Aníbal Fernández, el perfecto hinoptizado

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¿SINCERO O HIPÓCRITA?

Horacio Velmont

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TODO, O CASI TODO, SE PUEDE JUSTIFICAR

Es sabido que en las prisiones, no importa el crimen más aberrante que haya cometido un condenado, si se le preguntara dirá con absoluta convicción que es inocente.

Esta generalidad no significa, por supuesto, que algunos de ellos puedan ser realmente inocentes -tal es la falibidad de  la Justicia- sino que en la mayoría de los casos están en prisión por ser culpables.

Hace tiempo que queríamos abordar un tema sumamente interesante y relacionado con la defensa a ultranza que hacen ciertos políticos negando lo evidente, concretamente la corrupción de su partido y de quienes lo conforman.

Y aquellos que los escuchan no entienden tal conducta, creyendo más bien que no ignoran la verdad y que solo la niegan por conveniencia. Nada más alejado de la verdad.

Para nuestro análisis hemos tomado como ejemplo la entrevista que le hizo Luis Novaresio a Aníbal Fernández, en la cual, supuestamente, el entrevistador quedó en ridículo frente a las agudas respuestas del entrevistado negando todas las acusaciones de corrupción del Kirchnerismo con casi diabólica habilidad.

Nadie duda que Aníbal Fernández es una persona inteligente, muy por encima del promedio normal, y es por esta razón que sirve perfectamente para nuestros propósitos.

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“Yo pongo las manos en el fuego por Cristina”

En la entrevista, Aníbal Fernández justificó o eludió todos los hechos de corrupción del Kirchnerismo, no reconociendo ni siquiera uno solo. De más está decir que él es inocente como un bebé recién nacido y Cristina la Madre Teresa. Por supuesto que Luis Novaresio quedó descolocado frente a esta conducta, sin -por supuesto- entenderla.

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Además, pese a todas las evidencias en contrario, mantuvo la creencia de que tanto Cristina como Néstor se encuentran entre los  grandes próceres de la Argentina.

Esta entrevista contrastó con la que le hizo Novaresio al inefable Luis Juez, quien reconoció todas las falencias del Kirchnerismo sin vacilar, con una honestidad que yo tacharía de encomiable. Y explicó sin ambages que se sinetió traicionado por Néstor Kirchner, al que siguió en su momento, porque prometió un gobierrno honesto y terminó robándose el país. Y a pesar de que ahora apoya a Cambiermos no deja de reconocerle también a Macri sus tremendos errores.

La pregunta del millón es ¿por qué una aptitud tan diferente entre uno y otro?

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La única forma de dilucidarla es acudiendo a los descubrimientos de L. Ronald Hubbard sobre la mente humana, plasmados en su libro “Dianética, la ciencia moderna de la salud mental”.

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No creas en todo lo que piensas

La premisa fundamental es que cada ser humano tiene órdenes hipnóticas implantadas en su “mente reactiva”   – segunda mente (de supervivencia) que poseen todos los seres vivos-   que lo impulsan a conducirse o pensar de determinada manera y le hacen creer que eso es lo que realmente sienten.

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Precisamente, la tecnología descubierta por Hubbard está diseñpada para eliminar esas órdenes hipnóticas, de modo que cada uno piense libremente, es decir, sin estar condicionado por ellas. Ese estado se denominar “clear” (aclarado).

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Los descubrimientos de Hubbard principiaron con el hipnotismo. Si a una persona hipnotizada se le dice que al despertar omitirá en la conversación la palabra “si” o la palabra “no”, así lo hará utilizando los más increíbles sustitutos para no pronunciarlas.

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También se le puede decir que cuando el operador se toque la corbata sostendrá la opinión de que Hitler era una buena persona y que cuando se toque la nariz opinará lo contrario. Se verá que así lo hace defendiendo en cada ocasión su postura, no entendiendoo la razón de que los presentes se rían de sus respuestas.

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“Lo mejor es negar todo”

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Hubbard también descubrió que no se necesita un hipnotizador para el implante de órdenes hipnóticas, porque basta la inconsciencia para que eso suceda. Una persona que cae en la inconsciencia, sea por un golpe, una enfermedad o a causa de la anestesia, automáticamente graba órdenes hipnóticas, técnicamente denominadas “engramas”. El receptáculo de los engramas es, como ya señalamos, la “mente reactiva”.

Ya puede uno imaginarse lo qué sucederá con un paciente que tenga la orden hipnótica de negar todo. No solo negará todo crónicamente sino que no tendrá la menor idea de que esa negación no proviene de su mente analítica o racional, sino de su mente reactiva, es decir, de una grabación a la que está obligado a obedecer y que por tanto es irracional.

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Inclusive no es necesario caer en la incosciencia total, porque basta a veces que la inconsciencia sea leve para que haya implantes engrámicos. A esto se le suma que los engramas se acumulan como eslabones de una cadena y cuando se restimula uno también se restimulan todos aumentando así su poder de compulsión.

Todos los que hemos estudiado y hecho los cursos sobre los descubrimientos de Hubbard podemos distinguir fácilmente cuándo una persona está dramatizando engramas, es decir, cuando está cumpliendo órdenes hipnóticas o engrámicas.

Obviamente, en algunas personas es tan fuerte la dramatización, especialmente cuando niegan lo evidente, que es innegable su origen engrámico. Si el origen es engrámico la negación no es racional, es decir, no es consciente.

