Desaparición de David Lang

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¿QUÉ LE SUCEDIÓ AL FAMOSO GRANJERO?

por Horacio Velmont

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“QUOD VOLUMUS, FACILE CREDIMUS”
¿DAVID LANG?
Según relata la historia, el 23 de septiembre de 1880, en el pueblo rural de Sumner, cerca de Gallatin, Tennessee, Estados Unidos de Norte América, el granjero David Lang se esfumó frente a sus hijos, esposa, vecinos y el juez del condado Agusto Peck.
David Lang, ante la mirada atónica de los allí presentes, desapareció en medio de un terreno carente de arboles y accidentes geográficos. Se lo buscó intensamente sin podérselo hallar.
La policía realizó una exhaustiva búsqueda e incluso se hicieron perforaciones para descubrir galerías subterráneas o simas en el que el granjero hubiese podido caer, pero no se encontraron rastros ni de éstas ni de la persona a la que se buscaba.
La señora Lang nunca quiso creer que su marido había muerto, por lo que jamás celebró funerales por el alma de David. No obstante, no pudo soportar vivir en lugar tan extraño y al poco tiempo vendió la granja.
Unos siete meses después de la tragedia, los dos hijos de David Lang, se encontraban jugando en el lugar donde su padre se había evaporado y he aquí que descubrieron que en el mismo sitio donde el granjero había caído, la hierba y las flores ya no crecían tan espesamente. Más tarde dijeron también que habían oído a su padre pidiendo auxilio hasta que la voz se disolvió en la nada para siempre.
Es sabido que muchas personas desaparecen en el aire a la vista de todos. Se trata de abducciones extraterrestres, por lo general para experimentación. Las víctimas son desmaterializadas y nuevamente materializadas en la nave. Raramente son devueltas. Las que viven para contarlo son objetos de burlas.
La pregunta, entonces, es si David Lang sufrió también una abducción extraterrestre, o, como algunos especulan, pasó a través de un vórtice a otra dimensión o, como  sostienen otros, quizás era un viajero del tiempo que se quiso quedar en un tiempo que no era el suyo y por eso fue abducido por quienes lo habían enviado.
El asunto, en realidad, es tan simple que hasta me da vergüenza decirlo: la historia es inventada desde el principio al fin. En otras palabras, David Lang nunca existió.
Lo que ocurre es que alguien con mucha imaginación inventa una historia, encuentra a quien se la publique, después se la toma como cierta y por esas inexplicables cosas del destino se difunde en forma masiva y perdura en el tiempo.
* * * * * * 
La sesión de donde surge la falsedad de la historia fue celebrada el 9 de enero de 2013.
Médium: Daniel
Interlocutores: Ariel y Denyse
Entidad invocada: Ruanel, espíritu de quien en vida fue Ron Hubbard
Interlocutor (Ariel): El tema sobre el que voy a preguntar es el de la desaparición del granjero David Lang, que según la historia que se conoce de él se esfumó en el aire ante su esposa, sus hijos, un juez del lugar y otros testigos del pueblo. Nunca se volvió a saber de él. Hubo muchas especulaciones sobre qué le pudo haber sucedido, desde una abducción extraterrestre hasta una abducción desde el futuro, en razón de que se trataba de un viajero del tiempo que se enamoró y quiso quedarse. Incluso también se especuló que pasó sorpresivamente a otra dimensión a través de un vórtice que surgió de improviso.
Ruanel: Hay personas que crean relatos de ficción mucho mejores… Lo que me estás diciendo nunca sucedió en la realidad, se trata de una historia inventada. Hay muchas historias falsas como éstas que comienzan siendo ficción y luego al propagarse se toman como verdad hasta convertirse en misterio. A veces alguien crea una historia y tiene la posibilidad de haya otra persona con medios como para difundirla y con el tiempo lo que era en un principio falso termina por difundirse como algo real. 
Interlocutor: Entiendo el punto…
Ruanel: Hay muchos misterios respecto a los cuales la gente se pregunta: “¿Qué será, qué será?”, pero en realidad no hay ningún misterio porque fue inventado. Desde ya que hay misterios que son reales, pero hay otros que se han hecho misterios que provienen de una mentira, de un relato inventado…
Interlocutor: Como en este caso…
Ruanel: Así es, como en este caso, donde alguien con cierta capacidad creativa luego se encuentra con alguien que puede difundirlo y ahí comienza todo… 
Interlocutor (Denyse): Maestro, ¿pero por qué se habla de que éste fue el caso más típico de desaparición que hubo, puesto que han habido iknvestigaciones al respecto y pruebas físicas y psicológicas?… La pregunta es si en realidad ocurrió algo que dio pie a la historia inventada, o todo, desde el principio al fin, es pura ficción, máxime que la historia perdura hasta nuestros días…
Ruanel: La persona que inventó a David Lang tenía una buena habilidad, obviamente que esta habilidad ya se trae, y narró simplemente una historia, y luego esa historia se empezó a investigar y a encontrársele ”explicaciones” científicas que harían más creíble el relato. Alguien puede inventar que en su casa se escuchan voces y se mueven objetos y luego los parapsicólogos emitir teorías  paranormales para explicar lo que sucede. Esas explicaciones pueden ser perfectamente científicas, pero el origen es un invento.
Interlocutor (Denyse): O sea que David Lang nunca existió, ni su familia, ni el juez, ni tampoco los otros testigos, ni la mancha circular, ni la casa, nada de nada… ¿Es así?
Ruanel: Sí, es así… Por favor pasemos a otro tema…
* * * * * *
El caso fue tratado de forma exhaustiva por Fabio Picasso, quien demuestra en forma irrefutable que la historia ha sido totalmente inventada.
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EL CASO DAVID LANG 1880 *
por Fabio Picasso
Reseña y duras críticas
Es ampliamente conocido el caso de David Lang, quien supuestamente habría desaparecido el 23 de septiembre de 1880 en el pueblo rural de Sumner cerca de Gallatin, Tennessee. Según el relato, reproducido por numerosos y muy conocidos autores con Nandor Fodor, Frank Edwards, Harold T. Wilkins, etc (ver referencias) , el protagonista regresaba a su casa después de un viaje de negocios. Antes de ingresar en la propiedad optó por recorrer unos pocos metros de terreno hasta llegarse donde estaban sus caballos a quien deseaba revisar. En ese preciso instante se aproximaban en un carruaje dos conocidos vecinos, el Juez August Peck y su cuñado Wade.

