El Aborto Legal y el refrán “Morte a te, felicità per noi”

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EL EXTRAÑO CASO DE LA FAMILIA ABORTISTA FELIZ

Horacio Velmont

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Al frente, Juliana. Atrás, su prima Alejandra, su mamá y su tía (Martín Rosenzveig)

“Todas abortamos y estamos muy felices de haberlo hecho”

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“Morte a te, felicita per noi”

Entre los recuerdos de mi infancia está el de mi abuela, que al matar una gallina siempre se justificaba diciendo “morte a ti, felicita per noi”, es decir, “muerte para ti pero felicidad para nosotros”.

Este recuerdo me lo trajo el artículo publicado en la fecha, 21/7/18, en Infobae, que seguidamente transcribiré para que se entienda el por qué ese refrán me vino a la memoria.

“Todas las mujeres de mi familia abortaron: ninguna se arrepintió y a ninguna le quedó un trauma”

https://www.infobae.com/sociedad/2018/07/21/todas-las-mujeres-de-mi-familia-abortaron-ninguna-se-arrepintio-y-a-ninguna-le-quedo-un-trauma/

Fue durante una cena familiar, en este mismo departamento, en Flores. La Cámara de Diputados acababa de darle media sanción a la ley de despenalización y legalización del aborto, y Juliana sacó el tema en la mesa. Algo había cambiado durante el debate porque, por primera vez, se habló en primera persona y con naturalidad: su mamá contó que había abortado, y su papá que había tenido una novia con la que también habían decidido interrumpir un embarazo. En la siguiente reunión familiar, el aborto terminó de “salir del closet”: también habían abortado su abuela, su tía y su prima.

“Quedé impactada. Pensé: ¿Por qué me estoy enterando recién ahora, a mis tengo 26 años?”, cuenta a Infobae Juliana, que es estudiante de periodismo, militante feminista y autora del blog “Intravenous Sugar”. “La respuesta que encontré es que muchas mujeres dejaron de sentir vergüenza y tienen la necesidad de decir: ‘Yo decidí abortar y también decidí tener hijos y formar una familia. No me arrepentí y tampoco tuve traumas”.

Juliana, la más joven de las mujeres, ayudó a que el aborto dejara de ser un tabú en su familia

Silvia, su mamá, asiente. Tiene 60 años, es Licenciada en gestión de políticas públicas y trabaja en el Gobierno de la Ciudad. “Aborté dos veces”, arranca, mientras ceba un mate amargo. La primera vez fue en 1983: “Tenía 25 años, era soltera y me había ido ir a vivir a Brasil. Cuando volví a Argentina me enteré de que estaba embarazada. No lo quería tener. El ‘no’ fue muy claro, era mi decisión, ‘no’ y punto”, recuerda. “No es algo para salir a celebrar pero tampoco fue traumático si no, no me habría hecho el segundo”.

La segunda vez que decidió abortar fue en 1988. “Hacía tres años que estaba de novia, éramos una pareja sólida pero teníamos otros intereses. En aquel entonces militábamos en la Junta Coordinadora Nacional, hacíamos mucho trabajo social y la militancia era nuestra vida. Tener un hijo implica mucha responsabilidad y tenés que hacerte cargo, y a veces tu vida, tus decisiones y tu existencia pasan por otro lado”.

Tiempo después, Silvia se casó y con Claudio, su marido, desearon y decidieron buscar y tener a Juliana y luego a Valentín. Pasaron más de tres décadas de sus dos abortos y Silvia los pone en contexto: “Cualquier tema vinculado a la sexualidad era intocable en nuestras casas, tampoco se hablaba en la escuela”, dice ella, que arrancó el secundario hace 45 años. “Eso no cambió, mamá -la interrumpe Juliana, que arrancó el secundario hace 12 años-. “En primer año una chica preguntó en qué agujero iba el tampón, así que imaginate”.

En el sillón contiguo está Graciela, la tía de Juliana, que tiene 63 años y es psicóloga. “Quedé embarazada a los 20. Mi mamá, que era enfermera, me dijo que abortara, que ella había abortado varias veces. Y mientras mi mamá me decía eso, mi abuela lloraba”. ¿Por qué lloraba la abuela? La pregunta se instala en el living.