Y lo mismo sucede  cuanto se trata de partidarios fanáticos del Macrismo. Para cualquier persona mentalmente sana, o por lo menos que no tenga engramas que lo impulsen imperativamente a pensar lo contrario, tanto Cambiemos como el Kirchmerismo son políticamente indefendibles, y para defenderlos hay que estar, para decirlo de una manera muy ilustrativa, “hipnotizado”. Eso no significa no reconocerles sus aciertos, que cualquier gobierno tiene.

Así vemos continuamente a seguidores de uno y otro bando que defienden a su partido ardorosamente. No son más que dramatizaciones que los impulsan, sin que ellos se den cuenta, a sostener esas posturas manifiestamente indefendibles.

Es por esta razón que es imposible debatir con ellos, simplemente porque  no pueden cambiar de opinión ya que sus opiniones no son analíticas sino reactivas, es decir, de cumplimiento imperativo.

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A continuación transcribiré uno de los capítulos del libro de Hubbard “Dianética, la ciencia moderna de la salud”, donde el autor se explaya sobre el mecanismo de la mente reactiva, los engramas y la respectiva dramatización.

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Existe lo que es conocido como “sugestión posthipnótica”. Una comprensión de esto puedeayudar a la comprensión del mecanismo básico de la demencia. Las acciones bajo ambas circunstancias no son idénticas, pero son suficientemente parecidas en su esencia.

Se pone a un hombre en trance hipnótico mediante la técnica hipnótica estándar o con alguna droga hipnótica. Después el operador puede decirle: “Cuando despiertes hay algo que debes hacer. Cada vez que yo me toque la corbata, te quitarás la chaqueta. Cuando yo suelte la corbata, te pondrás la chaqueta. Ahora olvidarás que te he dicho que hagas esto”.

Se despierta entonces al individuo. Él no está conscientemente enterado de la orden. Si se le dijera que se le había dado una orden mientras “dormía”, se resistiría a la idea o se encogería de hombros, pero no lo sabría. Entonces el operador se toca la corbata. El individuo puede hacer un comentario acerca de que hace demasiado calor y así quitarse la chaqueta. Entonces el operador suelta la corbata. El individuo puede decir que ahora tiene frío y volverá a ponerse la chaqueta. El operador, entonces, se toca la corbata. El individuo puede decir que ha llevado la chaqueta al sastre y con mucha verborrea explica finalmente porqué se la quita, quizá para ver si la costura de la espalda estaba bien cosida. Entonces, el operador suelta su corbata y el individuo dice que está satisfecho con el sastre y vuelve a ponerse la chaqueta. El operador puede tocar su corbata muchas veces y todas ellas conseguir que el individuo actúe.

Finalmente, por las expresiones en los rostros de la gente, el individuo puede darse cuenta de que algo anda mal. No sabrá qué es lo que anda mal. Ni siquiera sabrá que el tocar la corbata es la señal que le hace quitarse la chaqueta. Empezará a sentirse incómodo. Puede encontrar defectos en el aspecto del operador y comenzar a criticar su indumentaria. Todavía no sabe que la corbata es una señal. Seguirá reaccionando y continuará ignorando que hay una extraña razón por la cual debe quitarse la chaqueta; todo lo que sabe es que se siente incómodo con la chaqueta puesta cada vez que el operador se toca la corbata, e incómodo sin la chaqueta cada vez que el operador suelta la corbata.

Estas diversas acciones son muy importantes para una comprensión de la mente reactiva. El hipnotismo es una herramienta de laboratorio. No se emplea en lo más mínimo en la terapia dianética, pero ha servido como medio para examinar las mentes y obtener sus reacciones. El hipnotismo es una variable incontrolable. Unas pocas personas pueden ser hipnotizadas; muchas no pueden serlo. Las sugestiones hipnóticas a veces “prenden” y a veces no. A veces mejoran a las personas y a veces las enferman; la misma sugestión reacciona de forma diferente en diferentes personas. Un ingeniero sabe cómo utilizar una variable incontrolable. Hay algo que la hace impredecible. El encontrar la razón básica por la que el hipnotismo era una variable ayudó a descubrir la fuente de la demencia. Y la comprensión del mecanismo de la sugestión poshipnótica puede ayudar a la comprensión de la aberración.

No importa cuán tonta sea la sugestión dada a un individuo bajo hipnosis, él la llevará a cabo de una manera u otra. Se le puede decir que se quite los zapatos o que llame a alguien a las diez del día siguiente o que coma guisantes para desayunar, y lo hará. Estas son órdenes directas, y él las cumplirá. Se le puede decir que sus sombreros no le sientan bien, y lo creerá así. Cualquier sugestión operará en el interior de su mente, quedando desconocida para sus niveles más altos de consciencia.

Pueden darse sugestiones muy complejas. Una de estas sería la de que fuese incapaz de pronunciar la palabra “yo”. La omitiría en su conversación, utilizando sustitutos notables, sin “darse cuenta” de que tenía que evitar la palabra. O bien se le podría decir que jamás debe mirarse las manos, y no lo hará. Estas son represiones. Dadas al individuo estando éste drogado o en un sueño hipnótico, estas sugestiones operan cuando está despierto. Y seguirán operando hasta que el hipnotizador le libere de ellas.