 Mapa de la región de Gallatin hacia 1862

De pronto ante la mirada atónita de los recién llegados y de su esposa y e hijos Sarah Emma y George que lo observaban desde la ventana de la casa, David desapareció en medio de un terreno carente de arboles y accidentes geográficos. Solo una planicie cubierta de hierba. La búsqueda se extendió por un terreno sin oquedades conformado por piedra caliza y demostradamente firme. Participaron policías y sabuesos. Incluso se habrían hecho presentes el escritor Ambrose Bierce y un sabio austríaco o alemán Dr. Hern se refirió a lo que podríamos definir como “vórtices donde las personas pueden desaparecer”.
La esposa habría quedado inválida aguardando inútilmente la vuelta de su esposo. La saga de esta historia se completaba con el testimonio de su hijos, quienes afirmaron que la primavera siguiente (marzo-junio de 1881) hallaron en el preciso sitio de la desaparición un círculo en la hierba, con menos crecimiento que el resto de la pradera, de unos 5 metros de diámetro. Sarah Emma, quien contaba con 11 años de edad, llamó desesperadamnete a su padre y para su enorme sorpresa una voz, presumiblemente la de su progenitor, le contestó pidiendo por ayuda, al tiempo que se desvanecía en el espacio. En días posteriores la señora Lang se trasladó al mismo sitio escuchando la tenue voz de su esposo.