¿Lloraba porque su hija y su nieta estaban hablando de abortar? ¿O lloraba por su propia historia? La mujer -cuentan- se había visto socialmente obligada a casarse cuando supo que estaba embarazada. Es probable que llorara -creen- porque el embarazo no había sido deseado, el casamiento tampoco.

Pese a que su mamá le dijo que interrumpiera el embarazo, Graciela decidió seguir adelante: “En ese momento yo no tuve dudas, quise seguir. Hacía 5 años que estaba de novia y, aunque no teníamos plata, teníamos planes de casarnos”.

Graciela tuvo que dejar la universidad y el padre de su hija se instaló en otra provincia tentado por un buen trabajo. “Era mucha responsabilidad. Yo era una mamá de 20 años y era la que decidía todo”. Volvió a quedar embarazada de su pareja en 1978, cuando tenía 23 años y una nena en jardín de infantes. Y decidió hacerse un aborto: “No estábamos bien y el ‘no’ fue clarísimo. Mucho no me acuerdo porque no fue un drama, ni una pena. Tampoco hubo arrepentimiento. Así como decidimos hacer el aborto, también decidimos luego tener a Hernán, mi otro hijo”.

Alejandra, la niña que tuvo a los 20 años, es la mujer que ahora está sentada a su lado. Tiene 42 años y es docente de plástica. “Yo también quedé embarazada a los 20. Estaba muy enamorada y los dos dijimos ‘sí, podemos’. Estoy convencida de que si mi pareja hubiera salido corriendo, yo habría abortado”. Cuando ya había tomado la decisión de continuar el embarazo, Alejandra se enteró de que eran mellizos.

Cuando sus hijos tenían 5 años, la situación económica de su familia se tornó delicada. “En ese contexto, quedé embarazada de nuevo. Y así como me enteré, me bajó la palabra ‘no’. Yo, mi cuerpo, mi cabeza, todo coincidía en un ‘no’ rotundo. Sin culpas, sin dudas, ‘no'”, acentúa.

Vivía en Córdoba Capital y el dato que le pasaron terminó siendo el de “un tugurio”. Sintió miedo pero el miedo no movió la vara de la decisión. Finalmente, le hicieron el aborto hace 14 años, a una cuadra del Alto Palermo. Unos años después, tuvo a Felipe, que hoy tiene 9 años. “Honestamente, el aborto fue la única decisión que tomé siendo consciente y haciéndome cargo. La decisión de tener a mis hijos no fue tan consciente, con tanta seguridad ni tanta autonomía como fue la de abortar”.

Y, como las muñecas rusas, señala que dentro del tabú que se está rompiendo hay otro: la maternidad no buscada, o no deseada. “En mi caso, siempre renegué. Por supuesto que quiero a mis hijos y me ocupo de ellos pero la maternidad estuvo más ligada a la responsabilidad que al deseo. Siempre tuve una lucha interna entre el ser mamá y el ser yo, es decir, dedicarme a lo que quería con pasión. Creo que el debate también visibiliza otros temas tabú, por ejemplo, cuando la maternidad no es algo pleno”. De eso no se habla y cuando se habla, aparece el peor de los estigmas: el de la mala madre.

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No hay otra forma de explicar la postura abortista de estas mujeres que acudiendo a los descubrimientos científicos sobre la mente y la salud mental de Ronald Hubbard, quien señaló, refiriéndose al aborto:

“El por qué la gente trata de abortar es un problema que tiene su respuesta solo en la aberración, pues es muy difícil abortar a una criatura. Puede decirse que en el intento la madre misma tiene más riesgo de morir que la criatura, cualquiera que sea el método empleado. Una sociedad que suprime el sexo como algo malo, y que está tan aberrada como para que cualquiera de sus miembros intente un aborto, es una sociedad que se está condenando a sí misma a una demencia cada vez mayor, pues es un hecho científico que los intentos de aborto son el factor más importante en la aberración”…

“Una vez que una criatura ha sido concebida, no importa cuán vergonzosas sean las circunstancias, no importan las costumbres, no importan los ingresos; el hombre o mujer que intente el aborto de una criatura en estado prenatal está intentando un asesinato que rara vez tendrá éxito y está poniendo los cimientos de una infancia de enfermedad y angustia.