Se le puede decir que tiene necesidad de estornudar cada vez que escucha la palabra “alfombra” y que estornudará cuando se pronuncie. Se le puede decir que debe dar un salto de medio metro de altura cada vez que vea un gato, y saltará. Y hará todas esas cosas después de que se le haya despertado. Estas son compulsiones.

Se le puede decir que tendrá pensamientos muy eróticos respecto a cierta chica, pero que cuando los tenga sentirá que le pica la nariz. Se le puede decir que tiene un continuo impulso de acostarse y dormir, y que cada vez que se acueste sentirá que no puede dormir. Experimentará estas cosas. Son neurosis.

En otros experimentos se le puede decir, mientras se encuentra en su “sueño” hipnótico, que es el presidente del país y que los agentes del servicio secreto están tratando de asesinarle. O se le puede decir que se le está dando veneno en todo restaurante en el que intente comer. Estas son psicosis.

Puede informársele de que en realidad es otra persona y de que posee un yate y responde al nombre de “Sir Reginaid”. O bien puede decírsele que es un ladrón, que tiene antecedentes penales y que la policía le anda buscando. Estas serían demencias esquizofrénicas y paranoicoesquizofrénicas, respectivamente.

El operador puede informar al individuo de que es la persona más maravillosa de la tierra y de que esto lo piensa todo el mundo; o de que el individuo es el objeto de adoración de todas las mujeres. Esto sería el tipo de demencia maníaca.

Mientras está hipnotizado, se le puede convencer de que cuando despierte se sentirá tanterriblemente mal, que no tendrá otra esperanza más que la muerte. Este sería el tipo de demencia depresiva.

Puede decírsele que en lo único que puede pensar es en lo enfermo que está y que hará suya toda enfermedad sobre la que lea. Esto le haría reaccionar como un hipocondríaco.

Así podríamos recorrer todo el catálogo de enfermedades mentales y, creando sugestiones imperativas para crear el estado de ánimo, podríamos lograr en el individuo despierto una apariencia de cada demencia.

Quede entendido que éstas son apariencias. Son similares a la demencia en el sentido de que el individuo actúa como una persona demente. No sería una persona demente. En el momento en que se elimina la sugestión -informándole al individuo de que se trataba de una sugestión- la aberración (y todas estas demencias, etc., se agrupan bajo el título de aberraciones) teóricamente desaparece.

La reproducción de aberraciones de todas clases y tipos en individuos que han sido hipnotizados o drogados, ha demostrado que hay alguna porción de la mente que no está en contacto con la conciencia, pero que contiene datos.

Fue la búsqueda de esta parte de la mente lo que condujo a la solución del problema de la demencia, las enfermedades psicosomáticas y otras aberraciones. No fue abordándolas mediante el hipnotismo; éste es simplemente otra herramienta, una herramienta que es de uso únicamente ocasional en la práctica de la Dianética, y que en realidad no se necesita en absoluto.

Tenemos a un individuo que actúa cuerdamente, al que se le da una sugestión imperativa y que luego, temporalmente, actúa de forma demente. Su cordura es restaurada al liberar la sugestión pasándola a su consciencia, momento en que la sugestión pierde la fuerza que tiene sobre él. Pero esto es sólo una apariencia del mecanismo involucrado. La verdadera demencia, la que no ha sido instalada por algún hipnotizador, no es necesario que emerja a la consciencia para que se descargue.. Existen ésta y otras diferencias entre la hipnosis y la verdadera fuente de la aberración, pero el hipnotismo es una demostración de sus mecanismos.

Revisemos el primer ejemplo de la sugestión imperativa. El individuo estaba “inconsciente”, lo que quiere decir que no se encontraba en posesión de su plena consciencia o autodeterminismo.

Se le dio algo que debía hacer, y ese algo estaba oculto a su consciencia. El operador le dio una señal. Cuando la señal se produjo, el individuo llevó a cabo un acto. El individuo dio para justificar el acto razones que no eran las verdaderas. El encontraba defectos en el operador y en su indumentaria, pero no se daba cuenta de que era la corbata la que daba la señal para la acción. Se eliminó la sugestión, y el individuo ya no sentía la compulsión de llevar a cabo el acto.

Estas son las partes de la aberración. Una vez que uno sabe exactamente qué partes de quécosa son aberraciones, todo el problema es muy sencillo. A primera vista parece increíble que la fuente pudiera haber permanecido tan perfectamente oculta durante tantos miles de años de investigación. Pero, reconsiderándolo, resulta milagroso que la fuente haya sido descubierta, porque está escondida muy bien y muy astutamente.

La “inconsciencia”, en su variedad no hipnótica, es un poco más severa; se necesita más que algunos pases de manos para causar el tipo de “inconsciencia” que produce la demencia.

La conmoción en accidentes, las anestesias empleadas para operaciones, el dolor de las lesiones y los delirios en la enfermedad, son las fuentes principales de lo que nosotros llamamos “inconsciencia”.

El mecanismo, en nuestra analogía de la mente, es muy sencillo. Entra una ola destructiva de dolor físico o algún veneno filtrable, como el éter, y se funden algunos o todos los fusibles de la mente analítica. Cuando ésta queda desconectada, lo mismo sucede con lo que conocemos como los bancos estándares de memoria.

Los períodos de “inconsciencia” son lagunas en los bancos estándares de memoria. Estos períodos en blanco constituyen lo que la Dianética llama el banco de la mente reactiva.