Sorprendente imagen actual de una casa rural en Gallatin
Paisaje idéntico al de 1880
Como he mencionado en la primera parte de esta trilogía aún hoy en día se refiere este caso como auténtico ejemplo de la más perfecta desaparición. Tiene todos los ingredientes posibles. Terreno limpio, pleno día, cinco testigos, huellas físicas y hasta psíquicas. Reconocidos investigadores y “especialistas” envueltos en la pesquisa.
En los medios latinoamericanos la repetición parece interminable, aun cuando este caso está probado como falso desde hace tres décadas. Este acto de comodidad enarbolado por seudo-investigadores o periodistas constituye uno de los elementos que, paradójicamente, gestaron el fallido caso David Lang. Los sociólogos podrán analizar en estas circunstancias de qué modo la mentalidad humana se ve atraida porel misterio en sí sin importarles la veracidad o no del mismo y sin dudar en incorporarles elementos literariamente decorativos de su propia cosecha.
La copia sistemática de casos sin verificar fuentes primarias, el utilizar a autores de dudosa fiabilidad aunque con gran renombre y el deseo de llenar páginas de artículos, priorizando el número a la calidad, contribuyen a gestar engaños que no poco esfuerzo de tiempo y dinero cuesta a los verdaderos investigadores deseosos de desentrañarlos.

Nandor  Fodor  
Morris Ketchum Jessup

Libro de H.T. Wilkins
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El hombre que nació después de desaparecer
Lo más sencillo al comenzar a investigar un caso es consultar, con toda lógica, la prensa regional. Sabido es que USA se caracteriza por sus innumerables periódicos locales aun a fines del siglo XIX. En 1976 los investigadores británicos Robert Forrest y el editor de Fortean Times Robert Rickard intentaron, por primera vez, obtener la historia original. Dado que la ciudad más cercana a Gallatin es Nashville, Forrest escribió al bibliotecario de la Biblioteca Pública de Nashville y del Condado de Davidson, Hershel G. Payne , quien no pudo hallar dato alguno de David Lang y August Peck, ni en la prensa ni en los registros de censos poblacionales.
Sin embargo, los historiadores locales comentaban durante la búsqueda lo familiar que les resultaba el relato. Allí surgió el recuerdo de un personaje pintoresco, un clásico vendedor itinerante de aquellas épocas, llamado Joe Mulhatten, quien además de ejercer su oficio resultó triunfador en un concurso de “grandes mentiras”, con precisamente la “Historia de Lang”, la cual, por tamaño éxito terminó vendiendo al periódico Cincinnati Enquirer, la cual salió publicada como un suceso real.
Lamentablemente, los archivos de este último diario no están indexados aunque si microfilmado , demandando la posible localización de esa nota seguramente semanas de trabajo.
Todo habría terminado allí si no fuera porque un escritor llamado Ambrose Bierce tomó ese relato y lo adaptó para su historia “The Difficulty of Crossing a Field”, incluida en un capítulo de su obra, dedicado a las misteriosas desapariciones.
Si bien cambió los protagonistas y el sitio geográfico, la esencia de la historia es la misma.
                               Frank Edwards

Ambrose Bierce

Uno de los libros de Stuart Palmer
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Sin embargo, el verdadero progenitor de la historia de David Lang, tal cual la conocemos –y que muchos siguen “copiando”– fue el escritor de ficción Stuart Palmer, quien en un artículo publicado por la revista Fate en 1953, en una carta a Fuller indicaba que se trataba de un trabajo de ampliación de un antiguo artículo suyo aparecido en Ghost Magazine en 1937-1938, el cual había enriquecido con nuevas pruebas. Y el testimonio en 1931 de Sarah Emma Lang, quien a los 61 años había contado la historia detalladamente a Stuart Palmer.
 