“Cualquiera que intente un aborto está cometiendo un acto en contra de toda la sociedad y del futuro; cualquier juez o médico que recomiende un aborto debería ser privado del puesto y del ejercicio inmediatamente, sea cual fuere su razón”.

Resultado de imagen para imagenes Dr. Ernesto Beruti, jefe de Obstetricia del Hospital Universitario Austral y del Hospital Público Materno Infantil “Ramón Sardá”

Doctor Ernesto Beruti, jefe de Obstetricia del Hospital Universitario
Austral y del Hospital Público Materno Infantil “Ramón Sardá”

“No se trata de una ideología, una creencia o una postura política sino de una evidencia experimental. La ciencia ha probado con certeza que la vida humana comienza en el instante mismo de la fecundación del óvulo por el espermatozoide. Si interrumpimos este proceso vital en cualquier momento de su desarrollo, la ciencia ha demostrado que se elimina un nuevo ser humano”. 

Lo primero que hay tener en cuenta, entonces, es que el “aborto legal” o “interrupción voluntaria del embarazo” no son más expresiones eufemísticas para no decir que se está hablando del asesinato de un ser humano, porque a partir de la concepción ya hay vida, postulado que no es una cuestión religiosa ni política sino científica.

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Propiciar la muerte de seres humanos inocentes, como lo son las criaturas por nacer, para solucionar problemas que deben ser resueltos de otra manera, no es la manera más sensata de hacerlo.

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Con ese criterio, matemos a los ladrones, a los asesinos y a todos los delincuentes en lugar de enviarlos a la cárcel o reeducarlos, y entonces seremos todos felices.

Uno de los descubrimientos más importantes de Hubbard fue que el hombre es inherentemente bueno y solidario, lo que significa que la maldad no forma parte de él sino que le ha sido implantada.

Este descubrimiento fundamental significa que una persona sin el implante de la maldad jamás propiciaría el aborto legal. ¿Acaso no se ha dicho siempre que “las madres dan la vida por sus hijos”? Cuando una madre no da la vida por su hijo es porque está aberrada, como señaló Hubbard: “El por qué la gente trata de abortar es un problema que tiene su respuesta solo en la aberración”.

La pregunta del millón es cómo entra la maldad en alguien que es inherentemente bueno y solidario, que nunca mataría ni siquiera una mosca y menos aún a la criatura en su vientre, termina abortando y sintiéndose muy feliz de haberlo hecho.

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El extraño caso de Andréi Chikatilo, el carnicero de Rostov

Chikatilo fue uno de los asesinos en serie más prolíficos de Rusia, y él había justificado los asesinatos en el hecho de que haberlos cometido le había traído paz. ¿Cómo puede ser algo así?

Este caso no lo he traído como parte de este artículo gratuitamente, sino porque explica el por qué algunas personas están a favor del “Aborto Legal, Seguro y Gratuito”.

La clave se encuentra en la “inconsciencia”. Cuando una persona cae en la inconsciencia existe una mente que se activa automáticamente y graba todo lo que sucede para futura supervivencia. Esta mente, denominada reactiva porque no razona sino que reacciona automáticamente ante una restimulación determinada, es un mecanismo de supervivencia que todos los seres vivos poseen, incluso los animales y las plantas y no solo el hombre.

Estas grabaciones, denominadas en la Biología “engramas”, son técnicamente órdenes hipnóticas, muy poderosas especialmente cuando hay palabras, ya que estas son las que producen “acción”. 

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Imaginemos una niña que está andando en la bicicleta se cae desmayándose. La madre acude presurosa y en su desesperación le grita: “¡Por amor de Dios, deshácete de esa cosa que te va a ocasionar la muerte!”.

Esto sería un engrama de lujo el cual en el futuro puede activarse si se dan las circunstancias apropiadas, incluso puede restimularse crónicamente si los restimuladores están siempre presentes en su vida.

El contagio de la aberración en la sociedad

Todos los abortistas, sin excepción, tienen en su mente reactiva engramas de este tipo, entendiéndose que el ejemplo ha sido puesto simplemente para ilustrar porque cualquier palabra puede producir un abortista, porque la mente reactiva no razona sino que reacciona.