Las veces en que la mente analítica está en pleno funcionamiento, más las veces en que la mente reactiva está en funcionamiento, son una línea continua de registro consecutivo a lo largo del período completo de la vida.

Durante los períodos en los que la mente analítica se ve desconectada, ya sea total o parcialmente, la mente reactiva entra en acción total o parcialmente. En otras palabras, cuando la mente analítica está medio desconectada la mente reactiva está conectada a medias. En realidad no es posible establecer proporciones tan marcadas, pero esto es para dar una aproximación.

Cuando el individuo está total o parcialmente “inconsciente”, la mente reactiva se conecta total o parcialmente. Cuando está totalmente consciente, su mente analítica se encuentra en pleno control del organismo. Cuando se reduce su consciencia, la mente reactiva se conecta en la misma proporción.

A grandes rasgos, los momentos que contienen “inconsciencia” en el individuo son momentos contrasupervivencia. Por lo tanto, es vital que algo tome el control, de modo que el individuo pueda actuar mecánicamente para salvar a todo el organismo. El luchador que pelea medio inconsciente, el hombre quemado que se arrastra fuera del fuego, son casos en que la mente reactiva resulta valiosa.

La mente reactiva es muy ruda. Tiene que serlo para poder enfrentarse a las oleadas de dolor que ponen fuera de combate cualquier otra sensibilidad en el cuerpo. No es muy refinada, pero es terriblemente exacta. Posee una baja categoría de habilidad computadora, categoría que es subidiota, pero uno no esperaría otra cosa más que una baja categoría de habilidad de una mente que sigue conectada mientras el cuerpo está siendo aplastado o achicharrado.

El banco reactivo no almacena recuerdos según el concepto que nosotros tenemos de ellos. Almacena engramas1. Estos engramas son un registro completo, hasta el último detalle, de toda percepción que esté presente en un momento de “inconsciencia” parcial o total. Son tan exactos como cualquier otro registro en el cuerpo, pero tienen su fuerza propia. Son como grabaciones fonográficas o películas cinematográficas, si éstas tuvieran todas las percepciones de vista, sonido, olor, gusto, sensación orgánica, etc.

Sin embargo, la diferencia entre un engrama y un recuerdo es bastante clara. Un engrama puede estar permanentemente soldado a todos y cada uno de los circuitos del cuerpo y conducirse como una entidad.

En todas las pruebas de laboratorio sobre estos engramas, se encontró que poseían fuentes “inagotables” de poder para mandar al cuerpo. Sin importar cuántas veces se reactivara uno de ellos en un individuo, todavía era potente. De hecho, se volvía aún más capaz de ejercer su poder en proporción a su reactivación.

Lo único que pudo empezar a debilitar estos engramas fue la técnica que dio como resultado la terapia dianética, la cual se tratará en su totalidad en la tercera sección de este libro.

He aquí un ejemplo de un engrama: una mujer es derribada de un golpe. Queda “inconsciente”. Es pateada y se le dice que es una farsante, que no es buena, que siempre está cambiando de parecer. Cuando esto sucede, cae una silla. En la cocina hay un grifo abierto.

Por la calle está pasando un coche. El engrama contiene un registro consecutivo de todas estas percepciones: vista, sonido, tacto, gusto, olor, sensación orgánica, sentido cinético, posición de las articulaciones, registro de sed, etc. El engrama constaría de la declaración completa que se le hizo cuando estaba “inconsciente”: los tonos de la voz, la emoción en la voz, el sonido y la sensación del primer golpe y de los subsiguientes, el tacto del suelo, la sensación y el sonido de la silla derribada, la sensación orgánica del golpe, quizás el sabor de la sangre en su boca o cualquier otro sabor presente, el olor de la persona que la ataca y los olores de la habitación, el sonido del motor y de las ruedas del coche que pasa, etc.

Todas estas cosas caerían dentro de la categoría de la “sugestión imperativa”. Pero aquí hay otra cosa que es nueva; algo que no está en los bancos estándares, excepto sus circunstancias: dolor y emoción dolorosa.

Estas cosas son las que establecen la diferencia entre los bancos estándares y los bancos reactivos de engramas: el dolor físico y la emoción dolorosa. El dolor físico y la emoción dolorosa representan la diferencia entre un engrama, que es la causa de la aberración -de toda aberración-, y un recuerdo.

Todos hemos oído que la mala experiencia ayuda a vivir y que sin la mala experiencia el hombre jamás aprende. Esto puede ser muy, muy cierto, pero no incluye al engrama. El engrama no es experiencia; es acción impuesta.

Quizá, antes de que el hombre poseyera un vocabulario extenso, estos engramas le fueran de alguna utilidad. Representaban supervivencia en formas que se explicarán más adelante. Pero cuando el hombre adquirió un buen lenguaje homonímico (palabras que suenan igual pero que significan cosas diferentes) y, de hecho, cuando adquirió cualquier lenguaje, estos engramas se convirtieron mucho más en un riesgo que en una ayuda. Y ahora, con el hombre bastante evolucionado, estos engramas no le protegen en absoluto, sino que le vuelven loco, ineficaz y enfermo.

La prueba de cualquier afirmación está en su aplicabilidad. Cuando estos engramas se borran del banco de la mente reactiva, la racionalidad y la eficiencia aumentan enormemente; la salud se mejora considerablemente, y el individuo computa racionalmente según el patrón de conducta de supervivencia, es decir, disfruta de sí mismo y de la compañía de los que le rodean, y es constructivo y creativo. Es destructivo sólo cuando algo realmente amenaza la esfera de sus dinámicas.

