nadie del bando Aliado ha sido juzgado ni condenado por el uso y abuso en la utilización de bombas incendiarias con sus devastadoras consecuencias entre la población. Los crímenes perpetrados por el maquis francés han quedado impunes. Tampoco se ha sentado en el banquillo a ningún responsable por el holocausto y el genocidio del lanzamiento de la bomba atómica contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, carentes de interés militar y arrojadas en los estertores de la guerra. Nunca se contempló enjuiciar la agresión de la Unión Soviética contra Polonia o contra Finlandia, ni se castigó a las persistentes, reiteradas y continuas violaciones de las convenciones Internacionales de la Haya y Ginebra por el trato dado a los prisioneros de guerra por sus hordas. Hasta el día de hoy nadie ha respondido por los crímenes de las fosas de Katyn, donde se encontraron los cuerpos asesinados de más de quince mil soldados y oficiales polacos, crimen perpetrado por una de las potencias vencedoras, la Unión Soviética, y que era una de las que se sentaba en la mesa del Tribunal para juzgar a los vencidos. Todas las vejaciones cometidas por los vencedores, por repugnantes y aberrantes que hubiesen sido, han sido indultadas e incompren­siblemente perdonadas.

Lo que dejó claro este proceso es que los vencedores no estaban sometidos a las mismas leyes que los vencidos. Fue la apoteosis de la hipocresía y el fariseísmo.

Con la perspectiva que da la lejanía en el tiempo ya transcurrido ha quedado en evidencia que, el Juicio de Nüremberg, fue el proceso vindicativo de los auténticos vencedores de la guerra, en la hora del crepúsculo de Europa,  que quedaba dividida  y atenazada entre el yugo soviético y la usura occidental. Como con acierto y tino ya apuntó, en 1949, el norteamericano A. O. Tittmann, en “The Nüremberg Trial”(8) al manifestar: “No es sorprendente que el pensamiento de hacer un proceso penal a los conductores de los pueblos vencidos proviene de un judío, del juez Samuel I. Rosenman, el consejero extra-oficial de Roosevelt y más tarde de Truman, él mismo en estrecha relación con Berhard Baruch… Rosenman y Jackson tuvieron como colaborador para montar la parte americana del proceso a otro judío, Sheldon Glück, que según el “Times” era consejero oficial de Jackson…Al destruir los últimos jirones del derecho de gentes Jackson y sus colegas han generado sucesos que atribularán horriblemente a su descendencia”

El fiscal británico Sir Hartley Shawcross, declaraba en 1948, a toro pasado: “El proceso de Nüremberg se ha transformado en una farsa, me avergüenzo de haber sido acusador de Nüremberg como colega de estos hombres, los rusos”; otro testimonio, de forma excepcional, son las manifestaciones de un juez honesto norteamericano, Wennersturm, quien prefirió dimitir de su cargo antes que participar en un acto tan ignominioso, por considerar que su presencia en aquel escándalo jurídico hubiera sido una causa de deshonor personal, y una mácula para la Justicia de su país, porque no pudo soportar la prepotencia y arrogancia de los juzgadores y sus sentimientos de venganza y, tras una serie de puntos explicativos de su decisión de abandonar aquel aquelarre jurídico, terminaba diciendo: “si hubiera sabido siete meses antes lo que pasaba en Nüremberg, entonces nunca hubiera ido allá”

Los encausados de Nüremberg fueron auténticos mártires de la flagrante injusticia de un proceso sádico y contaminado. El “crimen” de los vencidos no fue el desencadenamiento de una guerra que no iniciaron -Alemania jamás declaró la guerra a Inglaterra ni a Francia y mucho menos a los Estados Unidos-, porque históricamente sucedió todo lo contrario, sino el haber perdido la partida, eso sí, heroicamente, combatiendo contra fuerzas infinitamente más numerosas y tener que soportar el fatídico ¡Vae victis!

* Fuente: La infamia de Núremberg,
http://infinitomisterioso.blogspot.com.ar/2013/01/la-infamia-de-nuremberg.html

LECTURA RECOMENDADA
El fraude de “La lista de Schindler”

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
55 preguntas sobre la farsa del Holocausto
http://www.bibliotecapleyades.net/sociopolitica/esp_sociopol_zion24.htm 

Los juicios de Núremberg: farsa de nuestro tiempo
http://www.vho.org/aaargh/espa/nur.html

El mito de los seis millones de judíos
http://www.vho.org/aaargh/fran/livres/Bocha.pdf

¿Por qué está penado en 30 países negar el Holocausto?
https://cazadebunkers.wordpress.com/2012/01/17/por-que-esta-prohibido-negar-el-holocausto-en-30-paises-con-duras-penas-de-carcel/comment-page-1/  

Juicios de Nüremberg, la mayor farsa jurìdica de la historia
https://es.scribd.com/document/95226745/Juicios-de-Nuremberg-la-mayor-Farsa-Juridica-de-La-Historia

CONTINÚA EN LA PARTE III
Mentiras que nos vendieron como verdades incuestionables (parte III)

 

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