 
 
Fate donde se publicó el artículo de S. Palmer

Co Director de Fate Raymond Palmer
 
Un toque de atracción al público fue adicionado en esta moderna versión incluyendo la incursión de Sarah en el espiritismo con la única finalidad de contactar a su padre (recordemos las voces en el círculo de la hierba), quien le habría permitido hacerse del don de la escritura automática. A través de ella habría escrito un mensaje de su padre, letra que coincidiría con una dedicatoria de Lang a su pequeña hija rubricada en un libro Charles Lamb’s Tales from Shakespeare, que le indicaba que se había reunido con su esposa en el Más Allá….
Stuat Palmer incluyó un acta firmada ante escribano por él mismo y Sarah afirmando la veracidad de todo lo relatado. El artículo reprodujo los 3 documentos: El acta, el mensaje por escritura “automática”, y la firma de Lang en el libro de Sarah.
Precisamente, esto fue el motivo de desconcierto por parte de los sostenedores de la hipótesis del fraude. Se solicitó la intervención de la experta calígrafa Ann B. Hooten, quien en un extenso reporte confirmó que la letra de los documentos era la misma y que no había indicios de sellos del notario. Si bien no pudo certificarlo, por obvias razones de que no se trataba de un juicio, sino una investigación periodística, todos las evidencias se inculparon a Stuart Palmer.
Robert Schadewald, criminólogo y conocido escritor, lideró este segmento de la investigación concluyendo que se trataba de un completo invento, que proviniendo de un reconocido autor (aunque de ficción) e incluyendo pruebas, convenció a los editores de Fate, Ray Palmer (ninguna relación con Stuart Palmer ) y Curtis Fuller.
Finalmente, el caso de David Lang se cerró, demostrando solo una serie de errores y actos intencionados de fabricar una realidad que, al menos en este suceso, no existió.
Este trabajo intenta, además de dar a conocer una prolija investigación en la que intervinieron serios pesquisadores, instar a los eternos “copiadores” de casos a que verificquen las fuentes, máxime cuando han pasado casi 30 años desde que fue descubierto el fraude.
 
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
 
Bierce , Ambrose : Can Such Things Be? (Freeport, N.Y.: Books for Libraries Press, “Short Story Index Reprint Series,” 1971; first published 1893), “The Difficulty of Crossing a Field” (pp. 415-418), “An Unfinished Race” (pp. 419-420), “Charles Ashmore’s Trail” (pp. 421-424), “Science to the Front” (pp. 424-427).
Palmer , Stuart Palmer : “How Lost Was My Father?,” Fate, July 1953, pp. 75-85.
Paul Begg , Paul : Into Thin Air: People Who Disappear (London, Newton Abbot [Devon], and North Pomfret [Vt.]: David & Charles, 1979), pp. 35-36;
Schadewald,Robert “David Lang Vanishes…Forever,”Fate, December 1977, p. 54.
Jessup , Morris Ketchum : The Case for the UFO: Unidentified Flying Objects, Introduction by Frank Edwards (New York: Citadel Press, 1955), pp. 143-144.
Wilkins , Harold T.: Strange Mysteries of Time and Space (New York: Citadel Press, 1959; English edition, 1958), pp. 185-186.
Núñez , Raúl y Bowen , Roderick : Teleportación (sic) , IIEE Chile, 2003
Edwards , Frank : Stranger Than Science (New York: Lyle Stuart, 1959), pp. 15-17.
Bob Rickard, “Fortean Corrigenda: Disappearance of David Lang,” based on research by Robert Forrest and Herschel G. Payne, Fortean Times (London), October 1976.
Nash , Jay Robert : Among the Missing: An Anecdotal History of Missing Persons from 1880 to the Present (New York: Simon and Schuster, 1978), pp. 327-330.
Stein , Gordon : Encyclopedia of Hoaxes (Detroit, Washington DC, and London: Gale Research. Co., 1993), p. 40; Editors of Time-Life Books, Vanishings (Alexandria, Va.: Time-Life Books, Library of Curious and Unusual Facts, 1990), p. 22, “Farmer’s Tales.”
Davies , Rodney : Supernatural Vanishings: Otherworldly Disappearances (New York: Sterling Publishing Co., Inc., 1996; originally published as Supernatural Disappearances, London: Robert Hale Ltd., 1995), pp. 135-136.
 