Por tanto, el valor de estos engramas es del todo negativo en esta etapa del desarrollo del hombre. Cuando se encontraba más cerca del nivel de sus primos los animales (todos los cuales tienen mentes reactivas de este mismo tipo), esta información pudo haberle sido útil. Pero el lenguaje y su existencia modificada convierten a cualquier engrama en un riesgo notable y ningún engrama tiene ningún valor constructivo.

La mente reactiva se dispuso para asegurar la supervivencia. Todavía aparenta actuar en este sentido; pero sus grandes errores sólo conducen ahora en la otra dirección.

Hay en realidad tres clases de engramas, todos ellos aberrativos: el primero es el engrama contrasupervivencia. Este contiene dolor físico, emoción dolorosa, todas las otras percepciones y amenaza para el organismo. Una niña a la que un violador golpea para desmayarla y después abusa de ella, recibe este tipo de engrama. El engrama contrasupervivencia contiene un antagonismo aparente o verdadero hacia el organismo.

El segundo tipo de engrama es el engrama prosupervivencia. Un niño de quien se ha abusado está enfermo.

Mientras está parcial o totalmente “inconsciente” se le dice que se le cuidará, que se le tiene un gran cariño, etc. Este engrama no se toma como contrasupervivencia, sino como prosupervivencia. Parece estar a favor de la supervivencia. De los dos, este último es el más aberrativo, ya que se ve reforzado por la ley de la afinidad que siempre es más poderosa que el miedo. El hipnotismo se aprovecha de esta característica de la mente reactiva, al ser un trato de simpatía a un individuo artificialmente inconsciente. El hipnotismo está tan limitado como está porque no contiene, como factor, dolor físico y emoción dolorosa: cosas que mantienen a un engrama fuera de la vista y anclado por debajo del nivel de “consciencia”.

El tercero es el engrama de emoción dolorosa, que es similar a los otros engramas. Es causado por la conmoción de una pérdida repentina, como la muerte de un ser amado.

El banco de la mente reactiva se compone exclusivamente de estos engramas. La mente reactiva “piensa” exclusivamente con estos engramas. Y “piensa” con ellos de una forma que haría maldecir a Korzybski, porque piensa en términos de total identificación, es decir, identidades: una cosa idéntica a otra.

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Si la mente analítica hiciera una computación sobre manzanas y gusanos, probablemente ésta podría formularse como sigue: algunas manzanas tienen gusanos, otras no; al morder una manzana, ocasionalmente uno encuentra un gusano, a menos que la manzana haya sido debidamente fumigada; los gusanos dejan agujeros en las manzanas.

Sin embargo, la mente reactiva, haciendo una computación de manzanas y gusanos según se contienen en su banco de engramas, computaría como sigue: las manzanas son gusanos, son mordiscos, son agujeros en manzanas, son agujeros en cualquier cosa, son manzanas y siempre son gusanos, son manzanas, son mordiscos, etc.

Las computaciones de la mente analítica pueden abarcar las más sorprendentes sumas de cálculos, los astutos giros de la lógica simbólica, las computaciones requeridas para la construcción de puentes o la confección de vestidos. Cualquier ecuación matemática que se haya visto procedió de la mente analítica y podría ser utilizada por la mente analítica para resolver los problemas más rutinarios.

¡No así la mente reactiva! Esta es tan bella y maravillosamente simple, que puede afirmarse que funciona únicamente con una ecuación: A = A = A = A = A.

Inicia cualquier computación con la mente reactiva. Naturalmente, iníciala con los datos que ésta contiene. Para esta mente cualquier dato es exactamente igual a cualquier otro dato en la misma experiencia.

Una computación analítica hecha con la mujer que fue golpeada, según se mencionó, sería la de que las mujeres caen a veces en situaciones en que son golpeadas y lastimadas, y se ha sabido que hay hombres que golpean y lastiman a las mujeres.

Una computación de la mente reactiva sobre este engrama, como engrama, sería: el dolor de la patada es igual al dolor del golpe, es igual a la silla que se derriba, es igual al coche que pasa, es igual al grifo, es igual al hecho de que ella es una farsante, es igual al hecho de que ella no es buena, es igual al hecho de que ella cambia de parecer, es igual a los tonos de voz del hombre, es igual a la emoción, es igual a una farsante, es igual a un grifo abierto, es igual al dolor de la patada, es igual a la sensación orgánica en el área de la patada, es igual a la silla que se derriba, es igual a cambiar de parecer, es igual a…

Pero, ¿para qué continuar? Cada una de las percepciones de este engrama es igual a cualquier otra percepción de este engrama. ¿Qué, no es eso absurdo? ¡Exactamente!

Continuemos examinando nuestra sugestión imperativa poshipnótica de la. corbata que se toca y la chaqueta que se quita. En ésta tenemos los factores visibles de cómo opera la mente reactiva.

Esta sugestión poshipnótica sólo necesita una carga emocional y dolor físico para transformarse en un engrama peligroso. En realidad es una cierta forma de engrama. Es introducido por simpatía entre el operador y el individuo, lo que haría de él un engrama prosupervivencia de compasión.