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Además, no siempre se trata de una sola grabación engrámica, sino de muchas, ya que en el lapso de una vida son numerosas las ocasiones en que caemos en la inconsciencia, más aún teniendo en cuenta que hay grabaciones de esta naturaleza cuando la mente analítica o consciente se reduce un poco. No es necesaria la inconsciencia total para que se implante un engrama. Además, cuando se restimula uno se restimulan todos los engramas similares, ya que estos se unen como los eslabones de una cadena.

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El Electropsicómetro, el aparato que le falta a la Justicia Penal

Esto no es una mera teoría porque puede comprobarse a través de un aparato, diseñado por Ronald Hubbard, denominado “Electropsicómetro”. Y esto lo sabemos todos los que hemos estado en Cienciología.

Es importante aclarar que cuando una mujer ha abortado es inevitable la grabación engrámica del hecho, en cuanto el asesinato de una criatura inocente, impidiéndole la vida, es un acto hostil y todos los actos hostiles se graban en la mente reactiva a nivel celular provocando trastornos impredecibles.

(Martín Rosenzveig)

Juliana, la más joven de las mujeres, ayudó a que el aborto dejara de ser un tabú en su familia

Cuando estas mujeres dicen que no les ha traído ningún problema el haber abortado -siempre y cuando no hayan mentido (yo personalmente es lo que creo que han hecho)-la explicación puede ser porque el engrama del aborto aún no se ha activado (pero está latente), o porque los padecimientos que tengan no lo relacionan con la interrupción que hicieron del embarazo.

Con respecto a la manifestación de las mujeres en el sentido de que se han sentido bien después de haber abortado, la respuesta es porque le han dado curso a la aberración, ya que como se trata de órdenes hipnóticas que deben ser obedecidas (para la mente reactiva los engramas son supervivencia)  si no lo hacen dicha mente se hace obedecer mediante el dolor u otras molestias. ¿Se entiende el punto?

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Si una persona es mordida por ejemplo por un perro, la grabación del incidente en la mente reactiva hará que en el futuro, cuando aparezca un perro o algo que se parezca a un perro, su mecanismo de supervivencia impulse al organismo a huir, y si no lo hace aplicará dolor o cualquier otra cosa (miedo, terror, palpitaciones, sudor frío, temblores, pánico, etc.) hasta que obedezca. Y cuando lo hace, es decir, cuando se aleja del peligro, la persona se sentirá bien. Igual que las abortistas del cuento. En otras palabras, le dieron el gusto a la mente reactiva abortando, y más tarde, apoyando a los movimientos abortistas.

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Más allá de que la posición abortista procede inevitablemente de implantes engrámicos, ya que sin ellos toda persona estaría a favor de la vida y nunca propiciaría matar a inocentes para solucionar un problema, existen fuertísimos argumentos que rebaten categóricamente los expuestos por los abortistas.

Para quienes deseen profundizarlos, al pie indicamos algunos links a los que pueden acudir.

LECTURAS ESPECIALES
La verdad sobre el aborto
Falacias abortistas

LECTURA RECOMENDADA
Dianética y Cienciología
La Ciencia de la Mente Ilustrada (Parte I)
(libro completo: al pie se incluye el link para acceder a la parte siguiente)

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
Carta abierta a Victoria Donda sobre el aborto
El lucrativo negocio que encubre el aborto legal, seguro y gratuito …
El aborto legal es patrocinado por empresas que comercian órganos fetales …
La mujer que aborta asesina a un ser humano 
En defensa de Nicole Neumann y de los niños por nacer
El aborto y la justificación del asesinato de la criatura por nacer …
El crimen no paga, el aborto tampoco
No diga “aborto legal”, diga “asesinato legal”
¿Los abortistas nacen, se hacen o los hacen?
ARGENTINA HOMICIDA DE NIÑOS
Mauricio Macri y el quinto mandamiento
El aborto y la instauración de la pena de muerte en Argentina
Gabriela Michetti y el aborto en casos de violación
Mauricio Macri y la ley de aborto legal ¿cómplice de homicidio …
El “Aborto legal” y “El Planeta de los Simios”
El Aborto Legal, Herodes y la matanza de los inocentes

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