APÉNDICE
Reproducción completa de la narración de ficción de Ambrose Bierce
Mysterious Disappearances: Story 1: The Difficulty of Crossing a Field
The Collected Works of Ambrose Bierce, Volume III, Walter Neale (Washington), 1909
“One morning in July, 1854, a planter named Williamson, living six miles from Selma, Alabama, was sitting with his wife and a child on the veranda of his dwelling. Immediately in front of the house was a lawn, perhaps fifty yards in extent between the house and public road, or, as it was called, the “pike.” Beyond this road lay a close-cropped pasture of some ten acres, level and without a tree, rock, or any natural or artificial object on its surface. At the time there was not even a domestic animal in the field. In another field, beyond the pasture, a dozen slaves were at work under an overseer.
Throwing away the stump of a cigar, the planter rose, saying: “I forgot to tell Andrew about those horses.” Andrew was the overseer.
Williamson strolled leisurely down the gravel walk, plucking a flower as he went, passed across the road and into the pasture, pausing a moment as he closed the gate leading into it, to greet a passing neighbor, Armour Wren, who lived on an adjoining plantation. Mr. Wren was in an open carriage with his son James, a lad of thirteen. When he had driven some two hundred yards from the point of meeting, Mr. Wren said to his son: “I forgot to tell Mr. Williamson about those horses.”
Mr. Wren had sold to Mr. Williamson some horses, which were to have been sent for that day, but for some reason not now remembered it would be inconvenient to deliver them until the morrow. The coachman was directed to drive back, and as the vehicle turned Williamson was seen by all three, walking leisurely across the pasture. At that moment one of the coach horses stumbled and came near falling. It had no more than fairly recovered itself when James Wren cried: “Why, father, what has become of Mr. Williamson?”
It is not the purpose of this narrative to answer that question.
Mr. Wren’s strange account of the matter, given under oath in the course of legal proceedings relating to the Williamson estate, here follows:
“My son’s exclamation caused me to look toward the spot where I had seen the deceased [sic] an instant before, but he was not there, nor was he anywhere visible. I cannot say that at the moment I was greatly startled, or realized the gravity of the occurrence, though I thought it singular. My son, however, was greatly astonished and kept repeating his question in different forms until we arrived at the gate. My black boy Sam was similarly affected, even in a greater degree, but I reckon more by my son’s manner than by anything he had himself observed. [This sentence in the testimony was stricken out.] As we got out of the carriage at the gate of the field, and while Sam was hanging [sic] the team to the fence, Mrs. Williamson, with her child in her arms and followed by several servants, came running down the walk in great excitement, crying:
‘He is gone, he is gone! O God! what an awful thing!’ and many other such exclamations, which I do not distinctly recollect. I got from them the impression that they related to something more–than the mere disappearance of her husband, even if that had occurred before her eyes. Her manner was wild, but not more so, I think, than was natural under the circumstances. I have no reason to think she had at that time lost her mind. I have never since seen nor heard of Mr. Williamson.”
This testimony, as might have been expected, was corroborated in almost every particular by the only other eye-witness (if that is a proper term)–the lad James. Mrs. Williamson had lost her reason and the servants were, of course, not competent to testify. The boy James Wren had declared at first that he SAW the disappearance, but there is nothing of this in his testimony given in court. None of the field hands working in the field to which Williamson was going had seen him at all, and the most rigorous search of the entire plantation and adjoining country failed to supply a clew. The most monstrous and grotesque fictions, originating with the blacks, were current in that part of the State for many years, and probably are to this day; but what has been here related is all that is certainly known of the matter. The courts decided that Williamson was dead, and his estate was distributed according to law”.
 
* Fabio Picasso, El granjero de Tennesse, un caso que LANG… guidese hasta desaparecer,
http://www.aforteanosla.com.ar/afla/articulos%20anomalos/1880T%20lang.htm

 

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