Sabemos ahora que el operador sólo tenía que tocar su corbata para que el individuo despierto se quitara la chaqueta. El individuo no sabía qué era lo que le hacía quitarse la chaqueta, y encontraba todo tipo de explicaciones para la acción, ninguna de las cuales era la correcta. El engrama, en este caso la sugestión poshipnótica, en realidad estaba situado en el banco de la mente reactiva. Estaba por debajo del nivel de consciencia, era una compulsión que brotaba de debajo del nivel de consciencia. Y operaba sobre los músculos para hacer que el individuo se quitara la chaqueta. Eran datos impresos en los circuitos del cuerpo, por debajo del nivel de mando de la mente analítica, y no solamente operaban sobre el cuerpo, sino también sobre la misma mente analítica.

Si este individuo se quitara la chaqueta cada vez que viera que alguien se toca una corbata, la sociedad lo consideraría ligeramente loco. Y, sin embargo, no hubo poder de consentimiento sobre esto. Si el individuo hubiese intentado frustrar al operador negándose a quitarse la chaqueta, habría experimentado una gran incomodidad de una u otra clase.

Tomemos ahora un ejemplo de los procesos de la mente reactiva en un nivel inferior de la vida: un pez entra nadando en lugares poco profundos donde el agua es salobre, amarilla y tiene sabor a hierro. Acaba de tomar un bocado de camarón cuando un pez más grande lo embiste y lo golpea en la cola.

El pececillo consigue escapar, pero ha sido lastimado físicamente. Teniendo poderes analíticos insignificantes, el pececillo depende de la reacción para una gran parte de la elección de su actividad.

Ahora cura su cola y sigue con sus asuntos. Pero un día es atacado por un pez más grande que le golpea la cola. Esta vez no es lastimado seriamente; simplemente golpeado. Pero algo ha sucedido. Algo en su interior considera que en su elección de acción está siendo descuidado. Hay una segunda lesión en la misma área.

La computación en el nivel reactivo del pez fue ésta: poca profundidad es igual a salobre, es igual a amarillo, es igual a sabor a hierro, es igual a dolor en la cola, es igual a camarón en la boca, y cualquier cosa de éstas es igual a cualquier otra.

El golpe en la cola en la segunda ocasión activó el engrama. Demostró al organismo que algo como el primer accidente (pensamiento de identidad) podría volver a suceder. Por lo tanto, ¡cuidado!

Después de esto, el pececillo nada en aguas salobres. Esto lo pone ligeramente “nervioso”.

Pero sigue nadando y se encuentra en aguas amarillas y salobres. Y todavía no da la vuelta. Comienza a sentir un pequeño dolor en la cola. Pero sigue nadando. De repente, siente un sabor a hierro y el dolor en la cola se hace intenso. Y allá va como un rayo. Ningún pez le perseguía. Allí había camarones para comer. Pero de todos modos se alejó de allí. ¡Peligroso lugar! Y si no se hubiera retirado habría conseguido de verdad un dolor en la cola.

El mecanismo es un cierto tipo de actividad de supervivencia. En un pez, puede servir para un propósito. Pero en un hombre que se quita la chaqueta cada vez que alguien se toca la corbata, el mecanismo de supervivencia ha sobrevivido demasiado. ¡Pero ahí está!

Sigamos investigando a nuestro joven y su chaqueta. La señal para quitarse la chaqueta era muy precisa. El operador se tocaba la corbata. Esto es equivalente a todas y cada una de las percepciones que recibía el pez y que le hicieron retroceder. El tocarse la corbata pudo haber sido una docena de cosas. Cualquiera de las doce cosas pudo haber sido la señal para quitarse la chaqueta.

En el caso de la mujer que quedó inconsciente y fue pateada, cualquier percepción en el engrama que recibió tiene un grado de reestimulación. El agua saliendo de un grifo podría no haberla afectado en gran medida. Pero el agua saliendo del grifo, más un coche que pasa, podrían haber iniciado cierta leve reactivación del engrama, una vaga molestia en las áreas en que fue golpeada y pateada, aunque todavía no lo suficiente como para causarle verdadero dolor; pero de todos modos está ahí. Al agua saliendo y al coche pasando agregamos la estrepitosa caída de una silla y la mujer experimenta una conmoción de leves proporciones. Agrega ahora el olor y la voz del hombre que la pateó, y el dolor empieza a aumentar. El mecanismo le está diciendo que ella se encuentra en terreno peligroso, que debería irse. Pero ella no es un pez, sino un ser altamente sensible; según lo que sabemos, la más compleja estructura mental que ha evolucionado hasta ahora en la tierra: el organismo de la especie humana. Hay muchos otros factores en el problema aparte de este engrama específico. Ella se queda. Los dolores en las áreas en que fue maltratada se transforman en una predisposición a la enfermedad o son enfermedad crónica en sí mismos; cierto que de menor importancia en el caso de este incidente, pero enfermedad de todos modos. Su afinidad por el hombre que la golpeó puede ser tan alta que el nivel analítico, ayudado por un tono general normalmente alto, puede contrarrestar estos dolores. Pero si ese nivel es bajo, sin mucho que lo apoye, entonces los dolores pueden hacerse mayores.

El pez que fue lastimado y que recibió un engrama no repudió a los camarones. Puede ser que después perdiese un poco su entusiasmo por los camarones, pero el potencial de supervivencia de comer camarones hacía que identificara a los camarones mucho más con el placer que con el dolor.

Una vida agradable y esperanzada en general -y nunca pienses que insinuamos que la mujer se queda solamente por la comida, digan lo que digan los bromistas respecto a las mujeres- tiene un alto potencial de supervivencia, y eso puede vencer una gran cantidad de dolor. Sin embargo, según disminuye el potencial de supervivencia, nos acercamos más estrechamente al nivel del dolor (zona 0 y zona 1), y tal engrama podría empezar a ser severamente reactivado.

Aquí hay, sin embargo, otro factor además del dolor; de hecho varios factores más. Si al joven que se quita la chaqueta se le hubiese dado una de las sugestiones imperativas neuróticas que se enlistaron hace unas pocas páginas, habría reaccionado a ella al recibir la señal.

El engrama que esta mujer ha recibido contiene una sugestión imperativa neurótica además de los reestimuladores generales, tales como el grifo, el coche y la silla derribada. Se le ha dicho que es una farsante, que no es buena y que siempre está cambiando de parecer. Cuando el engrama es reestimulado en una de las muchas formas posibles, ella tiene la “sensación” de que no es buena, de que es una farsante, y cambiará de parecer.

Hay a mano varios casos que ilustran con propiedad lo triste de esto. Un caso en particular, que fue aclarada, había sido golpeada severamente muchas veces habiéndosele dicho una cosa similar cada vez, todas ellas derogatorias. El contenido infería que era de moral muy relajada y que cohabitaba con cualquiera. Su padre, que la trajo como caso -ella ya se había divorciado- se quejaba de que era de moral muy relajada y había cohabitado con varios hombres en otras tantas semanas.

Ella misma admitió que esto era cierto, que no podía comprenderlo, que le preocupaba, pero que simplemente “parecía no poder evitarlo”. Un examen de los engramas en su banco de mente reactiva sacó a la luz una larga serie de palizas con ese contenido. Dado que este era un asunto de investigación y no de tratamiento -aunque éste le fue administrado- se entró en contacto con su ex esposo.

Un examen, del que ella no supo, demostró que la dramatización2 iracunda del hombre contenía estas mismísimas palabras. Había pegado a su esposa hasta convertirla en una mujer de moral relajada, porque él temía a las mujeres de moral relajada.

Todos los casos examinados en esta investigación fueron verificados cotejando los engramas del paciente con los engramas del que los proporcionó. Los contenidos de los incidentes se comprobaron siempre que ello fue posible, y se encontró que concordaban uniformemente. Se tomaron todas las medidas para evitar otro medio de comunicación entre el que los proporcionó y el paciente. Se descubrió que todo lo hallado en los períodos “inconscientes” de cada paciente era exacto cuando se cotejaba con otras fuentes.

La analogía entre el hipnotismo y la aberración resulta buena. Mediante sugestión imperativa, el hipnotismo introduce una u otra forma de demencia. Generalmente es de efecto temporal, pero a veces la sugestión hipnótica no se “soltará” o se eliminará de forma deseable para el hipnotizador.

El peligro de efectuar experimentos con hipnotismo en pacientes no aclarados se encuentra en otro mecanismo de la mente reactiva.

Cuando existe un engrama como el de nuestro ejemplo anterior, la mujer obviamente estaba “inconsciente” en el momento de recibir el engrama. Ella no poseía un recuerdo (registro) del incidente en el banco estándar, aparte de saber que el hombre la había dejado inconsciente. Por lo tanto, el engrama no era una experiencia, tal y como entendemos la palabra. Podía actuar desde abajo para aberrar sus procesos pensantes. Podía ocasionarle extraños dolores -que ella atribuía a alguna otra cosa- en las áreas lastimadas. Pero era desconocido para ella.

Era necesaria la activación para poner en marcha el engrama. Pero, ¿qué era exactamente lo que podía activarlo? Un tiempo después, encontrándose cansada, el hombre la amenazó con pegarle de nuevo y la insultó. Esta fue una experiencia a nivel consciente. Ella la encontró “mentalmente dolorosa”. Y era “mentalmente dolorosa” solamente porque por debajo de esta experiencia había dolor físico, vivo y real, oculto, que había sido activado por la experiencia consciente. La segunda experiencia era un candado. Era un recuerdo, pero tenía una nueva clase de acción en los bancos estándares. Tenía demasiado poder y ese poder lo obtuvo de un golpe físico pasado. La mente reactiva no es demasiado cuidadosa en cuanto a su reloj medidor del tiempo. De hecho, no puede distinguir entre la edad de un año y la de noventa, cuando se inicia una activación. El engrama real surgió por debajo del banco estándar.

Ella cree que está preocupada por lo que él le dijo en la experiencia del candado. En realidad está preocupada por el engrama. De esta forma, los recuerdos se hacen “dolorosos”. Pero el dolor no se almacena en los bancos estándares. No hay espacio para el dolor en ese banco. Ningún espacio.

Hay un lugar para el concepto del dolor, y estos conceptos de lo que es doloroso son lo bastante buenos para mantener a ese organismo sensible llamado hombre alejado de todo el dolor que él cree que es realmente peligroso. En un claro [libre de engramas] no existen recuerdos que induzcan al dolor, porque no se ha dejado ningún registro de dolor físico en el banco de la mente reactiva que eche a perder la maquinaria.

El joven que se quita la chaqueta no sabía qué era lo que le preocupaba o qué le obligaba a hacer lo que hacía. La persona con un engrama no sabe qué es lo que le preocupa. Piensa que es el candado, y el candado puede encontrarse a una distancia muy remota de cualquier cosa que se parezca al engrama. El candado puede tener un contenido similar de percepciones; pero puede ser sobre un asunto completamente diferente.

No es muy complicado comprender qué es lo que hacen estos engramas. Simplemente son momentos de dolor físico lo bastante fuertes como para desconectar una parte o la totalidad de la maquinaria analítica; son antagonismo hacia la supervivencia del organismo o falsa compasión para la supervivencia del organismo. Esa es la definición completa. “Inconsciencia” grande o pequeña, dolor físico, contenido de percepticos y datos contrasupervivencia o prosupervivencia. Son manejados por la mente reactiva, que piensa exclusivamente en identidades de que todo es igual a todo. Y ellos imponen sus órdenes al organismo blandiendo el látigo del dolor físico. Si el organismo no hace exactamente lo que ellos dicen (y cualquier claro te dirá que es imposible hacerlo), se conecta el dolor físico. Ellos dirigen a una persona como un domador dirige a un tigre; y durante el proceso pueden convertir a un hombre en un tigre sin mucha dificultad, y además pegarle la sarna.

Si el hombre no hubiese inventado el lenguaje o, como se demostrará, si sus lenguajes fuesen un poco menos homonímicos y más específicos con sus pronombres personales, los engramas todavía serían datos de supervivencia y el mecanismo funcionaría. Pero el hombre ha sobrepasado la utilidad de estos engramas. Eligió entre lenguaje y locura potencial, y por los vastos beneficios del primero recibió la maldición de la segunda.

El engrama es la única y exclusiva fuente de la aberración y de la enfermedad psicosomática.

Se ha examinado una enorme cantidad de datos. No se ha encontrado una sola excepción. En “personas normales”, en el neurótico y demente, la eliminación total o parcial de estos engramas, sin otra terapia, ha producido de manera uniforme un estado muy superior a la norma actual. No se encontró la necesidad de cualquier otra teoría o terapia que las que se dan en este libro para el tratamiento de todas las enfermedades psíquicas o psicosomáticas.

Si se ha llegado a comprender estas explicaciones que, como hemos señalado, las tomamos del libro de Hubbard “Dianética la ciencia moderna de la salud mental”, puede también comprenderse la razón de que alguien mantenga a ultranza opiniones por más que a simple vista resulten equivocadas.

Resultado de imagen para imagenes hitler hipnotizador de masas

Los líderes políticos son por lo general grandes hipnotizadores y con sus palabras ponen en restimulación los engramas de sus seguidores. En Hitler tenemos uno de los ejemplos más clásicos. Y ninguna duda cabe que también Néstor Kirchner y Cristina Fernández lo hicieron, por supuesto sin saber a qué se debía, en realidad, su poder para arrastrar a las masas.

Con los descubrimientos de Hubbard ahora podemos saber por qué cada líder tiene seguidores fanáticos, que los defienden a ultranza a pesar de que han sido manifiestamente corruptos.

NOTA ADICIONAL DE HORACIO VELMONT

Imagen relacionada

Esto pasó porque se dilapidó el dinero de los contribuyentes en lugar de usarlo para tapar  los baches… Todos los políticos son corruptos…

“Todos los políticos son corruptos”

El contagio de la aberración en la sociedad

Una de las pruebas que cualquiera puede hacer es consultar a un número determinado de personas sobre qué opina de los políticos y se verá que la inmensa mayoría responde que “son todos corruptos”.

Esta opinión generalizada no es más que la dramatización de engramas que le dictan a esas personas esa opinión de los políticos.

¿Cómo respondería una persona que no tenga ese tipo de engramas? Pues simplemente que si bien hay algunos políticos que son corruptos, la mayoría son personas honestas que realmente quieren hacer las cosas bien para el beneficio de todos.

LECTURA RECOMENDADA
Dianética y Cienciología
La Ciencia de la Mente Ilustrada (Parte I)
(libro completo: al pie se incluye el link para acceder a la parte siguiente)

LECTURAS COMPLEMENTARIAS
La verdad sobre Cienciología
Consecuencias de nuestros actos hostiles
Mente reactiva y programación MK Ultra
¿Por qué mierda tengo ataques de pánico?
Vendo o alquilo trastornos mentales
¿Qué nos sucede cuando cometemos un acto hostil …
El que las hace ¿las paga o no las paga?
¿Juicio por jurados o juicio por aberrados?
Internet profunda (Deep Web)
El castigo, ¿sirve para educar?
Padres contra hijos (la educación traumática)
La verdad sobre la adicción a la comida
La mente reactiva, tu archienemigo
Adopción homosexual, ¿sí o no?
La verdad sobre el Bondage
La verdad sobre la felicidad
La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte I)
La verdad sobre el Psicoanálisis (Parte II)
Criminología, ¿ciencia o seudociencia?
La verdad sobre el dolor
Muerte de un hijo, ¿se puede superar?
No creas en todo lo que piensas
Psiquiatría Forense, ¿ciencia o seudociencia?
La terapia de choque
El mito del libre albedrío
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El Electropsicómetro, el aparato que le falta a la Justicia Penal
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¿Son recuperables los Amish?
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El contagio de la aberración en la sociedad
El verdadero origen de la violencia de género
La verdad sobre el duelo amoroso
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